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Portada de la novela Su novia despreciada resultó ser legendaria

Su novia despreciada resultó ser legendaria

Al volver con sus parientes, Fernanda sufre el desprecio de quienes la ven como una humilde campesina. Ella tolera las ofensas hasta que las calumnias afectan a Cristian, el hombre capaz de todo por su afecto. Decidida a limpiar su honor, Fernanda deja de ocultar su identidad. El mundo descubrirá con asombro que la joven es en realidad una brillante pintora, diseñadora, empresaria y jugadora de élite que ocultaba un poder y talento legendarios.
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Capítulo 3

En cuanto esas palabras salieron de los labios de Fernanda, se hizo el silencio en la mesa y en los rostros de todos se dibujó una expresión de asombro e incredulidad.

Erika, con la paciencia agotada, golpeó con fuerza la mesa y exigió: "Palurda, ¿qué estás diciendo? Mi madre tuvo la amabilidad de ofrecerte esta carne, ¿y tienes el descaro de ser tan maleducada?".

Fernanda respondió a sus miradas atónitas con una máscara de fingida inocencia. "Me refería claramente a la carne", dijo con una pausa deliberada. "Está cruda y, francamente, tiene un aspecto poco apetitoso. ¿A qué otra cosa podría referirme?".

"Tú...". La réplica de Erika vaciló, ahogándosele en la garganta. Admitir que pensaba que Fernanda estaba insultando a Michelle no era una opción.

Con un lento y calculado parpadeo, Fernanda continuó: "A menos que, tal vez, pienses que hay algo aún más asqueroso en esta mesa que ese plato".

Ante esto, el rostro de Erika reflejó puro asombro y, por una fracción de segundo, pareció que se había quedado sin voz. No pudo pronunciar ni una sola palabra.

Fue Michelle quien rompió el incómodo silencio, interviniendo con suavidad: "Fernanda, el plato al que te refieres se llama tartar de ternera. Es un manjar muy apreciado, elaborado con carne de primera calidad y un huevo pasteurizado, que suele encontrarse en los restaurantes de alta cocina. Quizá sea algo que no hayas tenido la oportunidad de probar antes".

Su voz insinuaba con sutileza que el pasado más sencillo de Fernanda podría no haber incluido experiencias culinarias tan refinadas.

Fernanda esbozó una sonrisa traviesa y replicó: "Nuestros antepasados perfeccionaron una serie de recetas y técnicas sofisticadas. Desde luego, no refinaron estas artes culinarias para que nosotros retrocediéramos hasta consumir carne cruda como si estuviéramos perdidos en la naturaleza".

La expresión de Michelle delató por un instante un toque de incomodidad, pero consiguió mantener una sonrisa educada, asintiendo con cierta rigidez. "En eso tienes razón, te lo concedo".

"Estoy de acuerdo. A mí tampoco me gusta el tartar de ternera", añadió Roberto con un gesto de asentimiento, fijando la mirada en Fernanda con evidente orgullo. "Siempre he preferido los sabores clásicos. Parece que Fernanda lo ha heredado de mí".

La muchacha esbozó una sonrisa contenida, limpiándose con delicadeza el tenedor en una servilleta tras probar el tartar, y luego reanudó la comida con actitud serena, sin inmutarse ante la resentida mirada de Erika.

De repente, Michelle se aventuró a hacer una suave pregunta. "Fernanda, ¿a qué universidad vas ahora? Erika está en la Universidad Luminaria, una de las mejores del país. ¿Y tú?".

Ante esto, el rostro de Erika se transformó en una sonrisa de autosatisfacción.

El tono de Roberto se volvió más frío al intervenir en nombre de Fernanda. "He hablado con algunos contactos en la ciudad natal de Fernanda. Por el momento, no está matriculada en ninguna universidad".

Michelle abrió los ojos de par en par y su voz cortó el silencio al soltar: "¿Qué acabas de decir? ¿Fernanda no va a la universidad? ¡Eso es imposible! ¿Qué pasará cuando se enteren los Harper? La señora Harper mencionó hace unos días que planeaban una gran fiesta de bienvenida para Fernanda a su regreso. Si se enteran de que no está matriculada en ningún sitio, podría ser desastroso".

Roberto intervino, con un tono irritado, cortando el pánico creciente de Michelle. "Basta. Yo mismo me encargaré de la educación de Fernanda".

Desde su rincón, Erika no pudo reprimir una risita. Imaginar que Fernanda conseguía colarse en alguna universidad de segunda gracias a sus contactos le resultaba francamente divertido.

La idea de que la familia Harper celebrara la llegada de lo que Erika consideraba una don nadie rural era absurda. El comportamiento grosero y desgarbado de Fernanda sin duda provocaría su desaprobación en cuanto la vieran.

A Erika, Bobby Harper le parecía bastante encantador, pero la insistencia de su familia en cumplir la promesa de comprometerlo con Fernanda y presionar a Roberto para que la reintegrara en sus círculos le parecía sencillamente ridícula.

Estaba convencida de que la familia Harper nunca sentiría afinidad por alguien tan carente de educación como Fernanda.

El ambiente alrededor de la mesa se tensó mientras discutían el futuro académico de Fernanda.

En medio del incómodo silencio, la propia Fernanda tomó una servilleta y se secó los labios con elegancia. "Ya me he inscrito para presentar el examen de ingreso a la Universidad Esaú", anunció, con voz firme y clara. "Si todo va bien, planeo estudiar allí en un futuro próximo".

A Erika la pilló por sorpresa y, por un momento, se quedó sin habla antes de estallar en una risa desenfrenada.

La idea de que la Universidad Esaú, la más prestigiosa del país, donde las plazas eran tan codiciadas como el oro, permitiera a Fernanda presentarse a la prueba de acceso le parecía irrisoria. Estaba claro que era mentira.

El semblante de Roberto se endureció, y entornó los ojos con una mirada gélida. Frunció el ceño en señal de desaprobación y dijo con severidad: "Fernanda, ¿cómo has podido mentir sobre la oportunidad de presentarte al examen de ingreso de la Universidad Esaú? ¿Mentir fue la única lección que aprendiste en tu pueblito?".

"Cariño, cálmate", intervino Michelle con rapidez. "Fernanda solo intentaba impresionarte".

Volviéndose hacia Fernanda con una expresión suave y maternal, Michelle comentó en tono tranquilizador: "No hay nada de malo en no ir a la universidad, Fernanda. No tienes que fingir ni sentirte inferior por ello. Aquí somos familia y no te juzgamos por esas cosas".

Sus palabras, aunque amables, estaban cargadas de incredulidad, dando por hecho que Fernanda se estaba inventando la historia.

La muchacha, sin decir una palabra en su defensa, se limitó a sacar su celular. Tras unos toques, lo empujó hacia el centro de la mesa.

Todos se inclinaron para ver la pantalla. La risa de Erika se detuvo en seco al mirar la pantalla.

En ella aparecía bien visible el comprobante de admisión al examen de ingreso de Fernanda en la Universidad Esaú, con su foto y su nombre en negrita.

Erika agarró el celular y abrió los ojos de par en par mientras lo examinaba una y otra vez. Su ira se desbordó, lo arrojó sobre la mesa y exclamó: "¡Esto no puede ser real! ¡Lo has editado, ¿verdad?".

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