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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 5

Llegó el día que Carlo regresaba de Italia, insistió a Sonia que Mía debería ser quién lo recibiera en el aeropuerto, la mujer sabía que sería toda una hazaña lograr que la chica lo hiciera.

Pidió a Caroline que la ayudará, a regañadientes su hija aceptó después de que la amenazara, sabía que Mía se molestaría con ella por el engaño, pero no tenía de otra, después de pensar durante un rato que hacer para llevarla, le pidió que la acompañara al aeropuerto a recibir a una amiga que vendría de otra ciudad para asistir a la boda.

Mía aceptó gustosa, así podría pasar un poco de tiempo con su hermana, le extraño que Sonia no se pusiera pesada.

Cuando llegaron al aeropuerto notó muy nerviosa a Caroline, había estado muy callada, ella no solía ser así.

—¿Ocurre algo peque?

Caroline ya no pudo seguir mintiendo, se sentía terrible haciéndole eso a su hermana.

—Hermana perdóname por favor, mamá me ha obligado, si no lo hacía no me dejaría acudir a tu boda y quiero estar ahí acompañándome porque se que me necesitarás a tu lado.

—¿Te ha obligado? No entiendo.

—Es Carlo quien llega, llamó a mamá pidiendo que vinieras a recibirlo.

—Caroline me lo hubieras dicho, no era necesario traerme con engaños.

—En verdad lo siento, me siento terrible, no debí hacerlo.

—¡Mía! -gritó Carlos a lo lejos, visiblemente emocionado por verla ahí, pensó que ella había aceptado acudir a recibirlo.

Mía se dio la vuelta, estaba demasiado molesta, no quería soportar a ese hombre por ahora, tendría que hacerlo después, pero sería porque no tendría otra opción, apuro el paso, de pronto sintió que la tomaron por el brazo.

—¡Mía Davis! Te estoy hablando.

—¿Qué quieres Carlo?

—Si vienes hasta aquí a recibirme por lo menos debes saludarme.

—Me han traído con engaños, de saber que eras tú quien llegaba te aseguro no hubiera venido.

—Mía por favor ya basta de todos tus desplantes, pronto serás mi esposa y no pienso soportar más tus majaderías.

—Ese es problema tuyo no mío, sabes que no te soporto, y aún así quieres seguir adelante.

Carlo se acercó para acariciar su pelo con una mano, mientras que la otra la pasaba alrededor de su cintura, para acercarla más a él, el suave aroma que ella desprendía lo enloquecía, era irresistible para él.

Mía reaccionó de manera intempestiva, empujando al hombre, él la atrajo de nuevo hacia él con un movimiento brusco, la beso por la fuerza ante la mirada atónita de Caroline, que no sabía si debería de intervenir.

Siguió besándola por un rato, sin importarle el evidente rechazo por parte de ella, estaba furiosa, su fuerza no era nada comparada con la de él. en un intento desesperado por liberarse mordió el labio de Carlo, él la besó con mucha más fuerza, Mía sintió arder sus labios por la succión y presión que él hombre ponía en ellos, un sabor a óxido inundó su boca, al momento comenzó a tener fuertes arcadas pues imaginó que era el sabor de la sangre de él.

Cuando Carlo sintió que ella estaba apunto de vomitar la soltó, su semblante cambió completamente.

—Así que te provocó náuseas, las cosas cambiarán una vez que seas mi esposa, eso te lo aseguro, entonces veremos si sigues rechazándome.

Pasó su dedo por su labio, vio que estaba sangrando, se dio la vuelta completamente fuera de sí y se subió a su auto, no le importó que Mía se quedara en ese lugar, lo único que quería era alejarse rápidamente, con la furia que sentía estaba a punto de estallar, sabía que si no se alejaba podría lastimarla, era un hombre muy violento, con ella se contenía, crispo los puños, desquito su ira dando un fuerte golpe sobre la puerta del auto, su chófer no se inmutó, estaba acostumbrado a su carácter.

Ahmed ya se encontraba el Los Ángeles, se arregló de prisa para llegar a tiempo a la despedida de soltero de Carlo, Cambell pasó por él para asegurarse de que en verdad fuera, lo conocía demasiado bien y sabía que podía arrepentirse, llegaron al lugar donde se llevaría a cabo dicho evento, fueron recibidos por Carlo quien ya se encontraba un poco pasado de copas.

—Bienvenidos, pasen esta noche es solo para divertirse - les dijo con una gran sonrisa.

—Gracias señor Román -contestó Cambell, volteo a ver al árabe quien permanecía callado.

