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Portada de la novela ¿Te acuerdas de mi elefante azul?

¿Te acuerdas de mi elefante azul?

Paula creyó hallar el amor perfecto en Héctor, su tierno protector apodado «elefante azul», hasta que una separación forzosa los alejó. Diez años más tarde, el destino los sitúa frente a frente en un escenario desolador: él ha olvidado quién es ella y Paula solo alberga un resentimiento feroz hacia su antiguo vínculo. Atrapados entre la desmemoria y el rencor, ambos deberán descubrir si las heridas pueden sanar o si el pasado impedirá su reencuentro.
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Capítulo 2

— Un momento por favor — un hombre trajeado entra al ascensor junto a nosotros.

El silencio reina mientras subimos al octavo piso donde todos bajamos. Mientras me dirijo a mi departamento junto con Javier me percato de que el hombre trajeado es mi vecino de enfrente. Nunca antes lo había visto, así que infiero que debe ser nuevo por aquí.

La noche pasa lentamente dentro de mi habitación.

— A veces pienso que yo no soy lo suficientemente importante para ti. Me haces sentir despreciado.

— Por favor, no empieces con lo mismo. Cada vez que voy a casa de Guille te dan esos celos infundados. — le digo mientras me levanto de la cama, vistiéndome.

— ¿Me vas a decir que es mentira? — se nota lo enojado que está en su tono de voz.

Se levanta de la cama, desnudo y me desconcentro observándolo. Hay que admitir que tiene un cuerpo muy apetecible.

— No te diré nada — digo retomando el hilo de la conversación y dejando a un lado mis  instintos lujuriosos. — Es tarde, ¿Sabes? Quiero dormir...sola.

— Vaya, cada día eres más directa echándome de tu casa. — dice mientras se viste, enojado.

— No seas ridículo Javier. Solo estoy cansada y sabes que me cuesta mucho dormir si duermo con alguien.

Me mira con gesto dolido, pero se viste y se marcha. Ahora podré descansar.

5:56 a.m. Mis ojos ya se abren. 6:00 a.m. Mi alarma suena. La apago de inmediato. Voy a la ducha.

El desayuno es la comida más importante del día así que me tomo el mío con calma, disfrutando plenamente de mis tostadas, huevos, beicon y un jugo de naranja.

Mi ropa ya está preparada encima de la cama. Para hoy: juego de chaqueta y pantalón negro con unos tacones altos. Perfecto. El pelo recogido en un moño alto. Maquillaje, el suficiente para estar arreglada sin dejar de estar natural. Recojo el bolso, los documentos y en 20 minutos estoy en el trabajo.

Apenas llego todos se ponen de pie para saludarme. Mi secretaria me pasa informes que tengo que revisar y le oriento que avise a todos que a las 9 en punto tenemos una reunión.

Paso a mi despacho y lo primero que hago es revisar todo el correo. Invitaciones, varias solicitudes, informes legales y lo demás pura basura que borro de inmediato.

El teléfono del despacho suena.

— Diga.

— Señorita Guzmán, el asistente del señor Torres pide hablar con usted. Está por la línea 3.

— Ahora no puedo. Sea lo que sea puede esperar a la tarde. Ahora tenemos reunión.

Cuelgo el teléfono y sigo revisando informes. A las 9 estoy sentada en la sala de reuniones con todo el equipo que atiende el caso en el que trabajamos. Después de mucho debatir encontramos la solución perfecta para ganar el caso. Sin duda somos un equipo excelente.

— Muy bien. Vanessa, lee toda la información que hemos encontrado y prepara la defensa. No quiero errores.

— Sí jefa. No se preocupe.

— Bien. A trabajar.

De vuelta en mi oficina recibo una llamada.

—  Diga.

— Buenos días señorita Guzmán. Soy Héctor Torres.

— ¿Se puede saber cómo tiene mi número personal?

— Eso carece de importancia. Solo llamé para informarle que a las 12:30 m. tenemos una reunión.

—Yo no he aceptado ninguna reunión con usted — digo contundente.

— Oh, claro que la tiene. Pero seré benévolo y le daré a escoger. Acepte almorzar conmigo o me plantaré en su oficina hasta que me atienda. ¿Qué elige? — su tono no admite réplicas.

— Usted no es nadie para...

—Muy bien le mandaré  la ubicación, la espero.

Cuelga el teléfono dejándome con la palabra en la boca. ¿Cómo se atreve?

Una notificación llega a mi celular. Es la ubicación de un restaurante para almorzar.

Parece que voy a tener que ir.

A las 12:30 m. aparco enfrente de un restaurante de comida asiática. No está mal. 

Me  adentro en el restaurante y me acompañan a un reservado en el que se encuentra un hombre trajeado, de mirada penetrante. Podría parecerme guapo si no me causara tanta irritación. Fijándome bien en su cara me doy cuenta de que es el mismo hombre que estuvo en el ascensor conmigo y Javier anoche, es mi vecino de enfrente.

— Así que usted es el insistente señor Torres. Parece que anoche nos  conocimos. Debo admitir que su invitación me ha resultado a la vez sorprendente y absolutamente desagradable. No tolero que me digan lo que debo hacer. No se le ocurra hacerlo de nuevo.

—  Siento mucho haberla incomodado, pero mi asistente me notificó que usted ha rechazado todas mis propuestas de reunión así que no me quedó más remedio que llamarla personalmente. Siéntese, tenemos muchos asuntos de que hablar.

Tomo asiento enfrente de él poniendo mi cara más seria y contundente posible, quiero que se de cuenta que conmigo no se juega.

— Ya he pedido la comida. Espero que no te moleste.

No le contesto. Me doy cuenta que lo hace para molestarme.

— La cuestión señorita, es que necesito un abogado. Mejor dicho, quiero que usted sea mi abogada.

— Hay decenas de bufetes en la ciudad. Escoja uno de ellos o si persiste su interés cualquier abogado de mi bufete aceptará su caso. Yo no estoy disponible.

— Oh, vamos — sonríe de medio lado. Yo lo taladro con la mirada — Usted es la mejor, y yo necesito a la mejor. Mi empresa depende de ello.

La comida llega. Todo parece excelente.

— Escuche señor, yo no acepto cualquier caso. Yo solo trabajo en el caso que logre despertar mi interés.

— Créame, le va a interesar.

Su mirada es felina, lujuriosa. Este es otro tonto que piensa que puede seducirme.

Lo miro escéptica.

— Imagino que sepas quién es e incluso conozcas a Fernando Vidal. ¿Verdad?

— Por supuesto. Es amigo de mi padre desde hace mucho tiempo. Es un excelente amigo de mi familia.

— Era — responde serio — Murió hace 3 meses.

La noticia me deja impactada. Hacía algún tiempo que no sabía nada de Nando, pero lo atribuía a sus constantes viajes.

— Yo...no lo sabía.

— Creo que hay muchas cosas que no sabes de él y la conversación será larga. Lo que necesito que entiendas es que necesito que seas mi abogada. Si no lo haces por mí como cliente, hazlo por la memoria de Nando. Por favor ayúdame.

No tiene que decir nada más. La desición ya está tomada.

— Muy bien. Seré tu abogada, pero hablaremos en mi despacho. Quiero todos los detalles.

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