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Portada de la novela Soy tuya

Soy tuya

La plenitud de Samantha y Aaron se ve empañada por una venganza hostil que surge desde las sombras. Su vínculo amoroso enfrentará una red de conspiraciones, traiciones y celos que amenaza con destruirlo todo. Mientras ella reafirma su devoción total, él se ve sumido en un mar de dudas ante peligros desconocidos. En este entorno de intriga y acción, ambos deberán luchar contra fuerzas externas para proteger su relación de un destino incierto.
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Capítulo 2

Me atuso el pelo rubio cenizo con esmero frente al espejo de pie de mi habitación y no hay manera de que tome algún tipo de molde.

A mi marido le encanta pero a veces me incomoda que no salga de su estado lacio permanente.

Finalmente desisto y le permito estar como siempre, cayendo libre hasta la mitad de mi espalda.

Termino de maquillarme y me aliso el vestido de cóctel floreado, girando para verme por detrás y me encanta el resultado. La falda ondea alrededor de mis muslos y me felicito internamente por el resultado. Me veo perfecta.

A pesar de ser madre de una niña hermosa de dos años, sigo manteniendo la figura que enamoró a Aaron a primera vista. Cuido que así sea y la luzco siempre que puedo.

Sonrío sin mucha alegría cuando pienso rápidamente en los pesares que vivimos juntos pero que en el fondo nos hicieron ser lo que hoy somos : una pareja que se ama con locura y tiene una familia y una vida perfecta.

Aunque el mundo diga que en la vida la perfección no existe, en la nuestra sí lo hace. Nuestro amor es único y maravilloso. O al menos así lo siento yo.

–Me sigo sorprendiendo a mí mismo de lo hermosa que eres y lo que provocas en mí cada vez que te veo hacer ese gesto tan tuyo frente al espejo.

Lo miro a través del cristal, recostado sobre el marco de la puerta y los brazos cruzados sobre su pecho haciéndolo lucir tan guapo que suspiro enamorada.

–¡Te amo! —susurra dibujando las palabras entre sus labios.

–¡Lo sé! —contesto risueña.

—Han llegado tus padres y Bia y Caleb —informa acercándose a mí.

Mi hermana estaba en la ciudad con mi primo y el suyo (no de sangre claramente),y que es también su marido, y eso siempre era motivo de reunión en mi casa pero hoy era mucho más especial pues mis tíos, después de casi dos años sin vernos luego de aquellos sucesos que no me gusta recordar, habían decidido volver a reunirse en familia con nosotros.

Estábamos todos muy contentos pero algo escépticos. Teníamos una familia peculiar y la última vez que estuvimos juntos, no acabó nada bien.

Jack y Haley, mis tíos, los padres de Cindy y Dustin no habían vuelto a ser los mismo desde que ella casi me mata y a mi hija también, lo que hizo que desde entonces, dos años hace ya, esté internada en un psiquiátrico y prácticamente no los reconozca ni a ellos cuando los ve.

Esperábamos con mucha ilusión que todo saliera bien y este almuerzo en la piscina de mi casa de Londres fuera un éxito y cubriera un poco, con el manto del olvido, el dolor de aquel pasado.

—¿Dónde está Samira? —pregunto por mi hija mientras soy arrastrada a los brazos de Aaron.

—Con su abuela y Cayla —dice él besando mi cuello —.Bianca entrando por la puerta se la soltó a tu padre.

Me besa el cuello y me retuerzo en sus brazos jugando a huir de él. Adoro demasiado cuando su boca se pega a mi cuello y no quiero que se nos vaya de las manos el tonteo.

Cayla es la hija de Bia y tiene una relación amor–odio con la mía. Samira siempre ha sido la consentida de su tía y Cayla cela casi tanto como Caleb, a su madre.

—Tenemos que bajar antes de que las niñas se saquen los ojos.

—Coño, Sammy estoy medio duro ya —me aprieta los pechos y la pelvis, y yo estoy a nada de suplicar.

—Pues ponte bañador y tírate a la piscina cariño que el agua esta fría, porque yo estoy bajando.

Logro escapar de sus brazos y salgo por el pasillo sin detenerme hasta estar lejos de su embrujo. Solo dos besos más necesito para levantarme el vestido y liarla y están mis padres aquí.

Cuando llego al descanso de la escalera, me encuentro al perro en una posición tan increíble, que me dan deseos de hacerle una foto a mi San bernardo como constancia de que consiguió ponerse así.

