Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Reinando en el infierno

Reinando en el infierno

A sus dieciocho años, Aria ha resistido una vida de privaciones, el abandono de su madre y la violencia de su padrastro. No obstante, su destino toma un rumbo drástico cuando es arrastrada al sombrío dominio de la mafia local. En este entorno de criminalidad y riesgos constantes, se ve obligada a enfrentar una decisión crucial: ser consumida por la oscuridad de este submundo o imponer su voluntad para liderar este nuevo infierno.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Dios sabe que vivo

Dios sabe que morí

Dios sabe que rogué

Rogué, pedí prestado y lloré

Salí de casa sin mirar atrás, podía sentir los gritos de mi madre llamándome, pero no mire atrás, no quería hacerlo, ¡lo había matado maldita sea!, iría a la cárcel por esto. Debía correr lo más lejos que pudiera, estaba segura que mi madre no me protegería. De pronto sentí un grito que me heló la sangre, mire atrás y era mi madre quién me miraba con odio en los ojos, la verdad no me sorprendía, sabía que no me quería.

—¡Irás a la cárcel por esto, estúpida mocosa! —gritó, para luego romper en llanto. ¿Cómo podía llorar por un hombre que la maltrataba y la despreciaba? se me era imposible entenderla y no es como si quisiera hacerlo. Pero era el único hombre que se había quedado con ella todo este tiempo, él algunas veces traía dinero que conseguía haciendo negocios sucios, mientras la mujer que me parió se drogaba escapando de este mundo y olvidando que tenía una hija que prácticamente se crió sola.

Algunos vecinos salieron a mirar qué había ocurrido, por lo que me puse la capucha de la chaqueta que traía y comencé a caminar, sin mirar atrás esta vez, a pesar de todos los gritos que escuché de ella que hicieron que varias lágrimas cayeran por mis mejillas. No sabía dónde iría, no tenía a nadie, no sabía dónde ir, estaba simplemente perdida y para más remate se estaba haciendo de noche.

No sé cuánto camine, pero llegue hasta una pequeña cafetería con un cartel “Abierto 24 horas”

¡Vaya justo lo que necesitaba! Si tenía suerte podría pasar toda la noche aquí y buscar algo por la mañana. Una vez que entre el olor a comida hizo que me sonara el estómago tan fuerte que por un momento pensé que los demás lo habían escuchado, pero no. Las tres personas que habían en el lugar en ningún momento levantaron la mirada, ni siquiera cuando al abrir la puerta sonaba la campana, mejor para mí. Le sonreí a la señora detrás del mostrador, debía tener al menos unos cincuenta años, los años pasados se notaban en su cara, aunque yo debía verme peor en estos momentos.

—Siéntate donde quieras nena —me dice sonriendo, yo asiento y camino hasta la última mesa desocupada, es muy poco lo que se me ve, y es lo que necesito. Me dejo caer en la silla y me tapo la cara con mis manos, no puedo creer lo que ha pasado.

¡He matado a alguien!

Apenas tengo 17 años, no puedo ir a la cárcel.

Seguro mi mamá ya me denunció

Seguro ya me está buscando la policía

Quizás David sobrevivió y ahora me está buscando para matarme

Una fuerte punzada en la cabeza me saca de mis pensamientos, miró hacia la calle. Ya oscureció, y la gente camina tranquilamente hacia sus casas, a sus hogares, con sus hijos, madres, esposos, novios. Sin saber que detrás de este vidrio hay una persona que acaba de matar a alguien. ¿Por qué tuve que tener esta madre, esta vida? si la policía me atrapa me encerraran por matar a alguien que probablemente habría terminado matándome, como hacerles saber que digo la verdad, solo soy una adolescente a la que ni su madre defendería, por mi situación económica, simplemente cerraran mi caso y me enviaron a prisión.

No puedo más, dejó escapar un fuerte suspiro.

—Y ese suspiro querida, ¿un chico? —dice la señora del mostrador, pero ahora parada frente a mí, no digo nada, no sé qué decir tampoco y ella lo nota ¿qué vas a ordenar linda? —me remuevo incómoda, apenas tengo dinero, no puedo darme el lujo de gastarlo.

—yo no tengo dinero para ordenar —digo agachando la cabeza, rezando porque se vaya y pueda quedarme aquí.

Ella no dice nada, ni tampoco se va, cuando ya pienso que me va a echar y comienzo a agarrar mis cosas ella habla

—¿Qué te gustaría comer? —me pregunta, por un momento creo que no me escucho y la miro —¡yo invito! —me dice sonriendo para luego guiñarme un ojo, estoy a punto de decirle que no es necesario pero mi estómago vuelve a sonar mucho más fuerte, recordando que no he comido en bastante tiempo, ella levanta una ceja divertida, ¡gracias por tanto estómago!

—Solo un sándwich —le digo en voz baja, ella asiente y se va hacia el mostrador.

Me vuelvo a acomodar en el asiento, es muy duro, definitivamente estar toda la noche aquí, a la mañana siguiente me levantaré sin trasero, pero he dormido en situaciones peores, la clave es ser capaz de adaptarse a cualquier situación. Además no es como si fuera algo tan difícil, los seres humanos lo hemos venido haciendo desde que existimos.

