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Portada de la novela Sólo tú (un matrimonio arreglando)

Sólo tú (un matrimonio arreglando)

Isabel Tolliver, criada bajo las rígidas reglas de la élite londinense, debe salvar a su familia de la ruina mediante un matrimonio forzado. Su esposo es William Herbert, el conde de Pembroke, un hombre rechazado por su origen que busca sinceridad en un mundo de apariencias. Rodeados de prejuicios raciales y envidias constantes, ambos se verán obligados a desafiar las normas sociales para descubrir si su unión pactada puede transformarse en amor real.
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Capítulo 2

El viaje a la hacienda le produjo vértigo, aunque fue rápido y cómodo. Su prometido era dueño de varios coches de lujo y según había dicho su padre el que había mandado por ella era el mejor. Trataba de impresionarla y eso la llenaba de rabia, de odio. Sí, odio hacia ese hombre que se empeñaba en poseerla.

-Muy buenas noches señora-El señor Melville se dirigió a su madre con una leve reverencia y otra hacia Isabel. Después se fue y no supo mas de él. Su padre llegaría más tarde.

Comenzaba a oscurecer cuando la condujeron a la que sería su habitación,su madre se había retirado a la suya para descansar del viaje exagerando su agotamiento.

Con horror, miró que su habitación estaba apartada de todo,en ella no encontró una ventana o algo que le indicara un poco de libertad. Se estremeció, y aunque trató de calmarse,los nervios se apoderaron de Isabel.

-El amo vendrá a conversar un poco más tarde,él aún no regresa del campo.

Le informó la doncella que la condujo hasta su habitación.

—¡No!— Se apresuró a responder—Soy una dama,y aunque sea mi prometido me niego a recibirlo en mi habitación.

La doncella bajó la mirada cohibida e Isabel se mordió la lengua al darse cuenta de su falta de tacto. Ella no tenía culpa. Pero antes de poder darle una disculpa por su comportamiento hosco, la doncella se alejó con prisa murmurando que le avisaría al amo su decisión.

Se recostó a la espera,ya entrada la noche,no había indicios de que él quisiera conocerla,quizá ya había sido informado de su decisión,y los preparativos, seguían en pie.

El miedo se coló bajo su piel y se apoderó de ella haciéndole ver todos los fallos en su vida.

Le faltaban tantas primeras veces de todo y ahora se las entregaría a un desconocido, a alguien que le estaba comprando simplemente.

Jamás había conversado con ningún joven,y también se había perdido el baile de debutantes. Lo que significaba que su primer vals sería para ese hombre,y con horror,fue consciente de que ningún hombre la había tocado nunca y él sería el primero. Su primer beso,su primer abrazo,su primera entrega. Ese fue el detonante que le hizo huir de su realidad.

Abrió la puerta y escapó de su habitación para correr por los pasillos que ahora lucían solitarios,no había nadie que impidiera su huida y el corazón dio un brinco de alegría.

No supo cuanto tiempo corrió,lo hizo hasta que los pulmones le ardieron y los pies le dolieron lo suficiente para no seguir. La noche estaba muy oscura,pero una fogata la alertó. Se escondió entre matorrales y pudo ver a muchos hombres alegres bebiendo. Eran sirvientes, quizá esclavos y bebían. ¿Acaso no había nadie que impidiera su atrevimiento?.

Fuertes carcajadas los acompañaba,brindaban por algo,el idioma que hablaban no le permitió entender.

Tuvo miedo de esos salvajes,su madre los despreciaba y su padre les temía,ella lo notaba. Y por su rebeldía estaba casi acorralada por ellos. Se detuvo,no era tan tonta para salir corriendo ahora que ellos estaban ahí. Podrían atraparla y rogó porque eso no sucediera. En un descuido pisó el pliegue de su vestido y una zapatilla quedó atorada en una rama haciéndole caer y alertando a los hombres.

Le harían daño...lo supo.

Uno de ellos se levantó alerta y cogió una braza de la hoguera para alumbrar su camino mientras los otros levantaron sus machetes a la defensiva. Rezó como nunca antes y estiró la tela del vestido que crujió de inmediato, estaba rota. Se levantó rápidamente con el corazón en la garganta e iba a echarse a correr,pero una mano fuerte le tomó de la muñeca y le hizo detenerme.

-¡No me haga daño!-Suplicó-Me he perdido,soy la prometida del dueño de la hacienda-. Chilló a su conveniencia,tal vez de esa forma el hombre fuera consciente de que sería un error el lastimarla.

