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Portada de la novela Serendipia: Un nuevo Reino

Serendipia: Un nuevo Reino

Una humilde joven huérfana ve cómo su vida cambia drásticamente al enamorarse del heredero de la corona. Mientras vive este idilio, comienza a investigar el misterioso pasado de sus ancestros y los motivos reales de su soledad. No obstante, el romance juvenil se ve empañado por peligrosas conspiraciones palaciegas que ponen en riesgo su seguridad. Ante la tragedia y las mentiras, ambos deberán luchar para salvar el reino y proteger su futuro juntos.
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Capítulo 2

Prince Ethan:

Sentado al lado de mi padre con una mano en la barbilla por el aburrimiento, escucho a los miembros del concejo, incluyendo a mi padre (el rey), debatir sobre cómo será el baile en el que escogerán a mi futura esposa. Hablan y deciden sobre mi futuro como si yo no estuviese presente. Sé que a mi padre también le molesta, pues él se casó con mi madre por amor. Pero no puede decir nada, los miembros del concejo quieren que me case con una princesa de un reino con el que queramos aliarnos, o con una de las hijas de los miembros del concejo. Y han insistido en que debo casarme antes de la coronación, que será en menos de un año. Han insistido tanto, que mi padre no ha podido negarse.

Así que, aquí estamos… Los miembros del Concejo Real, el Rey, y el Príncipe que será obligado a casarse. Los escucho y veo hablar de cómo será el festejo. Pff, ni siquiera han encontrado una candidata apta para ser mi esposa, y ya tienen planeado cómo será la boda. Pongo los ojos en blanco para mis adentros.

- Debe ser una boda en la que todo sea perfecto. – dice Lady Grace, duquesa de Illis. Una mujer de algunos 60 años, igual que el resto de presentes. – La futura princesa y futura reina debe lucir esplendida. – dice con un brillo en sus ojos.

El resto del concejo murmura en aprobación.

- Ahora. ¿Cómo escogeremos a la futura reina de Hegria? – Pregunta Lord Gordon, duque de Westrus.

Hay un silencio mientras el resto de miembros del concejo piensan en la forma en la que escogerán a mi futura esposa. Esas palabras “futura esposa” me causan nauseas. No quiero casarme con alguien a quien no conozco. Soy alguien muy complicado, y puede que esa duquesa o princesa que escojan para mí, no sea de mi agrado, o yo el de ella. No quiero encadenarme a alguien a quien no soporto y mucho menos a alguien que no me soporta. Pero por lo visto no tengo de otra. Mi padre no hablará por mí, y en estos momentos, el pueblo necesita estas pequeñas distracciones. Y debido a todos los valores que mi padre y mi madre me han inculcado, y los deberes que tengo como Príncipe y futuro Rey, debo darle a mi pueblo lo que quieren con tal de verlos felices.

- Haremos un baile de máscaras. – Lady Era, duquesa de Ellavia, interrumpe el silencio con su propuesta.

- ¿Baile de máscaras? – Pregunta el Rey Phillip, mi padre, con interés.

- Sí, su majestad. – responde Lady Era. – Un baile de máscaras será una buena opción para que el príncipe pueda escoger a la princesa. Como una cita a ciegas.

- ¿Qué es una cita a ciegas? – pregunta Lord Eris, duque de Allanois.

Vuelvo a poner los ojos en blanco, pero a la vez entiendo como un señor de su edad no sabe sobre lo que es una cita a ciegas. No creo que estén totalmente familiarizados con las cosas que los jóvenes hacemos en el siglo 21, pues si lo estuvieran, no estarían organizando un matrimonio por conveniencia.

- Son cosas que hacen los Jóvenes de hoy en día. – dice Lady Grace, haciendo un gesto con la mano. – Acuerdan una cita con alguien sin saber cómo lucen o de donde son, y se conocen en esa cita, si se gustan siguen juntos, si no, entonces buscan otra cita a ciegas.

Se escuchan “ohs” y “ahs” de los otros miembros presentes al acabar de enterarse lo que significa una cita a ciegas. Pongo los ojos en blanco y me rio para mis adentros.

- Entonces está dicho. – dice Lord Gordon. – el baile será próximo sábado, dentro de 7 días. – todos asienten. – Que envíen… - se detiene y frunce el ceño. - ¿Cuántos años tiene su alteza real?

Se escuchan murmurios y suspiros de asombro.

- ¡Es una desgracia que el miembro del concejo no sepa la edad de nuestro príncipe! – Salta Lady Hildegart, duquesa de Northeria, en tono de reproche, cara de asombro y una mano en el corazón como si estuviese ofendida.

- No es necesario que Lord Gordon deba conocer mi edad. – interrumpo aclarándome la garganta, y todas las miradas se posan en mí. Me pongo algo nervioso, pero me controlo. – Tengo 25 años, Lord Gordon. Puede continuar.

