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Portada de la novela Regresa De Nuevo Conmigo

Regresa De Nuevo Conmigo

Un siniestro choque vial terminó con un romance idílico, sembrando en el protagonista un rencor implacable. Debido a un cruel cautiverio, ella sufrió abusos constantes sin dejar de amarlo. Cuando la verdad sale a la luz y las mentiras se desvanecen, él se encuentra perdido, ignorando cómo reparar el espíritu destrozado de su amada. Tras tanto sufrimiento y heridas abiertas, el destino de su vínculo permanece envuelto en una total incertidumbre.
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Capítulo 2

"Jannie, sabes que he estado detrás de él desde hace mucho tiempo. ¿Cómo es posible que no se sienta culpable por haberse besado con otra mujer?". Alivia giraba la copa desinteresadamente entre los dedos. Sus labios se manchaban de un encantador rojo carmesí con cada sorbo. Para entonces, ya se encontraba un poco ebria.

A su vez, Janice miró a su amiga y se echó a reír.

"El hecho de que sientas algo por él es algo que solo te incumbe a ti y no a él. ¿O acaso eso tiene algo que ver con él? Él tiene todo el derecho a estar con quien él quiera. ¿Por qué debería sentirse culpable por eso?". La respuesta de Janice había sido un golpe para Alivia.

Por lo que, levantó la cabeza y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, como si fuera una niña. "¡Creo que tienes razón! Me siento tan egoísta ahora mismo. He estado detrás de él como una niña pesada mientras él continuaba alejándose. Quizá, en algún momento, se ha referido a mí como la mujer que lo sigue acosando, mientras se acostaba con otras mujeres.

Jannie, ¿por qué tenemos tan mala suerte? ¿Cómo es que ambas nos enamoramos de personas que no valen la pena? ¡Malcolm es tan malo como Leonel Fu!".

El nombre de su esposo era como una maldición y hacía que a Janice le doliera la cabeza solo con escucharlo.

En ese instante, se echó hacia atrás y suspiró profundamente, frotándose las sienes con los dedos índice y pulgar.

"Alivia, sabes muy bien que él tiene sus propios problemas, así que realmente no lo culpo". Al decir eso, bebió el resto de la bebida de un solo trago. En ese mismo instante, el camarero volvió a llenar su copa.

Alivia quería decir algo más, pero al ver las lágrimas en los ojos de Janice, reprimió sus ganas y soltó un suspiro de desesperación. Luego, bebió el último trago y el camarero le volvió a llenar la copa.

Las dos bebieron mucho, entre queja y queja.

En menos de una hora, ambas estaban borrachas. Parecían dos locas que apenas podían sentarse bien en la barra del bar.

Aproximadamente un minuto después, dos hombres miraron a Janice y Alivia furtivamente, mientras esbozaban una sonrisa pervertida.

"Hermano, ¿vamos?", dijo uno de ellos. El hombre se mordió el labio inferior mientras hablaba. Creían que tenían una suerte increíble al encontrarse con dos presas tan hermosas.

El hombre que estaba junto a él, parecía un desvergonzado cuando miraba boquiabierto a las mujeres.

"¡Genial! Vamos a enseñarles qué es pasárselo bien de verdad. ¿Cómo podemos dejar que esas bellezas se nos escapen de las manos?". Poco después, ambos salieron corriendo del bar, aparentemente con mucha prisa, cada uno con una mujer en sus brazos.

Estaban tan emocionados que se olvidaron de los bolsos de Janice y Alivia que estaban en la barra del bar.

Afortunadamente, una joven reconoció a aquellos rufianes. Preocupada, se acercó rápidamente para tomar los bolsos del mostrador. Esos sinvergüenzas eran de ese área y eran conocidos por atacar a mujeres borrachas para saciar sus deseos. Cuando se percató de que Janice y Alivia se iban con ellos, decidió revisar sus bolsos en silencio para ver si podía encontrar sus teléfonos celulares y así poder contactar a alguien que pudiera salvarlas de esos depredadores lujuriosos.

Afortunadamente, el teléfono de Janice no requería ninguna contraseña para desbloquearse, así que pudo acceder al teléfono con solo deslizar el dedo. De inmediato, se desplazó por la lista de contactos y notó el nombre "Malc".

Como parecía un apodo, asumió que esa persona debía ser una persona cercana, y llamó sin más vacilaciones.

Mientras tanto, Malcolm, que estaba en SY Company en esos momentos, sacó su teléfono del bolsillo y descubrió que Janice lo estaba llamando.

"Señor Rong, ¿desea que me vaya?", le preguntó Caleb Huo. Ante esto, Malcolm frunció el ceño, colgó la llamada y respondió:

"Creo que no hay necesidad. Por favor continúe".

Después de haber entregado su informe, Caleb recogió los archivos y los metió a su mochila para poder retirarse. Cuando recordó la llamada que Malcolm no había respondido, se detuvo y se preguntó si debía recordárselo o no.

Malcolm estaba revisando meticulosamente algunos papeles, pero cuando se dio cuenta de que Caleb aún no se había ido, levantó la cabeza para mirarlo y le dijo: "¿Desea algo más?".

Después de una breve pausa, Caleb pensó que tal vez debía recordárselo. "Señor Rong, la llamada telefónica que acaba de rechazar, ¿Era acaso de la señora Rong, su esposa?".

Esas palabras parecieron provocar a Malcolm. Pues éste levantó la cabeza y entrecerró los ojos, llenos de ira. Ello hizo que Caleb sintiera una presión en el pecho.

