Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Solo El Plomo Florece

Solo El Plomo Florece

Tras tres años de matrimonio con Alexander, el temido Don de la mafia, la vida de su esposa cambia cuando él la humilla entregándole el broche de la Donna a su asistente Elena. Decidida a no tolerar el desprecio, ella le pide el divorcio. Alexander firma con arrogancia, creyendo que como supuesta huérfana no sobrevivirá en Sicilia. Sin embargo, ignora que ella es la heredera de la dinastía mafiosa más antigua de Europa y rival de su familia. Tras años de distancia, ella llama a su padre para volver.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Después de colgar, no lo dudé ni un segundo. Empecé a empacar. Ya que había decidido irme, no pensaba dejar nada atrás.

A la mañana siguiente, Alexander trajo a Elena de vuelta a la propiedad y se dirigió a la armería privada del sótano.

—Voy a llevar a Elena a practicar. Necesita un arma para defenderse —Alexander me vio empacando y soltó una explicación sin importancia, con su tono de siempre, de soberbia—. ¿Sigues con eso? ¿A dónde crees que te vas a mudar exactamente?

Lo ignoré y seguí doblando mi ropa para meterla en la maleta.

Elena, sin embargo, caminó hacia la vitrina y tomó una Beretta de oro personalizada; fue el regalo de cumpleaños que Alexander me dio el año pasado. Yo solía practicar tiro con ella.

—Guau, esta pistola está preciosa —Elena jugueteaba con el arma y pasaba el cañón frente a mi cara a propósito, con una sonrisa falsa—. Ay, perdón, Ivy. Se me resbaló la mano. Ya que el Don me va a enseñar a disparar, ¿me puedes prestar esta un ratito?

Al ver el cañón negro apuntándome, no me enojé; al contrario, sonreí.

En un segundo, le sujeté la muñeca con fuerza, hice un movimiento rápido para desarmarla, le quité la pistola y se la puse contra la frente.

Mis movimientos fueron ágiles y sorprendentemente rápidos.

Elena gritó y cambió a una actitud de terror. Se lanzó hacia Alexander temblando.

—¡Sálvame! ¡Ivy me quiere matar!

A Alexander le cambió la cara. Me agarró de la muñeca y me quitó el arma a la fuerza.

Protegió a la temblorosa Elena detrás de él y me lanzó una mirada furiosa.

—¿Estás loca? Solo estaba jugando contigo, ¿y en serio quisiste lastimarla? Sé que estás celosa, ¡pero hay límites!

Me sobé la muñeca que me dolía y lo miré con enfado.

—Un arma no es un juguete. Como ella no sabe cómo agarrarla, le di una lección.

La mirada de Alexander era turbia; pensaba que yo estaba siendo irracional.

Se dio la vuelta hacia un bote de basura en la esquina, sacó un revólver oxidado y lo aventó a mis pies.

—Ya que te gusta tanto jugar con pistolas, quédate con esta.

Era una Smith & Wesson M10.

Me quedé helada.

Hace dos años, una familia enemiga me secuestró. Me habían apuntado a la cabeza con ese mismo modelo de revólver y me obligaron a jugar a la ruleta rusa.

Esa fue la pesadilla de mi vida. Alexander lo sabía. Él me había jurado protegerme y que nunca me dejaría ver un arma así otra vez.

Pero ahora, para consolar a su amante asustada, arrojaba mi peor recuerdo a mis pies.

—Deja de hacer dramas y deja que Elena se quede con la de oro —dijo impaciente—. Ella me salvó la vida. Se merece lo mejor.

Miré el revólver en el suelo y la última chispa de cariño que sentía en mi corazón se apagó.

Me agaché y recogí el arma.

Alexander pensó que me había rendido. Estaba a punto de decir algo cuando me di la vuelta, caminé hacia la chimenea y arrojé el arma a las llamas.

—¡Ivy! —Alexander estaba furioso. No era solo por la pistola; yo había desafiado su autoridad como el Don—. ¿Despreciaste mi buena voluntad por una desconocida? Te voy a dar una oportunidad más. ¡Recógela!

El fuego de la chimenea iluminaba mi cara tranquila. Miré a Alexander y pronuncié cada palabra con claridad:

—Yo no recojo basura. Igual que no reciclo sentimientos que ya no sirven. Me das asco.

Probablemente era la primera vez que usaba palabras así para describirlo.

Alexander se rio de puro coraje, con una tormenta formándose en sus ojos azules.

—Bien. Muy bien. Ya que te quieres hacer la valiente, no me culpes por ser despiadado.

—Te di una salida y no la aprovechaste. No vengas a rogarme cuando ya no tengas a dónde ir.

Dicho esto, se dio la vuelta y salió furioso de la armería sin volver a mirarme.

Elena no lo siguió de inmediato.

Se quedó al principio de las escaleras, mirándome con una sonrisa burlona. Su cara de víctima desapareció y fue reemplazada por una actitud de triunfo retorcida.

—En serio no sabes cuál es tu lugar —acarició la pistola de oro que Alexander le acababa de dar—. ¿Qué importa que seas la esposa legal? Todos sabemos en qué cama duerme el Don por las noches. ¿Cómo crees que una mujer acabada como tú va a poder competir conmigo?

La miré sin darle importancia.

—¿Crees que una asistente que subió de puesto por recibir un balazo va a durar para siempre?

