Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Secretaria de Dia, Sumisa de noche

Secretaria de Dia, Sumisa de noche

Silvia comienza una etapa en una ciudad nueva llena de retos, pero su reciente puesto laboral la sumerge en un mundo totalmente inesperado. Al explorar su faceta como sumisa, descubre una realidad que nunca imaginó experimentar. No obstante, pronto se dará cuenta de que sus inseguridades son el mayor obstáculo para entregarse al placer. Esta historia narra un viaje de autodescubrimiento donde sus miedos más profundos se enfrentan a sus deseos prohibidos.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

- ¿Y en cuanto a mí? ¿Qué hay de mí? - preguntó, sin poder evitar cierta ironía- ¿En qué lugar encajo yo en el nuevo organigrama?

Ella pareció titubear, por no esperar una pregunta tan directa. En un momento se rehizo.

- Usted... Usted representa lo mejor de lo antiguo, usted es un excelente productor y dará a la plantilla sensación de continuidad. No obstante, temo que habremos de liberarle de algunas de las responsabilidades que ha venido teniendo: nombraremos a un codirector comercial, para que pueda dedicarse de lleno a sus otras ocupaciones. Espero que no se sienta menospreciado.

- Como desee, nadie protestó jamás por trabajar menos - respondió con fingida indiferencia.

Un silencio tenso cayó entre ellos. A Silvia le hubiera gustado poder tratar mejor al hombre de confianza de su padre, pero quería sacar la empresa a flote, y ello era imposible si no rompía con las antiguas maneras de hacer las cosas. Era consciente de que estaba librando una batalla decisiva, Jorge era un valiosísimo director de proyectos, si lograba ilusionarlo con su reforma la habría encaminado hacia el éxito; no obstante, se daba cuenta de que era difícil que le ilusionara verse relegado a un plano secundario, a la vez que separarse unos cuantos amigos. Quizás si consiguiera implicarlo en algo importante...

- Cambiando de tema, he estado hablando con el representante de Ron Maracagua y no están contentos con nuestra propuesta de campaña. ¿Estamos haciendo algo a ese respecto?

A Jorge le costó poco esfuerzo centrarse en la pregunta, hablar de despidos se le había hecho desagradable.

- Estamos explorando una nueva línea, con nuevos slogans, y distintos diseños y fotografías, pero no creo que hayamos concluido antes de un mes. Probablemente, nos interesaría mucho tener un reportaje del que he oído hablar, hecho en las playas de Cuba. El autor es un conocido mío, Alberto Sagasta, un fotógrafo genial que trabaja para una agencia de noticias.

- Deme su teléfono - dijo Silvia con aspecto ilusionado- . Intentaré comprar las fotos y hasta al autor si no se vende muy caro. Necesitamos un fotógrafo de confianza que ayude a cubrir el hueco de mi padre.

A partir de ahí la conversación desembocó en un largo monólogo de Silvia que Jorge se tomó como una mera declaración de intenciones, y sólo escuchó en momentos sueltos. Daba igual lo que dijera; aquella chica, acostumbrada a triunfar con facilidad en todo, iba a destruir el trabajo de su vida. Él había contribuido a crear todo aquello. Junto al viejo había sacado de la nada a "Publicidad Setién", había reunido a ese equipo que ahora ella iba a desmembrar de un plumazo. La muy imbécil no sabía lo difícil que es conjuntar a diseñadores, cámaras, guionistas, en una tarea común; cuando la gente colabora y ese equilibrio se logra es un delito perderlo, echarlo a rodar por unas pocas monedas.

Jorge esperó pacientemente a que acabara el discurso y volvió a su mesa de trabajo, al consabido y minúsculo cuartucho al que pomposamente llamaba "oficina". Estaba indignado, triste, y casi se arrepentía de haberse dedicado con tanto ahínco a levantar aquello. Por primera vez en su vida deseó destruirlo todo él mismo, quizás no únicamente por venganza, más bien por darle a muchos sueños una muerte digna. Dejó transcurrir unos minutos hasta que vio a Carmen, la maquilladora, entrar en el despacho. Primera cabeza para Madam Guillotina, pensó, primera víctima de la flamante directora. Entonces, miró a su alrededor para asegurarse de que estaba solo, y marcó un número de teléfono.

- ¿Alberto?

- Sí, soy yo - sonó el auricular.

- Mira, soy Jorge. Te llamo porque le he contado a Silvia, la hija de Don Enrique, el magnífico reportaje que hiciste en Cuba. Quiere comprártelo y de paso intentará ficharte, te lo aviso para que estés prevenido y saques lo más que puedas.

La línea permaneció un momento en silencio y al final se dejó oír la voz de Alberto.

- ¿Tú vendiendo a Publicidad Setién? No puedo creerlo. ¿Tan mal te cae la niña?

- Como un tiro en las tripas. Va a despedir hasta a la limpiadora.

- ¿Y es guapa Doña Silvia?

- Una preciosidad cargada de mala leche. Morenaza, ojos negros, veintidós años, tetas grandes y un cuerpo de película. Mejor no sigo, no sea que me oiga.

Alberto volvió a callarse, como si reflexionara, y sólo unos momentos después el auricular volvió a llenarse con el sonido de su voz.

