Portada de la novela Sinfonía de un amor inesperado

Sinfonía de un amor inesperado

8.1 / 10.0
En la modern novel Sinfonía de un amor inesperado, Ariana y Ethan fingen un romance para salvar sus carreras. Este pacto publicitario evoluciona en una intensa romance story donde la presión mediática y los sentimientos reales chocan. Disfruta esta romance novel y descubre su destino.
Resumen de Sinfonía de un amor inesperado
La modelo Ariana y el cantante Ethan pactan un romance ficticio para restaurar sus reputaciones tras una serie de escándalos públicos. Aunque el trato es puramente profesional y publicitario, la convivencia bajo los focos despierta sentimientos auténticos que no estaban en el guion. En un mundo donde la fama devora la privacidad, la pareja deberá decidir si su vínculo real puede sobrevivir a la presión mediática y a las mentiras de su propio origen.
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Sinfonía de un amor inesperado Capítulo 1

(ARIANA JÁUREGUI)

Yo, que era fan de la boyband Chromatic desde sus inicios, sentí una mezcla de fastidio y rabia al ver los titulares. Siempre me había gustado su música, pero Ethan... él siempre me había caído particularmente mal. Había algo en su actitud, en esa sonrisa que parecía reservada para las cámaras, que me sacaba de quicio. No entendía por qué tantas chicas lo idealizaban. Y ahora, por su culpa, toda la banda estaba en el ojo del huracán. Me hervía la sangre al leer comentarios que generalizaban y atacaban a toda la banda. Y me daba rabia, mucha rabia, que por culpa de Ethan se estuviera juzgando a toda la banda. Dejé el teléfono a un lado.

-Ariana, ¿estás lista? Ya tenemos que irnos -dijo mi mamá.

Me levanté. «¿Ya nos iremos a conocer a Robyn? ¿Las fotografías son reales?» No podía creerlo. No era una mala noticia, al contrario, era fantástica. Aun así, no dejaba de sorprenderme. Este desfile no se parecía en nada a los que solía asistir. Era un verdadero espectáculo televisado. Esta sería la segunda vez que desfilaba junto a mi madre. De hecho, mi debut fue a su lado.

-¿Terminaste? Tu mamá me dijo que deben ir a los ensayos en veinte minutos -dijo Keyla, que estaba detrás de mí, apartando mi cabello para sujetarlo en una trenza.

«¿Cómo le explicaba este repentino arrepentimiento?» El miedo a fracasar me atenazaba. «Dios mío, iba a ver a mi artista favorita.»

Keyla me maquilló muy natural, me perfumó y me ayudó a ponerme una chaqueta. «Quiero morir.» Estaba a un paso de conocer a Robyn. «¿Cómo demonios iba a poder mirarla a los ojos sin perder la compostura?» Y ahora que iba a trabajar para ella... La ansiedad me invadía. Al bajar de la camioneta, Silvia me pidió con una mirada severa que me comportara frente a Robyn, que no hiciera nada que pudiera avergonzarnos.

-Lo entiendo -respondí-. Es una gran oportunidad.

-Este show se transmitirá a todo el mundo -añadió Silvia-. Si haces un buen trabajo, las ofertas lloverán.

-¡Silvia! -exclamé-. Me estás poniendo aún más nerviosa.

-Úsalo como combustible -insistió-. Es una plataforma increíble.

«¿Combustible? Lo único que hacía era incendiar mis nervios.»

Apreté los labios, guardando mi teléfono en el bolso. Seguí a mi madre. Al alcanzarla, entrelacé mi mano con la suya y entramos juntas al edificio. Silvia me dio una palmada en la espalda y me indicó con la mirada hacia la izquierda. Allí estaba Robyn. Contuve la respiración. Silvia tomó mi mano, y se lo agradecí.

-¿Crees que pueda tomarme una foto con ella? -susurré.

Silvia me miró con una sonrisa divertida y depositó un suave beso en mi cien.

-Al final de la grabación, tal vez. Pero recuerda que este show se grabará. Podrás verlo todas las veces que quieras.

-Lo sé -insistí-. Pero quiero una foto con Robyn.

