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Portada de la novela ¿Solo Placer?

¿Solo Placer?

Vendida por sus propios padres a los quince años para costear sus vicios, la joven protagonista sobrevivió a la crudeza de un burdel. Al alcanzar la mayoría de edad, su vida cambia radicalmente cuando un hombre implacable, apodado el diablo, la compra en una subasta. Inmersa en el peligroso mundo de la mafia y envuelta en una atracción oscura, ella deberá descubrir si este misterioso protector representa su libertad o una condena más profunda.
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Capítulo 3

La distancia entre nosotros comienza a reducirse.

—¿Qué es lo que quieres hacer?—Le pregunto con cautela.

Él apoya sus manos en mi cintura y luego me atrae hacia su pecho. Mis pechos involuntariamente se aplastan contra sus músculos. Unos mechones de cabello se posan suavemente en mi cara.

—¡Qué demonios! Deja..

No puedo terminar la frase mientras Dante presiona sus labios contra los míos. Durante unos segundos saboreo la sensación de sus labios carnosos dominando los míos, pero él comienza a moverlos a un ritmo insoportablemente lento. Mi cuerpo comienza a vibrar en sus brazos. Sin embargo, no respondo a su beso, estando demasiado avergonzada por mi torpeza. Al darse cuenta de que no tengo intención de responderle, se aleja suavemente para poder mirarme a los ojos.

—Tu torpeza me envuelve.

Mis mejillas se colorean involuntariamente. No creo que sea plenamente consciente del efecto que sus palabras están teniendo en mi cuerpo.

Pero yo tampoco.

—Será un placer practicar contigo.

La intensidad de su mirada me abruma, sintiendo la repentina necesidad de oxígeno. Separo los labios, pero este gesto no pasa desapercibido para él. Su mirada se detiene en ellos. Nuestros rostros se acercan involuntariamente. Siento su cálido aliento golpeando mis labios, pero nuestro momento es interrumpido por el portazo contra la pared.

Retrocedo unos pasos como si me quemaran.

Tami me lanza una mirada llena de odio antes de volverla hacia Dante. Sus rasgos se suavizan y se dirige a él en un tono gentil.

—Amor, dijiste que vendrías a mí. ¿Lo olvidaste?

—Pasaré por tu cuarto más tarde.

—¿Me dejas sola por ella?—resopla disgustada antes de cerrar la puerta de golpe detrás de ella.

—¿Donde estábamos?

Dante había vuelto su atención a mí, pero la visita inesperada de Tami logró sacarme de la atmósfera cargada de sexualidad.

Esta vez pude pensar con claridad.

—No soy igual que ella—Hablo, pero desvío mi mirada de la suya.

—¿Que quieres decir?—Me pregunta con curiosidad y luego cubre mi mejilla con su palma, pasando su dedo por mi suave piel.

Una ola de calor inunda mi cuerpo y pongo mi cara en su palma.

En el lugar donde me obligaron a pasar los últimos tres años me consideraban un objeto o un trozo de carne con el que los clientes satisfacían sus placeres. Poco a poco había aprendido a desconectarme de mi cuerpo, pensando en los pocos momentos en los que era verdaderamente feliz. Después de que el cliente salía de mi habitación, me refugiaba en el baño, bajo las furiosas gotas de agua. Pasaba la esponja por mi piel hasta que enrojecía con la esperanza de poder borrar los caricias o besos de desconocidos.

—Aunque no lo creas, la diferencia entre esos hombres de tu pasado y yo es que ellos toman el control a la fuerza. Y a mi me gusta que me den el control absoluto de buena gana.

Nuestros labios se encuentran y esta vez me dejo envolver por el placer. Abro los labios con timidez y Dante aprovecha, colándose en mi lugar.

Me insta a retroceder unos pasos, hasta que mis pies accidentalmente golpean la cabecera de la cama.

Mi espalda está presionada contra el suave colchón y él se coloca encima de mí, dejando besos húmedos en mi mandíbula y luego en mi cuello. Mi cabeza se inclina lentamente hacia un lado, dándole acceso total.