- Bien, veré qué puedo hacer. Si nos quiere al reportaje y a mí, seguramente nos tendrá; la gente así lo consigue todo siempre.

- Desde luego que no hay quien te entienda - dijo Jorge, enfadado.

- No te preocupes - respondió Alberto con jovialidad- , ya entenderás. Veré el modo de que saquemos tajada. Recuérdame que te debo una.

Jorge colgó el teléfono bruscamente. Aún conservaba fresca en la memoria la época en que Alberto y él andaban metidos en todos los fregados; India, Afganisthan, Bangladesh, eran sólo una parte de su sombrío recorrido como reporteros de guerra. Mientras él se la jugaba, su amigo siempre había sido un francotirador, y había tenido la virtud de exasperarlo. Por suerte, y a pesar de su cinismo, era de la clase de gente en que se podía confiar, acostumbraba a dar lo mejor en los peores momentos. ¿Seguiría conservando ese fondo de lealtad después de los diez años que llevaba casi sin verlo? Nada más el teléfono y alguna ocasional reunión de trabajo los habían mantenido en contacto.

La cara llorosa de Carmen, recién salida del despacho de la bruja, lo sacó de su ensimismamiento. Entró a través de la puerta abierta y se acercó a él para murmurarle:

- ¿Sabes lo que te digo? Por mucho que te gusten sus tetas la niña esa es una hija de puta.

No le respondió. Carmen era muy amiga suya pero no estaba en ese momento para escuchar nada, ni siquiera que estaba absolutamente de acuerdo con ella. Se alejó enseguida. No debía gustarle que la viera nadie en ese estado. ¿Qué importaba? Nada podía hacer. Ningún despido había lamentado tanto como el suyo, entre otras cosas porque le infundía ánimos a todo el equipo, y porque ella había sido la única, ¡la única! que se había dado cuenta de su pequeño secreto. Se había dado cuenta y lo había conservado con tanta discreción y cariño que no se había sentido molesto. Carmen poseía un grado de conocimiento humano, de comprensión que él apreciaba enormemente.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Abandonada en el altar, me casé con un falso lisiado
9.6
Traicionada por su prometido y su mejor amiga el día de su boda, la protagonista decide casarse con Ethan Vance, un heredero supuestamente inválido y en la miseria. Mientras ella se sacrifica para saldar una deuda millonaria enfrentando humillaciones, ignora que su esposo posee un poder letal. El secreto sale a la luz cuando Ethan abandona su silla de ruedas para salvarla, revelando que es el peligroso magnate dueño de su compañía y protector de su destino.
Portada de la novela Arrebaté la fortuna de la verdadera heredera
9.0
Michelle ha vivido dos décadas como una Walsh, pero la aparición de la heredera legítima lo cambia todo. Durante una gala, su esposo Javier Andrews y sus padres adoptivos la presionan para que entregue sus acciones en nombre de la justicia. Sin embargo, Michelle se niega a ser la víctima sumisa que todos esperan. En un acto de rebeldía que escandaliza a los presentes, humilla a su rival con una copa de vino, desafiando a Kaiden Walsh para forjar su propio camino.
Portada de la novela Cásate Conmigo
9.1
El magnate Alexander Cross vive marcado por una fobia extrema a las mujeres, hasta que una trampa de sus enemigos lo obliga a pasar una noche con una extraña. Tras este evento, su trauma desaparece y surge en él un sentimiento intenso. Ella escapa, pero el CEO inicia una búsqueda para encontrarla. Al descubrir que ambos son víctimas de un complot, Alexander decide protegerla de las amenazas externas y desposarla, luchando por salvar su vínculo.
Portada de la novela Contra el Poder: El Grito de una Hermana
8.9
La defensa del hogar familiar termina en tragedia cuando Mateo Rojas es atacado por sicarios bajo las órdenes del magnate Ricardo. La traición de Camila, prometida de Mateo, junto a la profunda corrupción policial, anula toda posibilidad de justicia. Aunque la protagonista es secuestrada y sometida por la influencia del dinero, el descubrimiento del uniforme y las condecoraciones de su padre militar la impulsan a ejecutar una venganza implacable.
Portada de la novela El réquiem de un corazón roto
9.5
Rachel sacrificó todo por Brian, esperando que su amor fuera recíproco. Sin embargo, la reaparición de una antigua novia de él y ser abandonada en su propia boda le revelaron su insignificancia. Tras enfrentar cirugías sin apoyo, decide alejarse para siempre. Cuando Brian descubre que ella tiene una enfermedad terminal, el remordimiento lo consume e intenta recuperarla. Pero ya es tarde: Rachel, libre de su obsesión, solo responde con una gélida sonrisa.
Portada de la novela Falsa promesa
9.2
Charlotte, una camarera de origen humilde, sufre la traición de Austin, su pareja millonaria, quien la deja embarazada para casarse por interés. Ante la desesperación, su camino se cruza con Nathaniel Hasting, un magnate bajo presión: debe contraer matrimonio o perderá el control de su herencia ante su madrastra y el infame Benjamín Archer. Para proteger su legado y asegurar el futuro de ella, ambos firman un pacto nupcial que transformará sus vidas.