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Portada de la novela Sometida a mi Jefe Dominante

Sometida a mi Jefe Dominante

Rachel Lake vive atada a la disciplina tras un trauma familiar que marcó su pasado. Buscando salvar su precaria economía, acaba trabajando para Tyler Rhode, un multimillonario de alma rebelde y tatuajes que desafía cualquier norma establecida. Aunque ella se esfuerza por conservar su rutina y seguridad, la magnética presencia de su jefe la empuja al límite. Entre el deber y un deseo prohibido, Rachel se verá tentada a abandonar su cautela por pasión.
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Capítulo 3

TYLER

¿Qué haces cuando la vida intenta joderte? Le das una patada en el trasero y la jodes tú a ella. Eso fue lo que yo hice.

Después de que Charline se fue cagando leches de nuestras vidas, me tocó recoger los pedazos de un esposo enamorado hundido en la miseria que no encontró otro desahogo en el alcohol. No hace falta decir que cada maldito día de mi vida, luego de que ella se marchara, me llené de rabia, sentimiento que creció cuando dos años más tarde. Mi padre no aguantó su ausencia y falleció, unos dicen que fue de un coma etílico, pero yo que estuve con él, sé que murió de tristeza.

Hasta ese momento dejé de perseguir fantasma y me propuse vivir como me diera la gana y mi válvula de escape fue la música. Tomé una pequeña maleta, un poco de dinero que dejó mi papá y me largué a Los Ángeles; donde supuestamente los sueños se convierten en realidad y Wyoming quedó atrás, al igual a todo lo que me jodió mi joven existencia.

Deambulé por las calles por mucho tiempo, durmiendo en refugios o donde me agarrara la noche, trabajé aquí y allá, mi prioridad era tener mi guitarra y cuando conseguí mi primer sueldo fue lo primero que hice. Conocí a mucha gente y a los pocos meses me junté con chicos con los mismos problemas de mierda que los míos y con las mismas aspiraciones. Juntamos toda esa rabia, unimos los talentos que teníamos y armamos nuestra propia banda.

Ryan McDowell era un maldito desadaptado, pero era un virtuoso con “la nena” y sin que ninguno del grupo protestara se autoproclamó como el único e indiscutible guitarrista, era prodigioso cuando tocaba la guitarra, te elevaba sin necesidad de meterte ninguna droga. Al igual que cada uno de nosotros, él también tenía su historia. Su padre lo abandonó siendo muy pequeño, dejándolo al cuidado de su madre mentalmente inestable y con una larga lista de padrastros abusadores, Ya de adolescente hizo lo que hicimos todos; dejamos la mierda atrás y buscamos nuestros sueños.  

El Baterista es Maximiliano, pero si lo llamas así eres propenso a que te reviente la puta cara, por seguridad solo le decimos Max, el bajista es Kirk no hay nadie como él en ese instrumento, sus líneas de bajo son tan melódicas, posee una excelente técnica y ejecución, por mi parte en un principio mi meta era ser el guitarrista, mas al escucharme cantar todos coincidieron que yo fuera el solista y así se conformó la familia de Black Paradise.

Al principio tocábamos en algunos tugurios que ni el nombre de antro le cabía. Nos metimos en problemas, no respetábamos reglas ni normas, éramos unos delincuentes juveniles, destruimos carros, partíamos ventanas, nos metíamos en peleas cada cinco minutos; era nuestra forma de hacerle pagar a la sociedad nuestras malditas frustraciones, odiábamos a todos. Fue una puta locura, aunque también fue una época única.

Dormíamos en el garaje de cualquiera que nos diera un chance, las experiencias vividas la plasmábamos en un papel, que luego se convertían en las letras de nuestras canciones. Nadie daba medio centavo por el grupo, pero nosotros creíamos en lo que hacíamos y con esa mierda nos bastaba.

Una noche estábamos en la casa de Kirk, su madre anciana se dormía temprano y nos dejaba lugar a nuestras anchas, nos drogamos hasta que nos cansamos y allí totalmente narcotizados, escribimos una canción mientras que Ryan en la guitarra acústica le daba vida con unos cuantos acordes y con la colaboración de todos armamos algo brutal y en ese instante supimos que teníamos el maldito éxito asegurado.

