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Portada de la novela Renacer de las Cenizas

Renacer de las Cenizas

Tras fallecer en la indigencia, descubro que Julián me dejó solo deudas, legando su riqueza a su hermana adoptiva. Mi sacrificio por él fue en vano, terminando acosada por los afectados de sus negligencias. No obstante, regreso al pasado justo antes de casarme. Decidida a no repetir mi error, cancelo la boda y busco a mi mentora en la Agencia Espacial. Es el momento de recuperar mi carrera científica y reescribir mi destino con libertad.
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Capítulo 2

El aire en la iglesia era pesado y olía a lirios, el aroma favorito de Julián, un aroma que ahora Elara odiaba con toda su alma. Estaba sentada en la primera fila, vestida de un negro riguroso, observando el ataúd de caoba pulida. Era el funeral de su esposo, y no sentía nada más que un vacío helado. La gente a su alrededor lloraba en voz baja, pero sus lágrimas se habían secado hacía mucho tiempo.

Después de la ceremonia, el abogado de la familia, el señor Ramírez, los reunió en una pequeña sala contigua. Estaban los padres de Julián, con los rostros demacrados por el dolor, y Sofía, la hermana adoptiva, que se aferraba al brazo de la madre de Julián, sollozando delicadamente. El señor Ramírez carraspeó y abrió un portafolio de cuero.

"Como saben, Julián dejó instrucciones muy claras en su testamento" , dijo el abogado, con una voz solemne que no lograba ocultar su incomodidad.

Elara lo miró sin expresión, esperaba que le dijera cómo se dividirían las deudas, porque sabía que no había nada más.

El abogado continuó, "Julián ha decidido dejar la totalidad de su fortuna, incluyendo todas las acciones de la empresa, propiedades y activos líquidos, a su amada hermana, la señorita Sofía Montero" .

El silencio en la habitación fue absoluto. Los padres de Julián miraron al abogado, incrédulos, luego a Sofía, que levantó la vista con los ojos llenos de lágrimas fingidas. Elara sintió una risa amarga subir por su garganta, pero la ahogó. Por supuesto. Siempre había sido Sofía.

"¿Y para Elara?" , preguntó la madre de Julián, con la voz temblorosa.

El señor Ramírez evitó la mirada de Elara. "Para su esposa, la señora Elara Valdés, Julián solo ha dejado… las deudas pendientes de la compañía, incluyendo las compensaciones por el litigio del medicamento Medcalia" .

El golpe fue tan brutal que le robó el aliento. No era solo la falta de herencia, era la crueldad calculada. Él no solo la había despojado de todo, sino que la había cargado con la ruina, con el odio de cientos de familias cuyas vidas habían sido destruidas por un medicamento defectuoso que él había lanzado al mercado a sabiendas. Ella le había advertido, como ingeniera con conocimientos en bioquímica, le había suplicado que detuviera la producción, pero él la había ignorado, llamándola paranoica.

Se levantó sin decir una palabra. Su mente era un torbellino de recuerdos, de cada sacrificio que había hecho por él. Abandonó su sueño de trabajar en la agencia espacial, su proyecto de vida, el día que él se lo pidió. "Una esposa no necesita trabajar, Elara, tu lugar está a mi lado" , le había dicho. Y ella, tontamente enamorada, le había creído. Pasó años siendo la esposa perfecta, la anfitriona perfecta, la sombra perfecta de un hombre que, ahora lo sabía con certeza, nunca la había amado.

Al salir de la iglesia, un grupo de personas la esperaba. Eran las víctimas. Sus rostros estaban llenos de ira y dolor.

"¡Ahí está! ¡La esposa del asesino!" , gritó una mujer.

"¡Disfrutando de la fortuna que construyeron con nuestra desgracia!" , acusó un hombre.

Los huevos y las verduras podridas comenzaron a volar hacia ella. No intentó esquivarlos. Se quedó quieta, sintiendo el impacto pegajoso en su vestido negro, el hedor mezclándose con el de los lirios. El odio de ellos era justo, pero estaba dirigido a la persona equivocada. Ella no tenía nada, absolutamente nada.

Los meses que siguieron fueron un infierno. Vivía en un pequeño y miserable apartamento, vendiendo las pocas joyas que le quedaban para poder comer. Las deudas la ahogaban, las citaciones judiciales se acumulaban en la puerta. Su salud se deterioró rápidamente, el estrés y la desnutrición le provocaron una enfermedad que los médicos no pudieron detener.

