Portada de la novela Su promesa: los bebés de la mafia

Su promesa: los bebés de la mafia

8.1 / 10.0
En Su promesa: los bebés de la mafia, la bailarina Paz enfrenta un peligroso compromiso falso con Cristian, heredero de un imperio criminal. Esta mafia romance books explora secretos familiares y supervivencia en una modern novel cargada de acción, donde el destino desafía su pacto de no amarse.
Resumen de Su promesa: los bebés de la mafia
La bailarina Paz ve su mundo transformarse tras un encuentro pasional con Cristian, el peligroso sucesor de un imperio criminal. Un embarazo inesperado los obliga a pactar una unión ficticia para salvaguardar el linaje. Mientras ella navega entre lujos y la hostilidad de su entorno, él asume su defensa frente a las amenazas externas. No obstante, un misterio oculto sobre la identidad de Paz pone en riesgo su alianza y los sentimientos que empiezan a surgir.
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Su promesa: los bebés de la mafia Capítulo 1

Me di la vuelta y miré la poca ropa que llevaba puesta. ¿Cómo es que todo esto había ocurrido y por qué estaba haciéndolo?

Podría haber pedido un trabajo en una tienda de conveniencia o haberme postulado como coreógrafa, lo cual se suponía que era mi meta en un principio. No me importaba si tenía que hacer estriptis o probarme diferentes atuendos, nunca me importó. Todos tenemos diferentes formas de pagar nuestras deudas y esta es una de ellas, así que no me avergüenzo por hacer eso. Además, es una manera rápida de hacer dinero, pero, aun así, no es lo que había planeado.

-¿Vienes, ardilla, o te quedarás mirando tu c*lo todo el día? -me preguntó Esperanza riendo y pasando por mi lado.

«Ardilla», así era como me habían apodado desde que había llegado ahí. De hecho, era un apodo que me perseguía desde el jardín de infantes hasta ahora. Me empezaron a llamar así por mis «esponjosas» mejillas.

Conocía a Esperanza desde hacía muchos años, pero nos convertimos en mejores amigas solo cuando empezamos a trabajar juntas. Después de ir y venir entre una casa y otra terminé quedándome en el hogar comunitario en el que había estado desde que era una bebé. Por desgracia, nunca conocí a mis padres y tuve pocas oportunidades en mi vida, así que, en mi adolescencia, me prometí a mí misma que sería una mujer exitosa. Mi meta era terminar la secundaria, la universidad y luego conseguir un buen trabajo como coreógrafa, pero, obviamente, la vida no funciona de esa manera. Ni siquiera yo pude haber predicho que terminaría trabajando como bailarina de estriptis en un club nocturno a la joven edad de veintiún años.

-Escuché que los hermanos Escobar estarán en el salón VIP privado hoy, incluso Cristian -comentó mi amiga con voz cantarina mientras aplicaba su labial en sus perfectos labios carnosos.

La miré sospechosamente, intentando descifrar si acaso ella sabía algo de lo que había estado ocultándole. Sus hermosas y largas trenzas caían perfectamente sobre sus cabellos. Esperanza era hermosa y todos lo sabían, incluso los hermanos Escobar.

Cuando mencionó a Cristian, sentí la calentura llegar a mi rostro y miré hacia otro lado de inmediato. Él... el mismo hombre que me había hecho gritar su nombre hacía tan solo dos meses. Nunca fui una chica de aventuras de una sola noche. Sin embargo, aquella vez ambos nos emborrachamos y terminó llevándome a su oficina donde finalmente nos ac*stamos juntos.

«Si tan solo las chicas lo supieran».

«Si tan solo su padre lo supiera».

Nuestro jefe, Lucas Escobar, tenía muchos negocios y el club de estriptis era uno de ellos. De vez en cuando, él y sus tres hijos se reunían con sus socios comerciales y hoy era uno de esos días. Las que trabajábamos en el club no éramos para nada tontas y sabíamos exactamente qué tipo de negocios tenían, pero ninguna estaba lo suficientemente loca como para decirlo en voz alta y soltarlo así nada más. Lucas Escobar era un hombre amable y cálido que me había dado un trabajo al segundo de conocerme. Era como una figura paterna para todas las chicas y un hombre de negocios respetable para muchos.

