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Portada de la novela Slave Game (Libro 2)

Slave Game (Libro 2)

En esta segunda entrega, Kai y Lizzy inician una etapa decisiva marcada por la transparencia absoluta. Al revelarse los secretos que ambos ocultaban, las defensas emocionales caen, dando paso a una vulnerabilidad que redefine su relación. Este camino de descubrimiento mutuo les permite enfrentar las sombras del pasado, logrando que su conexión romántica evolucione hacia un vínculo mucho más inquebrantable, maduro y profundo que en el pasado.
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Capítulo 3

— ¿Ha dicho algo más?

— No, pero tenemos que hablar Kai las cosas están más complejas de lo que imaginamos — mi ceño se frunce y respiro profundo

— Ahora no Ajax, Elizabeth y yo necesitamos hablar y resolver ciertas cosas

— como quieras colega yo estoy exhausto y necesito unas putas vacaciones de todo esto…— comenta con voz cansada — Winter está volviéndome loco…— murmura y esta vez comienzo a reír sin poder evitarlo — si es divertido lo se…— comenta con voz amarga y luego suspira

— Caíste con la mujer con más cojones que conocemos…— ríe — ¿Qué paso con los autos? — respira profundo

— asegura que no fue ella, pero la cara de satisfacción que tenía era épica eso la delato, aunque insiste en decir que no fue ella — rio una vez más y recuerdo a Leyna.

— ¿Quién llevo a Leyna a su casa? — una pausa demasiado larga se extiende entre nosotros y sé que las cosas no salieron como espere — ¿Qué paso?

— Leyna no fue a su casa, fue la mansión Camaleón…— mi cuerpo se tensa y respiro profundo — La llevo un taxi porque tampoco quiso que yo o Volker lo hiciéramos.

— ¿ósea que está en la mansión en este momento? — el suspira

— Si y colega estaba como loca…— advierte — nunca había visto a Ley actuar de esa manera, ¿Qué rayos paso entre ustedes? — es mi turno de suspirar

— Ese es el problema Ajax, no lo recuerdo…

— Mierda…— suelta sorprendido

— Hablamos luego llamare a Isabella para saber cómo están las cosas en la mansión — finalizo la llamada y me giro cuando lo hago me quedo estático al ver a Elizabeth de pie en la puerta.

— Hola…— me saluda entrando y tendiéndome el teléfono — en cuanto deje de hablar con Winter no ha parado de sonar…— en ese momento el teléfono hace exactamente lo que ha dicho.

La pantalla esta iluminada y la foto de Leyna está en ella, mis ojos se desvían hacia la periodista que suspira y duda un instante antes de darse media vuelta y salir del estudio. Respiro profundo antes de contestarle.

— Alo…

— ¿Dónde estás? — pregunta en cuanto respondo

— ¿Qué pasa Leyna?

— ¿Cómo que, que pasa? te das cuenta que me dejaste en esa boda y te fuiste con la… — hace una pausa y suspira — te fuiste con ella, ¿tienes idea de lo que se está diciendo de ti? Incluso escuche al mismo James asegurar que algo pasaba entre tú y la periodista, ¿vas a arruinar tu reputación por esa mujer? — tallo mis ojos y respiro profundo.

— ¿estás en la mansión? — ignoro por completo lo que ha dicho

— Si, ¿dónde más quieres que este?, sé muy bien que en cuanto esa idiota termina de joderte regresaras aquí…— Leyna está siendo un verdadero dolor en el culo.

— No te quiero allí, tengo mucho con lo que lidiar justo ahora y no estoy para esto Leyna, lo que sea que paso anoche fue a causa del alcohol ¿lo entiendes? — termino cediendo a la poca paciencia que genera esta clase de escenas a las cuales no estoy acostumbrado ni me gustan.

El silencio que sigue a mis palabras es grande.

— ¿Leyna?