Lord Gordon me agradece con una reverencia y continua con lo que iba a decir.

- Queremos que nuestra futura reina sea joven, por lo que invitaremos a las duquesas y/o princesas de reinos aliados, vecinos y del propio, que tengan entre 20 y 24 años, no queremos que sea mayor que el príncipe.

- Deberíamos invitar a las doncellas y noblezas de la ciudad capital. – Interrumpe Lord Eris. Todos lo miran con cara de horror. – El príncipe no escogerá a ninguna de ellas, claro está. – aclara nervioso. – Pero sería una forma de mostrarle al pueblo que son parte de nosotros. – el resto de presentes murmura y asiente en aceptación.

- ¿Qué pasa con los reinos enemigos? – Pregunta Lady Era. – Podríamos invitarlos y así comenzar a mejorar nuestras relaciones con ellos. – algunos miembros asienten y otros desaprueban.

- Solo tenemos un Reino enemigo. – interrumpe mi padre y todas las miradas caen sobre él, pero a diferencia de mí, él no se inmuta por ser el centro de atención. – Grovia debe recibir también una invitación para una de sus princesas. Puede que rechacen nuestra invitación, pero si deciden asistir, y nuestro príncipe escoge como su princesa a una princesa de Grovia, será la mejor forma de terminar con nuestra enemistad.

Mi padre siempre ha sido un sabio, siempre tiene buenas estrategias, y esta no era una excepción. Aunque mi padre sabe lo difícil que será para mi escoger una esposa, intenta que tenga tantas opciones como sea posible.

El resto de miembros del concejo asiente en recibimiento de orden, más que aceptación.

- Entonces queda pactado. – termina Lady Era. – El baile será dentro de 7 días, en el salón de baile del Castillo de Bossia. Las invitaciones deben enviarse todas mañana. – le dice al súbdito encargado de hacer las invitaciones y enviarlas, quien asiente y anota rápidamente todas las indicaciones de la duquesa en su tableta.

- Sus Excelencias. – dice mi padre levantándose de su asiento. El resto de duques y duquesas lo siguen y me obligo a mí también a hacerlo. – Ha sido un placer reunirnos el día de hoy, y que hayamos llegado a un agradable acuerdo. – mi padre siempre habla con decoro, me gusta escucharlo hablar. – Con todo fijado, hemos terminamos nuestra reunión de hoy. Por favor, vuelvan sanos a sus ducados.

Mi padre sostiene la cabeza en alto mientras el resto de presentes hacen una gran reverencia para él, y se retiran dándole a mi padre sus buenos deseos, mientras yo me quedo a su lado un paso detrás de él, haciendo pequeñas reverencias también a los duques y duquesas mientras se despiden, hasta que solo quedamos mi padre y yo. El resto de súbditos de la guardia real también, hay uno en cada esquina de la sala, pero son tan silenciosos y tan estáticos que parece que fueran parte de la decoración.

- Padre. – Le digo cuando ya todos los duques han desaparecido de la sala.

Mi padre se gira hacia mí con una sonrisa, pero con el ceño un poco fruncido en tristeza.

- Bien hecho hoy, mi querido hijo. – me da ánimos acariciando mis hombros con sus manos. - ¿Cómo te sientes?

- Bien, el desayuno estuvo delicioso, aunque ya tengo un poco de hambre. – digo torciendo el gesto un poco.

Mi padre se ríe.

- Podemos ir a robar bocadillos a la cocina real. – dice susurrándome en complicidad. – Pero sabes que no es eso a lo que me refiero. – hace una pausa y suspira. – Sé que no te gusta mucho la idea de casarte con alguien que no conoces.

- Y estás en lo correcto, padre, pero entiendo que es mi deber como Príncipe, y futuro Rey de Hegria.

- Tu madre y yo te criamos muy bien, lo sé. Pero sé que no serás feliz si lo haces tampoco. Así que te diré esto. – me mira fijamente a los ojos. – Si no quieres casarte con ninguna princesa o duquesa que venga al baile, porque estás enamorado de otra mujer, bien sea noble o plebeya… Yo te apoyaré, y tu madre también.

Las palabras de mi padre me conmueven demasiado, me hacen sentir muy feliz de haberlos tenido a él y a mi madre, como mis padres y mis guías en la vida.

- Agradezco mucho tu preocupación, padre, y no sabes lo mucho que tus palabras significan para mí. – tomo su mano. – pero tristemente no conozco a otra mujer fuera del castillo. Nunca he podido enamorarme de alguna chica porque no he tenido tiempo suficiente para conocer a una. Así que lo más probable es que tenga que escoger a una de las duquesas o princesas que asistan al baile. – me acerco a él y lo abrazo fuertemente, él me envuelve con sus brazos irradiando amor. – No te preocupes por mí, padre, estaré bien, de verdad. – mentí. Pero lo que menos quiero es que mi padre se sienta mal por mí.