Ahmed se limitó tan solo en saludarlo con un ligero movimiento de cabeza, no sabía porque aquel hombre no era de su agrado, lo aceptó como socio porque su amigo había insistido en ello, no se creía esa pinta de hombre intachable que pretendía mostrar.

La casa estaba a reventar, en el área de la piscina abundaban chicas vestidas exóticamente, Ahmed pensó que para los delgados hilos que traían sería lo mismo si no se hubieran puesto nada, después de un rato Carlo se acercó al árabe, cuando este se encontraba solo tomando sobre la barra.

—Vaya socio, veo que tienes problemas para tolerar a otras personas.

—No tengo problema alguno con nadie, simplemente disfruto de mi propia compañía.

—Jajajaja estuvo buena esa.

—Sabes en unos días me caso con la mujer más hermosa y maravillosa del mundo.

—Te felicito por eso.

—Yo la amo pero ella me odia.

—Eso sí es un gran problema.

—Si ella supiera lo que he hecho para lograr que se case conmigo me odiaría mucho más.

Ahmed decidió escucharlo en silencio, era obvio que aquel hombre ya estaba muy pasado de copas.

—La conocí hace cuatro años en una fiesta, iba con su padre, tenía tan solo catorce años, la vi tan hermosa, tan perfecta, ella ni siquiera notó mi presencia, me acerque a saludar a su padre, era un simple pretexto para poder estar cerca de ella, cuando su padre me presentó, tomé su delicada mano y sentí una corriente eléctrica recorrer todo mi cuerpo, pero ella se alejó de inmediato, no se interesó en lo absoluto en mi, desde ese momento me prometí que esperaría a que creciera para convertirla en mi esposa.

—¿Por qué me cuentas esto a mi?

—Porque necesito desahogarme, se que no la conoces, así que no lo sabrá, a veces siento que todo esto lo traigo aquí en el pecho, puedo ser un hombre muy despiadado, pero lo que sea que la lastime a ella, también me duele, se que no sabre como mirarla a los ojos.

—Y porque estás ahogado en alcohol -Pensó Ahmed.

—Empecé a tener comunicación con su madrastra, esa mujer siempre ha deseado deshacerse de ella para quedarse con la fortuna de su padre, juntos planeamos la muerte del viejo, pues él no permitiría que me casara con ella, era la luz de sus ojos, le di un poderoso veneno a esa mujer, quien sin sentir remordimiento, lo fue dando poco a poco al viejo, así no hubo sospecha alguna cuando murió, ahora ella la convenció de casarse conmigo, le ha dicho que salvaré la empresa de su padre que está totalmente en quiebra, que si no lo hace me casare con su hermana menor, ambas cosas son mentira, la empresa de su padre está mejor que nunca pues he invertido en ella y su hermana no me interesa ni un poco, esa mujer es una bruja, se ha gastado la fortuna que él viejo le dejó como herencia a su hija, siempre ha sido amante de un abogado, en cuanto murió el viejo lo metió en la empresa, me alegra que me llevaré muy lejos de ella a Mía, después de que lo haga me encargaré de destruir a esa mujer.

Mientras hablaba Carlo tomaba una copa tras otra, Ahmed seguía escuchando en silencio, estaba asombrado por la frialdad con que contaba todo aquello, no sabía quién era la pobre chica que se casaría con ese monstruo pero desde ya sentía compasión por ella, nadie se merecía tener que soportar a un hombre como aquel, todo el tiempo mientras lo escuchaba tuvo fija su mirada sobre su bebida, no quería que él italiano se diera cuenta de lo desagradable que le parecía.

Carlo iba a decir algo más pero en ese momento algunos de sus amigos fueron por él, lo llevaron hasta donde se encontraba un enorme pastel, bajaron de intensidad las luces, una música lenta comenzó a sonar al tiempo que de aquel pastel salía una hermosa chica vestida con lencería muy sexy, salió y comenzó a moverse de manera sensual, se acercó a Carlo y empezó a tocarlo atrevidamente, este se dejó llevar mientras los amigos festejaban escandalosamente, ese ambiente ya no le gustaba al árabe.

Ahmed se acercó lentamente a la salida, no quería que Cambell se diera cuenta pues no lo dejaría marcharse, ya afuera suspiro satisfecho de por fin poder alejarse de aquel lugar, buscaría la manera de deshacer la sociedad que tenía con Carlo y devolverle el dinero que había invertido en su empresa, definitivamente no quería tener como socio a ese demonio italiano.

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