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Portada de la novela Sabrinna

Sabrinna

Bajo la implacable ambición de un oasis árabe, Sabrinna y su hermana enfrentan matrimonios forzados por culpa de un error fraternal. Atrapada con un hombre despiadado en una unión donde solo la muerte ofrece escape, ambos deben lidiar con pasados marcados por el trauma y el abuso. En un palacio definido por la violencia y los secretos, esta pareja buscará sanar sus heridas mientras la pasión y oscuras verdades surgen entre constantes guerras de poder.
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Capítulo 3

Estaba como hipnotizada por su jade oscuro en la mirada. No podría dejar de obedecer aunque quisiera,que no quería,porque mirarlo fijamente era como adorar al dios del tormento.

Lejos,muy lejos,escuchaba los disparos que aún no cesaban y en algún momento que no supe cuál era,mi hermana me soltó la mano y quedé agachada delante de mi futuro dueño.

—Ven aquí —ordenó alzando el mentón y retirando el arma de mi hombro,pasándola a mi barbilla por debajo, levantándola,para que mi vista nunca cortara el contacto con la suya —dí tu nombre —exigió ronco y sin dejar de intercalar su mirada entre mis ojos y el largo de mi pelo negro rizo, que llegaba casi hasta mi cintura,incluso en aquel momento que estaba desordenado en mi parte frontal.

—Soy Sabrinna —mencioné sintiendo mi propia voz extraña,era como si ante él, fuese diferente, con otra cadencia y finalidad.

Dándome un miedo espantoso, entrecerró sus ojos perfectos,de cejas poderosas y pestañas eternas,y caminó el paso y medio que nos separaba. Cuando quedó tan cerca de mí, que mi corazón oía los latidos del suyo, bajó hasta mi boca y sin que pudiese apartar mi vista de la suya, susurró con voz fuerte y ronca:

—Nunca hables si no te lo ordeno,ni digas más de lo que te pida y no te atrevas a dejar de mirarme cuando yo te esté mirando a tí.  Mis ojos nunca pueden dejar de ver los tuyos.

Eso último lo dijo con voz entrecortada y posteriormente hizo un gesto raro que me hizo pensar que se arrepentía de haberlo dicho.

Sin poder dejar de mirarlo ni buscar a mi hermana que no sabía a dónde se la habían llevado,lo seguí paso a paso cuando se agachó delante de mí, hasta quedar con una rodilla sobre la tierra y la otra flexionada.

Tomó el bajo de mi vestido y sus dedos circularon uno de mis tobillos,con una delicadeza que no correspondía con su aspecto rudo e imponente. Siguió deslizandolo hasta la planta y tomándolo finalmente en su mano,mirándome con demasiada energía vigorosa, colocó mi zapato en su lugar y bajó mi vestido otra vez,hasta erguirse frente a mí.

En el justo momento en que subió por mi cuerpo,hasta llegar a mis ojos,a mi  boca y a mis pechos, un disparo se escuchó y le salpicó la cara de sangre, y a mí la frente,pues podía ver como un hilillo de materia viscosa corría entre mis ojos y el olor era inconfundible... SANGRE.

Nos miramos unos segundos más,mientras a nuestro alrededor aparecían guardias que lo protegían, y a mí con él.

Su padre volvió de la nada y nosotros aún nos mirábamos, tenía miedo a dejar de hacerlo y que me castigara. Era demasiado demandante en lo que ordenaba y cómo lo hacía ,como para desobedecerlo.

—¡Asad!...¿Estás bien?—la voz del jeque Amir,sonaba preocupada pero su hijo seguía mirándome y yo no podía dejar de imitarlo.

—Busca al hermano, trae sus papeles ahora —ordenó a su propio padre. Se veía que no tenía límites a la hora de exigir lo que fuera a quien fuera y por algún motivo le obedecían —voy a firmarlos —concluyó determinante.

No sabía a qué se refería pero cuando la sangre cayó en mi labio, sentí el sabor entrando en mi boca y quería quitarla de allí, pero no pensaba moverme. No con él mirándome y no sin él ordenarlo.

—Cierra los ojos —demandó.Yo obedecí.

Y acto seguido sentí su lengua lamer cada rastro de sangre que había en mis labios y subir hasta mi entrecejo hasta quitarlo todo, a riesgo de parar mi corazón de un infarto. Nunca había vivido un momento más intenso que ese y todo lo que necesité para salir del encantamiento en el que me tenía sometida,fue que me pegara a su cuerpo y en mi propio hombro apoyara la base de un arma y disparara hacia alguien detrás de mí, dejando mis oídos con eco, por la ráfaga de proyectiles disparados.

Aguanté el dolor sin quejarme. Era una experta en eso y él susurró en mi oído —estoy herido, pero no pienso morir y tenía que apoyarme en algo, encontré tu hombro. Aguanta el dolor, es una buena manera de crecer en la vida. Y mi mujer tiene que ser grande,no débil.

