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Portada de la novela Te Entregué Mi Vida

Te Entregué Mi Vida

En medio de una fuga frenética, una joven invade el cuarto de un extraño buscando refugio. Para evitar ser descubierta por los guardias que la acechan, lo acorrala contra la pared y lo silencia con un beso impulsivo que lo deja atónito. La belleza de la desconocida cautiva de inmediato al hombre, cuya intriga inicial se torna en una obsesión posesiva. Tras este encuentro inesperado, él decide que ella será su próxima presa y no permitirá que huya de su lado.
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Capítulo 2

Mandy no se rendía con facilidad, así que alargó el paso mientras corría hacia las escaleras. Los dos hombres eran tan rápidos como ella y la estaban alcanzando. Corrió hacia el ascensor y apretó todos los botones, esperando que se abriera una de las puertas. Incluso si ella mostrara su invitación explicando y probando que no era una destructora de eventos, los medios de comunicación seguramente publicarían el fiasco que fue y la expondrían. Eso sería muy humillante.

Sin poder dejar de pensar en eso, la chica decidió darse la vuelta e ir directamente a la salida de emergencia de la derecha. Segundos después, abrió la puerta con prisa y subió las escaleras sin dudarlo.

Los hombres la vieron desaparecer cuando tomó las escaleras, y al llegar, se apresuraron a seguirla. Ellos apenas pudieron ver revoloteando sobre sus cabezas el vestido blanco que ella vestía.

Mandy no fue demasiado lejos, solo subió un piso y con rapidez empujó la puerta para llegar al pasillo principal. Ella se encontraba en algún lugar entre los pisos cincuenta y ocho y ochenta y nueve del edificio, el cual contaba con infinidad de habitaciones de hotel de pasillo a pasillo. La mujer estaba planeando encontrar cualquiera de esas locaciones vacía, o simplemente cualquier habitación con la puerta abierta, para esconderse hasta que se sacara esos perseguidores de encima.

Dado que el edificio pertenecía a los Xu, solo lo más lujoso y exquisito se podía apreciar en cada rincón. Los pisos estaban pulidos a la perfección, eran tan brillantes que Mandy podía ver su reflejo en la superficie mientras seguía su camino. Lo que observaba pasaba rápido ante sus ojos, los cuales tenían una expresión de sorpresa. Ella se sonrojada al ver tan vergonzoso reflejo en tan elegantes locaciones. Cada pisada de sus tacones retumbada con fervor en el suelo de mármol, lo que sin duda llamaba la atención. Para agregar, la aglomeración de gente le estaba dificultando las cosas. A este paso, los guardias la atraparían en breve.

La mujer hizo una pausa y se quitó los tacones con agilidad, apretándolos contra su pecho mientras corría con sigilo hacia el final del pasillo.

"Es difícil saber hacia dónde corrió esa mujer. Lo mejor será separarnos". Esto fue expresado por uno de los guardias. Ella apenas había logrado meterse en una pequeña alcoba poco después de cruzar la esquina del pasillo cuando, sin previo aviso, los guardias aparecieron por la salida de emergencia.

"Está bien, recibido", replicó el otro hombre.

Esto último fue acompañado por el sonido de pasos, por lo que Mandy de manera instintiva, volvió rápido hacia su escondite. Justo en ese momento, ella se percató de que se encontraba en la entrada de una de las habitaciones. Sin titubeo, la chica dio la vuelta a la esquina, al tiempo que los pasos de los guardias se sentían más y más cerca. Si alguno de los hombres llegara a asomarse a esa esquina, sería el fin para ella. La chica apretó con fuerza sus dientes, giró para estar frente a la puerta y la tocó. No tenía otra salida más que buscar escondite allí, por lo que tenía la esperanza de que el huésped al menos la dejara entrar.

Al abrirse solo una pequeña rendija de la puerta, ella se topó con un pecho amplio y varonil cubierto con una camisa gris. No tuvo tiempo de mirarlo a la cara y, sin ni siquiera avisarle, ella empujó al hombre hacia el interior de la habitación. Se abalanzó contra la puerta para cerrarla, mientras tanto, el hombre puso el pie en la entrada para evitarlo.

Uno de los guardias ya estaba demasiado cerca, pues ella podía escucharlo mientras se acercaba a la habitación en la que ella acababa de irrumpir. Desesperada, reaccionó por instinto de supervivencia. Ella dejó sus tacones a un lado y saltó encima del huésped poniéndolo contra la pared. En ese momento, la mujer se percató de que él era mucho más alto de lo que había pensado, ya que la parte superior de la cabeza de ella, ni siquiera le llegaba a los hombros a ese enorme hombre. Pronto, ella subió la cabeza, solo para ahogarse en sus profundos e inexpresivos ojos.

