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Portada de la novela Seduciendo al magnate

Seduciendo al magnate

Camila intenta dejar atrás un pasado sombrío, pero su vida da un giro cuando conoce a Alan, un influyente empresario que solo vive para el triunfo. Ella se esfuerza por ocultar su sufrimiento tras una actitud distante, despertando una atracción profunda en el magnate. Acostumbrado a la superficialidad, Alan queda fascinado por el misterio de Camila. Entre sombras del ayer y un deseo incontenible, deberán elegir entre la cautela o un amor capaz de transformarlos.
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Capítulo 3

Camila 

Vamos de camino a ese lugar, no tengo claro a donde, porque Alan no me dice gran cosa. Solo sé que es la casa de su abuelo. 

Me da temor meterme en un problema más, pero necesito el dinero, necesito escapar de este lugar, no quiero tener que afrontar consecuencias por mis actos, consecuencias que claramente me podrían hundir más de lo que estoy. 

Lo miro de reojo, él es un hombre atractivo, se nota que es demasiado inteligente, al menos por la manera en la que lee y escribe cosas en su computadora, supongo que es alguien importante, sin embargo, también puedo deducir que es un idiota, misógino y mujeriego. 

Parece que mi radar de ellos ha despertado... como me hubiera gustado que ese radar, hubiese despertado antes, y así poder evitar que mi vida hubiera cambiado tanto. 

Miro por la ventana, la vista es bellísima, nada comparado en donde crecí, todo es sumamente elegante. Algunos recuerdos pasan por mi mente, haciendo que mis manos tiemblen y mis ojos se tornen llorosos.

 Lo sé, sé que debo cargar con culpa por el resto de mi vida, pero hay algo que tengo claro, las cosas se deben hacer, porque es mejor arrepentirse por hacerlas, que por no hacerlas. 

-Estamos por llegar -él pronuncia, llamando mi atención-. Espero y pueda hacer las cosas como le dije, antes de presentarla como mi asistente, irá a caminar por la casa, la confundirán con una de las empleadas, usted solo escuche y me dice lo que oiga por allí. Cada información útil que me diga, será contribuida con una gran cantidad de dinero. ¿Está claro?

-Lo está, no se preocupe que haré lo mejor que pueda. 

-No, no es lo mejor que pueda, hará las cosas perfectas. Mire, de la decisión que tomen hoy dependerá mi vida, le contaré algo, esto que estoy esperando, es por lo que he trabajado por tanto tiempo. 

-Ok, no tiene que decirme las cosas, solo soy alguien de paso por su vida. No me interesa porque está haciendo esto, solo me interesa el dinero. Solo estoy de paso. 

-Eso espero, no me gusta que las cosas se salgan de mi control, recurrir a usted es oportuno, pero después será un problema. -Rodé los ojos, como se nota que es el típico hombre de "yo hago lo que me plazca y nadie puede hacerme cambiar de opinión" 

Nos bajamos del carro en frente de una lujosa casa, quedé con la boca abierta, en mi vida jamás vi algo parecido. Es como esas casas que muestran al final del cuento feliz, ese final que nunca existe. 

-Adelante señor -dice un hombre de traje de pingüino. 

Entramos y Alan me hizo señas que en diez minutos nos veíamos en la sala principal, que comenzara a buscar información que le sirviera. Levantó su cabeza mostrando la imagen de su abuelo pintada y puesta en casi la mitad de su casa, un hombre canoso y gordo. 

-Información... ¿qué clase de información necesita? -murmuré para mí. 

Muchas personas caminaban por el lugar, unos con bandejas, otros con licores aparentemente carísimos y otros tantos, con una sonrisa sin hacer nada. 

Caminé en círculos, no veía por ningún lugar a aquel hombre. Giré mi cuerpo y choqué con él. Las heridas en el abdomen alcanzaron a salir lastimadas provocando una mueca de dolor. Él me ayudó a levantar, mientras que me miraba con curiosidad. 

-¿Estás bien muchacha? -Asentí con mi cabeza. 

-Lo estoy, lamento haberlo molestado. 

-No es ninguna molestia... nunca te había visto en mi casa, ¿quién eres? 

-Soy la asistente del señor Alan. -Él esbozó una sonrisa. 

-Ay, mi nieto cambia de asistente como si fueran calzones. -Él ríe-. Pero no te quedes allí, entremos porque ya vamos a empezar y me imagino que si no llegas, mi nieto pone el grito en el cielo. 

Le dí una cálida sonrisa a aquel hombre, no entiendo porque Alan quiere que yo espie a su abuelo, a primera vista se ve la mejor persona del mundo.... Aunque, las apariencias engañan y eso lo tengo muy claro. 

-Hijo, me encontré a tu asistente en el camino, no deberías dejarla por allí -dice el señor, Alan sube la vista y me observa. 

-Al parecer se perdió de camino al baño. -Los dos hombres ríen-. Abuelo, te ves más jovial desde que te ví la última vez. 

-Que adulador eres, nos vimos hace una semana. -Las puertas se cierran, las personas allí toman asiento, los imito para intentar "trabajar" 

-Bueno abuelo, ¿Te parece si empezamos? tengo que ir a la empresa.

-Aguarda, tu primo aun no ha llegado. Tuvo un pequeño accidente y me dijo que llevaba tarde. 

-Como siempre haremos lo que mi primito quiera. Abuelo no me parece justo, soy yo quien le ha metido el culo a la empresa, a todo esto. En cambio él, se la pasa viajando conociendo mujeres, gastando el dinero de la familia en babosadas. 

-Sé muy bien lo que has hecho Alan, reconozco lo importante que es para ti todo esto, pero solo estoy cumpliendo la última voluntad de tu abuela. También quiero ceder mis acciones para que el que quede por fuera, no quede desnivelado y tenga mucho que ver en el crecimiento corporativo.  -Observo como Alan se pone de pie, solo guardo silencio ante esta pequeña reunión familiar. 

-¿Tus acciones? ¿Te parece justo? 

-Sí Alan, no me moriré de hambre, te recuerdo que tengo mucho para vivir bien, ustedes están empezando y cuando tengan su propia familia, me agradecerán. -El hombre me mira a mí-. Muchacha, pasame un poco de agua, discutir con mi nieto, me deja seco. 

Me pongo de pie, Alan solo pone sus ojos en blanco y mantiene su ceño fruncido. Sirvo un poco de la jarra y cuando camino de vuelta, escucho como la puerta del lugar se abre. 

-Llegó la alegría del lugar -dice la persona que acaba de llegar. 

Escucho esa voz, esa que me causa escalofríos. Mi cuerpo comienza a temblar, como si fuera una pu.ta pesadilla. Empiezo a sudar frío, no quiero girar, temo que sea una alucinación, pero también temo que sea verdad. 

Mi cuerpo se mueve lentamente, cuando pongo la mirada en la puerta, cuando lo observo, siento que pierdo el control.

 El vaso cae de mis manos, rompiéndose a los pocos segundos. Su mirada se clava en mí, tanto que siento como me traspasa por completo, esa mirada que causa muchas emociones en mí. 

No puedo moverme, mi cuerpo está estático, intento dar un paso más, pero ese es en vano. No tardé mucho en caer, mi cuerpo me ganó, siento como un par de brazos me atrapan, hasta caer completamente inconsciente.

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