Sus hijos, sorprendentemente, eran todo lo contrario a él. Jorge, el mayor, era un completo témpano de hielo. Nunca hacía contacto visual con ninguna de nosotras y su opinión quedaba bastante clara. En realidad, todas sabíamos lo que pensaba sobre nosotras. El segundo hijo era Víctor, alguien que todos conocían. Era amable y alegre, pero, de cierto modo, demasiado infantil. Era un mujeriego y conocía bien a las mujeres. Veía todo y a todos como un reto y odiaba perder.

El menor de todos era Cristian, quien era incluso más frío que Jorge, algo que en realidad creía imposible hasta antes de conocerlo. Después de hacerlo conmigo, me sacó fuera de su oficina sin siquiera mirarme. Aunque era el menor, era el heredero de todos los negocios de los Escobar y, probablemente, eso se debía a su personalidad directa y seria. La diferencia entre Jorge y Cristian era que el primero tendía a aislarse mientras que al otro nadie se le acercaba por miedo. El hecho de que apenas pasaba tiempo aquí pese a ser el heredero lo hacía incluso más intimidante. Aunque todas las chicas se humillaran a sí mismas para obtener un segundo de su atención, yo hacía mi mejor esfuerzo para evitarlo. Por eso, me sentí avergonzada después de que me echara así, como si yo fuera un pedazo de carne, como si no valiera nada. Pero, bueno, así era él y yo lo sabía de antemano.

-Las estábamos esperando, chicas -gritó Laura, asomando la cabeza por la puerta. Aparte de mi mejor amiga, ella era la única persona en este lugar con quien realmente me llevaba bien. Todas las otras chicas eran groseras o demasiado malhumoradas como para interactuar conmigo. Solo velaban por sí mismas, así que veían a todas las demás como competencia en su camino. Por fortuna, Lucas no era tan estricto, así que apenas nos regañaron por haber llegado un poco tarde, algo que pasaba con bastante frecuencia.

-Ya mismo salimos -grité y jalé el brazo de mi amiga.

La intenté sacar por la puerta con todas mis fuerzas mientras ella intentaba aplicarse su lápiz labial hasta el último segundo. Después de que ambas saliéramos de los vestidores, nos unimos a las demás chicas y todas estuvimos perfectamente alineadas en la oficina de Lucas.

Sin embargo, no era Lucas el que estaba parado allí, sino uno de los jóvenes que había intentado evitar a cualquier costo y el hijo de mi jefe, Víctor. Pasó por donde estaba Esperanza y dio unos pasos más para acercarse hacia mí hasta que estuvo justo al frente. Yo me sentí demasiado asustada como para mirarlo a los ojos, así que bajé la cabeza de inmediato para mirar mis pies. Lo escuché reír bajo.

-¿Siempre llegas tarde? -lo escuché preguntarme.

Sentí escalofríos por todo mi cuerpo. Definitivamente este no había sido mi día de suerte. Tanto Esperanza como yo habíamos llegado tarde, pero él decidió llamarme la atención solo a mí.

-L... lo siento, nosotras, bueno, yo... -tartamudeé, intentando explicarlo, pero no pude decir ninguna palabra más.

-Mírame cuando me hablas -ordenó y, al segundo, levanté la mirada y observé sus ojos.

Por alguna razón, esperaba que me gritara, pero no lo hizo. Tenía una brillante sonrisa en el rostro e inclinaba su cabeza mientras observaba cada detalle de mi expresión. Él acercó una de sus manos hacia mi mejilla y le dio un suave pellizco antes de que una risita se escapara de su boca. No era una risa de burla, más bien estaba incrédulo por mi actitud. Todas las demás chicas me miraron riendo y yo lo miré a él con bastante confusión.

