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Portada de la novela Secuestrada por un error 2

Secuestrada por un error 2

Una joven fiscal, movida por la soberbia y el deseo de venganza, busca destruir al narcotraficante que arruinó a su familia. Para lograr su objetivo, se infiltra en las peligrosas filas de la Bratva con un plan audaz: seducir al influyente líder de la mafia rusa. Su meta es convertirse en su esposa y escalar posiciones dentro de la organización criminal, transformándose en la mujer más poderosa para asegurar que el culpable pague por sus crímenes.
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Capítulo 1

No podía dejar de llorar al recibir la noticia de que mi hermano había sido capturado. Él había dedicado su vida a la DEA, salvando a mujeres de la pesadilla del narcotráfico, y ahora estaba en manos de la mafia rusa, siendo torturado sin piedad. La desesperación se apoderó de mí.

Sin pensarlo dos veces, abordé un avión con destino a Rusia, acompañada por los agentes de la DEA. No le dije nada a mi novio, el capitán, sabiendo que nunca le perdonaría que arriesgara mi vida así. Pero mi hermano, mi hermano menor, era todo lo que tenía. Era mi vida entera.

Cuando llegué a la sala de operaciones de la DEA, mi corazón latía con fuerza mientras esperábamos. Los agentes discutían estrategias, y yo me mantenía apartada, con el rostro pálido y los ojos rojos por las lágrimas.

-¿Estás segura de que quieres hacer esto? -preguntó uno de los agentes, un hombre de mediana edad con una expresión preocupada.

-Sí, no hay duda -respondí, mi voz temblando-. Mi hermano necesita ayuda, y no puedo quedarme aquí sin hacer nada.

-Entiendo tu determinación, pero debes saber que es extremadamente peligroso. La mafia rusa no es fácil de enfrentar -dijo el agente, tratando de ser comprensivo.

Más tarde, mientras me movía entre las sombras en el bar de la mafia rusa, el corazón me golpeaba con fuerza. La sala estaba llena de humo y música alta, y mi objetivo era claro: el escenario. La mujer encargada de coordinar a las bailarinas, con una actitud dura, me miró con desdén.

-¿Qué haces tú aquí? -preguntó con una voz fría-. Aquí solo están mujeres exclusivas, y tú ya estás bastante grande como para hacer una virgen. Mis clientes prefieren la mercancía nueva.

-Solo permíteme bailar esta noche. Solo necesito unos pesos -respondí, intentando mantener la calma.

Ella se distrajo por un momento cuando un hombre le habló, y vi mi oportunidad. Subí al escenario y me deshice del vestido, quedándome en lencería negra. La música comenzó a sonar y empecé a bailar, moviéndome con una mezcla de elegancia y desesperación.

La mujer notó la intrusión y se dirigió a los hombres de seguridad para que me detuvieran. Pero antes de que pudieran moverse, una voz autoritaria y fría detuvo la acción.

-A quienes la toquen, los mato -advirtió el líder de la mafia rusa, su mirada fija en mí mientras disfrutaba del espectáculo.

Mientras bailaba, noté que el líder no podía apartar la mirada. Mi cabello pelirrojo y mis ojos azules parecían capturar toda su atención. Cada movimiento parecía hipnotizarlo aún más.

-La quiero a ella -dijo el líder con firmeza, sin apartar la vista de mí.

La mujer encargada de coordinar a las bailarinas, sorprendida, intentó protestar.

-Pero señor, ella no es una de nuestras...

-No hay discusiones -interrumpió el líder con una autoridad que no permitía objeciones-. Quiero que se quede. Asegúrate de que tenga lo que necesita.

La mujer asintió, sabiendo que no podía contradecir al líder. A regañadientes, hizo una señal a los hombres de seguridad para que se mantuvieran en su sitio y se dirigió hacia mí con una actitud más complaciente.

Sabía que mi plan estaba funcionando hasta cierto punto, así que continué bailando, tratando de mantener el enfoque en mi objetivo. La atención del líder era crucial para descubrir la ubicación de mi hermano. Mi mente seguía corriendo a mil por hora, buscando la oportunidad perfecta para obtener la información que tanto necesitaba.

Mientras continuaba bailando, empecé a coquetear con varios hombres en el bar, lanzándoles miradas sugestivas y sonrisas coquetas. Sin embargo, me aseguré de mantenerme distante del líder. Sabía que debía llamar su atención de una manera mucho más directa.

