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Portada de la novela Solamente Tú

Solamente Tú

Al terminar sus estudios, ella anhelaba ser libre, pero un oscuro secreto de sus parientes cambió su destino. El brazalete que siempre usó simboliza un pacto nupcial obligatorio con un hombre al que no conoce. Decidida a evitar esta unión impuesta, la joven huye para forjar su propia vida. No obstante, el azar la confronta directamente con su prometido en el lugar menos pensado. ¿Podrá escapar de esta atadura o el corazón aceptará este compromiso forzoso?
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Capítulo 2

"¡Víctor!", exclamó Fiona, preguntándose por qué su abuelo Wayne no estaba allí.

"¡Señorita Fiona!", la saludó él y, tras acercarse, se volvió rápidamente hacia ella y le hizo una reverencia. Acto seguido, le preguntó: "¿Ha terminado ya su ceremonia de graduación?".

"Sí, ya se acabó. ¿Por qué no está el abuelo Wayne aquí?", preguntó ella.

"El señor Cheng...", comenzó Victor con un rostro sombrío y, tras una pequeña pausa, continuó: "El señor Cheng está enfermo, está en el hospital. Vine aquí a recogerla, señorita Fiona, para poder llevarla con él".

"¡Oh, Dios mío! ¿Está enfermo?", exclamó Fiona en estado de shock, y después agregó: "¿Qué ha pasado? ¿Es algo grave?".

"Sí, es muy grave. Está en la UCI. El señor Cheng se preocupa mucho por usted. Por favor, no perdamos el tiempo. Venga conmigo", dijo Victor con tristeza.

Pese a que, por un breve momento, Fiona vaciló, se mordió los labios, pensando en lo poco que le apetecía ir al hospital, pero no pudo negarse.

"Está bien. Vámonos", respondió asintiendo.

"Muy bien, señorita. Por favor, vaya a empacar sus cosas y póngalas en el auto. Me enteré de que ya está inscrita en la Universidad D, así que no tiene necesidad de volver aquí. El señor Cheng ya lo ha preparado todo para que pueda mudarse a la ciudad M", comentó Víctor.

Justo cuando Fiona estaba a punto de protestar, vio cómo los ojos de su tía se encendían. Al ver aquello, se burló para sus adentros, y decidió simplemente aceptarlo. "Está bien. Iré a empacar ahora mismo", dijo rotundamente.

"Entendido, señorita Fiona. Bajaré las escaleras y haré todos los demás preparativos necesarios para ayudarla a mudarse", manifestó Victor.

"Muchas gracias".

En ese momento, Fiona se dirigió a su dormitorio, con su tía y el resto de su familia siguiéndola de cerca, fingiendo que la ayudarían a ordenar y preparar sus cosas.

"¡Oh, Fiona! ¡Te voy a extrañar mucho!", exclamó Ángela Lin, su prima menor, de una manera ligeramente como una niña mimada.

"Sí, claro, por supuesto", respondió ella casualmente, abriendo su maleta y empezando a llenarla de ropa.

"Oye, ya que te vas y todo eso, ¿no me vas a dejar algo de recuerdo?", preguntó Ángela y, mientras hablaba, sus ojos se posaron en un piano negro que había en la esquina de la habitación.

"Los libros de texto y los apuntes de mi último año están en mi escritorio. Muchos de los estudiantes de tercer año me ofrecieron una buena suma de dinero por ellos, pero no se los vendí. Te los doy gratis. El año que viene tendrás que hacer el examen de ingreso a la universidad", dijo Fiona. Incluso sin levantar la cabeza, ella sabía que lo que su prima ansiaba era el piano. Sin embargo, de ninguna manera iba a conseguir tal cosa. Ese piano fue un regalo de sus padres, por lo que tenía mucho valor sentimental para ella. No iba a dárselo a nadie, y mucho menos a Ángela.

"Fiona, te vas a mudar... ¡Llevar un piano contigo sería tan engorroso! ¿De verdad vas a molestarte, a ti y otras personas, llevándotelo? ¡Sería mejor que me lo dieses!", espetó Ángela directamente.

