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Portada de la novela  Rey sin trono

Rey sin trono

Bajo el mandato del soberano Ándraco, doce reinos gozan de una era de esplendor místico. Entre la vasta estirpe real destaca Bastian, el tercer príncipe, quien ha vivido relegado al olvido. Formado en secreto por la institutriz de su madre, se transforma en un combatiente de honor intachable. Sin embargo, un acercamiento con su hermano Aren desencadenará una enemistad implacable. Ambos lucharán por el poder absoluto y el afecto de una joven princesa.
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Capítulo 2

Entre las Tierras lejanas de Occidente de Europa, vivía un Rey que dominaba doce reinos de los más prósperos y abundantes.

Éste era el Rey Ándraco. Su majestad el rey era un hombre caprichoso y despiadado. Siempre conseguía todo lo que quería y se propusiera.

Sin importar cual sería la pérdida para los demás, el Rey Ándraco siempre satisfacía sus deseos. Asi fue como sus ojos se posaron en la bella y joven princesa del Reino vecino de Morrison, sin perder el tiempo, el Rey Ándraco envió a sus emisarios al reino vecino reclamando para sí a la Chica.

El padre y Rey del reino vecino se negó rotundamente a entregar a su hija, siendo Teya la única princesa; aparte todos alrededor de los doce Reinos sabían acerca del Rey Ándraco, él ya tenía tres esposas y dos de ellas ya habían dado a luz a un príncipe cada una.

Pero como era de esperar, el Rey Ándraco se llenó de rabia y artimañas para empezar una guerra en contra del reino de Morrison haciendo que la joven princesa se ofreciera para el Rey Ándraco, para así salvar a su pueblo del desastre y la guerra.

El Reino vecino, era por mucho más pequeño que los doce reinos, el Rey de Morrison quedó tan devastado con la partida de su hija, pero la benevolente princesa tenía la convicción de sobreguardar la vida de los habitantes del Reino de Morrison. Aún cuando su padre el rey no estaba satisfecho de ver a su única hija, la princesa del pueblo marcharse como un gesto de sacrificio hacia un Rey de reputación despiadada y desconocido para su pequeña princesa.

Al llegar la princesa del Reino vecino, ella traía su cabello rizado rojizo caído a sus hombros, todos los que podían verla hacían gestos de asombro y curiosidad, no era por que la joven fuera fea, si no por que parecía a una semidiosa, su presencia era tan asombrosa que daba lugar a seguir mirándola todo el tiempo, sin duda una mujer bella y hermosa.

La princesa se sintió algo incómoda al ver que todos la miraban y hablaban de ella, su nombre era Teya, su significado es "bella princesa" hacia alución a su nombre.

Pronto la obsesión del Rey por la joven princesa se hizo aún mas. Pues quería tenerla todo el tiempo junto a él, pero eso sí, aún no la había tocado.

La princesa estaba sumida en las tristezas de su corazón, no quería estar en este Reino y así mismo no lograba que le agradara ni le gustara la presencia del Rey Ándraco.

—¡Princesa Teya, su majestad el rey la llama a su presencia!—le hablaba El sirviente del Rey.

La princesa salió de su ensoñacion. El sirviente de confianza del Rey Ándraco la miró de pies a cabeza y le hizo la siguiente sugerencia.

—Su majestad, la princesa es muy bella, puede tener en esta vida todo lo que se proponga, solo tiene que saber utilizar correctamente a su favor todos los atributos que los dioses le han proporcionado.—la princesa suspiro hondo.

Pues no era el fin que ella buscaba. A la princesa Teya le encantaba ser libre ser, amorosa con todo y todos.

—Os agradezco su consejo, mas no persigo ningún fin, creo en que las cosas que se dan con naturalidad sin forzamiento son mejores. Asi me gusta las cosas.

El sirviente del Rey Ándraco la escuchó con calma, en su corazón guardó su propia opinión. Verdaderamente la joven era distinta al resto de las esposas y concubinas del Rey Ándraco.

Teya siguió al sirviente hasta un aposento enorme y lujoso, los recibió una fila de veinte sirvientas para atenderla, Teya estaba muy sorprendida de tal acto del Rey Ándraco ponerla casi a la altura de él mismo.

Y es que realmente todos en el palacio estaban sorprendidos de la actuación del Rey, se rumoraba que el Rey había llegado a amar a la joven princesa.

Los aposentos del Rey Ándraco y la princesa Teya quedaba casi cerca una de la otra. Esto era porque el Rey Ándraco quería, deseaba tener muy cerca de él a la princesa, sentía magia al verla, pronto los consejeros del Rey Ándraco y sus hombres de confianza notaron al Monarca muy sumido a la conquista de la princesa Teya, por supuesto esto no les convenía, según sus criterios. Pues en vez de que el rey estuviera preparando nuevas estrategias de Guerra y conquistas de más tierras, él ahora solo quería estar cerca de la princesa Teya.

