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Portada de la novela SI CEO, ACEPTO

SI CEO, ACEPTO

Elena se enfrenta a una crisis financiera que amenaza el hogar legado por su padre. Para rescatar la propiedad, acepta una propuesta inusual de su jefe, Caleb, quien necesita casarse urgentemente para heredar el emporio de su familia. Aunque inician un matrimonio de conveniencia basado en un contrato, su farsa se ve acechada por una exnovia despechada y los conflictos internos de la empresa. Lo que empezó como un trato frío pronto se torna caótico.
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Capítulo 3

ELENA

Bajé la mirada al féretro que estaba frente a mí. A mi lado se encontraba Rosa, quien sostenía mi mano mientras de mis ojos solo salían lágrimas de tristeza.

Cuando todo terminó, me quedé un poco más y luego pedí un taxi para ir a casa. Tuve que echar a Rosa, rechazar su petición de ir a comer y decirle que necesitaba estar sola. Es por esa razón que, mientras iba en el taxi, mi estómago me dolía y pedí que se detuviera para bajar a comprar.

Al entrar en la tienda, agarré varias cosas para suplirme estos días y me formé en la fila, mientras por mi mente pasaba uno de los mejores momentos que pasé con papá.

HACE DIEZ AÑOS

—Papá, llegaremos tarde —dije al llegar a su habitación ya arreglada. Él se giró para después sonreírme.

—Sabía que estarías hermosa, pero esto es... Uff —me acerqué a él y vi que batallaba con la corbata—. Eres una reina, mi amor —besó mi frente.

—Lo sé, papi —comencé a anudar la corbata y, al terminar, le ayudé a ponerse el saco—. ¿Sabes? —me miró fijamente—. No te enojes, pero desearía que mamá estuviera aquí —vi cómo su expresión cambiaba y se tornaba sombría—. Lo siento, no debí decir eso, yo...

—No —me interrumpió—. También desearía que compartieras este momento tan especial con tu madre, pero ella decidió no estar —bajé la mirada—. Un día, cuando llegues a donde siempre has soñado y veas tu rostro en todas las redes sociales, comerciales y más, ella se dará cuenta del error que cometió al dejarte cuando tenías cinco años —sonrió—. Porque sé que llegarás mucho más lejos de lo que deseas, y sé con toda certeza que esos sueños que están en tu corazón se cumplirán, y espero estar ahí para verlo —abrazó a papá.

—Señorita —escuché que me hablaban. Parpadeé varias veces y enfoqué a la persona frente a mí. No me había dado cuenta de que la fila había avanzado y ahora era mi turno—. ¿Despacho su orden? —cuestionó y yo asentí mientras una lágrima caía por mi mejilla. La sequé de inmediato, aunque ella ya se había dado cuenta, pero lo disimuló muy bien. Al salir, me subí de nuevo al taxi y llegué a casa.

DOS DÍAS DESPUÉS

Decir que he dormido es mentir. Lo máximo que he hecho es llorar, gritar y maldecir mi vida. Al trabajo no he faltado, aunque me dieron dos semanas libres. Yo necesito mantenerme ocupada, necesito no pensar en el cuerpo inerte de mi padre colgando del techo de su estudio, o recordar las pesadillas que he tenido cada día, donde abro los ojos, estoy en mi cama y al girar lo que veo es a mi padre muerto en mi habitación.

Es por eso que Rosa me acompaña al baño en el trabajo y me tapa las ojeras con maquillaje. Una vez que ha terminado, creo que me veo presentable, aunque en realidad no hay maquillaje que me haga sentir mejor. Regreso a mi escritorio para terminar temprano e irme a casa.

—¿Quieres que vayamos a comer antes de ir a casa? —escucho a Rosa a mi lado.

—No, gracias, solo quiero ir y dormir —miento.

—Por favor, Elen, solo comemos y ya. Temo que no lo estás haciendo, estos días te veo más delgada —bajo la mirada sabiendo que tiene razón. La ropa me está empezando a quedar floja.

—Está bien, acepto —ella aplaude con emoción y yo sonrío. Luego me abraza y, a la hora de la salida, me lleva a un lugar de filetes.

Por primera vez en una semana sonrío de verdad con sus ocurrencias y la paso realmente bien. Cuando entro al lugar, el aroma de los filetes me hace notar cuán hambrienta estoy y, cuando llega, lo devoro por completo. Y, peor aún, pido otro que Rosa me prohíbe pagar. Miro a mi mejor amiga y agradezco que no se dé por vencida conmigo. La invito a dormir a mi casa y acepta encantada.

Al llegar, me baño y siento tal cansancio en mi cuerpo que caigo rendida en la cama y Rosa enciende la televisión, mientras yo me voy con Morfeo.

—Elen, despierta —escucho a lo lejos, también golpes—. Elen, ya levántate —me giro para no escucharla—. ¡Por Dios, Elena, alguien está aquí! —eso llama mi atención y me despierto. Mi amiga me pasa una bata para cubrirme y camino a la puerta, ya que alguien sí está al otro lado golpeando fuerte.

¿Quién podrá ser?

—¿Elena Gillian? Abra, por favor —miro a Rosa, que está a mi lado y ha agarrado un cuchillo.

—¿Qué piensas hacer con eso? —cuestiono.

—Si es alguien que quiere hacernos daño, no durará para contarlo —pone cara de mala.

—No tienes entrenamiento en eso —susurro. Ella niega con la cabeza.

—No lo necesitas para matar a alguien —la miro confundida.

—Sí, lo necesitas.

—Cállate y abre. Cualquier cosa, soy abogada y no nos darán más de un año de cárcel.

—Wow, qué reconfortante —suelto el sarcasmo.

