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Portada de la novela RELATOS DE MEDIANOCHE

RELATOS DE MEDIANOCHE

Esta colección de relatos invita a un viaje por los rincones más oscuros de la fantasía y el terror. Desde crímenes por resolver y dramas conmovedores hasta fenómenos inexplicables, la obra abarca géneros como la ciencia ficción con saltos en el tiempo y la épica fantástica. Cada narración está construida para atrapar al lector en una atmósfera de suspense constante, explorando enigmas profundos y aventuras únicas que desafían toda lógica.
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Capítulo 1

Lo observa mientras duerme, y sus ojos dejan escapar dos lágrimas que desaparecen entre las sábanas. No es tristeza lo que lo embarga, es ese sentimiento placentero que lo regocija con la cercanía de su entrecortada respiración. Muy despacio acomoda la cabeza sobre la blanda almohada, buscando sentir el contacto de su cuello y cierra los ojos pensando en el tiempo que llevan juntos sin que nadie haya podido separarlos; aunque se estremece con el movimiento de Matt, al ver que está despertando, y con voz suave le murmura:

— Te veía dormir. No sabes cuánto me place hacerlo cada mañana. O en las noches de desvelo, ver cuando tomas un libro entre las manos y nos lees hasta dejar que sea yo quien continúe la lectura.

Medio soñoliento aún, estira todo su cuerpo y ya más despejado le contesta:

— Me levantaré para hacernos el desayuno, ¿aguardabas por mí? Hoy quiero abordar un nuevo manuscrito. Necesito de tus brillantes ideas.

— Primero una ducha. Apestas a brandy, estuvisteis bebiendo hasta pasada la medianoche y sabes que eso me enferma. Ese chico con el que te comunicabas anoche en Facebook ¿lo conozco? ¿O es un nuevo amigo virtual?

— Olvídalo, no tiene importancia. Simplemente, alguien que se interesó por mis comentarios.

Eric lo mira de reojo sin creer en la evasiva respuesta, más al ver el reflejo de un cuerpo en la pulida superficie de la nevera y que tanto desearía tener. Sin oponer resistencia se deja llevar al cuarto de baño.

Tras largos minutos donde se escucha el agua caer, le pregunta:

— ¿Por qué decidiste no ir a firmar el contrato y esperaste a que te fuera enviado aquí? ¿Continúas sintiendo aquellos rechazos de los que éramos objeto? Matt, los tiempos cambian, la gente es más tolerante a lo inusual. Ya muchos dicen abiertamente haber tenido contacto con seres de otros mundos. Hasta el matrimonio entre parejas del mismo sexo está permitido por las leyes del país.

— Ahora me reprochas… U olvidas que compré esta cabaña alejada y con vista a un lago como siempre soñasteis, y solo para complacerte. Es imposible que quieras regresar a una civilización que suele aborrecernos. Eras tú quien más se afectaba con los comentarios o simples miradas en desacuerdo, cuando yo te decía que no hicieras caso de los que no sabían apreciarnos o comprendernos. Cambiemos de tema. Las regalías de las ventas superaron nuestras expectativas, continuemos viviendo tranquilamente rodeados de una naturaleza que no nos impone sus juicios, una moral encajonada en lo perfecto, alabanzas o murmuraciones.

Lo contempla con ojos llorosos y le besa el rostro.

— ¿Sabes? Te escucho hablar así y me cuestiono, ¿por qué buscas mi ayuda para crear historias para tus manuscritos?

— ¡Oh! Lo siento… a veces tengo mis momentos de lucidez.

Los dos ríen de buena gana y continúan bajo la cálida agua que desciende quitando el vestigio de la olorosa espuma…

Días a continuación.

— Te escuché hablar con la editora. ¿Alguna novedad? —sentado cerca de la laguna, mira la puesta de sol, donde un horizonte matizado de pasión anega el cielo.

— No, lo habitual. Interesada por saber si ya empecé a escribir alguna nueva historieta.

Eric apoya su cabeza en la de este, mirando el panorama.

— Aquí los atardeceres son mágicos. No existe pluma de escritor que describa la magnitud de su belleza. Gracias por regalarme momentos tan apacibles como este.

No obstante, sus pensamientos están muy lejos del lago, vuelan raudos por una ciudad atestada de ruidos y aires enrarecidos…

— Entraré… En estos días oscurece más temprano que de costumbre.

— ¡Un segundo más! No me prives de ver cómo el sol se sumerge en las apacibles aguas.

Con las cabezas muy unidas, uno se deleita con la visión, el otro suspira melancólico…

Una semana más tarde.

—Matt, se me han ocurrido un par de ideas geniales para el manuscrito, sobre una pareja que decide abandonar cualquier contacto con la humanidad. Vamos, te dictaré mientras tomas notas. Lo llamaremos "El ocaso de un soñador"

— No, no me apetece escribir ahora. Lo siento. Ya me las contarás más tarde.

