Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Recupera a la Luna abandonada

Recupera a la Luna abandonada

Scarlett, la legítima Luna de la Manada Luna Oscura, enfrenta la traición pública de su esposo. El Alfa Alexander justifica su infidelidad con el embarazo de su amante, rompiendo la lealtad que ella le entregó. Sin embargo, Scarlett no se dejará vencer por el dolor. Decidida a proteger su honor y su corona, inicia un plan para destruir al hombre que la subestimó. Él pronto descubrirá que una reina despechada es el enemigo más letal que pudo crear.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

Lo olí en ella antes de verlos a los dos juntos.

Sándalo y cedro - el olor de Alexander, ése que antes hacía ronronear a mi loba de gusto.

Ahora, impregnaba la piel de otra mujer, como una marca de propiedad. Tan fuerte que casi lo sentía en la garganta.

Faye. Su novia de la infancia.

Su "amor verdadero", la misma que lo rechazó hace cinco años, que se largó a perseguir sueños grandes en la ciudad, dejando atrás a un hombre y una manada al borde del derrumbe.

Y como Luna... ni siquiera supe cuándo había regresado.

Nadie se dignó a preguntarme si estaba bien - que se joda la ley de la manada.

Y para cuando me enteré, ya estaba en mi sitio, bañándose en la gloria que yo había ganado a punta de sangre.

El salón de baile era puro brillo y éxito.

Los miembros de la manada reían, chocaban copas de champaña, brindando por nuestra subida - del puesto diez al segundo en el ranking continental.

Una victoria por la que yo había sangrado. Por la que había dado todo.

Y mi esposo la celebraba... con su amante entre los brazos.

Estaba clavada en la puerta del salón, aún con el abrigo puesto desde el coche. Los dedos apretaban la bolsa donde traía el vestido de seda blanca que había diseñado para MAÑANA EN LA NOCHE, cada costura con diamantes.

Sí. Mañana.

Todo el mundo me dijo que el banquete era al día siguiente.

Y yo, como idiota, me lo creí.

Si no llego a escuchar a la modista mencionarlo en mi prueba de vestido, ni enterada. Habría sido ajena a la celebración de mi propia manada, mientras otra ocupaba mi lugar.

"¡¿Luna?!" Ruby, mi doncella, soltó con la voz cortante, rompiendo la música.

Todas las cabezas se volvieron hacia mí.

Los murmullos empezaron en seguida:

"¿No dijo el Alfa que estaba enferma la Luna?"

"¿Tú aún te crees eso? No seas ingenuo..."

"Por los dioses... están los dos aquí..."

Cada palabra era una daga directo al pecho.

Pero los verdaderos tontos no eran ellos.

Era yo. La más idiota del salón.

Mi loba, Kara, gruñó en lo profundo.

"Desgárrales la garganta."

Quería hacerlo. Era la guerrera más temida de nuestra manada.

Pero ahí... no podía moverme. Ni siquiera respirar.

Al otro lado, Alexander deslizaba su mano por la espalda de Faye - con esa seguridad, esa intención, como diciendo "sí, es mía". Y me miraba mientras lo hacía.

Sus ojos azules, que antes se suavizaban cuando se cruzaban con los míos, ahora eran puro hielo.

"Ni se te ocurra armar un escándalo. Sabes lo que arriesgas."

Maldito.

Fue entonces cuando Faye me vio.

Sus ojos verdes se abrieron como si estuviera viendo un fantasma, y sus labios se formaron en una O perfecta de falsa preocupación.

Apoyó una mano perfectamente arreglada en el pecho de Alexander - ese toque íntimo me dio arcadas - y le murmuró algo que le hizo apretar la mandíbula.

Luego me miró otra vez. Y sonrió.

Satisfecha. Triunfante. "Mía."

Perra.

¿Cómo se suponía que soportara esto?

Diez pasos separaban esa puerta del centro del salón y se sintieron como caminar sobre brasas.

Todos me veían.

La música se fue apagando, hasta morir. Las charlas quedaron a la mitad. Hasta los camareros congelaron sus movimientos, con botellas aún en el aire.

Podía oler el miedo llenando el ambiente.

Perfecto. Que teman.

Soy hija de la Manada del Invierno. Elegí a Alexander cuando él no era más que otro heredero quebrado, con una manada hecha trizas.

Uní nuestras tierras durante el funeral de mi padre y convencí a mi gente de aceptarlo como Alfa, cuando lo querían muerto.

Yo lo reconstruí todo.

Y justo ahora, en la cima, ¿él decide humillarme así? ¿Qué se cree? ¿Que la manada entera debe ver que Faye es su verdadera Luna?

Jamás.

La Manada del Invierno no perdona traiciones.

Mis tacones resonaban contra el mármol - cada paso, una declaración de guerra.

Alexander se movió para interceptarme, colocándose frente a Faye como un escudo.

Sus hombros anchos la tapaban, pero ella asomaba la cabecita para mirarme, encantada.

"Scarlett." Su voz tenía ese tono condescendiente que usaba en las reuniones del Consejo. Como si yo fuera una empleada, no su pareja. "No es el momento ni el lugar."

Me detuve a un metro de él. Tan cerca que podía ver el tic nervioso en su mandíbula. Tan cerca que el perfume de jazmín de Faye mezclado con su aroma me revolvía el estómago.

"Yo creo que es exactamente el momento," dije, con voz firme que resonó en toda la sala. Miré a Faye, que aún fingía ser inocente.

