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Portada de la novela Sugar Mommy

Sugar Mommy

Con treinta y cuatro años, Heleanor disfruta de una carrera impecable, pero su mundo se sacude tras una apasionada noche con Hedrick, un joven estudiante. A pesar de la química innegable que surgió al conocerse, un secreto inesperado surge para entorpecer su camino, obligándolos a mantener un romance oculto. Ahora, ambos deben enfrentar las presiones sociales y proteger su vínculo prohibido de las miradas ajenas que amenazan con destruirlos.
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Capítulo 3

—¿Eres una clase de playboy o algo así? —espetó ella con rapidez. Sin volverlo a ver.

—No soy millonario, ni de vida ociosa, tampoco soy un hombre un promiscuo que va enamorando y acostándose con cualquier mujer —dijo Hedrick, tomando el control de la discusión—. Además, un playboy te halagará y hablará con rodeos hasta obtener lo que desea, y si lo rechazas, se enojará y es posible que trate mal después de eso, pero yo enseguida te diré a lo que he venido, porque me gusta ser directo: me gustaría seducirte y llevarte a la cama para hacerlo contigo. Solo a ti, no a nadie más. —Hedrick sonrió con levedad, satisfecho con la respuesta que le había dado—. Yo propongo, pero tú eres quien decide.

—¿Eres valiente, un tonto o un atrevido? —preguntó Heleanor, esta vez con complicidad con el joven.

—Nunca he sido valiente y no he sido descortés contigo, así que tal vez, solo soy un tonto —dijo Hedrick, pidiéndole una bebida al camarero—. ¿Puedo sentarme? —preguntó una vez más a Heleanor—. Si te molesto, puedes decírmelo, lo menos que quiero es fastidiarte. —El barman le sirvió la bebida a Hedrick, y Heleanor no le respondió nada—. Bien, tomaré tu silencio como un sí —dijo, sentándose en la silla e ingiriendo una pequeña cantidad de su trago—. Si no me dices nada cuando me termine mi vaso, me iré, y te prometo que no volverás a saber nada de este irritante muchacho que ha venido a importunar tu solitaria velada. —El comentario le pareció divertido a Heleanor y le hizo que se le escapara una ligera sonrisa—. Cuidado, ya hice que sonrieras. Ahora es más probable que te conquiste —bromeó Hedrick—. Deberías ser más precavida cuando sonríes, porque te ves muy hermosa cuando lo haces, podrías encantar al que la vea. —Luego de su coqueteo, no hizo más comentarios y se dedicó a terminar su trago—. Fue un gusto conversar contigo, tal como he dicho, ahora me marcharé y te dejaré en paz. Un caballero cumple su palabra.

Hedrick buscó el dinero en su bolsillo y dejó un billete sobre la mesa para pagar, pero cuando estuvo a punto de irse, una delicada mano lo sostuvo por el antebrazo.

—Espera —dijo Heleanor con un tono más agradable y pacífico. Había sido muy directo, pero en el tono de su voz, pudo percibir, que siempre le hablaba con la verdad y que cumpliría con lo que decía—. Puedes quedarte. —Las miradas de ambos coincidieron y por segunda vez, volvieron a verse. Se sentó una vez más en la silla—. Pero antes, ¿si eres mayor de edad, cierto? No quiero meterme en problemas legales.

—Si no quieres tener inconvenientes con la justicia, es porque tienes pensado hacer cosas malas conmigo —respondió él. Pidió una botella y primero le sirvió a Heleanor y luego se echó él en el vaso—. No te preocupes, no iras a la cárcel por mi causa, incluso, aunque yo fuera menor. No soy desleal para hacer eso. —Heleanor le devolvió la sonrisa y siguieron bebiendo y conversando—. ¿Puedo preguntarte algo? —interrogó Hedrick.

—Depende, si no es mi edad, todo está bien.

—Aunque eso es algo que no se le debe preguntar a ninguna mujer.

—No —respondió Heleanor, moviendo la cabeza—. Era una broma. No le veo el problema a eso. Tengo treinta y cuatro años.

—¿En serio? Creí que tenías veintiocho. Te ves muy joven y linda, no se te notan ni en una hebra de tu cabello —dijo Hedrick, adulándola con cortesía.

—Muy astuto de tu parte. —Heleanor se quedó observando a Hedrick. Hace tiempo que no disfrutaba de una conversación casual y de manera divertida, como lo hacía con ese atractivo joven de ojos azules y cabello oscuro. Ahora la parecía más lindo. Quizás habían sido los tragos, los que la hicieron bajar la guardia con el diestro muchacho—. Gracias. Pero ahora dime, ¿qué es lo querías preguntarme?

—Con el respeto que te mereces. ¿Cómo es que no hay nadie que te acompañe? Hasta un ciego se daría cuenta de que eres la mujer que todo hombre querría a su lado para desarrollar una relación seria y a futuro —dijo Hedrick, cambiando la expresión de su cara a una atenta.