Pasados los días, semanas y algunos meses, la princesa Teya se estaba enamorando cada día más y más del Rey Ándraco. Éste a su vez estaba cambiando a un carácter más alegre y piadoso, ella lo estaba haciendo cambiar.

Un mes completo después se estaba casando con la princesa Teya, ella estaba deslumbrante y hermosa, para el Rey Ándraco que ahora ya ni visitaba los aposentos de sus otras esposas, solo tenía ojo para su nueva reina. Si, así la declaró ante todos sus súbditos.

—"La nueva reina de los doce reinos más prósperos está aquí, ante ustedes!" Pregonó el vocero con voz a cuello.

Todos agacharon la cabeza haciendo reverencias a la pareja imperial. Asi sus vidas empezaron juntos, su amor los unió aún más.

La reina Teya deseaba un hijo, sin embargo ya había pasado tres años y ella no quedaba embarazada. Esto era muy desafortunado para el Rey Ándraco, que ahora que realmente amaba a una mujer, sufría no poder ayudar con este problema.

Como el Rey Ándraco ya no visitaba al resto de sus mujeres, el monarca ya no tenía más hijos, sin embargo, sus consejeros y todo su gabinete les pedía que debía seguir acostándose con sus otras esposas para seguir teniendo más hijos para su descendencia.

Fue así como estos murmullos y susurros llegaron a oídos de la Reina Teya, quien al saber lo que decían a sus espaldas lloró inconsolablemente.

Después de que llorara así por tantas horas, ella lavó su rostro y luego fue a seguir con sus deberes de Reina, ante su presencia nadie dudaba en obedecer y mostrar un respeto enorme, pero a sus espaldas todos la criticaban. Eso la estaba hiriendo su corazón.

Por la noche, al llegar su amado Rey a su alcoba, la Reina Teya se acercó a su amado Rey.

El Rey Ándraco la abrazó y la besó con suavidad, le dijo al oído de su ahora Reina.

—Si pudiera alargar mis manos para tomar una estrella de diamantes en el universo, te lo daría sin reservas. Eres mi amor, mi único amor en el mundo al que quiero más que a mi propia vida.

Diciendo estas palabras, le hizo el amor con una delicadeza y una suavidad indescriptible. En su mente el Rey Ándraco, el Monarca de los doce Reinos más acaudalados quería solo algo, que su reina hoy concibiera un hijo en su vientre.

Después de ese encuentro tan tierno y apasionado, el Rey Ándraco para satisfacer a sus súbditos, empezó a recibir la visita de otras concubinas y sus otras tres esposas, todas quedaron embarazadas al paso de un mes.

Con sus miradas pintorescas, con sus ojos muy altivos, hasta las concubinas pasaban en la presencia de la Reina Teya mofándose de su preñez. Ellas estaban muy dolidas, apenas el Rey se dió cuenta de su embarazo y ya no las tocó más. Solo la querían para conseguir hijos.

Asi el Rey Ándraco una vez más se dió cuenta que él era todo un semental, y que quizás él problema era de la Reina Teya quien no podía embarazarse.

Pero cuando más se burlaron de la hermosa Reina, ella al fin dió indicios de estar embarazada al igual que el resto de mujeres.

La Reina Teya, había venido desde sus tierras con una sirvienta leal, ella se llamaba Victoria, esta mujer sabía cómo cuidar de una embarazada, sabía de hiervas y cómo ayudar a quedar embarazada, quizás fue ella la que había estado ayudando a su princesa eterna Teya.

El Rey Ándraco sabiendo que su esposa estaba embarazada, se llenó de energías positivas, él fue a la guerra y peleó como nunca, incluso ganó mucho y volvió victorioso a su palacio, así al ir y venir, ya encontraba a todas sus mujeres con el embarazo avanzados. Le alegraba ver esto, ver a su chica así, muy hermosa y radiante, sobre todo feliz por darle un príncipe a su amado Monarca.

Asi fue como una vez más, el Rey Ándraco fue a la Guerra, había bromeado con sus súbditos y generales que debía conquistar muchos reinos más por que había muchos príncipes a quienes repartirles los Reinos.

Y así fue, el Monarca Ándraco había ganado una vez más, y regresaba a casa feliz. Pero como en todos los tiempos, la envidia existía, el odio surgía de la nada, las demás esposas del Rey Ándraco, se unieron para deshacerse de la Reina Teya.

La envenenaron, habían estado intentando desde el primer día que se dieron cuenta que ella también había quedado embarazada.

La Reina Teya sufría, lloraba, mientras tanto su Rey Ándraco corría en un pura sangre negro azabache.

Solo llegó para ver su rostro pálido y su expresión de preocupación, el Rey Ándraco la tomó y la cargó, lloró con voz fuerte y amarga, sus quejidos y sollozos se escuchaban por todo el pasillo, la Reina Teya había muerto en brazos de su amado Rey Ándraco.

Más no su hijo... Más no su hijo, él aún vivía, el pequeño Infante lloró con ahínco y el Rey Ándraco lo odió de inmediato.

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