"Es cierto, Fiona", dijo Jenny, y rápidamente añadió: "A tu prima le gusta mucho este piano. ¿Por qué no se lo das? Además, el señor Cheng siempre ha sido muy amable contigo. Si le pides un piano, seguramente te comprará uno incluso mejor que este".

Al escucharlas, Fiona se volvió rápidamente y, después de observarlas, contestó: "Sí, el señor Cheng me trata bien, ¡pero eso no significa que yo pueda pedirle nada! ¡Me llevo mi piano y no hay más que hablar!".

"¿Por qué... Por qué estás tan enojada?", preguntó Jenny, tartamudeando, mientras su rostro se ponía pálido.

"Señorita Fiona, ¿ocurre algo?", dijo Víctor, quien, en ese instante, entró corriendo en la habitación con varias personas más. Habían escuchado la voz enfurecida de Fiona, y corrieron rápidamente hacia allí. Entonces, Jenny dio un paso atrás, muy asustada.

"¿Alguien está intimidando a la señorita Fiona?", preguntó Víctor con un rostro severo, mientras la familia de Jenny permanecía en silencio.

"No pasa nada. Todo está bien", dijo Fiona con calma. "Víctor, ¿puedo llevarme este piano?", preguntó mientras señalaba al instrumento.

"Desde luego, señorita Fiona. Si quisiera llevarse toda la casa con usted, no sería ningún problema, mucho menos un piano...", dijo él asintiendo.

"Gracias, Victor. En ese caso, llévenlo afuera, por favor", pidió ella.

En ese momento, con un chasquido de dedos, él dio la orden a un par de hombres que había detrás suya: "Vamos, ustedes dos, bajen el piano. ¡Y tengan mucho cuidado!".

"¡Sí, señor!", contestaron ellos.

Media hora después, la habitación de la joven estaba casi completamente vacía. Todas las cosas que se llevó eran compras que ella misma había hecho. Aunque la familia de su tía era un poco mezquina, en el fondo, no eran tan malos. De hecho, Fiona tuvo el detalle de recopilar todos sus apuntes y libros y dejárselos a su prima.

Entonces, tras inclinarse y agarrar la última bolsa que quedaba, se volvió hacia su tía Jenny y dijo: "Me tengo que ir. Gracias a ti y a tu familia por cuidarme durante todos estos años. Dejaré mis apuntes, y espero que Ángela consiga ingresar en la universidad que quiere. Volveré a visitarles si tengo la oportunidad".

"Vamos, señorita Fiona", pronunció el asistente, siguiéndola y haciéndole un gesto para que saliera.

Tras abandonar la casa y cerrar la puerta, ella no sintió nada más que alivio. Había vivido allí durante diez años, por lo que no se resistió a la idea de marcharse. 'Es momento de iniciar un nuevo capítulo de mi vida...', pensó para sí misma, recordando, con una sonrisa, sus propias palabras de la ceremonia de graduación.

"¡Ugh! ¡Es la peor!", gruñó Ángela, tan pronto como la puerta se cerró. De pronto, en un ataque de ira, arrojó las notas que su prima le había dado al suelo, y algunas se rompieron. "¡Quién diablos querría esta basura!", gritó entonces.

"¡Ángela! ¡Ya basta!", la reprendió su padre, Mike Lin, y se agachó a recoger los papeles mientras la miraba con severidad. "¡Mira las calificaciones de tu prima y mira las tuyas! Ella es la segunda mejor alumna de toda la ciudad. ¡Tu prima te ha hecho un gran favor al regalarte sus apuntes! ¡Basta ya! ¡No puedes tirar algo así como si tal cosa!", explicó él.

"Tu padre tiene razón. Tienes que estudiar más", dijo Jenny, ayudando a su esposo a recoger las hojas desparramadas por el suelo.

Lo que ellos no sabían era que Fiona seguía junto a la puerta y lo había oído todo. En ese momento, una sonrisa fría y engreída se formó en sus labios.

"Víctor, ¿nos vamos?", preguntó ella.

"Después de usted, señorita Fiona", contestó él.

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