Portada de la novela Se llevó la casa, el auto y también mi corazón

Se llevó la casa, el auto y también mi corazón

9.3 / 10.0
En Se llevó la casa, el auto y también mi corazón, Mina acepta el divorcio exigiendo una fortuna. Kristian descubre que ella es el cerebro tras su éxito en esta romance novel. Una historia de ambición y poder en una de las billionaire romance novels más cautivadoras del género modern novel.
Resumen de Se llevó la casa, el auto y también mi corazón
Después de dos años de matrimonio, Kristian solicita el divorcio ante el regreso de su antigua pareja. Mina accede sin dudar, pero impone condiciones drásticas: reclama su automóvil de lujo, la mansión y el cincuenta por ciento de su patrimonio. Tras la ruptura, Kristian comprende con horror que su esposa fue el pilar intelectual de su éxito económico. Solo al perderla nota que ella construyó su imperio y ahora luchará por recuperarla.
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Se llevó la casa, el auto y también mi corazón Capítulo 1

Por la noche, el espacioso salón brillaba bajo las luces intensas, con dos personas sentadas una frente a la otra y un acuerdo de divorcio sobre la mesa entre ambos.

Kristian Shaw, impecablemente vestido con un traje a medida, irradiaba frialdad. De facciones afiladas e inexpresivas, su presencia resultaba imponente e intimidante. Su penetrante e inescrutable mirada se clavó en la silenciosa mujer que tenía enfrente.

"Nos divorciaremos el lunes", dijo, con voz firme y carente de emoción. "Además de la compensación del acuerdo, puedes pedir cualquier otra cosa que necesites".

"¿Por qué tan de repente?", preguntó Mina Briggs, con una voz más baja de lo normal, casi un susurro.

La respuesta de Kristian fue tajante: "Ashley ha vuelto".

Mina sabía perfectamente quién era Ashley. Tras una breve pausa, contestó: "Está bien".

Kristian vaciló; su inmediata aceptación lo tomó por sorpresa.

Mina abrió los documentos del divorcio y sus pensamientos volaron al pasado.

Se conocieron dos años atrás, en una discoteca. Ella estaba abrumada por las preocupaciones; él, lidiando con un corazón roto. Después de unas copas, hallaron consuelo en la compañía del otro, conversando hasta bien entrada la noche.

No fue una aventura impulsiva de una noche, sino una serena despedida.

Tres días después, él apareció con su asistente para pedirle matrimonio. Y ella aceptó.

Después de casarse, él la trataba con amabilidad: se ocupaba de sus necesidades, le secaba el pelo con manos suaves y resolvía sus problemas antes incluso de que ella los mencionara.

Su relación fue perfecta hasta que, seis meses atrás, una simple llamada telefónica lo cambió todo.

De la noche a la mañana, se volvió distante. Su calidez se desvaneció, reemplazada por una indiferencia gélida.

Fue entonces cuando ella descubrió la verdad: Kristian se había casado con ella porque guardaba un ligero parecido con su amor del pasado, Ashley Bradley.

Aquel recuerdo hizo que Mina frunciera los labios antes de preguntar con ligereza: "Dijiste que podía pedir una indemnización, ¿verdad?".

"Sí", respondió Kristian con sequedad.

"¿Lo que sea?". Ella lo miró, su delicado rostro carente de su brillo habitual.

Por un instante, la culpa le atenazó el pecho. "Sí".

Ya había decidido acceder a sus demandas, siempre que fueran razonables.

Después de todo, ella se había portado bien con él durante todo este tiempo.

La voz de Mina fue firme: "Entonces quiero el coche más caro de tu garaje".

"Bien", aceptó Kristian.

"Una villa en los suburbios", añadió ella.

"Concedido", dijo él.

Mina sonrió. "Y una parte del dinero que has ganado en los últimos dos años".

Por primera vez, la compostura de Kristian se quebró. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, como si se preguntara si había oído bien. "¿Qué has dicho?".

Mina, imperturbable, repitió su exigencia. "Nuestras ganancias durante el matrimonio se consideran bienes gananciales, ¿no? Según mis cálculos, excluyendo inversiones, tu salario y los dividendos de los últimos dos años suman varios miles de millones. No quiero mucho, solo el cuarenta por ciento".

Un pesado silencio cayó entre ellos.

Luego, añadió, como si comentara el tiempo con indiferencia: "Por supuesto, también puedes quedarte con el cuarenta por ciento de mis ingresos".