-Señorita Tolliver ¿qué hace aquí?.

Abrió los ojos,no fue consciente de que los había cerrado cuando él tomó su mano.

La voz se le fue al ver al hombre que sostenía su muñeca y con otra mano la rama ardiente que dejaba verlo. Él era todo lo que su madre le hubiera prohibido ver. Tenía los ojos casi negros,y el cabello le llegaba muy por debajo de los hombros y eran tan oscuros como su mirada,y su piel aceitunada brilló bajo la luz de la flama. Sus ojos no era lo único que destacaba de su rostro,sus labios se notaban pecaminosos.

-Señorita ¿se hizo daño?.

Supo que habló de nuevo pero sus sentidos estaban aturdidos y había algo íntimo en su agarre. Se estremeció y estiró su mano,él la soltó de pronto.

-No...sólo he tropezado-. Trató de hablar lo más lucidamente posible. Él le sonrió con atrevimiento, casi con ternura y le indignó esa familiaridad y atrevimiento, casi de la misma forma en que su sangre se calentó en las venas.

-Está muy lejos de la hacienda, por suerte aquí no tiene nada que temer-. Le aseguró el hombre.

Él sabía quien era,lo supo al escucharlo.

-Me alegro. Dijo casi sin voz.

-¿Qué hacía tan lejos de la hacienda y de noche?.

Su tono atrevido le encendió las mejillas ¿qué insinuaba?.

-Eso es algo que a usted no le importa, no sea atrevido, esa no es una forma de hablarle a una dama.

Le miró intensamente y asintió muy levemente, fue consciente de lo tremendamente grosera y mimada que se estaba comportando,pero la culpa no caló tan hondo cuando creía que ella era la víctima de aquello.

-Lo siento mucho señorita Tolliver, disculpe mi atrevimiento -. No respondió a eso,sólo de limitó a sacudirse la vestimenta y lanzar miradas aterradas a su alrededor. Él se dio cuenta de su nerviosismo.

-¡Will! ¡Will!...

Escuchó que lo llamaron. Él miró hacia ellos y luego se dirigió de nuevo hacia Isabel.

-La llevaré de nuevo a la hacienda,espere un momento.

Se alejó rápidamente regalándole una imagen de su fuerte espalda y piernas. Podría ser una locura pero ese hombre le pareció mediamente educado para ser un simple peón.

De nuevo recobró la lucidez,él la llevaría de vuelta y eso no podía ser. Levantó las puntas de su vestido para no tropezar y corrió de nuevo,esta vez sin mirar atrás. Pero era pedir demasiado,él, por supuesto, le dio alcance en un abrir y cerrar de ojos.

-Señorita Tolliver, espere-Le rogó antes de tocarle de la piel-¿Porqué huye?. Le dije que la llevaría de vuelta a la hacienda.

La forma en que le miró la hizo sentir culpable. Era una mezcla de preocupación, curiosidad y tristeza ¿porqué?. El no la conocía. Bajó el rostro apenada y nerviosa,algo que tampoco se le escapó de su ojo crítico-¿Sucede algo?-Le preguntó al mismo tiempo que le levantaba la barbilla para mirar directo a sus ojos. ¡Dios! Sintió su cuerpo estremecerse con tan sólo el roce de sus dedos,no podía permitirle tanta familiaridad, él era un desconocido.

-Le ruego que no me toque con tanta familiaridad.

Esta vez las palabras no sonaron tan duras,algo que él logró entender de inmediato y su rostro se iluminó con una cálida sonrisa.

-Entiendo,está usted prometida,supongo que quiere respetar a su futuro esposo.

Y aunque sus palabras fueron a amables, su cuerpo no reaccionó a ellas como él esperaba. De pronto estaba cubierta de lágrimas nuevamente. Creyó que para esas alturas estaría seca por dentro de tanto llorar,pero no. Ahí estaba la mayor prueba de que seguía sufriendo. Exponiendo su alma torturada a un desconocido. Su semblante se ensombreció tan repentinamente como sus lágrimas habían aparecido.

-No quiero casarme.

Sus palabras lo sorprendieron y él se quedó callado un momento.

-¿Porqué? ¿Tan malo es casarse con el dueño de esta hacienda?. Le habló con ternura,era la primera persona que le hablaba de esa forma,con tanta amabilidad aún sin conocerle.

-Sí-. Fue tajante.

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