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Portada de la novela Skyfall © - Parte III

Skyfall © - Parte III

En el cierre de la saga Skyplaces, Valet y Nathaniel enfrentan las secuelas de una traición que los ha cambiado para siempre. Él intenta reconstruir su vida lejos del pasado, mientras ella persigue un perdón que se desvanece. Con una amenaza externa acechando sus vidas, la pareja se encuentra en una encrucijada definitiva: deben elegir entre sanar sus heridas para combatir juntos al enemigo o sucumbir ante la oscuridad que busca destruir su futuro.
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Capítulo 2

Ha sido mucha información la que he tenido que procesar en los últimos días. Es verdad cuando dicen que siempre se puede esperar lo peor de todo. Ha sido una bomba atómica la que ha explotado sobre nosotros desde esa noche. Ahora somos nosotros los que huimos de una persona que debería de estar huyendo.

Si esto pudiera compararse con una guerra, definitivamente nosotros estábamos perdiendo. Lo estábamos haciendo de una manera dolorosa y agonizante en la que queríamos cobrar venganza y al mismo tiempo dejar todo en paz antes de que intentaran de nuevo arrebatarnos a alguien.

—No podemos volver —me dijo William sabiendo que eso no ayudaba a calmar mi miedo.

Semanas antes había dejado la ciudad después de saber del peligro que habitaba de nuevo en nuestras vidas. Había tenido que dejarlo todo incluso a mi hija en manos de personas que siquiera conocía del todo. Un día antes de lo ocurrido regresé a Nueva York por mi hija y esa misma noche en la que la desgracia pasó tuve que huir con William de la ciudad. Llevar a Eliza conmigo no era opción, no podía ponerla en peligro. Dejarla con Thiago tampoco era lo más sensato, no si nos había quedado bastante claro que estábamos siendo vigilados.

—Necesito ir por mi hija —dije negando, absteniéndome de escuchar las advertencias de William.

—Eliza está en buenas manos —trató de tranquilizarme.

Clavé mis uñas en la piel de mis muñecas en una manera de encontrar tranquilizarme. Todo estaba yendo mal, la muerte nos había llegado por medio de una persona. Era la advertencia a que solo era el comienzo, aunque no habíamos creído que sería por medio de él.

—¿Qué hay de Valet? —quise saber mirando a William.

Valet. Valet había tenido que sufrir aquel infierno más que nadie. Había tenido que soportar ese dolor presenciando ella misma el momento y la consecuencia después de eso. Me pregunté como se encontraría en estos momentos. Si la calma y la paciencia estaban de su lado ahora que más lo necesitaba. Sobre todo ahora que tenía que mantenerse fuerte.

—Me he encargado de ella. Sabe qué es lo que tiene que hacer —contestó William a mi duda—. Le dije a Nathaniel que la protegería si él no podía hacerlo, y pienso cumplir con esa voluntad suya.

Nathaniel. Escuchar su nombre me hizo reaccionar y volver a recordar la terrible realidad. Cuando me enteré no lo pude creer y ahora ante el recuerdo era difícil aguantar las lágrimas.

Jamás hubiese pensado que pasaría aquello. Pensar que todo estaría bien no había sido suficiente. Nada estaba bien por más que William tratase de encontrar una forma de hacérmelo entender o sentir. Todos estábamos cargando con un miedo y terror, pero sobre todo había una persona que cargaba con un duelo mucho más que nadie.

—¿Cuánto tiempo tenemos que quedarnos aquí? —pregunté a William mirándolo.

Nos encontrábamos en Pensilvania. Una casa en el campo donde era difícilmente ser localizada a menos que supieses el camino de memoria, había dicho William. Teníamos que esperar a que Sebastian Bachelor fuese capturado, pero sabía que no podíamos quedarnos aquí por mucho tiempo. No podíamos quedarnos aquí y simplemente esperar. Eliza estaba al cuidado de unos conocidos de William, Thiago en cualquier momento se preguntaría por qué estoy fuera de la ciudad por mucho tiempo y querrá ver a su hija.

Las cosas no podían acomodarse ni un poco. Cualquier opción que tuviéramos planeada era un riesgo.

Todos estábamos escapando. Todos estábamos huyendo. Nos habían hecho ver que no podíamos ganar y ahora solamente nos quedaba esperar.

—El suficiente para asegurarnos de que estamos a salvo —contestó William cuando casi había olvidado que le había preguntado algo.

Lo miré por un momento después mirando el fuego en la chimenea, escuchando el crujido de la leña conforme esta se quemaba con el fuego ardiendo manteniendo la casa cálida por el frío afuera. Quise hacer una mueca, pero solamente cerré los ojos.

—Nunca lo estaremos —pronuncié en voz baja quizá sonando algo pesimista—. Primero fue mi padre, luego Nathaniel —alcé la mirada hacia William quien estaba del otro lado de la sala y no pude ocultar el dolor en mis palabras sintiendo que se quebraría mi voz—. Nos están cazando como siervos y esta vez es sin piedad.

Alcé el mentón con dolor ante mis palabras porque sabía que era lo que pasaría. Era cuestión de tiempo para darse cuenta de que el próximo ataque podría ser a cualquiera de nosotros.

Volví a mirar a la chimenea cruzándome de brazos, concentrándome en las llamas de fuego anaranjadas. Preparándome mentalmente para lo que se podría venir. Sintiendo el dolor y desesperación de no poder tener a mi hija conmigo en esos momentos. No poder hacer más para protegerla. Solo quería que ella estuviera a salvo, no importaba si la próxima persona en ser el blanco de Sebastian era yo, solamente quería que Eliza estuviera bien.

Pensando en ella las lágrimas brotaron de mis ojos en silencio, sintiendo el sollozo atascarse en mi garganta.

—Jessica —me llamó William y lo miré sin importar que mirase la evidencia de mi dolor y miedo.

Se miraba nervioso, preocupado y ansioso por primera vez desde que habíamos huido de la ciudad, pues antes se había mostrado sereno y calmado. ¿Acaso mis palabras le habían causado el miedo que naturalmente debía de sentir?

—¿Sí? —contesté sin moverme esperando a que dijera lo que tenía que decir.

Me miró por un largo tiempo y me pareció extraño porque había duda en sus ojos. Finalmente alzó el mentón tomando aire por la nariz y después soltándolo por ahí mismo sin dejar de mirarme cuando dio un paso hacia el frente.

—Hay algo que tienes que saber.

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