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Portada de la novela Sometida por error

Sometida por error

Emily Reyes vive volcada en el bienestar de su hermano, pero su vida se trastoca al entrar en Industrias Cavill. Un error contractual la vincula irremediablemente al poderoso y misterioso CEO, alejándola de su sueño de un amor tranquilo. Entre los muros de la empresa, se ve envuelta en una espiral de deseo, engaños y verdades ocultas. Emi enfrentará un dilema crucial: luchar por su libertad o rendirse a la tentación prohibida que su jefe le exige.
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Capítulo 1

Enamorada del amor

―Él me miró a los ojos y con esa sola mirada me hizo desmoronarme en mis adentros. Todo en mi ser quedó rendido a los pies de ese hombre de mirada decidida y voraz, ese hombre era capaz de dejarme sin aliento y sin habla.

Yo miré en todas las direcciones tratando de encontrar alguna otra explicación. Yo estaba tratando de descifrar si era a mí a quien miraba, pues la sorpresa me invadió de solo sopesar la cuestión y es que no era cualquier hombre el que se había fijado en mí, era un dios de la seducción en todo el sentido de la palabra, un hombre capaz de trastocar cualquier corazón con su sola presencia, una verdadera situación para que las piernas de cualquiera sucumbieran debajo del peso de un incontrolable temblor.

La distancia que nos separaba quedó franqueada en cuestión de instantes someros. Su fragancia estalló en mi rostro, haciéndome respirar de lleno el perfume de su ser que se quedó impregnado en mi memoria como un recuerdo del cómo debía ser la fragancia de los ángeles. En esa cercanía, sus ojos de un color azul tan brillante como el cielo de una mañana de verano me impactaron de inmediato, empujándome a mirar el resto de su ser bajo los efectos de un encantamiento sin comparación. La línea de su rostro era recta donde convenía rectitud y simetría, mientras que en las partes donde le convenía la fluidez y el dinamismo su rostro de igual manera sabía portar ese dejo de audacia indómita. La piel tersa y lozana que se extendía inmaculada y sin arrugas en toda su superficie mientras me miraba con un gesto imperturbable y sin expresión. Mi ser se desprendió de cualquier escrúpulo y vergüenza, pues para ese punto ya de nada valía, pues la expresión de éxtasis debía ser evidente de cabo a rabo en mi rostro, pero estaba segura de que él ya esperaba algo así. Un hombre como él debía estar acostumbrado a provocar ese tipo de reacciones en todas las personas de su alrededor.

Dando un paso más adelante, aquella inmensa humanidad se plantó ante mí con toda su corpulencia. Un cuerpo musculoso y bien formado que se cubría con un traje de la más elegante confección servía como catalizador de mi mutismo. Ese último pasó lo dejó a escasos centímetros de mi rostro, ya no quedaban dudas, era a mí a quien buscaba.

Sus labios sensuales que comenzaron a mostrar lo que era la sonrisa más sensual que el mundo hubiera conocido cuando descubrió el leve temblor que se había apoderado de mi ser. Aquel rostro, para una fanática del cine de superhéroes como yo, mejor dicho de los actores que actúan en esas películas, no podía quedarme sin reacción: Ese hombre era una mezcla entre un Superan y un Capitán América.

―Quiero hacerte el amor ―me dijo sin ningún tipo de advertencia ni previo aviso. Fue algo del todo inesperado que llenó mi ser de una sensación de desconcierto inmediato, no un desconcierto negativo ni mucho menos; mi desconcierto fue del tipo de quien no sabe ponerse de acuerdo si festejar, bailando o dando saltitos o quizás ambas cosas al mismo tiempo.

Sin embargo, no podía dejar que la emoción me dejara en evidencia tan pronto, por lo cual me apeé para mostrarme como una mujer segura y con mucha decisión en un momento como ese.

―No eres el único ―fue mi respuesta cuando mi mano se colocó confianzuda sobre su pecho de acero. Mis labios abiertos ligeramente para dejar entrever mi lengua que hacía movimientos sensuales al hablar eran una invitación.

El sujeto sonrió con fastidio. Aquella no era definitivamente la respuesta que él esperaba de mí, pero esa era justamente la reacción que yo buscaba en él, no quería que él creyese que yo iba a caer rendida a sus pies a las primeras de cambio. Era necesario que él supiera que debía esforzarse si quería acercarse a mí.

Su sombra se hizo más grande cuando toda distancia que existía entre nosotros dejó de existir. El inmenso dios seductor me empujó hasta que mi espalda se recostara contra la pared detrás de mí, mientras que sus manos se acomodaron en mi humanidad para someterme, de manera que mi cuello quedó erguido con su boca respirándome cerca de la yugular de manera amenazadora.

―Pero yo no soy cualquiera ―susurró él con total seguridad. En su voz se descubría la capacidad que él sabía que tenía para ser irresistible, sabía que yo me moría por él, aunque me esforzaba en contenerme.

Entonces, sin previo aviso, comenzó a besarme con pasión. Sus labios entrenados sabían cómo acariciar la superficie de mi cuello desnudo, ocasionando que el deseo que se encontraba contenido dentro de mí brotara sin contención. Era un espectáculo de puro placer. Apenas y podía recalar en el hecho de que nos encontrábamos en un lugar público, cosa que a él parecía importarle poco y que para mí, de alguna manera, parecía convertirse en un fuerte potenciador de mi pasión. La adrenalina de que alguien me descubriera en brazos de ese hombre poderoso me excitaba hasta el éxtasis.

Sus manos buscaron incursionar debajo de mi blusa, cosa que significó la ruptura de cualquier barrera de pudor: ya estaba rendida frente a él. Un delirio como ese era algo que no me sentía capaz de experimentar. No lo conocía, ni siquiera sabía su nombre, pero estaba completamente entregada a él y sin importar lo que nadie pudiera decirme, estaba decidido a llegar hasta las últimas consecuencias de aquel encuentro furtivo.

Cuando por fin llegó el momento de consumar el deseo que nos consumía a los dos, me dieron ganas de morirme en ese mismo instante: me despertó el sonido de la alarma. Quería estallar, lanzar el teléfono contra la pared. Me habían arrancado el momento por el cual me había estado derritiendo, pero me calmé, sabía que aquello no había sido un sueño: Aquello fue una premonición sobre el amor de mi vida que conoceré hoy mismo, eso puedes asegurarlo.

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