¡Hey Bobby!

Toco su panza expuesta y es cuando me percato de que no tengo mi móvil.

Tengo clientes importantes de los que estoy esperando confirmación sobre la venta de un chalette de lujo y no puedo permitirme no recibir ese mensaje para avisar a mi asistente de preparar la documentación para mañana mismo. Mucho me ha costado vender esa propiedad y estoy a punto de conseguirlo. No me puedo entretener.

El animal se levanta y me sigue y retomo el camino de regreso a la habitación.

Entonces, cuando estoy a punto de empujar la puerta escucho el sonido de mi teléfono y casi me aplaudo a mi misma por lo atinado de mi decisión.

Empujo con mi mano la madera blanca y cuando se abre del todo la puerta, descubro a Aaron leyendo el mensaje que escuché llegar a mi móvil.

—Es de trabajo, Aaron. ¿Qué haces revisando mi teléfono? —me apresuro a responder.

No es molestia sino asombro lo que me conduce a hacerle la pregunta. Él no suele mirar mi móvil, ni mi correo ni nada desde hace más de un año.

Al inicio del trauma y cuando todavía tenía las pesadillas lo hacía, pero ahora yo pensé que ya teníamos esa fase superada y es evidente que no es así.

–¿Cuántos mensajes de estos has recibido y dime por qué los de seguridad no han sido informados ? —su pregunta es exigente y dictatorial.

Arrugo la frente porque no tengo ni idea de qué habla y me acerco para tomar el aparato y leer lo que jura lo siguiente :

*Ya queda menos para que te vuelva a ver. Me va a encantar tenerte de nuevo *

El número es oculto, o sea que no tengo ni idea de quién lo envió. Y a pesar de la punzada de duda que me entra, soy consciente de que hace mucho que no tenemos enemigos potenciales. Y Cindy sigue en el psiquiátrico.

—A ver, Aaron, primero no he recibido ningún otro mensaje como este, por eso no he tenido nada que informar —me acerco a él y le enmarco el rostro con mis manos —. No enloquezcas que bien puede ser alguien que se equivocó y nada más. Relájate.

—Esto no me gusta, Sammy. Haré que lo investiguen.

–¡Vale! —le doy un pico y él pega nuestras frentes.

—No tengas miedo que no dejaré que se repita, ¿Okay? —se le escucha desesperado y me preocupa en demasía.

—Tranquilízate amor. Estaremos bien.

Alguna inquietud siento pero mi terapeuta me ha enseñado a apartar los pensamientos negativos y evito permitirme el entrar en crisis por cualquier cosa, sobre todo porque Aaron no puede volver a tener aquellas pesadillas que casi le cuestan la vida.

Las cosas estarán bien y eso es todo lo que tengo que repetirme.

—Me doy una ducha y bajo enseguida. Necesito enfriar mi cabeza.

Le conozco lo suficiente para saber que va a llamar a Connor para que investigue un simple mensaje de mi móvil.

—Te espero abajo amor. Me llevo el móvil que aún no tengo noticias de los Hommers.

Tomo el móvil y mientras bajo, reviso y encuentro que él se reenvío el mensaje a su número y no dudo que vuelva a vincular nuestros móviles como hace años atrás.

Es en extremo paranoico pero; si eso va a ayudar a que esté tranquilo, pues perfecto.

Sin embargo no consigo dar un paso más cuando el teléfono vuelve a sonar y otro mensaje similar aparece en mi pantalla.

*Estás hermosa con ese vestido. Voy a enviarte la dirección del sitio donde volveremos a vernos en unos días, no tengas duda de que voy a verte allí. Así que no te resistas a mí y no le digas nada a nadie o tu bebé pagará las consecuencias *

Miro a mi alrededor buscando desde dónde me puede estar observando y no soy capaz de localizar nada ni a nadie en los metros de césped que se observa afuera de los cristales de mi casa.

Presa del repentino pánico, corro escaleras abajo y veo a mi padre con mi hija en brazos caminado hacia la puerta de la calle y una luz roja alumbra un punto en el medio de la espalda de mi hija.

El terror al reconocer la luz de la mira telescópica de un rifle francotirador en la espalda de mi bebé me hace lanzarme sobre mi padre y le arrebato la niña de los brazos, provocando que caigamos al suelo al mismo tiempo que un conocido sonido me aturde los sentidos.

Otro maldito mensaje...

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