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Portada de la novela Solo La Muerte Es Libertad

Solo La Muerte Es Libertad

El devastador diagnóstico de cáncer de la protagonista solo recibe incredulidad y desprecio. Su esposo la acusa de mentir por celos hacia su hermana, mientras que su propio hijo le expresa un profundo odio. Sin espacio para el llanto o las súplicas, ella decide ocultar sus estudios médicos y planificar en silencio su propio funeral. Con un plazo de quince días para abandonar la ciudad, emprenderá un viaje final para hallar la paz en la muerte, privando a su familia de cualquier redención.
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Capítulo 5

De hecho, Zoe no tenía de qué preocuparse. Evelyn no tenía la menor intención de decir la verdad; esperaría a que ella ya no estuviera para que Daniel y Noah finalmente se enteraran de lo que había pasado en realidad.

Ese tipo de dolor y arrepentimiento, que llega cuando ya no hay forma de arreglar las cosas, los perseguiría por el resto de sus vidas.

—Escuché que estabas aquí, así que vine a verte —dijo Evelyn con calma. Su expresión era tan tranquila que tanto Daniel como Noah se relajaron.

—¿Entonces vienes de otro piso? —preguntó Daniel.

—Sí —respondió Evelyn.

Daniel suspiró, pero arrugó la frente.

—¿Qué te pasa? Traes puesta la bata del hospital.

Los labios de Evelyn se curvaron en una sonrisa.

—Problemas del estómago.

En cuanto lo dijo, Daniel y Noah intercambiaron una mirada de inquietud. Daniel sabía que ella había tenido molestias en el estómago durante años, no pensó que fueran tan graves como para que terminara internada.

Antes de que él pudiera decir otra palabra, Zoe se acercó con los ojos llorosos y la voz temblorosa.

—En serio lo siento. Todo es mi culpa. Si no te hubiera obligado a tomar esa copa, no estarías en el hospital.

En el momento en que ella empezó a llorar, la actitud de Daniel y Noah se suavizó.

Daniel se apresuró a sostener a Zoe para darle apoyo.

—¡Claro que no es tu culpa! ¡No hay forma de que una sola copa la dejara así! ¡Eso ya es puro drama!

—¡Sí, tía Zoe! No estés triste —intervino Noah—. ¡Todo es culpa de mamá! ¡De seguro dejó de comer y se enfermó para que mi papá y yo le hiciéramos caso!

Con tal de hacer sentir mejor a Zoe, Noah era capaz de decir cosas muy crueles. Evelyn no pudo evitar preguntarse en qué momento se había vuelto así; recordaba haberlo educado para que fuera una mejor persona.

La expresión de Zoe por fin cambió. Se llevó una mano al pecho y susurró que se sentía un poco mal. Daniel y Noah se desvivieron por atenderla y la ayudaron a entrar de nuevo a la habitación. Para cuando volvieron a salir, Evelyn ya se había ido.

Daniel no le dio mucha importancia. Si le pasara algo grave, ella lo diría. Evelyn era de las que lloraban por un simple rasguño; no había forma de que enfrentara una enfermedad seria sin decir una sola palabra. Si no decía nada, era porque estaba bien.

Además, a Zoe no le quedaba mucho tiempo. Él necesitaba estar a su lado mientras todavía pudiera. Cuando ella se fuera, ya vería cómo compensar a Evelyn.

***

Evelyn recogió sus analgésicos recetados y se fue a casa. Eran lo único que podía calmarle el dolor.

Faltaban ocho días para irse a la isla y no quería que nada saliera mal antes de eso.

Para evitar que su salud decayera, se permitió descansar por primera vez en años. Dormía todos los días hasta el mediodía.

Ya no tenía que preparar la comida de Noah, ni preocuparse por sus horarios de la escuela, ni quedarse despierta en la noche preguntándose si Daniel llegaría borracho de alguna otra cena de negocios.

Resultó que vivir sola podía ser muy cómodo.

Unos días después, sus padres llamaron.

—Si estás libre hoy, ven a casa. Deberíamos estar todos juntos —dijo su madre, Tiana Dunn.

Por primera vez desde el supuesto diagnóstico de cáncer de Zoe, buscaban a Evelyn. Desde que decidieron que ella estaba mintiendo, incluso la habían bloqueado.

Evelyn miró el calendario en la pared. Era día 21, su cumpleaños. Aceptó ir, solo por pasar un último cumpleaños con sus padres. Después de eso, todos podrían dar las cosas por terminadas.

Cuando entró a la residencia Wynn, no había pastel ni regalos; solo las caras extrañas de sus padres y un silencio incómodo y sofocante. Al verla en la puerta, ellos intercambiaron una mirada.

—Ya que estás aquí, siéntate —dijo su padre, Owen Wynn.

Evelyn se sentó en el sofá.

Tiana observó a Evelyn por un momento y luego dijo en un tono bajo y confundido:

—El día 26 se supone que Daniel te va a organizar una boda, ¿no?

Evelyn arrugó la frente, sin entender todavía a dónde iba esto. Antes de que pudiera responder, Tiana continuó:

—Deja que Zoe tenga la boda en tu lugar.

Evelyn se quedó inmóvil.

Tiana siguió hablando sin rodeos:

—Sabes que a Zoe le gusta Daniel. Él y Noah también la quieren a ella. ¡El lazo que tienen ya es más fuerte que el que tú tienes con ellos! Si fuera en cualquier otro momento, yo nunca me involucraría. Pero Zoe tiene cáncer. No le queda mucho tiempo. Quiero ayudarla a cumplir su deseo y dejar que se case con Daniel, aunque sea solo de nombre.

Por un segundo, Evelyn sintió que la sangre le hervía en las venas. ¿Ayudar a Zoe a cumplir su deseo? ¿Y ella qué? Se trataba de su esposo y de su boda, pero sus padres le pedían que se los entregara como si no fuera nada. Era ridículo.

—¿Han pensado en mí? —preguntó Evelyn en voz baja.

La expresión de Owen se endureció.

—¿Qué te pasa? ¿A poco tú eres la que se está muriendo?

Los labios de Evelyn se curvaron en una ligera sonrisa.

—Sí. De hecho, yo soy la que se está muriendo.

Al segundo siguiente, una fuerte cachetada resonó en la cara de Evelyn. Se llevó una mano a la mejilla y sintió sangre en la comisura de la boca.

—¡Eres una terca! —gritó Owen—. ¿Cómo terminé con una hija tan desalmada?

La cara de Tiana estaba llena de decepción y asco.

—¿Cómo puedes ser tan inhumana? Eres su hermana. Ni siquiera quieres aceptar el último deseo de Zoe. ¡Si hubiera sabido que ibas a ser así, nunca te habría tenido! Si no hubiéramos estado tan ocupados cuidándote, Zoe no se habría perdido en aquel entonces. ¡No eres más que una maldición en mi vida!

—¡Si te niegas, prefiero mudarme y vivir con Zoe! ¡Así no tendré que verte y sentirme enferma!

Evelyn pasó la lengua por la sangre de su labio.

—No tienes que irte con Zoe. Yo me voy —dijo ella.

Se iría a un lugar donde ninguno de ellos pudiera encontrarla jamás.

Si algún día todos terminaban en el cielo, ella con gusto preferiría irse al infierno.

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