— ¿Lo vas a volver hacer? Patearme como si fuera un objeto después de haberme usado…— cierro los ojos y respiro profundo

— No Leyna no eres un objeto solo necesito resolver algunas cosas

— ¿Qué cosas saber si la periodista volverá abrirse de piernas contigo? — suelta cabreada y es el límite de mi paciencia

— Leyna olvídalo, solo no te quiero en mi casa adiós — finalizo la llamada y salgo del estudio con la intensión de encontrarme con la periodista.

Desciendo las escaleras y la busco, pero no logro dar con ella, mi ceño se frunce y camino de regreso a la cocina donde consigo una nota sobre la encimera.

“Salí a tomar aire, vuelvo pronto”

Respiro profundo porque quizás ha sido una buena jugada y así no terminamos matándonos, aprovecho que no está para tomar una larga ducha que se extiende varios minutos de los planeados, cuando salgo ha pasado una hora y aun la periodista no ha regresado, respiro frustrado consciente que no puedo dar con ella porque esta sin teléfono así que me dedico a esperarla. Cerca de dos horas después la puerta del departamento vuelve abrirse y Elizabeth entra, al verme sonríe con picardía y mi ceño se frunce.

— Sigues despierto…— comenta con voz sensual

— ¿Dónde estabas, me tenías preocupado? — ríe y se acerca a mi quitándose el enorme suéter que trae puesto.

— Salí a dar una vuelta…— deja caer el suéter en el suelo y se quita los zapatos sin dejar de verme.

Sus ojos me ven con deseo y de pronto no comprendo su cambio de actitud, camina hasta mí y en cuanto se acerca el olor a alcohol llega a mis fosas nasales.

— ¿Estas ebria? — pregunto sorprendido y ella ríe

— No, solo me tome un par de tragos — sus manos rosan mi pecho y como si fuera una puta máquina que reacciona solo con su rose me tenso.

— ¿En serio saliste a beber en un momento como este? 1 pregunto sin poder creerlo y ella ríe colocándose en punta de pies.

— Agradece que lo hice sino estaríamos matándonos en este momento…— responde en español haciendo que mi ceño se frunce.

Pero no alcanzo a quejarme porque sus labios tocan los míos y comienzan a moverse con necesidad, respondo de inmediato, rodeando su cintura con mis brazos y pegándola a mi cuerpo. Sus besos saben a licor pero es lo que menos me importa en este instante, sus manos rodean mi cuello y su lengua invade mi boca con avidez desatando el deseo contenido a lo largo de días en que desee tenerla y la imagine en brazos de otro.

El pensar en ello hace que los celos resurjan quemando con intensidad, llevo una de mis manos a su cabello y lo enredo en él, para separar nuestras bocas, necesito saberlo, aunque sé muy bien que en cuanto confirme o desmienta lo que creo puedo terminar aun peor de lo que ya estoy. Pero Elizabeth tiene otros planes y unos que sencillamente me desconectan momentáneamente. Una de sus manos se posa sobre mí ya muy endurecida polla y comienza a masajearme por encima de la tela del pantalón de chándal que llevo puesto cierro mis ojos y gruño de satisfacción.

— Me encanta escucharlo gruñir señor Metzler…— susurra seductora mientras esconde su rosto en mi cuello y comienza a besarlo.

Joder, esta mujer sabe exactamente como tocarme para hacerme perder el norte, desvió mis manos a su culo y la levanto haciendo que grite y ría divertida.

— A mi me encanta usted cuando toma la iniciativa — murmuro caminando hacia la cocina, donde la dejo sobre la encimera y ataco su boca con hambre.

La periodista solo necesita de un par de roses o toques para volverme loco, de hecho solo tengo que verla para querer estar encima de ella comiéndole la boca como un poseso. Amo la boca de esta mujer, la forma en que se acopla a mis labios, incluso amo la jodida forma que tiene de responderme a todo lo que le digo incluso cuando lo que sea que dice me cabrea.

Con desespero meto mis manos debajo de la franela que lleva puesta —la mía y que por cierto se ve jodidamente sexy con ella— y encuentro sus pechos libre de sujetador lo que me pone aún más.