Elena cambió el gesto y luego mostró una sonrisa extraña.

—Para siempre es lo único que necesito.

¡Entonces, se inclinó hacia atrás y se tiró por las escaleras!

—¡Ah! ¡Ayuda! ¡Don!

Un grito desgarrador resonó por toda la villa.

Alexander, que apenas iba llegando a la puerta, escuchó el ruido y regresó desesperado.

Vio a Elena tirada al pie de la escalera con la cabeza sangrando, y todo su cuerpo empezó a temblar.

—¡Elena! —La levantó en sus brazos y me miró a mí, que estaba arriba de las escaleras; su mirada era tan cortante como si estuviera viendo a un muerto.

—Ivy... ¿cómo puedes ser tan mala? ¿Intentaste matar a la mujer que me salvó la vida solo por celos?

Yo estaba ahí parada, viendo esa actuación tan barata, sintiendo solamente lo absurdo de la situación.

—Yo no la empujé —dije sin que me importara.

Pero para él, mi calma era solo una muestra de soberbia sin arrepentimiento.

Elena agarró débilmente el cuello de su camisa, llorando de forma “conmovedora”.

—No culpes a Ivy... yo me resbalé... Don, por favor no te pelees con Ivy por mi culpa...

Sabía cómo meter presión.

La decepción en los ojos de Alexander se convirtió en un odio absoluto.

—Cállate. No le ruegues por nada.

Cargó a Elena en sus brazos. Al pasar junto a mí, anunció con frialdad:

—Elena será mi pareja para el Baile Anual de la Mafia de esta noche. Ya que tú no sabes ser una verdadera Donna, voy a buscar a alguien que sí pueda.

Dicho esto, se alejó con la ganadora en brazos, sin mirar atrás ni una vez.

Me quedé ahí, escuchando cómo el sonido del motor se perdía a lo lejos; la última emoción en mi corazón se hundió en un silencio.

No importa, Alexander.

Después de todo, esta fue la última vez que te vi marcharte.

También te puede gustar

Portada de la novela Desenmascarando su engaño, recuperando mi vida
9.4
Tras dos décadas de lealtad a los Garza, mi vida cambió con la llegada de Fabiana, la novia de Bruno. Ella se encargó de difamarme, tachándome de parásita interesada, mientras Bruno ignoraba su maldad. El límite llegó cuando él defendió a su pareja tras haber destrozado ella mi único recuerdo familiar. Cansada de manipulaciones y traiciones, decido actuar. En mi graduación, justo cuando Fabiana busca humillarme, lanzaré mi contraataque definitivo.
Portada de la novela El Consejero
9.6
Desde 1931, las Cinco Familias controlan Nueva York bajo un orden implacable. En esta red delictiva, el Don y su Consejero dirigen a subjefes y soldados en una estructura de poder absoluta. Los asociados buscan ascender mediante pruebas de fidelidad extremas, mientras la vendetta rige cada ajuste de cuentas bajo supervisión del jefe. Una mirada profunda a las reglas internas, la jerarquía y los rituales violentos que sostienen al crimen organizado moderno hoy.
Portada de la novela El esposo que envenenó nuestro amor
8.5
Durante cinco años y diez pérdidas, creí que Bruno era mi salvador tras la caída de mi familia. Sin embargo, descubrí la crueldad de su engaño: él envenenaba mi té para asesinar a nuestros hijos por una deuda con su amante. Tras sobrevivir al incendio con el que pretendía eliminarme, he regresado con una identidad oculta. Mi único objetivo es destruir su imperio y vengarme por cada traición vivida en aquella lujosa jaula de oro que fue mi hogar.
Portada de la novela El Omega Indeseado: Reclamado por el Alfa Oscuro
9.3
Tras años de esfuerzo, Ámbar adquiere la Hierba de Luna para curar a su loba, pero sus hermanos le roban el remedio para favorecer a su egoísta hermana adoptiva. Culpada falsamente de un ataque y rechazada por su familia, huye sin rumbo. Al borde del colapso, pacta con el Alfa de las Sombras integrarse en un misterioso proyecto de quince años a cambio de protección. Al marcharse, renuncia a su identidad y deja a su manada sumida en el vacío de su traición.
Portada de la novela Mi Luna: Al Final Tu 1
8.5
Christopher, el Alfa Supremo que rige las manadas más poderosas, ha vivido cinco siglos en aislamiento. Su monótona eternidad da un giro drástico tras perder una apuesta con su propio clan. Mientras tanto, la joven Andrea lucha por sanar las heridas de una tragedia familiar, ignorando que su vida cambiará al cruzarse con un misterioso profesor extranjero. Sin saber que él es un lobo, ella será guiada hacia su destino como la nueva soberana del mundo sobrenatural.
Portada de la novela Mía, aunque arda el mundo
9.5
Brooke reparte su tiempo entre los estudios y un trabajo nocturno hasta que el azar la une a Lía, una chica rusa que escapa de su historia personal. Todo cambia drásticamente cuando descubre que el hermano de Lía es Aleksei Volkov, el despiadado jefe de la mafia en Nueva York. Aleksei, un hombre posesivo, se obsesiona con ella y jura hacerla suya. Atrapada entre secretos y traiciones, Brooke deberá sobrevivir a una pasión letal en un mundo criminal.