-Veré qué puedo hacer -dijo, dándome unas palmaditas en la espalda antes de alejarse.

Al cruzar el umbral, me encontré en un mundo aparte. El estudio era un torbellino de color y movimiento. Ropa por todas partes: vestidos vaporosos, chaquetas de cuero, pantalones ajustados, y, por supuesto, una gran cantidad de lencería. Las modelos, con una confianza envidiable, se movían con naturalidad entre el equipo de Robyn, que ajustaba y perfeccionaba cada detalle. Observé con admiración el trabajo del diseñador y su asistente, cómo moldeaban las prendas sobre los cuerpos como si estuvieran esculpiendo una obra de arte. La escena me trajo recuerdos de mis propias sesiones de alta costura, donde la precisión y el detalle eran igualmente importantes. Sin embargo, allí, la lencería, con su crudeza y su cercanía al cuerpo, creaba una atmósfera distinta. En la alta costura, la ropa era una extensión del arte; aquí, parecía ser una extensión del cuerpo mismo, una segunda piel que revelaba más de lo que ocultaba. «Esto es increible, me encanta este mundo.» Un miembro del staff se aproximó con una sonrisa de genuina admiración. Le respondí con una sonrisa educada, escuchando su propuesta.

-¿Te gustaría ver las prendas que el diseñador ha elegido para ti?

Una corriente de nerviosismo recorrió mi cuerpo, un eco de la incomodidad que había sentido al observar a las otras modelos. Sin embargo, me recordé a mí misma que esto era parte del trabajo, un nuevo desafío.

-Sí, por favor -respondí con una sonrisa profesional -me señaló un probador circular, oculto tras una cortina de lino-. Pruébate cada una-me dijo-, necesitamos ver si hay que hacer algún ajuste.

Entré, sintiendo el peso de la tela entre mis dedos mientras me desvestía. Cada prenda, al contacto con mi piel, me recordaba la naturaleza de este trabajo: exposición, vulnerabilidad. Al salir, tras probarme ambas opciones, me repetí que no era tan terrible. Podía manejarlo. Las prendas, de líneas sencillas y escasa tela, contrastaban drásticamente con los elaborados diseños de alta costura que solía lucir. Por un momento, me sentí desnuda bajo la mirada invisible de todos. Pero luego, una sonrisa determinada se dibujó en mis labios. Aceptaría el desafío.

Apenas la asistente terminó de ajustar la última prenda y registrar sus observaciones, el murmullo del estudio se filtró a través de mi concentración. Los asistentes y las modelos hablaban con entusiasmo, con un tono que mezclaba sorpresa e intriga. Un nombre resonó con particular fuerza: Ethan Park. Fruncí el ceño, desconcertada. ¿Qué pintaba él en un evento como este? Y entonces, al levantar la vista, lo vi. Estaba allí, irradiando una confianza casi arrogante que me crispó los nervios. ¡Él también iba a desfilar! La incredulidad me invadió. «¿Esto es una broma?» El nerviosismo que sentía por la lencería, que ya era considerable, se disparó hasta límites insospechados, eclipsado por una creciente irritación. Ethan Park, compartiendo la misma pasarela. Era una cruel ironía del destino. «Dios... ¿cómo voy a sobrevivir el resto de la semana con Robyn presente y con Ethan también?»

Llegó el momento de la caminata. La pasarela se extendía frente a nosotros, un escenario imponente que ahora se convertía en mi peor pesadilla. Intenté concentrarme en la coreografía, en mantener la postura, pero la presencia de Ethan al otro lado era una distracción constante. Cuando llegó mi turno, sentí su mirada clavada en mí. Levanté la vista y nuestros ojos se encontraron. Por un instante, el tiempo se detuvo. Y entonces, el desastre. Tropecé con mis propios pies, cayendo de rodillas con un golpe sordo. La vergüenza me quemaba el rostro. «Tenía que pasar. Justo delante de él.» Lo vi acercarse, con una expresión que no lograba descifrar. ¿Lástima? ¿Diversión? ¿O algo más oscuro?

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Tabla de contenidos de Sinfonía de un amor inesperado

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