
Recuerda:Quien Es La Dueña Verdadera
Capítulo 2
El sol de la Riviera Maya caía a plomo, pero la brisa del mar traía un alivio fresco y salado. Sofía Romero, vestida con un sencillo vestido de lino blanco y sandalias planas, observaba a su hijo Diego jugar en la orilla de la piscina privada. El agua, de un azul turquesa casi irreal, reflejaba el cielo sin una sola nube. Era la imagen perfecta de la paz, un respiro que ambos necesitaban desesperadamente.
Diego, con sus siete años y su cabello oscuro pegado a la frente por el sudor, reía a carcajadas mientras perseguía una pequeña iguana que se había aventurado cerca del borde de la alberca.
"¡Mami, mira! ¡Es un dinosaurio bebé!"
Sofía sonrió, una sonrisa genuina que rara vez se permitía en su vida pública como una exitosa pero discreta diseñadora de moda. Aquí, en este balneario de lujo que pertenecía a su familia desde hacía generaciones, podía ser simplemente Sofía, la madre de Diego.
"Ten cuidado, mi amor. No lo asustes."
La tranquilidad se rompió de repente. Un grupo ruidoso, liderado por una mujer de curvas exageradas y un bikini diminuto de lentejuelas doradas, irrumpió en el área de la piscina como si fueran los dueños del mundo. La mujer, con un teléfono en una mano y una copa de champán en la otra, hablaba a gritos con sus seguidores en una transmisión en vivo.
"¡Miren, mis amores! ¿No es divino? ¡Mi Ricardito me consiente como a una reina! ¡Toda esta área, solo para mí y mis amigos!"
Sofía frunció el ceño. Reconoció el lugar. Era el área más exclusiva del resort, reservada para los dueños. Ricardo, su exmarido, no tenía autoridad para cederla. Pero lo que más le molestó fue la invasión de su paz, el ruido vulgar que ahogaba la risa de su hijo.
La mujer, que se hacía llamar Valentina Rojas en redes sociales, finalmente posó sus ojos en Sofía y Diego. Su sonrisa de plástico se desvaneció, reemplazada por una mueca de desdén.
"Oigan, ustedes dos. ¿Qué hacen aquí? Esta es una zona privada."
Su voz era estridente y arrogante. Sofía se levantó lentamente, colocando una mano protectora sobre el hombro de Diego, quien se había escondido detrás de ella.
"Esta es la zona de los propietarios. Y nosotros somos propietarios."
Valentina soltó una carcajada exagerada, mirando a sus amigos como si Sofía hubiera contado el chiste más gracioso del mundo.
"¿Propietarios? ¿Tú? Por favor, mírame ese vestido. Parece comprado en un mercado de pulgas. No me hagas reír. Seguramente eres una empleada que se coló con su mocoso. Lárgate antes de que llame a seguridad."
Uno de los hombres que acompañaba a Valentina, un tipo musculoso y con tatuajes, se acercó de forma amenazante.
"Ya oíste a la jefa. Muévete."
Sofía no se inmutó. Su mirada tranquila se endureció.
"No voy a ir a ninguna parte."
Valentina se acercó, moviendo sus caderas de forma provocadora. Se detuvo a un palmo de Sofía, mirándola de arriba abajo.
"Ah, ya sé quién eres", dijo con un chasquido de dedos. "Eres la ex de Ricardo. La mosca muerta que dejó por mí. Me habló de ti. Una mantenida que no sabe hacer nada más que estirar la mano para pedir dinero."
La acusación era tan absurda que Sofía sintió una risa amarga subir por su garganta. Ella, Sofía Romero, heredera de la dinastía hotelera más influyente de México, la mujer que había financiado de su propio bolsillo la cadena de hoteles que Ricardo ahora dirigía y presumía como suya. ¿Una mantenida? La ironía era casi poética.
"Veo que Ricardo te ha contado muchos cuentos de hadas", respondió Sofía con una calma que desquició a Valentina.
"No son cuentos, querida. Es la realidad. Él es un hombre de éxito, un tiburón de los negocios. Y tú... tú eres el pasado. Una mujer aburrida y sin chiste que tuvo la suerte de engancharlo por un tiempo. Ahora lárgate. Estás arruinando mi transmisión y mi bronceado."
Sofía se quedó quieta, su mente trabajando a toda velocidad. Podría destruirla con una sola llamada. Podría hacer que la sacaran de aquí con la seguridad del hotel, la verdadera seguridad, no la que Ricardo contrataba. Pero miró a Diego, que temblaba detrás de ella, y decidió que no valía la pena el escándalo. Aún no.
"Nos iremos cuando terminemos de nadar", dijo simplemente, y se agachó para hablarle a su hijo.
Valentina, enfurecida por la falta de sumisión, bufó.
"¡Como quieras, gata! Pero cuando llegue mi Ricardo, te vas a arrepentir."
Sofía la ignoró. Por dentro, una tormenta se estaba gestando. La humillación pública no le importaba tanto como la mentira que Ricardo había construido a su costa. Y ahora, esa mentira estaba amenazando la paz de su hijo. El error de Valentina no fue insultarla a ella, fue hacerlo frente a Diego. Y ese era un error que pagaría muy caro.
También te puede gustar





