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Portada de la novela Sombra de un Amor Prohibido

Sombra de un Amor Prohibido

Isabel trabaja como asistente de su primo Hugo, el influyente CEO de una multinacional, bajo una estricta regla familiar que prohíbe su vínculo sentimental. Pese a las normas, una pasión inevitable surge mientras el imperio corporativo es blanco de ataques externos. La seguridad de Isabel corre peligro entre traiciones y secretos oscuros que acechan su entorno. En un clima de lealtades rotas, ambos deberán elegir qué sacrificar para protegerse mutuamente.
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Capítulo 3

El sol se filtraba tímidamente a través de las cortinas de la oficina de Hugo, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de mármol pulido. Isabel había pasado los últimos días inmersa en la investigación, analizando documentos, correos electrónicos, y reuniendo información de diversas fuentes. Pero a pesar del arduo trabajo, la sensación de estar al borde de un precipicio no desaparecía. Algo no encajaba, y las piezas del rompecabezas parecían moverse sin que ella pudiera controlarlas.

Cada vez que se encontraba con Hugo, la tensión era palpable. Había una barrera invisible entre ellos, una línea que sabían que no podían cruzar, pero que cada vez parecía más difícil de evitar. La atracción crecía, y con ella, la incertidumbre de lo que sus corazones realmente sentían. Isabel trataba de mantenerse profesional, pero no podía negar que su mente se deslizaba, una y otra vez, hacia el mismo pensamiento: ¿y si Hugo no solo necesitaba su ayuda profesional?

En la tarde de ese jueves, después de horas revisando informes confidenciales, Isabel fue llamada de nuevo a la oficina de Hugo. La cita, esta vez, parecía más urgente. Se sentía una tensión creciente en el aire, como si el edificio mismo respirara con fuerza contenida.

Cuando llegó, la puerta estaba entreabierta, y al entrar, Hugo la esperaba con un rostro más serio de lo habitual. Estaba de pie junto a su escritorio, con las manos entrelazadas y la mirada fija en el horizonte, como si estuviera buscando respuestas en algún lugar lejano.

-¿Todo bien, Hugo? -Isabel preguntó, aunque sabía que la pregunta era casi irrelevante. Algo en su tono de voz le decía que las amenazas de las que había hablado en su última conversación no solo eran palabras vacías.

Hugo la miró entonces, sus ojos penetrantes buscando algo en ella, como si intentara medir sus reacciones. No dijo nada al principio. En lugar de eso, dio un paso hacia la ventana, contemplando la ciudad desde las alturas.

-Las amenazas han aumentado. -Su voz era baja, casi inaudible, pero cargada de una gravedad que no había estado presente en su tono antes-. Hay un enemigo dentro de la empresa. Alguien cercano a mí, alguien que confío. Y las cosas se están complicando, Isabel. No sé a quién acudir.

Isabel tragó saliva. Sabía que este momento llegaría, pero escuchar la confesión de Hugo la golpeó con una intensidad inesperada. Un enemigo cercano. Eso significaba que las traiciones no solo estaban a nivel corporativo, sino que llegaban hasta el núcleo de su círculo más íntimo.

-¿Quién está detrás de esto? -Isabel preguntó, su voz apenas un susurro, aunque su mente corría rápidamente, intentando conectar los puntos. ¿Quién podría ser tan cercano a Hugo para traicionarlo de esa forma? Cada miembro del personal, cada colaborador, parecía tener su propio interés y sus propios secretos. Pero de todos, Hugo había confiado en él, y ahora eso podía costarle más que su imperio.

Hugo se giró lentamente hacia ella, y en su rostro apareció una mueca de frustración contenida.

-No lo sé aún. Pero he recibido advertencias de personas externas. El rival que estamos enfrentando ha comenzado a mover sus piezas, y mi propia gente... hay alguien dentro de mi círculo que está filtrando información. Si no actúo pronto, podría perderlo todo.

Isabel lo observó con detenimiento, notando la tensión en sus hombros, la línea tensa de su mandíbula. Hugo estaba más vulnerable que nunca, y a pesar de lo que había dicho, Isabel sabía que él no era un hombre fácil de derrotar. Pero este enemigo, cualquiera que fuera, parecía tener la capacidad de poner en peligro todo lo que Hugo había construido.

-¿Cómo podemos descubrir quién está detrás de esto? -Isabel preguntó, sin saber si su voz sonaba demasiado tensa o si estaba perdiendo el control de la situación.

Hugo dio un paso hacia ella, y por un momento, sus miradas se cruzaron en un silencio espeso que los envolvió. Isabel sintió como si la habitación se estrechara, como si el aire se volviera denso e irrespirable. Algo estaba cambiando entre ellos, pero no podía poner nombre a lo que era. No quería ser solo una pieza más en el juego de Hugo, pero no podía negar que algo en su interior deseaba estar allí, con él, en ese momento.

-Necesito que sigas investigando. Pero con más cautela. -Hugo dio un paso más hacia ella, lo suficiente como para que sus rostros estuvieran casi a la misma altura. Isabel pudo sentir el calor de su cercanía, la presión en el aire que cada vez era más difícil de ignorar-. Nadie más puede saber de esto. No puedo arriesgarme a que alguien descubra que estás involucrada.

Isabel asintió, aunque algo en sus ojos reflejaba la creciente incomodidad de estar tan cerca de él. Sin embargo, su mente seguía fija en la misión. Las amenazas, el peligro... todo lo que Hugo estaba enfrentando lo convertía en un objetivo vulnerable. No podía permitir que su relación fuera un obstáculo. No ahora.

-Lo haré, Hugo. Te lo prometo. -Respondió, sintiendo la urgencia de su propia declaración. No solo porque estaba comprometida con su trabajo, sino porque sabía que, sin importar lo que sucediera, estaría allí para él.

Él la miró durante un largo momento, y fue en ese silencio compartido que Isabel sintió la atracción entre ellos más fuerte que nunca. Un deseo prohibido que seguía creciendo bajo la superficie. Pero Hugo rompió el silencio con una sonrisa tensa, casi una mueca, antes de dar un paso atrás.

-Gracias, Isabel. Confío en ti.

Ella lo miró, sin saber cómo responder a esa confianza. Sabía que él confiaba en ella, pero esa confianza parecía ser el preludio de algo mucho más grande y peligroso. Algo que ninguno de los dos podía controlar. Y aunque intentaba racionalizar la situación, Isabel sentía una verdad inquietante crecer dentro de ella: estar tan cerca de Hugo, tan involucrada en sus problemas, podía terminar transformándola en un peón más en su propio juego.

Pero la atracción, la conexión, no la dejaban escapar. Y eso era lo que más la aterraba.

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