Mandy podía decir sin lugar a dudas, que ese era el rostro más hermoso que jamás había visto. La parte irracional de su cerebro incluso se cuestionó por un breve instante si ese hombre era una escultura. Tenía cejas gruesas, prominentes y una nariz alta, pulida. Sus delgados labios estaban un poco curvados y su mirada era distante, lo cual lo hacía verse sexy y atractivo de alguna manera.

El corazón de la mujer latía tan fuerte que podía escucharse, siendo percatado por el hombre. Finalmente, el sonido de pasos fuera de la habitación parecía por fin alejarse.

"Quién...". El hombre pronunció palabra, frunciendo el ceño ante su inesperada visita.

Su voz hizo que Mandy recuperara la conciencia, de repente estuvo segura de que primero, ese hombre estaba a punto de interrogarla y segundo, el guardia aún estaba demasiado cerca del lugar. Si se escuchaba por casualidad a un huésped interrogando a una extraña, eso haría que su perseguidor la encontrara enseguida. Ella no podía permitir que eso sucediera.

Y así, la mujer respiró hondo, se puso de puntillas y rodeó el cuello del hombre con sus brazos. Un instante después, los labios de la chica cubrieron con firmeza la boca de él, evitando que pudiera proseguir con su cuestionamiento.

Él se paralizó de sorpresa, cerrando con levedad sus negros ojos ante esa mujer desvergonzada que acababa de arrojarse sobre él. Este extendió la mano para apartarla, pero ella, de igual forma, echó la cara hacia atrás y luego le lanzó una mirada de sutil súplica. Las manos del hombre se detuvieron a mitad de camino.

Para ese momento, el guardia estaba justo afuera de la habitación. Su perseguidor había notado que la puerta estaba algo entreabierta y se detuvo a comprobar. Todo lo que pudo observar fue a una pareja besándose contra la pared. Desde donde estaba parado, no podía distinguir con claridad la ropa de Mandy, y como era pequeña, la alta figura del gran hombre la ocultaba a la perfección.

El guardia en breve alejó la vista del lugar, ajeno al hecho de que su objetivo había estado frente a sus ojos.

Cuando los pasos de su captor se perdieron en la distancia, los nervios de Mandy cesaron. Ella con cautela, apartó su boca de la de él y se dio la vuelta.

"Quiero una explicación". Ese cuestionamiento hizo que ella volviera la mirada a él. Su voz era grave y profunda, y de una extraña manera, atrapante.

"Lo siento mucho, yo...". Ella soltó el cuello del hombre y se alejó unos pasos. Todavía estaba tratando de organizar sus ideas para poder explicar lo que pasaba, pero los pasos se sintieron de nuevo. La mujer los reconoció, eran del mismo guardia de antes. Su perseguidor estaba regresando a la habitación. La ansiedad de la chica volvió y se convirtió en pánico.

Una vez más, se abalanzó sobre el hombre, como tigre a su presa, y lo empujó contra la pared. Sus delgados brazos se deslizaron alrededor de los hombros del hombre, en un abrazo ya conocido, mientras ella lo apretaba con fuerza.

El interés y curiosidad se hacían inmensos dentro de la cabeza del confundido hombre. Él era el mismísimo nuevo presidente de Xu Group y nunca en su vida se había imaginado que alguna mujer desconocida saltaría en su regazo dos veces en un lapso de tiempo tan corto. ¡Y dentro de su propio edificio, nada más y nada menos! Sin embargo, ella no habría tenido la más mínima oportunidad de cometer ninguna de sus imprudencias si él no lo hubiera permitido. Era obvio para él que los hombres de afuera la perseguían, pero para su sorpresa, él se sentía bien ayudándola.

Los pasos estaban de nuevo cerca, pero no se detuvieron frente a la puerta. En lugar de ello, el guardia siguió caminando hasta llegar a la otra esquina del corredor.

"No la encontré. Quizás volvió a subir las escaleras, vamos a buscarla en el otro piso". Parecía que sus perseguidores se habían reunido.

"Yo tampoco la pude encontrar. Vamos, subamos". Poco después, el sonido de pasos desapareció por completo, y todo estuvo tranquilo de nuevo.

Mandy supo que, al fin, estaba fuera de peligro. Ella estaba lista para expresar su alivio. Sin embargo, se dio cuenta de que sus labios aún se juntaban con los del hermoso hombre que tenía delante.

La mujer había estado tan nerviosa y distraída por su situación de fuga, que no se había percatado de los dos besos dados al hombre. En cambio, ya que el miedo estaba fuera de su cuerpo, todo lo demás que había sucedido con el hombre se apoderó de sus sensaciones. La suave textura de sus labios, el tenue olor a almizcle que emanaba de su piel y sus anchos hombros. Toda la situación finalmente se aclaró en su cabeza, por lo que ella dio unos pasos atrás. La mujer no podía ocultar lo avergonzada que estaba.

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