Mi padre me da una triste sonrisa y asiente lentamente.

- Está bien, hijo. Pero si algo sucede, déjamelo saber, ¿quieres? – Asiento y sonríe. – Iré con tu madre, ya es casi hora del té, si no llego me matará. – bromea. - ¿Quieres unirte a nosotros? Tu madre se alegrará de que la acompañes a beber té.

- Claro. Iré contigo. – le digo sonriente y salimos de la sala en dirección a los jardines reales.

En el camino mi padre y yo nos encontramos con Lord Erin, el hijo del duque de Allanois, y mi mejor amigo.

- ¡Ethan! – llega corriendo hacia donde mí. Pero al ver a mi padre se detiene y hace una torpe reverencia. – Su majestad. – dice jadeante.

- Un placer verte, Erin. – le sonríe mi padre. - ¿Cómo está tu madre?

- Ella está mucho mejor, su majestad. – dice haciendo una reverencia nuevamente y retomando el aliento.

- Me alegra demasiado escucharlo. Salúdala de mi parte, por favor. – dice mi padre cortésmente. Le da una pequeña palmada a Erin en el hombro. – Ethan y yo íbamos a tomar el té con la Reina, eres más que bienvenido a unírtenos. Mientras, los dejaré para que hablen, pero no tarden, la reina los matará a ambos y a mí por llegar tarde. – dice mi padre mientras sonríe.

- No tardaremos, padre. – le digo mientras se va.

Erin y yo esperamos unos momentos a que mi padre desaparezca del pasillo.

- Lord Erin Félix III de Allanois. – digo con una pequeña reverencia con la cabeza.

- Su Alteza Real, Ethan Elric Joseph IV de Bossia. – hace una reverencia con una mano en el pecho y la otra estirada.

Nos quedamos viendo unos segundos y rompemos en risas.

- ¿Qué lo trae por aquí, Lord Erin? – digo fingiendo el acento y la forma de hablar de los duques. Haciendo mi voz más grave, con el mentón en alto y el ceño fruncido.

Erin hace lo mismo.

- El motivo de mi visita, su Alteza Real, es porque vengo a invitarlo a un evento. – Su voz ya es demasiado gruesa, por lo que intenta mantener la misma postura que yo y falla. Por lo que rompemos en carcajadas nuevamente.

Ambos abrimos los brazos y nos damos un fuerte abrazo mientras sonreímos de oreja a oreja. Erin y yo somos amigos desde que tengo memoria, nacimos el mismo año, con solo 2 meses de diferencia. Gracias a que a mi padre siempre le ha gustado visitar su ducado, y que el Duque de Allanois es el mejor amigo de mi padre, hemos estado en contacto desde siempre, y como nos hicimos mejores amigos, viene por unos días a la ciudad capital y se queda en el castillo conmigo. La personalidad de Erin es muy diferente a la mía, él es todo un don juan, las doncellas siempre han soñado con él, es el alma de las fiestas. Siempre me invita a sus fiestas y reuniones, y aunque no asisto a la mayoría, debido a que no debo verme envuelto en un escándalo, a las pocas que he asistido, no me ha gustado la atención que he recibido, pues a las fiestas a las que Erin asiste, son fiestas en las que solo van nobles, todos me conocen, y no me tratan como una persona normal, me molesta que me den tanta atención.

- ¿Dónde es esa fiesta de la que hablas? – pregunto

- No es una fiesta en realidad. Es solo que un par de ex compañeros de la universidad, se reunirán en un pequeño restaurante que abrieron hace poco.

- ¿Qué clase de restaurante es? ¿Habrá muchos ciudadanos? No quiero mucha atención sobre mí.

- Nope, para nada. – responde mi amigo. – Es un restaurante de comida rápida, ya sabes, hamburguesas, pizza, lo típico.

- Sabes que no me dejan comer esa clase de comidas aquí en el castillo.

- Ugh. – dice con cara de asco. – es cierto. Bueno. – se encoge de hombros. – no importa. Vamos, la pasaras genial. Solo estaremos los de la universidad, una de nuestras compañeras trabaja en ese restaurante, así que lo cerrará temprano para nosotros. Nadie allí sabrá que eres el príncipe.

- Hmm… - digo pensativo. – No lo sé, Erin. ¿Qué pasa si me ve algún paparazzi?

- Vamos, Ethan. – me ruega. – Me aseguraré de que no haya ninguno. Solo dile al Rey que saldrás conmigo, y que si quiere te asigne un guardaespaldas, así nos aseguramos de que no haya ningún paparazzi.

- Bien, iremos. – accedo a la petición de mi mejor amigo, quien, al escucharlo, da un puño al aire en victoria.

- ¡Yes! Perfecto. – hace un baile alocado y ahogo una carcajada.

- Vamos, Lord Erin, debemos tomar té con la Reina. – le digo arrastrándolo del brazo hacia los Jardines Reales.

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