—Desde hace días te noto diferente, ya no eres el mismo conmigo. ¿He hecho algo para herirte?

Con nostalgia le pasa una mano por la mejilla más cercana.

— Esta soledad me está matando. Los días se tornan grises y las liebres ni abandonan sus cubiles. Se preparan para el invierno que se acerca. Mi corazón ya siente una frialdad que aún no ha llegado.

— Pero nos tenemos el uno al otro, ¿de qué soledad hablas? ¿Acaso habrás empezado a detestarme?

— No, Eric, jamás hables así, sabes que te quiero, nunca encontraría una compañía como la tuya. Nadie me comprenderá, soportará o querrá como tú. Eres ese confesor que siempre está dispuesto a escuchar.

— Entonces no comprendo, mira… Aunque lo aborrezca, quiero que te sirvas una copa llena de licor, escucharemos música y hablaremos de tiempos pasados, muy unidos… Como siempre.

Se rehúsa a la invitación y lo hace porque sabe que ninguna le sacará de aquel nuevo sentimiento que lentamente se ha ido apoderando de él… Desde aquel primer y casual contacto que tuvo con un desconocido joven, mientras navegaba en la red buscando información para su proyecto.

— Matt, despierta. La camioneta de Evan se acerca.

Se lanza de la cama cubriéndose con un albornoz y va en busca de la puerta.

— La fría mañana amenaza con la pronta llegada del invierno. Buenos días, Matthew. Hola, Eric.

— Buenos días, Evan—contestan casi al unísono.

— Aquí tiene el pedido de la semana, señor.

— Sabes que no me gusta que me llames, señor. Tenemos casi la misma edad. ¿Está completo lo anotado en la lista?

— Sí, incluso el patrón le aumentó algunos productos, por si las prontas nevadas cerraran las vías. Ya le pagará usted la diferencia más adelante.

Se despiden con esa dulce amabilidad que les caracteriza y Evan se aleja para continuar con los encargos del único y distante mercado de la montañosa zona.

Tras la cena, Matt se siente con deseos de escribir y se acomoda ante el ordenador portátil.

— Eric, ahora quiero que me cuentes esas ideas.

— Escribe. Iré narrándote lo que se me ha ocurrido.

Así pasan un par de horas; pero Eric se queda dormido, lo mira de reojo y sonríe con tristeza… Cierra el documento y comienza a navegar en aquel ciberespacio —donde las distancias y lo desconocido es fugaz—, toma los auriculares traídos por Evan en la mañana, y se los coloca tratando de no despertarlo, pues parece soñar plácidamente…

La semana transcurrió sin otras vicisitudes.

— Hoy la editora me enviará unos documentos. Debo leerlos sin prisa.

— ¿Anoche concretasteis algún capítulo?

— No, lo dejé después de que te durmieras. Sabes, anoche conocí a una joven cirujana, ya es una eminencia en su especialidad. Y mantuve comunicación con ese muchacho por el que me preguntaste hace algún tiempo.

No responde, pues sin que Matt se hubiese dado cuenta, él se despertó y aunque no escuchó lo que el amigo virtual le dijera o ver lo que le escribiera, sí lo hacía con lo que le era respondido y la conversación, en nada fue de su agrado.

Desde esa misma noche el comportamiento de Matt varió. Ya no reía como antes, se encontraba perdido entre sus propios pensamientos —alejándolo de su elocuente modo de ser—. Eric en silencio sufría el cambio que observaba, los encuentros virtuales se volvieron más frecuentes y nada podía hacer para evitarlo. Lucy, la editora, continuaba insistiendo en que Matt debía presentarse ante un público lector que añoraban por conocer a un ídolo que tantos romances escritos les había ofrecido. La tristeza embargó a Eric que, preocupado y renuente ante cada súplica, dejaba que una enmarañada barba creciera en su rostro. Una mañana aguardó que se despertara porque él no pudo dormir en casi nada.

— ¿Quién es este Grace que te mete esas tontas ideas en la cabeza? ¿Tiene algo que ver con ese tal Woody con el que te comunicas cada noche?

Matt, sorprendido, medita su respuesta. Viéndose descubierto no le queda más remedio que confesar, aunque se reserva algunos detalles.

— Sí, son hermanos, le hablé de ti, y quieren conocerme en persona. Woody no es como otros chicos faltos de sentimientos. Siente mis pesares, experimenta mis mismos miedos y me comprende.

—Insinúas que yo no cuando siempre he estado ahí para apoyarte. Vamos, Matt, nos conocemos bien y sabes que a mí no puedes mentirme.

— Dejémoslo así, Eric, hoy debo dar respuesta a Lucy de mi decisión.

