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Portada de la novela Siempre fuiste tú

Siempre fuiste tú

Tras casi veinte años de ausencia, el exitoso empresario Mateo Zabet se reencuentra con Elizabeth, el amor de su juventud. Pese a que él se alejó para respetar la relación que ella tenía entonces, verla de nuevo despierta pasiones que creía superadas. Aunque Elizabeth intenta resistirse por su matrimonio y sus hijos, Mateo está decidido a confesar lo que calló por décadas. Ahora, él busca recuperar a la mujer que siempre consideró su único y verdadero amor.
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Capítulo 9

Baltazar.

Camino sin sentido por la ciudad, escapando no solo de mi madre y sus preguntas, también estoy tratando de escapar de mí mismo, y es muy difícil.

¿Cómo fui tan estúpido? ¿Cómo puede ser que el amor te haga caer de esta forma? Soy un asesino, soy el mejor, el que heredo el arma del gran Matt y de Hades, esa que lleva la guadaña en su mango tallada en oro, esa que representa que soy un Ángel de la muerte, soy el Shofar, soy el que te manda a otro mundo con un solo disparo, soy quien debía vengar a sus abuelos… aunque mis abuelos biológicos están vivos aun, es raro, es incómodo, es tedioso, saber que fuiste el producto de un chantaje, que tu padre biológico no solo abuso de tu madre, obligándola a dormir con él a cambio del dinero que necesitaba para poder operar a mi hermana Alma, y luego… el muy hijo de puta queria que abortara, saber que tu padre no te queria es horrible, pero peor es saber que ese hombre al que siempre viste como tu tío favorito, ese que te conocía con solo una mirada… ese era el bastardo que jodio a tu madre, por suerte, tanto Alma como yo tenemos un buen padre, Hades Ángel, o como todos lo conocen, él ángel de la muerte, sonrió de solo recordar que siempre fue un solo Ángel el encargado de esparcir muerte, y ahora, somos tres, Alma, la mayor y quien tampoco es hija de Hades, sino de Stefano, hermano de mi padre biológico y primo de mi padre de corazón, y no, mi madre no es una cualquiera y mataría a cualquiera que pensara eso, ella solo se enamoró joven de una alucinación, una que termino rápido gracias al problema de ira que tiene Stefano, y aunque es un cabron, debo reconocer que él al menos, siempre trato de conseguir el perdón de mi madre y mi hermana, ahora es casi amigo de mi madre y digo casi, porque sus charlas y risas terminan cuando mi padre Hades observa cómo se traga cada taco y burrito que mi madre hace solo para Hades, pero va el descarado de Stefano y los roba, aun así… Alma tiene suerte, su padre biológico ha construido hoteles en casi todas las ciudades del mundo, Alma, así se llaman los hoteles, en diferentes idiomas, le profesa su amor, que ella lo es todo para él y sé que mi hermana lo quiere, aunque es tan terca y estúpida como Stefano, por suerte yo no me parezco a Mateo, y luego esta Gabriel, el único y verdadero Ángel, al menos biológicamente.

— Te encontré pequeño. — mis pies se detienen, mi respiración se atasca en mi garganta y mi muñeca quema por su solo contacto.

— Si no quitas tu sucia mano de mi… juro que te volare los huevos con mi arma. — trato de que mi voz salga con firmeza, como Hades nos enseñó, dejando ver que la muerte viene con nosotros, que nuestra guadaña siempre está dispuesta a llevarte a otra vida sin remordimientos.

— Pero si es lo que más te gusta de mí, pequeño. — susurra en mi oído y me maldigo por ser tan idiota, debía ir con Mateo, salí de la mansión Zabet porque sabía que con él estaría… ¿seguro? ¿De cuándo dependo de Mateo para estar seguro?

— Soy el Shofar, soy un Ángel de la muerte, soy el nieto de quienes tu asesinaste, y juro matarte viéndote a los ojos…

— ¿Y eso será antes o después de mamármela?