Un trozo de mis labios se queda atrapado entre los dientes y un sollozo se escapa de mis labios.

Se retira y el calor de su cuerpo me abandona de repente. Me siento y lo miro a través de mis pestañas.

—Quizás tu razón te esté diciendo que todo lo que está pasando está mal, pero tu cuerpo dice todo lo contrario.

Da un paso hacia la puerta. Presiona su palma contra el pomo de la misma pero me da una última mirada por encima del hombro antes de salir del dormitorio.

Aún confundida por lo que estaba ocurriendo decidí que debía darme un baño y procesar mi nueva realidad.

Después de una breve ducha sentí la necesidad de un vaso de agua así que terminé de abrochar el último botón de mi camisón antes de dirigirme a la cocina.

Mi cuerpo se estremece ante el sonido de los gemidos que pertenecían a Tami. Parece que Dante es una persona que no rompe su promesa.

Camino silenciosamente el resto del camino hasta la cocina .Lleno un vaso con agua y justo cuando estoy a punto de llevármelo a los labios, la voz ronca de Dante me sorprende. Vuelvo mi mirada hacia él, quién se apoya con indiferencia en el marco de la puerta.

—¿Por qué estás despierta a esta hora?

—No te preocupes, no iba a sabotear tu juego con Tami.

—Eres un poco traviesa, ¿no crees?

—No—Le respondo y levanto los hombros adoptando una actitud indiferente.

Ni siquiera me doy cuenta del momento en que toma el vaso de mi mano y lo vuelve a dejar sobre el mostrador. Luego me hace saltar sobre su superficie. Hace espacio entre mis piernas y acerca su rostro al mío. Durante ese tiempo, pasó su dedo índice por mi muslo desnudo.

Cuando estaba a punto de besarme, puse mi mano en sus labios.

—No quiero besar unos labios que ella tocó.

—¿Celosa?

—Para nada, ahora déjame bajar.

—No te vayas, iré al baño

—Si claro.

Después de que salió de la cocina y escuché el crujido de las escaleras, inmediatamente corrí a mi habitación. No creo que hubieran pasado cinco minutos antes de que él abriera la puerta.

—¡No eres nada decente! Por eso serás castigada.

Y tenía dos pares de esposas en la mano. ¡La cagué! Me inmovilizó muy rápidamente. Mientras luchaba, él capturó mi mano y puso un extremo de las esposas en mi mano y el otro en la cama. Hizo lo mismo con la otra mano.

—¡Ah! ¡Si pudiera, te golpearía donde el sol nunca sale!

—¡Si te cuesta ser tan dócil princesa, te abriré más las piernas y te juro que te penetraré!

Al escucharlo abrí mucho los ojos y me calmé, él empezó a desabotonarme la camisa.

—¡Termina esto!

—¡No hables! No es mi culpa que lo hayas buscando.

Me quitó suavemente el material y expuso mis senos en todo su esplendor. Agarró al izquierdo en su palma y lo tomó, mientras mimaba al otro con besos.

—¿Por qué estás haciendo esto?

—Porque puedo bebé.

Jadeé cuando me mordió el pecho.

—Bien... ya es suficiente por esta noche.

Luego baja de mí, me abrocha los botones y me quita las esposas. Cuando quise acostarme para taparme, él me quitó la manta y se puso a mi lado en la cama.

—¿Qué estás haciendo?

—Me voy a dormir, ¿no lo ves?

—¿Aquí?

—Sí, no tengo fuerzas para ir a mi cuarto.

—Como sea— dije molesta y algo caliente. Sus atenciones despertaron mi deseo y cuando sintió que estaba entrando en calor me dejo a medias y ahora tiene el descaro de querer dormir a mi lado.

No iba a sacar nada bueno si buscaba provocarlo, así que dejé de prestarle atención y apoyé la cabeza en la almohada.

Caí rápidamente en el mundo de los sueños.

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