— ¿Saliste sin sujetador? — entonces ríe divertida y deja mis labios para verme con morbo

— y sin braga porque un cavernícola me las hizo trizas hace un rato…— el saber que andaba en la calle sin ropa interior aunque me pone también me cabrea.

— ¿estás loca? — le pregunto frunciendo el ceño y ella asiente coqueta batiendo sus pestañas — obvio que estas demente — murmuro volviendo a tomar su boca.

Ella lleva sus manos al borde de mi franela y tira de ella tratando de sacarla por lo que una vez más tengo que abandonar sus labios y ayudarla, cuando me deshago de ella vuelvo a besarla mientras mis dedos se deleitan con los picos erectos de sus pechos, jadea cada que los pellizco y masajeo con fuerza.

— Dios como te eche menos…— murmuro alcanzando su cuello donde reparto un montón de besos húmedos.

— No tienes idea de cuánto desee que todo esto fuera una pesadilla…— murmura abrazándome de pronto con fuerza.

Haciendo que pare de tocarla, cuando voy a buscar su rostro para verla gime y se remueve entre mis manos.

— No pares no quiero pensar en eso… necesito sentirte — me pide y esas dos últimas palabras hacen que me olvide de todo lo que paso, porque yo también necesito sentirla.

Saco mi franela sobre su cabeza y ataco sus pechos de inmediato, saboreándolos, jugueteo con mi lengua sobre ellos, tranzando círculos sobre sus pezones mientras sostengo el pecho con mi mano al completo. Ella gime y jadea arqueando su espalda. De pronto el pensamiento que ha estado torturándome todo este tiempo invade mi cerebro haciendo que me detenga y la vea. Sus ojos me ven sin comprender porque me he detenido, abre sus labios para preguntar algo pero me adelanto.

— ¿dormiste con él? — pregunto en un susurro sin dejar de verla a los ojos.

Sus manos aflojan su agarre en mi cabello y se deslizan sobre mi cuello, hasta alcanzar mis hombros, su expresión de placer pronto es reemplazada por una de cabreo

— ¿Me preguntas si dormí con James? — sisea mirándome con furia yo me limito a asentir ligeramente.

Me observa sin ninguna expresión en el rostro hasta que sonríe de esa jodida forma arrogante, que tanto patea mis cojones y que es exactamente la misma que uso el día de la rueda de prensa, se acerca a mi boca y deja un beso rápido antes de responder.

— No lo recuerdo…— murmura sobre mis labios, haciendo que frunza el ceño luego de eso me da un empujón y separa nuestros cuerpos.

— ¿Qué?

— No lo sé, no lo recuerdo, no quiero decírtelo o quizás solo me da igual… — murmura, bajando de un salto de la encimera.

Echa andar para tomar unas zapatillas deportivas que no sé dónde ha sacado pero de seguro son nuevas y el suéter que se quitó al entrar, mi cuerpo se tensa por su jodida actitud y siento como la ira comienza hacerse presente además de los putos celos.

— piensa lo que te dé la gana, no te debo ningún tipo de explicaciones — cuando se gira y pasa junto a mí para ir a la habitación la muy bastarda ni siquiera me mira, pero la detengo del brazo

— No me jodas Elizabeth — ella sonríe de lado como si supiera algo que yo no y posa sus hermosos ojos altivos en mí.

— No debiste haberme jodido a mi…— mi ceño se frunce sin comprender, ella se inclina sobre mi acercando más su cuerpo al mío, haciendo que este se estremezca por la necesidad que siento de tocarla, de sentirla — debiste haber escuchado a las otras dos puntas del maravilloso triangulo de súper amigos que tienes, no haberles hecho caso, no debiste haberla llevado — se libera de mi agarre y echa andar hacia la habitación sin mirar atrás al llegar cierra de un portazo y yo me quedo estático sin comprender qué coño acaba de pasar.

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