Sus palabras me confundían, pero lo único que me dejaba bastante claro, era que me había declarado como suya y no tenía ni idea de qué tan bueno o malo, podía ser eso.

—Aquí está señor Asad —un hombre detrás de mí habló y su voz me llegó lejana pero al menos no estaba sorda.

Asad, ahora ya sabía su nombre,retiró el arma de mi hombro y sin mostrar debilidad desde donde estaba herido, me hizo una seña con el cañon para que me girara y me tropecé con la mirada de mi hermano. Él estaba detrás de mí, con unos papeles en las manos y una pistola en su sien.

—Ven Sabrinna —mi hermano, a pesar de estar siendo encañonado seguía sintiéndose dueño de la situación,al menos de la mía.

Sin atreverme a dejar de mirar al árabe, esperando de alguna manera que me diera una orden o permiso para ir hasta donde estaba Onir,sentí como tiraba de mi muñeca haciéndome tanto daño,que no pude evitar retirar la vista de Asad y cerrar los ojos del dolor.

Un nuevo disparo se sucedió a mi lado y me agaché cubriendo mis oídos ya lastimados y viendo nuevamente como había sangre en mi cuerpo,esta vez en mis manos.

Unos gritos ensordecedores me bloquearon los movimientos que empezaba hacer y caí sobre un costado,lastimando la piel de mi codo y rasgando mi vestido.

—¿Cómo te atreves a tocar a mi mujer?—el rugido del árabe me llegó inmediatamente y supe,de manera aleatoria, que los gritos anteriores habían sido proferidos por Onir —nunca más podrás tocar su piel. Ahora me pertenece y el próximo disparo que te dé, puedes estar seguro que será entre las cejas si descubro que te has atrevido a incordiarme.

Las manos de la única persona que se atrevería a tocarme, me tomaron de la cintura y me levantaron del suelo por segunda vez en poco tiempo y supe enseguida,que mi dueño le había disparado a mi hermano en los dedos,solo por haberme tocado.

Haciendo gala de mi habilidad para obedecer, miré hacia Asad que ya esperaba mi mirada y él no podía imaginar lo mucho que mis ojos le estaban agradeciendo en silencio por lo que había hecho. Aunque fuera tarde, por las razones equivocadas y sin ánimo de vengarme,aquel disparo a la mano de Onir me hacía sentir un poco desairada.

—Ella aún no ha firmado, león —mi hermano habló, incapaz de disimular su dolor y me sorprendió que llamara león, al árabe.  Luego recordé que Asad,significaba justamente eso..."León ".

—Firmará ahora —decretó sabedor,de que lo haría. Me miró la sangre en las manos y se quitó de un tirón un pañuelo negro que llevaba torcido dentro de su turbante en la cabeza y me tomó las manos para limpiarlas c o no el. Todo sin dejar de mirarme de aquella manera tan turbadora y que ignoraba el caos a nuestro alrededor —firma y sella nuestra unión. Tenemos que irnos ya.

Teniendo su permiso, y habiendo soltado mis manos, me dí la vuelta y pude ver como Onir sostenía un paño ensangrentado entre sus dedos y habían unos nueve hombres pude contar, haciendo circulo para protegernos de lo que sucedía en aquel lugar más allá de nosotros.

Sin saber,ni preguntar,ni poder hacerlo, tomé los papeles que me fueron ofrecidos, me apoyé en un capot del coche que había allí y sin pensarlo dos veces, puse mi firma en aquel documento que fuera lo que fuere, me estaban liberando de la esclavitud a la que había estado sometida sexualmente por mi asqueroso hermano.

—¡Entrégamelos!— exigió Asad y así lo hice.

En el momento en que me dí la vuelta sus ojos me atraparon otra vez y sin romper el contacto visual, él imitó mi acción y dijo para todos allí:

—Sabrinna ahora es mi mujer y su señora —nadie se atrevía a mirarlo, pero yo no tenia permitido dejar de hacerlo —quién se atreva a respirar cerca de ella, muere. Y cuando yo no esté su seguridad es más importante que la vida de todo el que la ronde. Nada puede pasarle y nadie puede tocarla.

Mi hermano emitió algo parecido a un sollozo detrás de mí y los ojos de Asad fueron hasta él y luego de vuelta a mí para preguntar, la única cosa que podía haberme dado tranquilidad en otro momento, pero aún así,todavía estaba a tiempo...

—¿Te ha respirado suficientemente cerca?—pensé bien mi respuesta —una sola respuesta tuya,me basta para matarlo. Repito: ¿ Te ha rozado el aire que exhaló?.

Corriendo el riesgo de convertirme en la asesina de mi propio hermano, en el objeto del  desprecio por parte de mi padre y de avergonzar a mi hermana y madre con mi conducta,no pude negarme a responder...

—¡Sí!...

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