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Portada de la novela Se vale todo por ti.

Se vale todo por ti.

Un hombre consumido por el despecho tras perder a su verdadero amor vuelca su amargura sobre una joven inocente. En medio de un clima de hostilidad e indiferencia, surge un intenso conflicto emocional marcado por las sombras del pasado. Mientras ella sacrifica sus ilusiones para intentar ganarse su afecto, el destino interviene en sus propósitos. Ambos deberán descubrir si los límites son inexistentes cuando se trata de luchar por el corazón.
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Capítulo 2

—Elizabeth Gu, Acepta a Andrés Santos como su esposo, en la salud y la enfermedad, en la abundancia y la escasés, todos los días de su vida.—quedo en silencio. No era por que querría hacer show con la situación, solo estaba algo aturdida por el grado de acontecimiento.

Veo que alguien a mi lado está incómodo. Y me repongo de un suspiro, corren mis lágrimas, lo cual da un enfoque al público presente de que mi situación es precaria y sufriré en manos de este hombre, que al parecer es idéntica a una escultura hermosa, pero en fin, una escultura de hielo.

El Padre vuelve a repetir todas las debidas asignaciones en las que me vuelve a repetir si acepto al hombre a mi lado como mi esposo.

—¡Acepto! —Dije sin sonreírle, sin mirarle, mis mejillas estaban empapadas. Mientras él me lanzó otra mirada de descontento y entre dientes susurró.

—Muy digna, te comportas como una pobre mujer, la peor de todas las esposas que me ha tocado.—Escuché claramente, y parte de los presentes que estaban adelante pudo ver nuestra interacción, así que entre ellos estaba mi padre y su esposa Julia Peter.

Disimuladamente les lancé una mirada, pude ver en la cara estúpida de esa mujer una sonrisa de complacencia, ¿Lo estaba por mi situación precaria? Si, según ella, yo sería muy maltratada en esta familia ya que mi estatus sería peor que algún mendigo.

Volví mi rostro hacia él y apretando la quijada le dije :

—Imbécil, por si no lo sabes, mira la puerta...—De inmediato el mira hacia la puerta de la salida y me vuelve a ver a mi.—En su cara estaba reflejada la incertidumbre.

—La puerta es ancha y no está cerrada, puede irse cuando lo desee.—Dije apretando los dientes.

Ante estás palabras mías, el cura hizo un arbitrario gesto de declarar rápido, "los declaro marido y mujer" volví a lanzar otra vista al hombre que una vez me abandonó y hoy por conveniencia propia me enviaba en manos de este ser arrogante hasta las uñas, digo hasta los suspiros.

Cuando al fin, el cura dijo que el novio puede besar a la novia, yo nisiquiera me digné a volver para mirar y hacer ese gesto, él me tomó del hombro con brusquedad y me ató a su frente obligándome a mirarlo, allí levantó el velo y por unos segundos vi en sus ojos tirar algunas pequeñas chispas que luego se tornaron oscuras.

Se acercó a mí su boca, sabía que debía aceptar ese beso, pero yo quería que ese beso me lo diese el Dr. Armando Shane. Mi eterno amor platónico.

Sin embargo, él tenía novia, y yo no podría interponerme a su relación de esa manera. Tenía escrúpulos. Aunque escuchaba de otras estudiantes de medicina que "en la guerra y en el amor todo se vale"

Fue un beso superficial, incómodo, desastroso, por que sentía como que puras hormigas me pellizcaban en los labios.

Me aparté y ante la mirada de este hombre limpié mis labios, al hacerlo, él me volvió a tomar de mi hombro, puso su otra mano en la parte lateral de mi cabeza y me obligó a dejarme besar por largo tiempo.

Todos estaban con las quijadas caídas, Andrés Santos besando a su nueva y más reciente esposa, cuando las anteriores se fueron una tras otra por la mayor razón era su indiferencia.

Me soltó con una sonrisa imperceptible y gélida, yo en cambio me separé lo más posible, aunque de nuevo me tomó de la cintura y me jaló hacia él.

—¡No olvides una cosa, a ti te he comprado! Las otras mujeres, ellas querían convertirse en mi esposa, tú no, tú me perteneces!—Aprieto tan fuerte la quijada que se notaba mis facciones enfurecídas.

Me acerco a mi padre, mi semblante no es la mejor, por lo que él espera lo peor, le gritó a éste.

—¡Jason Landett! Abandonaste a tu primera esposa junto a tu hija mayor, pero resulta que me buscaste hace unos días para obligarme a casar con este psicópata, y ¿Lo hicistes por asuntos de deuda?—Las lágrimas ya no se hicieron esperar.

Mi padre tragó gruesa saliva, y me miró como si fuera querer matarme.

—Ojalá me hubieras amado como a tu hija Camilla Landett, que procreaste junto a tu actual esposa! —Digo esto y volteo para ver al cura y le doy una orden contundente.

—Anula este matrimonio—Dicho eso salgo corriendo hacia la puerta.

—Espera!—Es la voz barítono, fuerte, magnética de Andrés Santos. —Su rostro no muestra ninguna emoción, aunque quien lo conociera bien sabría que estaba molesto hasta las raíces de rabia.

Alzó una ceja y promulgó en tono impaciente y molesto.

—Cariño, ¿Sabes que tengo problemas de funcionalidad con mi "mira entre sus entre piernas" y hace un ademán de que tiene problemas de erección. Es lo que entendí y creo que todos entendieron lo mismo.

Levanto ambas cejas y los frunzo de forma errática y me dirijo hacia él y le respondo con tacto.

—Te acabo de conocer, ¿Cómo soy responsable por ello?—Miro para ver con que locuras me sale.

—Debes pagarme ahora mismo toda la deuda de tu padre, y todo este gasto generado con esta boda.—Me advierte.

—Yo no te debo absolutamente nada, cobra a quien se te debe. —Lo digo sin más y doy la vuelta, en eso él me toma del brazo y me carga en su hombro y trata de salir de la iglesia.

Justo al salir de la iglesia, aparece el Dr. Armando Shane y le da un golpe en su cara a Andrés, al ser tomado sin previo aviso, cae al suelo, lo que aprovecha el doctor para tomarme de la mano y salir corriendo al otro lado de la calle.

De un brinco salto para ocupar el asiento de copiloto y salimos de allí corriendo como dos locos, yo estaba tan feliz de verlo allí, era mi salvador, como siempre.

Mientras maneja, me dice, "¿Que locura es esta? ¡Casarte con un desconocido loco! ¿En qué estabas pensando?"

—Lo hice por mi papá! —Este me mira con cara orripilante, su asombro no deja de reflejarse en su cara.

—¿Lo hicistes, entonces ya están casados?—Pregunta con descontento.

—Pedí anulación.—Aclaro.

—¡Bajo que argumentos, dime! ¿Por qué te casaste con ese hombre? ¿Cuando vi a tu padre a tu lado?, ¡Nunca desde que te conozco!

Se mira sobreactuado su molestia, ¿Por qué se molestaría tanto por mí? A menos que me quiera para él. Digo en voz solo para mí.

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