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Portada de la novela Sirviendo a la mafia

Sirviendo a la mafia

Alessia vive marcada por la misteriosa tragedia que acabó con su familia. Tras su aparente nobleza, oculta una voluntad inquebrantable para hallar la verdad sobre su pasado. Su camino se entrelaza con el de Valentino Amato, un frío jefe mafioso que solo se ablanda ante su pequeño hijo. Mientras ella cree que él posee las respuestas sobre su soledad, Valentino descubre en la joven una oportunidad inesperada para cambiar su destino y redimir su oscuro legado.
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Capítulo 3

Alessia despertó con un terrible dolor de cabeza y una agobiante sensación de vacío, aún mareada. Vio a un hombre a su lado, y recuerdos borrosos atacaron su mente. Se incorporó de golpe, y cuando vio con terror que el sujeto abría los ojos, lo golpeó en la cara e intentó correr, con tanta mala suerte que se enredó en una sábana mientras el hombre la sujetaba por el brazo.

Valentino la sujetó con fuerza, aún algo adormecido.

-¿Qué demonios haces?

Alessia comenzó a forcejear con él, todavía algo confundida.

-¡Suéltame! ¡Déjame ir! ¡Socorro! No me hagas daño, por favor…

Valentino la sujetaba contra la cama, con todo su cuerpo, intentando que dejara de golpearlo y evitando que ella se diera un golpe contra el suelo. La cercanía con Alessia y el perfume dulce de su piel, eran intoxicantes. Nunca se había sentido así.

-¡Cálmese de una vez! Se hará daño…

Ella estaba inmovilizada bajo el fuerte y pesado cuerpo de él. Podía sentir la firmeza de ese hombre contra ella y su cálido aliento en el rostro, mientras un aroma sensual la envolvía y su cuerpo se aflojaba, traicionandola. Valentino le sujetaba las muñecas con una mano, mientras bajaba lentamente la otra a lo largo de su cintura, rozaba su cadera y bajaba hasta su muslo descubierto a causa del minúsculo vestido. Alessia respiraba agitada y cerró los ojos al sentir sus dedos tocar su piel.

Él desenredó la sábana que atrapaba la pierna de la joven, mientras sentía la redondez de sus pechos agitados contra su pecho, y la soltó antes de que pudiera sentir los efectos que ella producía en su cuerpo.

Valentino se alejó sin decir palabra, dejándola sola en la habitación, para ir a su cuarto a ducharse y cambiarse.

Tenía sus propios asuntos por tratar, y esa joven lo había excitado un poco, demasiado, por lo que necesitaba alejarse para no cometer un error lamentable.

Sólo entonces, Alessia abrió los ojos y miró a su alrededor, con el corazón inquieto y desbocado, dándose cuenta de que, por alguna razón, había ido a parar a la casa del señor Amato.

Pasaron horas, y nadie entró a la habitación. Alessia no sabía qué hacer, yendo y viniendo, mientras notaba que había un cuarto de baño al lado. Así que se decidió por entrar allí, darse una ducha, vestirse nuevamente con el vestido azul, juntar valor, y salir de allí para poder buscar el modo de volver a su casa.

Cuando se atrevió a atravesar la puerta, se encontró con una serie de laberínticos pasillos, sin saber hacia dónde ir. Hasta que en un recodo, vio una puerta abierta y entró pensando que habría alguien a quien preguntarle. Pero allí estaba el pequeño Santino, jugando.

-¿Tú?- dijo el pequeño- ¿Viniste a visitarme? ¿Papá te trajo?

Sin esperar respuesta, el pequeño comenzó a dar saltitos.

-¡Siii!… ¡siii!… ¡vino la chica bonita!...

-Hola… pequeño… en realidad…

El pequeño la miraba con ilusión.

-¿Papá te trajo para que seas mi nueva mami?

Ella no sabía cómo explicarse, mientras temía que el niño explotara en otro berrinche.

-No… no… Santino…

-Dime Santi…

-Santi, no sé bien cómo llegué acá. No soy tu nueva madre… tengo que llegar a mi casa…

Santino no explotó, lo que le pareció raro, pero habló con mucha angustia.

-¡No! ¡Tú vives aquí! Te quedarás conmigo… Papá te trajo para mí…

Ella se agachó y le habló con calma.

-Cariño, lo siento, ha sido sólo un malentendido…

Los ojos del pequeño, no tan azules como los de Valentino, pero de una belleza inocente, se llenaron de lágrimas. Alessia pensó que tal vez Santino sólo hacía escándalos cuando estaba en presencia de su padre.

-Tú… también… me… dejas… solo…

-No, pequeño, no llores. Lo siento… no estás solo. Tienes a tu papi…

-Papi… no… tiene… tiempo…

-Oh… lo siento…

-¿Por… qué… nadie… me… quiere?...

El corazón de Alessia se estrujó.

-Eso no es verdad, Santi. No puedo vivir aquí ni ser tu mami… pero te prometo que vendré a verte, si tu padre me lo permite.

Se dio cuenta de la locura en la que se estaba metiendo, pero no podía dejar llorar al niño.

-¿De… de verdad?

Ella pasó sus manos suaves por las mejillas del pequeño, secando sus lágrimas.

-De verdad. Lo intentaré. La verdad es que casi no tengo tiempo… trabajo mucho…

Valentino había aparecido y estaba observando apoyado en el marco de la puerta de la habitación del niño. Observaba en silencio las curvas suaves del cuerpo de la joven, y la dulzura con la que razonaba con el niño.