Le vira la cara, malhumorado. Haciendo caso omiso de la mirada y con una botella en la mano se encamina a la confortable habitación donde escribe… Desde ese día comenzó a tomar por las no-ches… Y así pasaron largas semanas invernales. Y aunque Eric no le hablaba, de repente una noche, las tomaduras cesaron.

Tras varios días continúan sin dirigirse la palabra, y desesperado por el silencio entre los dos, cede.

— Matt, perdóname… No puedo seguir así, perdóname… Me dejé llevar por un ataque de celos o miedo a perderte—le dice al oído con voz lastimera.

— Eric, sabes que detesto y me irritas la piel cuando me rozas con esa barba que has decidido dejarte para castigarme. Cuántas veces intenté rasurártela y te negabas. En este tiempo de silencio he comprendido que más allá de tu compañía, existe un mundo que aguarda por mí. He sacrificado mucho por estar junto a ti… No, no me lo reprocho; pero ya es hora de que encauce mi vida hacia otros horizontes.

— ¡Sabía que ese tal Woody o su hermana te harían cambiar! Y que me vieras como un estorbo o un engendro a tus necesidades.

— No es solo él… es Lucy y muchos más. Por encima de ellos, es mi corazón que ya no soporta seguir sufriendo alejado de lo que siempre he querido.

— ¡Matt, por Dios que me aterrorizas! No te entiendo.

— He decidido separarnos. Esas noches, que bebía y detestabas, fui conociendo más sobre a lo que me debía enfrentar.

— Sabes que eso significaría mi muerte—le expresa sin contener el llanto.

— Perdóname, no voy a continuar escondiéndome del mundo. Si de veras me quieres, déjame ir y ser feliz. Junto a ti jamás lo seré.

— Hablas como un ser lleno de frustraciones y egoísmo, ¿acaso has pensado en mí? ¿Quién te contará de sus ideas locas, y bien recibidas por esos lectores que abarrotan las tiendas ante cada nuevo lanzamiento de tus obras? Porque ni siquiera mi nombre aparece en ellas.

— Sí, mucho he pensado y no veo otra salida a esta mentira a la que tú le llamas vida, cuando buscábamos ocultarnos de los demás. Las aves y criaturas del monte que nos rodean, vuelan o corren más libres y menos expuestas.

— Sabes que separarte de mí, sería mi fin. Pero no seré ese egoísta en que te has convertido. Si has tomado esa decisión nada puedo hacer para impedírtelo. Nunca olvides que lo vivido será imborrable. Y cada mañana abrirás los ojos buscando los míos, o tratando de escuchar mis palabras, y no habrá nadie que iguale esta relación que tenemos… Bien lo sabes. Ahora busca tu destino y sé feliz en él… Sin mí…

— Eric, sé que te extrañaré; pero la decisión está tomada. Una vez más perdóname. Muy pronto deja-remos de vernos…

Camina lentamente por la ancha avenida. Entre otros grandes mercados, las vidrieras de las editoriales exhiben su libro, que amenaza con romper las marcas de ventas… Va distraído mirando ese ir y venir de autos y transeúntes. Respira el contaminado aire de la ciudad; pero a pesar de ello busca llenar sus pulmones respirando optimismo y sosiego. De pronto escucha el tono del móvil, se detiene y lo extrae del bolsillo para contestar.

— Sí, si es Matt… No se preocupe, doctora Grace, me siento a plenitud y le prometo que pasaré por su consulta cuando concluya unos pormenores con mi agente Lucy. Saludos a Woody, es un joven genial.

Entre el bullicio tormentoso de la urbe, escuchó un grito de asombro y divisó a una joven que le señala.

— ¡Miren, es Matthew Anderson, uno de los escritores del libro!

Se volteó tratando de evadir a los fanáticos y su mirada se detiene ante el escaparate. Muy pegado a ella y desde el interior se observa un gran póster con la portada de su libro El ocaso de un soñador. Ve su reflejo en el vidrio y cree divisar la cabeza de Eric sobre su hombro. De repente una nostalgia se apodera de sus sentimientos y murmura muy bajito:

— Nunca te olvidaré. Gracias por esa hermosa historia que me regalasteis, por ser el último… este sí lleva tu nombre…

Seis semanas antes.

La doctora Grace se acomoda los guantes y ordena que le cubran la boca, mira a la mesa y se topa con una mirada suplicante y soñolienta, procedente de los ojos de aquella cabeza, a la que llaman Eric y que sobresale como una extraña protuberancia desde el hombro derecho del cuerpo tendido, producto de esa malformación genética que padecen de nacimiento. Las luces del quirófano se encienden y el equipo médico se alista para amputar la cabeza. Sobre la camilla, Matt respira adormecido bajo los efectos anestésicos…

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