Al poco tiempo conseguimos una vieja Van y comenzamos a recorrer el país, tocando aquí y allá. Éramos unos rebeldes, nuestros toques terminaban en peleas. Si nos miraban mal partíamos caras y pateábamos traseros, nos sacaron corriendo de muchos pueblos. Hasta que un buen día un productor cazatalentos nos escuchó y eso bastó para que nos ofrecieran un contrato. Desde ese momento la puta vida nos cambió. Grabamos nuestro primer álbum y fue una locura. Nos convertimos de la noche a la mañana en los putos amos del mundo.

—Esta no puede seguir ocurriendo —gritó Greg White, nuestro manager, abrió la cortina de mi habitación, y de inmediato hizo que mi cabeza casi explotara del dolor.

La chica que estaba desnuda a mi lado se sobresaltó. No tenía idea de quien era, pero si vi que era muy guapa y si no hubiese sido por la interrupción, seguiría portándome mal con esa preciosura.

—Lárgate — le gritó Greg. Por el tono de su voz era más que evidente que estaba cabreado, ese hombre era un pan de Dios, nosotros íbamos a acabar con él, era lo que siempre decía. Busqué en mi cabeza, cuál de las tantas mierdas que hicimos la noche anterior pudo sacarlo de sus casillas.

La pelirroja preciosa se cubrió con la sabana y salió corriendo hacia el baño.

—¿Cuál es tu puto problema? —Le pregunté sentándome en la cama, viéndole el lindo trasero a la chica.

—Mi puto problema, es todo el desastre que hicieron en la suite de Max, maldita sea, destruyeron la habitación, sin contar los daños que ocasionaron fuera del hotel, y toda la cocaína que dejaron en la recámara servía para que la ciudad entera la inhalara y los empleados encontraron su maravillosa obra de arte, si sumamos dos más dos, esos nos dan… Que ya la información está rodando por todas las noticias.

Imágenes llegaron a mi mente, un poco confusas, en un segundo lo recordé todo, estábamos festejando que nuestro álbum había sido récord en ventas y habíamos terminado nuestra primera gira con rotundo éxito, así que lo celebramos a lo grande como se debe. Alguien hizo alguna estupidez y hubo una pelea de puta madre, pero ¿qué fiesta de los Black Paradise no termina a golpes? Greg debería estar acostumbrado.

—La fiesta se salió un poco de control — le dije para apaciguarle el ánimo —pero tú estás perfectamente calificado para resolver los pequeños detalles hombre. Te ganas una fortuna por eso.

—Yo no soy su puto niñero —gritó — porque ustedes malditos imbéciles no son más que unos críos —se sentó en una silla enfrente de mí — deben entender que son artistas, por lo tanto, tienen que comportarse mejor… La atención pública está puesta en la banda y tú, cabrón, es el que debe guardarse de toda esa mierda, eres el líder… tienes que comportarte y no darle pie a esos idiotas a que hagan esas estupideces que dejan al grupo mal parado.

Cada vez que hacíamos nuestras pequeñas fiestas, nos daba los mismos sermones.

—¿Terminaste con todo ese discurso? Quiero seguir durmiendo, ya que me jodiste la movida con la pelirroja.

—Eres un cabrón Tyler, ¿escuchaste todo lo que te he dicho? —Se levantó de la silla.

—A la gente le encanta como somos, si intentáramos cambiar se acabaría la magia, así que tómalo con calma, viejo, además ¿qué tiene de malo divertirse? —Yo solía ser bastante volátil cuando alguien osaba gritarme, pero Greg me recordaba mucho a mi padre y tal vez por eso no me paraba de la cama y le partía la cara y lo sacaba de mi habitación.

—¿Quieren seguir comportándose como unos hijos de puta? Pues no los dejaré… así tenga que encontrar un ejército para que los controlen, lo intentaré— el manager caminó por toda la habitación mientras yo lo miraba atentamente y aguantaba las ganas de reírme — ustedes — me señaló — serán una banda modelo y no los malditos vándalos desadaptados que van jodiendo todo a su paso… Como que me llamo Greg White haré de ustedes unos perfectos caballeros.

En ese punto ya no pude aguantarme y solté una carcajada al escuchar la mariconada que había soltado el imbécil. Se ve que todavía no nos conocía, nosotros éramos unos cabrones y no íbamos a cambiar nunca.

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