Finalmente, me acerqué lentamente hacia su mesa. Él estaba sentado al lado de un anciano, con una expresión que reflejaba un aire autoritario y peligroso. Me acerqué con cautela, sabiendo que el momento debía ser perfecto. Con un aire de confianza, me senté en las piernas del anciano y comencé a acariciar su mano con suavidad. Sentí su mirada apreciativa, pero mi enfoque estaba en el líder.

El ruso de cabello oscuro y ojos verdes esmeralda observaba la escena con una mezcla de interés y desdén. No tardó en actuar. Se levantó con una agilidad inesperada y, con un gesto brusco pero decidido, me sacó de los brazos del anciano y me sentó sobre él.

Su presencia era dominante, y su abrazo intenso me hizo sentir la potencia de su deseo. Me besó con una fervorosa intensidad, un beso cargado de deseo y pasión. El contacto de sus labios me hizo sentir una oleada de emociones contradictorias: desde la desesperación hasta

-Muñeca, este bar es mío y todo lo que hay en él... -espetó mientras comenzaba a besar mi cuello.

De un momento a otro, me arrancó el sostén, exponiendo mis senos. Pude ver cómo metía uno de mis senos en su boca y comenzaba a lamerlo y chuparlo. Lo mordía.

Todos observaban; sin embargo, no parecía nuevo para ellos ver al líder de ese modo.

-Me encantan tus tetas, muñeca... -dijo mientras probaba el otro seno.

De un momento a otro, él me cargó en brazos y me llevó hasta una habitación lejana.

Allí, me lanzó a la cama y comenzó a quitarse la camisa y el pantalón. Debo reconocer que su polla era muy grande.

-¿Quieres que haga algo?

-Eres virgen, ¿verdad?

Yo asentí con la cabeza, sonrojada. Era la primera vez que tenía a un hombre desnudo frente a mí.

-¿Cómo te llamas?

-Ángela... -dije.

En un momento, me acerqué a la mesa y comencé a preparar los vinos. Mi idea era drogarlo para capturarlo. Si tenía al líder ruso, sus hombres tendrían que entregar a mi hermano.

Mientras preparaba el vino, él me agarró de la cintura.

-Muñeca, desnúdate o te pego un tiro.

-¿Qué?

-Debo asegurarme de que no traigas nada. Eres demasiado guapa para ser una puta. Desnúdate.

No tuve opción y me quité la falda y las bragas, quedando desnuda ante él. Él observaba mi cuerpo. Sin embargo, ya había puesto el químico en el vino.

-¿No quieres beber antes?

-Quiero follarte.

Él observaba mi cuerpo completamente desnudo y, de repente, me lanzó a la cama. Sentí el calor de sus labios sobre mi piel y su lengua explorando mi boca. Luego, me besó el cuello y lo mordió. En un instante, sentí cómo entraba en mí lentamente.

-Tranquila, cariño, sé que duele, pero te encantará -dijo con voz calmada.

Se detuvo un momento y luego profundizó más. Comenzó a moverse con lentitud dentro de mí, mientras su boca seguía la mía.

Luego, su ritmo se aceleró y me empezó a gustar.

-Ah, ah, no pares -suspiré.

-Tú ordenas...

Sentí cómo el ritmo de su cuerpo se aceleraba, y cada movimiento dentro de mí me provocaba una mezcla de sensaciones intensas. La presión y el calor se acumulaban, y mi mente se centraba en los contrastes entre el deseo y el dolor. Cada respiración era entrecortada, y mi piel parecía arder en contacto con la suya.

La intensidad de su presencia, el modo en que sus manos recorrían mi cuerpo, y su respiración en mi cuello creaban una experiencia abrumadora. El mundo exterior parecía desvanecerse, y sólo existía ese momento, cargado de emociones contradictorias.

A medida que él aumentaba la velocidad, el ritmo se volvía más frenético, y mis pensamientos se disolvían en una mezcla de confusión y claridad momentánea. La sensación de estar completamente envuelta en esa experiencia era tan poderosa que casi me hacía olvidar por qué estaba allí en primer lugar.

Mi mente, a pesar de la turbulencia, se mantenía enfocada en el objetivo final: obtener la información que necesitaba. La determinación de cumplir con mi misión era el único ancla en medio de la tormenta de sensaciones.

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