—Lo sé, soy la mejor —no veo mejoría con esta conversación, así que abro la puerta y un hombre de unos 40 entra a mi casa seguido de cinco más.

¿Qué mierd...?

Comienzan a recoger todo y no lo hacen de manera delicada. Se quiebran portarretratos, hacen un desorden y yo me enojo.

—¿Quién rayos es usted? —giro al hombre y lo empujo—. ¿Cómo se atreve a entrar a mi casa de esa manera y desordenar todo? ¡¿Acaso su madre no le enseñó modales o qué?! —el hombre me mira sin ningún cambio en su expresión.

—Elena, tal vez nos maten. No les grites —escucho el susurro de Rosa.

—¿No que nos darían un año no más? —ella me sonríe con temor y suspiro.

—Elena —el hombre habla y veo que los demás ya no están recogiendo las cosas.

—¿Qué? —indago cruzando mis brazos.

Nos pueden matar, pero no me veré débil.

Siempre fuerte, nunca débil.

—Su padre tenía una deuda con nosotros de más de un millón de dólares —me tiende un papel.

Ay, hijoemadre.

—Mentiroso —acusa Rosa y toma el papel, lo revisa—. Rayos, es verdad —me da el papel—. Está en lo correcto y todo es legal —miro con horror lo que tengo en las manos y creo que me moriré dentro de segundos.

—Pero ¿cómo? —es lo único que se me ocurre preguntar.

—Su papá llegó hacia nosotros hace diez años y pidió una gran cantidad, que pagó tiempo después. Por esa razón accedimos a otro préstamo y esta vez fue de 500,000 dólares —mi boca se abre tanto que creo que llega al suelo. Siento cómo Rosa pone su dedo en mi mentón y la cierra—. La pagó y luego vino y pidió un millón de dólares y accedimos. Estaba pagando las mensualidades con normalidad hasta hace un año, cuando nos comentó que se quedó sin trabajo y le dimos seis meses para que consiguiera, pero pasó el tiempo y pidió dos meses más. Se lo dimos porque siempre era fiel en sus pagos y esta era la primera vez que hacía esto, pero cambió de número, se mudó y ahora que lo encontramos, nos enteramos de que murió —asiento con pesar—. Por lo tanto, usted ahora es la deudora.

—¿Qué? —miro a Rosa por ayuda y ella me mira con temor.

—Seamos razonables —habla y adopta su postura profesional—. Esta deuda está firmada por el señor, el padre de Elena, no por ella. Mi representada no tiene que pagar nada que ella no haya firmado —siempre diré que me sorprende el cambio que Rosa tiene cada vez que es abogada.

—El señor firmó un papel donde decía que, si algo le pasaba, su hija cancelaría la deuda.

Hijoemadre.

Rosa de inmediato le arrebata el papel y lo revisa minuciosamente. Yo he empezado a morderme las uñas de temor por lo que contendrá el papel.

Por favor, no.

Por favor, no.

Por favor, no.

Rosa suspira y me da el papel. Yo la miro detenidamente para descifrar en su rostro si es que tengo que pagar o no, pero ella solo mira al hombre.

—Un nuevo papel, con cuotas mensuales, le dará tres meses para reunir el cinco por ciento de la entrada y firmará un papel donde conste todo eso —miro al señor y a ella.

¿Entonces sí es real?

Sí, debo pagar.

—No le daremos más tiem...

—No me interesa. Ustedes llegan a la casa de mi representada, le exigen que pague algo que ella no conocía ni había firmado, también ponen su casa patas arriba sin una orden y tienen el descaro de no darle un plazo. Su padre murió hace semanas, tenga algo de compasión —el señor me mira y yo pongo mi rostro lo más triste que pueda—. Tres meses de prórroga, cuotas mensuales no más de doscientos dólares, y ella pagará el cinco por ciento de la deuda luego de esos tres meses. ¿Estamos o no? —Rosa lo mira desafiándolo y hasta cruza sus brazos. Yo sigo con mi cara de cachorro.

—Está bien —sonrío y Rosa me da un codazo cuando el hombre se gira donde están los otros.

—No quites tu cara de perro con hambre, mantenla —cambio mi expresión.

Lo siguiente es que Rosa redacta todo y, luego de media hora, su compañera de trabajo llega para notarizarlo y me da una copia a mí y otra al señor.

—Un gusto llegar a un acuerdo con usted —le tiende la mano Rosa—. Esperemos que esto no se repita.

—También lo espero —dice él y sale de mi casa con sus hombres. La amiga de Rosa también se va y yo la abrazo.

—Gracias, gracias, gracias —beso su mejilla—. Si no hubieras estado aquí, ya no tendría casa —ella ríe.

—Ahora debes abrirte un OnlyFans —me separo de ella y la miro confundida.

—Estás loca.

—No, no lo estoy. Aplazamos esto tres meses. ¿Cómo conseguirás cincuenta mil para esa fecha? —bajo la mirada sin saber qué hacer.

—Solo tengo guardados ocho mil —paso las manos por mi cabello.

—Ves, debes abrirte un OnlyFans ahora mismo —saca su teléfono—. Te pondremos de nombre "Belleza Exótica" —le quito el teléfono.

—No haré eso, ya pensaré qué hacer —Rosa dice no con la cabeza y la ignoro.

—Entonces salgamos a beber —la miro mal.

—Sabes que debo ahorrar cada centavo desde ahora, ¿no? —ríe.

—No seas idiota, yo pagaré. Además, vamos a festejar que te conseguí un buen trato con ese hombre.

—Suena a que me prostituyo.

—Te estoy diciendo que lo hagas y no haces caso —me toco el tabique de la nariz suspirando.

—Acepto lo de beber —ella ríe—. Vamos a vestirnos

En lo personal amo a Rosa, es genial.

Nos leemos en el otro capítulo.

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