Su hijo lo vio, y agregó mirando a Alessia, ahora con firmeza y más insistencia en su voz.

-¿Y serás mi madre?

-Eh, no, eso no cariño…

Santino miraba a Alessia, y luego a su padre. Iba a comenzar a gritar y patalear, pero fue en ese momento cuando ella descubrió la presencia de él.

-¡Señor Amato! Lo siento… ¿podría explicarle al pequeño?...

-¡Papi! Dile que sea mi nueva mami… Papiiii…

El niño ya subía la voz.

-Por favor, señor, aclare con el pequeño este malentendido.

Valentino simplemente levantó una ceja, y dio media vuelta mientras decía:

-Luego conversamos, Santi. Usted, señorita, venga conmigo.

Alessia estaba desconcertada, y el pequeño le gritaba.

-¡Lo prometiste! ¡Vuelve a visitarme!…

Ella no tuvo más opción que decirle, antes de salir detrás de Valentino:

-Está bien, lo prometo…

Una vez en el pasillo, el hombre se giró, y la miró con frialdad mientras preguntaba, realmente molesto al imaginarla en peligro:

-¿Qué demonios le sucedió anoche? ¿Cómo se le ocurre ir sola a un lugar así?

Alessia estaba confundida con su reacción. De un segundo al otro parecía interesado en ella.

-Yo… no fui sola… estaba con una amiga… y ella se fue…

-¿Y acostumbra a beber con hombres desconocidos y quedarse en bares hasta tan tarde?

-¡No! Estaba saliendo… y me interceptaron… no pude hacer nada… eran tres… y uno era el dueño… nadie quiso ayudarme…

-Usted es demasiado ingenua, señorita. Debería tener más cuidado.

Ella se puso a la defensiva.

-¿Perdón? No crea que no agradezco su ayuda, pero le aseguro que es la primera vez que me sucede algo así… y que de no haber sido por mi "amiga"... nada hubiera pasado…

-¿Y siempre bebe tragos de dudoso contenido?

-¡Claro que no! La camarera le puso algo… ¿cómo iba a saberlo? Sólo quería salir de allí.

-Bien. Espero que en adelante se cuide mejor. Y que pronto cumpla la promesa que le hizo a Santino.

-Pues, le agradezco su intervención, pero no está en mis planes volver aquí.

Valentino se acercó a ella amenazadoramente, haciendo que ella retrocediera hasta encontrarse con la pared. Estaba atrapada entre ese hombre impresionante y un muro sólido. Oleadas de calor le electrizaron la piel. Un calor que la derretía por dentro, pero además le daba un excitante temor.

-Usted no me conoce, señorita, no sabe de lo que soy capaz. Así que si le hace una promesa al niño, me la está haciendo a mí. Y puedo ser muy peligroso con quienes no me cumplen. Así que, señorita…

-Marino… Alessia Marino.

-... señorita Marino, o me jura que vendrá pronto a ver a mi hijo, como prometió, o me aseguraré de que sufra… mucho. No sólo usted, si no toda su familia.

Ella tragó saliva, intimidada. Ese hombre daba miedo. Aún así, logró murmurar.

-No… no tengo familia aquí… con la que usted pueda amenazarme… pero… está bien. Cumpliré… déjeme irme… señor Amato.

Él seguía tan cerca de ella, que su perfume le aflojaba las piernas. ¿Sería el miedo?

Valentino no quería dejarla ir tan pronto. Además, aún se la veía frágil.

-Aún no puede irse. Está demasiado débil por esa cosa que tomó, no correré riesgos. Almorzará con Santino en su habitación y luego mi chofer la llevará a su casa.

-Por favor, señor Amato. Sólo quiero ir a mi departamento, y dormir. Estoy cansada.

-No es una pregunta. Es una orden.

Valentino al fin se alejó unos pasos, se dio la vuelta, y se fue. Y ella suspiró. Había contenido el aire todo el tiempo, impactada por el fuego que brotaba de Valentino.

Bueno, aparentemente Alessia no tenía opción. Ni siquiera sabía dónde estaba esta casa, y su viejo móvil estaba descargado en su cartera junto a su delgada billetera.

Así que entró a la habitación del pequeño, y lo acompañó en sus juegos, mientras esperaba. El niño era realmente dulce y agradable cuando no estaba la intimidante presencia de su padre, lo cual era bastante lógico.

Era como si Santino necesitara llamar su atención y sentirse validado.

Luego de almorzar, y sin volverse a cruzar con Valentino, una empleada la guió al vehículo que la llevaría a su casa.

Llegó a su minúsculo departamento, se acostó en la cama, agotada, aunque agradecida por no haber terminado mal. Nunca saldría de nuevo con Celina, realmente estaba enojada con ella.

Puso a cargar su móvil y cerró los ojos.

De repente, el aparato sonó avisándole que había recibido un mensaje. ¿Sería Celi?

Tomó su teléfono y miró la pantalla.

Número desconocido.

Leyó: "No olvide su promesa, señorita Marino, o las consecuencias serán terribles para usted".

Uf, ese sujeto hablaba como un capo de la mafia. Ella ni se molestó en responder.

Sin duda, Valentino Amato había visto demasiadas películas y series de mafiosos.

Lo ignoraría y seguiría con su vida, que bastante difícil era ya como para complicarla con hombres engreídos y ricos, con hijos pequeños.

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