— Hijo de puta. —me giro desenfundando mi arma, pero me detengo cuando el látigo de Gabriel corta la mejilla del verdugo, el asesino que nos quitó a Matt y Melody, nuestros abuelos y en el caso de Gabriel si eran sus abuelos biológicos.

— ¡Demonio! — grita el pelirrojo tomando su mejilla, y yo no puedo evitar ver a mi hermano, somos casi gemelos y no por lo parecido, sino porque nos llevamos menos de un año de diferencia.

— No soy el demonio, ese es mi primo, no me des tanto crédito. — responde jocoso, sin preocuparse por cómo la gente pasa por su lado viéndolo con miedo y es que, si Gabriel siempre fue “raro”, ahora está fuera de control, el amor te pone así, aún peor si es uno falso, un espejismo, como dijo Candy, mi verdadera abuela. — Soy Azazel, soy el teniente del infierno, soy un ángel caído que solo te vino a avisar que el tiempo de gratitud por ayudarnos a rescatar a la santa hija de la sombra está llegando a su fin, la tregua esta por caducar, voy por ti. — informa y mi corazón late deprisa, ese era mi trabajo, ir por el verdugo, matarlo y cobrar venganza, pero caí en mi juego, me enamoré de quien no debía.

— Ten cuidado de que no sea yo quien acabe contigo. — ruge el pelirrojo que no solo me quito a mis abuelos, también destruyo mi corazón cuando me hizo ver que para él solo fui un juego.

— ¡A mi hermano no lo tocaras! — rebato con furia de solo imaginar de que me quite a alguien más y al fin gatillo mi arma, nunca fallo, jamás, y si no fuera porque el maldito se refugió tras un grupo de niños que salió corriendo de una sala de juegos al oír los disparos, al fin lo habría matado, pero ahora solo me queda ver como huye en su automóvil.

— ¡Me encanta cuando me cuidas! — grita con cara de loco Gabriel y es que quizás si lo esté.

— Mejor corre o tía Lucero nos tirara las orejas y tío Eros nos pateara el trasero por hacer escándalos en su ciudad. — golpeo su brazo y salimos corriendo como si aun fuéramos niños, no puedo evitar reír de pura adrenalina y es que al contrario de lo que todos piensan, el matar no nos causa nada, al menos no a nosotros, para nosotros es lo mismo que respirar, pero hacer algo que no debemos, como disparar en medio de la ciudad que maneja tu tía, eso sí que nos llena de adrenalina.

— Esto es aún mejor que cuando vi a el demonio compartiendo a la Dulce princesa con el pantera y Horus. — se carcajea a más no poder y yo lo imito, aunque digan que solo están con ella porque no saben de quien es el bebé que espera, todos pudimos ver el amor en sus ojos, ese que te ciega y te lleva incluso a compartir una mujer con tus primos, como es el caso de los tres mencionados, aunque...

— Si no fuera porque es la hija de la reina de chicago y que papá es su padrino, hasta yo me les uno. — le informo al atolondrado de mi hermano que comienza a reír como foca.

— No se puede negar que la pequeña Dulce creció, pero para mí es como una hermana y creí que para ti también. — me ve fijo, con sus ojos oscuros, tan negros como los de la abuela Melody, dos pozos negros que solo brillan al ver sangre y muerte, una oscuridad que te atrapa te hipnotiza, te hace confesar hasta tus más oscuros secretos.

— Pase todo este año durmiendo con el verdugo, yo… — confieso casi sin aire y me sonríe, esa puta sonrisa de me vale verga, como diría mamá.

— Lo sé, ¿piensas que no te busque? Eres mi hermano tarado, aunque seas mayor por meses… no te preocupes, yo los cuidare. — me informa pasando un brazo por mis hombros y obligándome a caminar, se supone que es el menor, el más loco y quizás un poco sádico, porque si Alma es conocida como el ángel de la misericordia por matar casi sin hacerte sufrir, Gabriel es todo lo contrario, su sadismo asusto muchas veces a mamá.

— ¿No se supone que sea yo quien te cuide?

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