Tumbada en su cama, sola y tiritando de frío a pesar del calor del verano, Elara miró por la ventana sucia. Podía ver un trozo de cielo nocturno, salpicado de estrellas. Pensó en su sueño, en las galaxias que había querido explorar. Lo había sacrificado todo por un amor que resultó ser una mentira. Si tan solo tuviera una segunda oportunidad, una sola oportunidad para vivir por sí misma. Sus ojos se cerraron lentamente mientras su último aliento se escapaba en un susurro. "Otra oportunidad…" .

Elara abrió los ojos de golpe. La luz del sol se filtraba a través de unas cortinas de seda color crema que no había visto en años. Estaba en una cama suave y grande, y el aire olía a limpio. Se sentó bruscamente, el corazón latiéndole con fuerza. Era su antiguo dormitorio en la mansión de sus padres, la habitación de su adolescencia. Miró sus manos, no eran las manos huesudas y pálidas de una moribunda, sino manos jóvenes y llenas de vida. Corrió hacia el espejo de cuerpo entero y se quedó sin aliento. Era ella, pero más joven, con la piel tersa y los ojos brillantes. Tenía veinte años.

Un calendario digital sobre su escritorio mostraba la fecha. Era el día antes de su boda con Julián.

Había vuelto. De alguna manera, había vuelto.

La puerta de su habitación se abrió y entró Julián. Llevaba un traje impecable, su rostro era tan guapo y tan frío como lo recordaba. La miró con esa indiferencia que ella había aprendido a interpretar como concentración o cansancio, pero que ahora sabía que era puro desdén.

"¿Estás lista? Mis padres quieren cenar con nosotros para celebrar. No llegues tarde" , dijo, su tono era una orden, no una invitación. No había ni una pizca de afecto en su voz.

Elara lo observó, y por primera vez, no sintió el revoloteo en el estómago, no sintió la necesidad de complacerlo. Sintió el frío de la tumba de la que acababa de salir. Vio a través de él, del empresario exitoso, y vio al hombre que la había despreciado, que la había condenado a una muerte horrible mientras amaba a otra.

"No iré" , dijo ella, su voz firme y clara.

Julián frunció el ceño, molesto por su respuesta inesperada. "Elara, no empieces con tus juegos. No tengo tiempo para esto" .

"No es un juego" , respondió ella, mirándolo directamente a los ojos. "Cancelo la boda. No me voy a casar contigo, Julián" .

Una expresión de incredulidad cruzó su rostro, seguida rápidamente por la ira. "¿De qué demonios estás hablando? ¿Te volviste loca?" .

"Al contrario" , dijo Elara, sintiendo una oleada de poder que nunca antes había experimentado. "Nunca he estado más cuerda en mi vida. Ahora, si me disculpas, tengo una llamada importante que hacer" .

Se dio la vuelta, dándole la espalda, y tomó su teléfono. Buscó en sus contactos un número que no había marcado en años, el de la doctora Aris Thorne, su antigua mentora en la universidad, ahora una figura importante en la Agencia Espacial Nacional. El teléfono sonó una, dos veces.

"¿Diga?" , contestó una voz familiar y profesional.

"Doctora Thorne, soy Elara Valdés" , dijo, su voz tembroun poco por la emoción. "Sé que la oferta para el Proyecto Orión probablemente ya expiró, pero quería saber… quería saber si todavía hay un lugar para mí" .

Hubo un silencio al otro lado de la línea, y luego la voz de la doctora Thorne sonó, llena de una sorpresa cautelosa. "Elara… claro que me acuerdo de ti. Fuiste mi mejor estudiante. El proyecto principal ya cerró sus vacantes, pero… estamos iniciando una fase secundaria, un proyecto clasificado. Es a largo plazo y requiere reubicación inmediata en una base remota. La fecha límite para aceptar es mañana al mediodía. ¿Crees que podrías decidir para entonces?" .

"Sí" , dijo Elara sin dudarlo, sintiendo que su corazón finalmente volvía a latir con un propósito. "Acepto. Estaré allí" .

Colgó el teléfono y se giró para mirar a Julián, que todavía estaba parado en la puerta, con el rostro contraído por la furia y la confusión. Por primera vez en dos vidas, Elara le sonrió, una sonrisa genuina y liberadora. Su segunda oportunidad había comenzado.

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