-Solo estaba bromeando, ardilla, pero ahora que lo pienso podría convertir el molestarte en mi nuevo pasatiempo -comentó y liberó mi mejilla para retroceder.

-Eres tan afortunada -susurró mi mejor amiga mientras yo sobaba mi mejilla totalmente incrédula.

«¿Afortunada?». La verdad no sabía por qué. Para muchas chicas este hecho se habría considerado como un éxito, pero, para mí, que me gustaba quedarme en las sombras, eso era cualquier cosa menos fortuna. Y el que dijera que molestarme sería su nuevo pasatiempo se sintió peor.

-Como todas ustedes saben, hoy tenemos una reunión de negocios muy importante con un socio comercial potencial. El objetivo principal de hoy es asegurarnos de que él y su grupo pasen una buena noche para poder obtener su firma al final del día. La reunión se realizará en el salón privado y necesitaré que algunas de ustedes estén allí. Si no menciono su nombre, pueden bajar las escaleras y seguir trabajando como siempre con el resto de clientes -explicó Víctor moviéndose de un lado a otro.

Como siempre, mantuve la calma. Las reuniones de ese tipo pasaban con frecuencia y nunca me elegían de todos modos. A diferencia de las otras chicas, tampoco me importaba ser elegida. Todo lo que quería era regresar a mi trabajo usual para seguir haciendo dinero y marcharme. No tenía deseos de servir a nadie en una de esas reuniones privadas y Lucas lo sabía, así que nunca me había elegido.

Podía bailar y servir bebidas a extraños, pero, siempre que estaba en situaciones incómodas y extrañas, mi falta de habilidades sociales salía a flote. Lucas estaba consciente de eso. Teníamos un vínculo estrecho y él podía leer a través de mí. Por ello, no había razón para preocuparme.

-Las chicas que quiero que me acompañen son Laura, Andrea, Alba, Esperanza -dijo Víctor e hizo una pequeña pausa.

Como esperaba, probablemente mencionaría a Lila al final e iría a la reunión con las chicas que casi siempre elegía.

-Ah y ardilla -dijo entonces.

Sorprendida, levanté la mirada y me di cuenta de que Víctor y todas las demás me miraban. «¿Qué hice yo para merecer esa selección?».

-¿Y... yo? -farfullé.

Víctor asintió con la cabeza y dejó que todas las otras chicas salieran de la oficina. Yo todavía estaba perpleja y me había quedada congelada exactamente en el mismo lugar. «¿Yo?». Pudo haber elegido a cualquier otra, pero había decidido arruinarme el día. No me interesaba hacer de mesera, menos para hombres que probablemente estaban en la mafia, pero no me atrevería a contradecir a Víctor. A pesar de lo tranquilo que era, seguía siendo mi jefe.

-Los hombres que estarán aquí esta noche son duros y difíciles de manejar, pero confío en que cada una de ustedes hará un buen trabajo y no echará todo a perder -dijo él con una sonrisa de un millón de dólares.

Incluso si es que hablaba en serio, todavía seguía teniendo una gran sonrisa en el rostro.

-¿Estás nerviosa, ardilla? -me preguntó.

Lo observé con unos ojos agrandados, como si estuviera devolviéndole la pregunta. «¿Lo estaba?». Laura y Esperanza apoyaron su cabeza contra la mía para calmarme.

-¿Estarás allí? -le pregunté de inmediato.

De todas las personas con las que me sentía incómoda, él era una de las últimas en mi lista sorprendentemente. Aun así, apenas si podía formular una oración frente a él. No quería ni imaginar cómo sería con los demás. Él se rio y juguetonamente empujó mi hombro.

-No, pero descuida, Cristian estará allí.

En el momento en que esas palabras salieron de su boca, solo un pensamiento rondaba por mi cabeza.

«¿Por qué a mí?».

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Tabla de contenidos de Su promesa: los bebés de la mafia

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