Suena la campana de la puerta al abrirse, miro hacia la puerta y veo dos policías, se me hiela la sangre y por un momento siento que todo está pasando en cámara lenta. Ellos se acercan al mostrador y le muestran una foto a la señora, ¡mierda! es una foto mía de cómo hace dos años. ¡Ella me denunció! ¡la maldita denunció a su única hija!

Me puse roja, tenía rabia y pena, pero más rabia, ¿cómo podía haberme hecho eso? Me levante de forma tranquila y camine hacia el baño asustada, esperando que la señora no me delatara, pero ella no me conocía ¿por qué no iba a decirles que era yo?

Entre a un baño y cerré la puerta, esperando que en cualquier momento los policías entraran, pensando las miles de cosas que les diría para que no me arrestaran, pero sabía que no me creerían, esa mujer debe haberles dicho muchas cosas malas para que ellos se dieran el tiempo de buscarme. Porque cuando ocurrían asesinatos en nuestro barrio, que era bastante seguido, solo quedaban en eso, en muertes, a menos que hubiera algo más.

Odiaba a mi mamá.

Debí haberla matado a ella también.

La puerta del baño se abrió, entró alguien pero no dijo nada, me quedé tan callada que ni el sonido de mi respiración se escuchaba y esperaba a que mi estómago no se le ocurriera sonar ahora. ¡Por qué por dios que me lo saco!

—Sé que estás aquí, Aria —dice la voz, la reconozco, es la señora del mostrador, pero no digo nada —¡sal de ahí y cuéntamelo todo! —tengo miedo, quizás ella está ahí con los policías, ¡me va a entregar!

Me comienzan a sudar las manos, no sé qué hacer, yo no debería estar en esta situación, ¡por dios!

Un golpe en la puerta me saca de mis pensamientos asustándome.

—Aria, no están los policías aquí, ya se fueron —dice de forma más suave.

Salgo, me cruzó de golpe con mi reflejo en el espejo, estoy llorando y no me había dado cuenta. Llevo una de mis manos a mi cara para encontrarme con la humedad en mis mejillas. Estaba horrible, estaba herida, tenía heridas que ni aunque volviera a nacer se desaparecerían. Me habían abandonado y dañado tanto que no sabía cómo seguía viva.

—¡Mate a alguien! —digo casi en un susurro, ella se llevó una mano a la boca asustada—Tranquila, soy inofensiva cuando no me dañan —le digo.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amor y Traición en el reyno
8.1
La joven princesa Isabella de Valencia vive atrapada en una red de intrigas políticas y magia tras manifestar un don extraordinario e indomable. Su capacidad única para controlar múltiples ramas mágicas la convierte en el objetivo central de una peligrosa lucha de intereses. Al ser vista como un recurso estratégico de valor incalculable, diversas facciones del reino conspiran para capturarla y usar su inmenso poder en beneficio de sus propias ambiciones.
Portada de la novela Condenada al Infierno de Él
8.5
Mi vida se derrumbó cuando Javier, mi pareja, me acusó falsamente de entregar a su hermana a sus enemigos. Tras una paliza brutal, me arrebató violentamente al hijo que esperaba. Ahora vivo un tormento inenarrable: cautiva y mutilada, soy obligada a gestar un clon del hombre que me destruyó. Sin voz y privada incluso del alivio de la muerte, mi agonía se ha convertido en una gélida promesa de venganza contra su monstruosa crueldad.
Portada de la novela El Ceo busca su Cenicienta
8.6
El multimillonario Henry Meraz disfruta de un éxito absoluto, aunque su existencia carece de emoción. Todo cambia tras detectar a Keily, una hábil hacker que se infiltra en su gala empresarial. Al escapar, la joven deja atrás una herramienta de espionaje, detonando una intensa fijación en el magnate. Keily, quien comercializa su talento informático, termina atrapada en una cacería de alto riesgo. Mientras Henry persigue el peligro, ella huye de un pasado oculto.
Portada de la novela El CEO y EL Enemigo
9.7
Logan Bravo es un CEO implacable que exige orden total en su negocio y su vida conyugal. Arrastra un rencor generacional que lo obliga a detestar a la familia Oliveira, pero su mundo se tambalea con la aparición de Vivian Oliveira. Aunque la lógica le dicta rechazo, ella desata en él una pasión física tan intensa que resulta perturbadora. Atrapado entre su lealtad familiar y una atracción prohibida, Logan intentará resistirse a este deseo que amenaza su control.
Portada de la novela El día que desaparecí
8.5
Amelia Reyes acepta un diagnóstico terminal como penitencia por el fallecimiento de Livia. Bajo el yugo de Ethan Calderón, sufre constantes humillaciones impulsadas por el deseo de venganza de este. Al borde del abismo y tras intentar quitarse la vida, Amy logra fingir su deceso para escapar. No obstante, su supuesta partida desata la demencia en Ethan, forzando un futuro reencuentro que confrontará su rencor con la posibilidad de redimirse.
Portada de la novela Mi Vientre, Mi Venganza
8.3
La diseñadora Sofía Ramos ve su mundo colapsar en el programa Sabor de Reyes tras las falsas acusaciones de Camila Vargas. Señalada por plagio y traición con el chef Ricardo Solís, Sofía sufre un violento ataque mediático y físico que le arrebata a su hijo. Pese a ser la esposa del influyente Alejandro Solís, el dolor la consume y decide ocultar su identidad para ejecutar una justicia implacable contra quienes destruyeron su vida por envidia.