Hedrick veía en ella algo, que despertaba demasiado interés en él. Esa mujer tenía un aura diferente al resto, se había percatado desde el primer momento en que la vio a los ojos. Era una mirada altanera y dominante, pero que, al mismo tiempo, también expresaba una pequeña tristeza, acompañada de soledad y desilusión. Además, ella lo había ignorado por completo y pensó, que no le iba a corresponder, pero al final o detuvo.  

—Eso es muy privado para decírtelo —respondió Heleanor, reviviendo sus memorias.

—Soy un desconocido, que es posible que no vuelvas a ver más nunca en la vida. Soy el más indicado para que se lo digas. Escucharé tu confesión y me la llevaré a la tumba. Te lo prometo —dijo Hedrick, insistiendo en su propuesta.

—Está bien —dijo Heleanor. Era cierto, no lo volvería a ver y en el fondo quería desahogarse con alguien. Miró a Hedrick y se le quedó viendo. El cabello oscuro, los ojos azules del muchacho, pero sobre todo el semblante serio, que le trasmitía una seguridad y una confianza, que no había sentido antes. ¿Qué era peor que podría suceder? Si ya su corazón estaba hecho pedazos—. Tenía un prometido. Pero el muy idiota me engañó con otra. Los descubrí cuando fui a visitarlo a su departamento, a tan solo una semana de nuestro matrimonio —Agarró la pequeña botella y esta vez no se sirvió el vaso, si no, que, bebió directo del frasco, dando un largo buche a la bebida—. Disculpa mis palabras, pero es que al maldito no le importó que ya pronto nos íbamos a casar y, además, lo peor es…

—La persona con la que te engaño, era una de tus mejores amigas —dijo Hedrick, interrumpiéndola. Le quitó la botella y él también le dio un largo sorbo; por lo que era un beso indirecto entre ambos—. Puedes estar tranquila. Entiendo que es tu momento de enojo y de liberar lo que sientes.

—¿Cómo sabías eso? ¿Qué había sido mi amiga?

—Eso es un cliché —respondió Hedrick con una ligera sonrisa en sus labios—. No lo sabía, solo deduje cuando comenzaste a decir, que había algo peor que te engañara tu prometido… Algo peor que eso, es que lo hubiera hecho con algún allegado o un familiar. Y sin el menor de los respetos, él es un tonto, por haberte traicionado. Yo nunca lo haría.

—Vaya… Eres muy listo. —Aaron se acercó hasta Hedrick y le susurró algunas palabras en el oído y luego se fue; pero no sin darle una ojeada a Heleanor y solo quedó embelesado con la extraordinaria belleza de la mujer con la que hablaba su amigo—. ¿Qué te ha dicho?

—Ya nos iremos a una discoteca —respondió Hedrick. Sacó su cartera para pagar, pero Heleanor negó con la cabeza y le impidió hacerlo.

—Yo pagaré, puedes irte tranquilo —dijo Heleanor con sus mejillas ruborizadas, más por el alcohol, que ya recorría sus venas, que por otra cosa. Aunque la influencia de Hedrick sobre ella, también la hacía sonrojarse, pero en menor proporción.

Hedrick se bajó de su silla y pasó caminando al lado de Heleanor. Pero un extraño sentimiento le inundó el pecho; ella había sido herida por un hombre y eso era lo que menos soportaba en este mundo. Si había una manera de aliviar el dolor del engaño, que había sufrido, él quería aliviarlo y, además, porque esa hermosa mujer mayor, lo había hechizado.

Heleanor siguió con la mirada a Hedrick. La plática había sido relajante y ahora la volvía a asaltar la soledad. Quería estar más tiempo con ese muchacho, que se había portado como todo un caballero y que le había llegado a parecer muy atractivo. Sus parpados se ensancharon y su corazón latió emanando felicidad al ver que él se había detenido. 

Hedrick se dio media vuelta y le extendió su brazo a Heleanor.

—¿Quieres venir conmigo? —preguntó Hedrick, un poco nervioso. Ella al comienzo lo había rechazado y nunca se podía saber lo que pasaba en el interior de la cabeza de una mujer. Al menos se iría con la satisfacción de haberse atrevido a invitarla—. Solo por unos pocos minutos y si después quieres irte, puedes hacerlo.

Heleanor sonrió complacida por la invitación y envolvió su mano con la de Hedrick. El tacto de sus palmas era suave y agradable. Se puso de pie frente a él, y era más alto que ella, no se había percatado de eso porque estaban sentados, así que tuvo que alzar su vista para verlo directo a los azulados ojos, que la miraban de vuelta con un intenso brillo. No recordaba haberse sentido así, ni siquiera con su ex prometido. Ese muchacho desconocido, despertaba en ella, una chispa de apasionada atracción.

—Me encantaría —respondió Heleanor, entrecruzando sus dedos de mejor manera con los de Hedrick.

Heleanor Heard, por esta noche, disfrutaría de la compañía de ese hombre más joven que ella y todo quedaría en sus recuerdos. No había nada que discutir. Ya había tomado una decisión.

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