La paciencia de Kristian finalmente se agotó. "¡Mina!". Su voz estaba cargada de incredulidad.

¿De verdad había sentido culpa hacía un momento? ¿Cómo era posible que nunca hubiera notado lo codiciosa que era?

Mina lo enfrentó con calma. "¿No te parece aceptable?".

Absolutamente no.

Kristian desechó la idea al instante.

"Entonces olvídalo". Mina dejó el bolígrafo sobre la mesa. "La próxima vez que vea a tu familia, mencionaré tu infidelidad emocional. Estoy segura de que me apoyarán".

La expresión de Kristian se oscureció y su mirada se tornó glacial. No había anticipado esta faceta de ella, y comprendió que su docilidad no había sido más que una farsa.

"¿De verdad quieres negociar conmigo así?", exigió.

"Sí". Mina lo miró fijamente, sin pestañear. Sabía que él odiaba las amenazas, pero ella odiaba aún más la infidelidad.

"De acuerdo". Los ojos de Kristian se tornaron tormentosos y su voz se volvió glacial. "Obtendrás lo que quieres. Pero si el divorcio se complica, te arrepentirás".

Mina se reclinó en su silla, con un tono afilado como una navaja: "Kristian Shaw, ¿eso es una amenaza?".

Esta faceta de ella le resultaba desconocida a Kristian. Durante dos años, había sido la viva imagen de la sumisión: gentil, complaciente, nunca rebelde. Ahora, enfrentaba su ira con una serenidad inquebrantable.

"No". Mientras ya calculaba sus contramedidas, espetó: "Te quedarás con los activos. Nos divorciaremos el lunes".

Mina bajó la mirada brevemente antes de agregar: "Una condición más".

"Dime". Se le estaba agotando la paciencia.

"Llévame de compras mañana". Ella ignoró la frialdad que él irradiaba. "Después, le diremos juntos a tu familia que fui yo quien puso fin a la relación".

"De acuerdo", concedió Kristian.

Dicho esto, caminó con paso decidido hacia la puerta, incapaz de soportar un segundo más en su presencia.

Momentos antes, incluso había considerado concederle un tiempo de gracia para procesar el divorcio.

¡Qué ridículo! Ella estaba ansiosa por repartirse la fortuna de él y librarse de su presencia.

Si Mina hubiera podido leer sus pensamientos, quizás se habría reído y dicho: "¿Esa miseria? ¿De verdad crees que me importa?".

Kristian llegó hasta la puerta y se detuvo. Sin girarse, comentó: "No volveré esta noche. Te recogeré mañana a las nueve en punto. Prepara una lista de las tiendas a las que quieres ir".

La voz de Mina lo alcanzó, serena pero con un matiz cortante: "¿Vas a ver a Ashley Bradley?".

Kristian tensó la mandíbula. "Eso no te incumbe".

Mina soltó un suspiro suave, como si ya hubiera esperado esa respuesta. "No tolero la infidelidad", declaró con firmeza. "Así que, antes de que el divorcio se concrete, más te vale no acabar en la cama con ella".

Kristian se giró bruscamente, cerniéndose sobre ella, pero Mina no parpadeó. "¿Qué? ¿No puedes aguantar dos días más?".

"Entiendo tu amargura", dijo, con una calma inquietante, "pero atacarme no servirá de nada. Esto es un divorcio, no una guerra".

Mina parpadeó, mirándolo. Por un momento, se quedó sin saber qué decir. Este hombre era un completo descarado.

Kristian no esperó una respuesta. "Buenas noches". Y sin más, se dio la vuelta y salió.

La puerta se cerró con un clic a su espalda.

Mina desvió la mirada hacia los documentos del divorcio que aún reposaban sobre la mesa. Permaneció de pie, inmóvil, durante un largo rato.

Decir que no sentía nada sería mentira. No era de piedra.

Desde el momento en que descubrió que no era más que una sustituta, la herida se le instaló en lo más profundo de los huesos.

Kristian fue su primer amor. En sus veinticuatro años, nadie más había logrado traspasar sus defensas. Antes de la traición, él había sido la encarnación de la perfección: atento, constante, disipando cada una de sus dudas con su silenciosa devoción.

Así que cuando se enteró de la existencia de Ashley, le ofreció marcharse para dejarlo libre. Sin embargo, él se negó.

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