"Si pensabas avergonzarme en público, entonces defenderé mi dignidad de la misma forma."

También te puede gustar

Portada de la novela Chef de Corazones Rotos: La Receta de la Venganza
8.9
Lina Dawson sacrificó su fortuna para apoyar a Patrick, pero él la traiciona tras una trampa de la ambiciosa Yolanda. La humillación culmina en una gala familiar donde Lina es despojada de su identidad y expulsada de su propia casa con la complicidad de su pareja. Ante tal desprecio y el robo de sus pertenencias, la heredera decide abandonar su fachada de humildad. Ahora, ejecutará un plan implacable para recuperar su lugar y vengarse de quienes la pisotearon.
Portada de la novela El hijo bastardo de él, la fortuna robada de ella
8.5
Charlotte descubre una realidad atroz tras siete años casada con Aiden. Al abrir su caja fuerte, halla pruebas de que él desvió su herencia hacia un fideicomiso para Leo, un hijo bastardo cuya existencia ella ignoraba. La tutora del pequeño es Haven, la cuñada de Aiden. Al ver a su familia política protegiendo este engaño y tratándolos como un hogar legítimo, Charlotte entiende que fue víctima de un plan para expoliarla. Ante tal infamia, decide huir y borrar su rastro.
Portada de la novela El juicio del silencio
7.9
La abogada Kyla Gibson perdió su voz y su futuro profesional para salvar a Gerald Spencer de la cárcel. Tras años viviendo en la sombra y sufriendo el desprecio de aquel hombre al que protegió, Kyla es traicionada y reemplazada ahora que él goza de éxito médico. Justo cuando su mundo colapsa, una revelación impactante cambia su perspectiva: el incidente que le arrebató el habla fue un engaño planeado. Kyla descubre que su gran sacrificio fue fruto de una farsa.
Portada de la novela El Precio del Perdón Negado
8.4
La cena de gala anual de los Robles, un escaparate de poder y opulencia, era el último lugar donde quería estar. Pero mi madre, Doña Elena, siempre maestra de las apariencias, había insistido para demostrar la "unidad" familiar. Apenas entré, los susurros me persiguieron como sombras: "Ahí está Armando Robles... dicen que estuvo preso... no, en una clínica por drogas... qué terrible, parece un monstruo". Ignoré las miradas de lástima y desprecio, y me acerqué a la barra. Allí, mi hermanastro Diego apareció, con su sonrisa de mártir. Me ofreció champaña, insistiendo en un brindis "por el pasado". "No bebo", respondí secamente. Él sabía por qué. "¿Todavía me culpas por ese pequeño... accidente?", preguntó con falsa inocencia, refiriéndose a la noche en que Sofía, mi exesposa, me había desfigurado con ácido. En ese instante, Sofía se acercó, y para mi sorpresa, le dijo a Diego que me dejara en paz. Pero Diego, el eterno manipulador, se deshizo en lágrimas, atrayendo la atención de todos. Sofía, cayendo en su trampa habitual, se volvió hacia mí, con el rostro endurecido. "Armando, ¡ya basta! ¡Discúlpate con él y tómate esta copa! ¡Ahora!". Me aferró la nuca y me obligó a abrir la boca. El champaña helado quemó mi garganta dañada. Me doblé, tosiendo, y un chorro de sangre salpicó el impecable mármol. Un silencio sepulcral llenó el salón, solo roto por un parpadeo en la pantalla gigante. La imagen cambió de un niño sonriente a un video granulado. Era una celda oscura, y yo, atado a una silla, siendo torturado. El sonido del látigo, mis gritos ahogados, las risas crueles de los guardias... todo llenó el salón. Caí de rodillas, suplicando entre sollozos, reviviendo mi infierno ante cientos de miradas. Cuando mis ojos encontraron los de Sofía, le dije: "Quiero el divorcio ahora. Y no quiero nada de ti. Quiero ser libre de todos ustedes. Me han quitado todo". Mi madre, en su pánico, intentó negar lo que se veía en pantalla. Diego, el vil, me acusó de haber filtrado el video para dar lástima. Y Sofía, tan predeciblemente, dudó de mí. "Armando... ¿tú... tú hiciste esto?". Esa pregunta. Fue el golpe final. Esa noche, encerrado en mi antigua habitación, supe que mi única salida, mi verdadera libertad, no era vivir. Era escapar.
Portada de la novela Esclava de muchos amos
8.2
Nayara, agobiada por una existencia de carencias, firma un acuerdo extremo para escapar de la pobreza, sin imaginar que acabaría siendo subastada como un objeto. En medio de este turbio mercado de influencias, surge Angelo D'Auguro, un influyente mafioso cuyas intenciones fluctúan entre la obsesión y el amparo. Mientras navega por un entorno de secretos y control, ella deberá descubrir si este hombre representa su mayor condena o su libertad.
Portada de la novela La esposa de la mafia: renacida en la humillación
9.4
Diana Dixson es asesinada por Sophia Visconti, pero la tragedia empeora cuando su marido, Vincent Rossi, oculta el crimen inventando que ella sufría problemas mentales. Forzada bajo coacción extrema, Diana debe firmar una disculpa pública degradante. Aunque acepta el trato para salvaguardar la memoria de su difunta hermana, su voluntad no se quiebra. En medio de la deshonra, jura vengarse de quienes la traicionaron y recuperar la justicia.