"¿Quién le dijo que debía llamarla así, y tratarla como mi esposa?". ¿Cómo era posible que una mujer como ella pudiera ser su esposa real?

Caleb sintió cómo el miedo atravesaba todo su ser. En ese momento, bajó la cabeza y murmuró: "Lo siento tanto, señor Rong. Le prometo que no volverá a suceder". Al decir eso, de inmediato inclinó la cabeza, apretó los archivos contra su pecho y salió de la oficina lo más rápido que pudo.

Malcolm negó con la cabeza y trató de aclarar sus pensamientos una vez que Caleb se fue y comenzó a escribir de nuevo. Sin embargo, después de un minuto, arrojó su bolígrafo contra la pared lleno de rabia y se dejó caer en su silla haciendo una mueca de desagrado.

Con desgana, sacó su teléfono y miró el nombre de la pantalla. De inmediato, comenzó a sentirse incómodo. Sin embargo, su incomodidad no duró mucho, porque de pronto recordó una escena.

Entonces, dejó su teléfono sobre la mesa, tomó otro bolígrafo y continuó con su trabajo, en lugar de llamarla.

La joven que lo había llamado con el teléfono de Janice se encontraba muy nerviosa. No se atrevió a llamar a la policía, pues temía meterse en problemas, así que decidió revisar los contactos de Janice con la esperanza de que alguien le respondiera.

Como la persona etiquetada como "Malc" no había respondido la llamada, no tenía otro remedio que llamar a la siguiente persona, quien se llamaba "Roy".

Afortunadamente, tan pronto como entró la llamada, fue respondida por una voz gentil y suave de un hombre.

"Jannie, ¿por qué me llamas a estas horas?". Su voz era profunda y a la vez muy agradable, como si se tratara de una suave brisa de primavera.

Un silencio incómodo se apoderó del momento, pues la mujer se había quedado sin habla al escuchar aquella voz.

En poco tiempo, Roy Jiang comenzó a sentirse incómodo por el silencio al otro lado de la llamada. La ternura de su voz pronto desapareció y de repente su curiosidad se impuso a cualquier otra razón..

"¡Tú no eres Jannie! ¿Quién habla? ¿Dónde está Jannie?

La mujer hizo una pausa y rápidamente comenzó a contarle lo que ella había visto.

En cuestión de segundos, los ojos de Roy se abrieron con horror. Al instante, su mano se convirtió en un puño y golpeó la pared. Sin más demora, bajó corriendo las escaleras, salió por la puerta y dejó a su familia mirándolo, todos sorprendidos y confundidos.

Lo único que tenía en mente era la seguridad de Janice.

Una vez afuera, saltó al asiento del conductor y condujo lo más rápido que pudo. Cuando finalmente tenía algo de tiempo para pensar sobre lo sucedido, preguntó a la chica:

"¿Llamaste a alguien más antes que yo?", le preguntó Roy mientras adelantaba un coche tras otro. Ni los semáforos le importaban ya.

Solo encontrando a Janice lo antes posible podría minimizar su sufrimiento.

Innumerables hechos horrorosos aparecieron por su mente. Ello hizo que pisara más el acelerador.

La mujer al otro lado de la línea no tenía ni idea de la forma en la que estaba conduciendo Roy. Sin embargo, le respondió honestamente: "Intenté llamar a un número con el nombre "Malc" pero no hubo respuesta. De hecho, era el primer nombre en la lista de contactos, ¡pero ni siquiera se molestó en responder!".

Roy casi perdió el control del volante cuando escuchó lo que le había dicho.

¿Malcolm no había contestado el teléfono?

Quizás eso no era raro.

Después de un largo silencio, le dijo: "Está bien, muchas gracias.

¡Por favor, no te muevas de donde estás! ¡Llegaré tan pronto como pueda!".

Tan pronto como colgó, comenzó a hacer algunas llamadas telefónicas, pidiendo a las personas que conocía que lo ayudaran a localizar a Janice y Alivia.

Mientras tanto, después de que los efectos del alcohol se desvanecieran y Janice finalmente recobrara el sentido, miró su entorno y se dio cuenta de que los dos hombres que las habían acompañado fuera del bar las habían metido en una habitación de algún hotel barato. Los dos hombres se alegraron de ver a las chicas temblar de miedo, ya que su desesperación solo les excitaba más. Janice les había pedido prestado un teléfono celular. El precio era que no se resistirían a nada de lo que ellos intentaran hacer, una vez que terminara la llamada. Janice no se pudo negar. Aunque Alivia trató de detenerla una y otra vez, al final estuvo de acuerdo.

En su mente, solo quería llamar a Malcolm y confirmar una cosa.

Janice envió un mensaje de texto al número de Malcolm antes de llamarlo, porque sabía que no contestaría a un número desconocido.

Aun así, no recibió respuesta alguna.

Impulsada por la desesperación, Janice no quería darse por vencida tan fácilmente, así que se mordió el labio e intentó llamar a Malcolm de nuevo.

Llamó a su número alrededor de quince veces antes de que finalmente respondiera. Los ojos de Janice estaban rojos e hinchados por el llanto y su voz le temblaba.

"Malc...".

De repente, el hombre sentado en su oficina se puso rígido. Gradualmente, la luz de su oficina lo iluminó, pero no suavizó su semblante.

"¿Qué es lo que pasa?".

Como de costumbre, Malcolm le respondió con indiferencia, lleno de frialdad y desdén.

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