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Portada de la novela Querido Hermanastro

Querido Hermanastro

La brillante y hermosa Abigail decide volver al lugar donde vivió sus peores días con un propósito claro: descubrir su sensualidad. Sin embargo, se reencuentra con Joseph Grosvernor, el dominante heredero de un gran imperio corporativo. Él, un hombre que jamás acepta un no por respuesta, desarrolla una obsesión posesiva hacia su hermanastra. Decidido a reclamarla, Joseph no permitirá que nadie se acerque a ella, marcando su territorio con fuerza.
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Capítulo 2

—No necesitaban de mí para hacer la fiesta, no veo la importancia de mi presencia en este lugar— repliqué aún enfadada.

—Pero aun así regresaste, aunque un simple mayordomo te lo pidió— dijo egocéntrica— debiste tener razones para volver.

—Eso no es de tu interés.

—Deberías hablar con tu hermano y felicitarlo por su compromiso—dijo para evadir el tema— No olvides que también perteneces a la familia Grosvernor.

—Ahora mismo está ocupado, pero hablaré con él cuando pueda—Frunce los labios, respirando hondo para tranquilizarme y evitar armar un escándalo con la mujer que decía ser mi madre.

—Bueno creo que ya no está ocupado así que, salúdalo— Dijo mientras miraba hacia la dirección donde se suponía estaba mi hermano, ella se marchó. Escuche unos pasos que se dirigían hacia mí por detrás y al girarme, mi hermano llegaba con una copa en sus manos.

— ¿A-Abigaíl?—Dijo confundido, con una suave voz, pero muy varonil e imponente— ¿Qué haces aquí?

—Re-Regrese por ti—Aseguro al reunir el suficiente valor en mi corazón como para mirar esos grandes ojos de color verde. Me sorprende de que me dirija la palabra.

— ¿Por... Mi?—Contesta sin expresión alguna en su rostro, es difícil saber qué está pensando de mí ahora que nos hemos vuelto a ver después de tanto tiempo.

—Sí, por tu compromiso—Respondo tragando saliva.

—Ah— dijo desanimado, casi decepcionado de mi respuesta.

— ¿Y tu prometida?—dije deseosa de conocer a mi nueva hermana. Y miro alrededor en busca de una mujer ostentosa y bella, quizás de cabello rubio o rojizo, además de hermosa figura. Una mujer que sobresalga del monto.

—No lo sé—se limita a responder con una mezcla de enojo y tristeza. Lo miré desconcertada, aunque tenía razones para dirigirme la palabra de esa manera.

—Oye…—me interrumpe mientras me observa detenidamente.

— ¿Te quedarás en la mansión?— Me pregunta desviando la mirada. Enfocándola en la mesa de bocadillos que estaba cerca.

—No lo sé, no creo que sea correcto—respondí después de analizar mi crítica situación respecto a mis padres.

— ¿Entonces te quedarás en un hotel?—Pregunto extrañado frunciendo el ceño.

— ¿Hay algún problema con eso?— pregunté con una sonrisa.

— ¡Te equivocas!... Acabas de regresar así que deberías quedarte con tu familia— Me reprendió. Aunque su mirada estaba en otro lado, estaba segura de que estaba feliz de verme y que me dijera aquellas palabras también me subía el ánimo y las esperanzas de haber sido perdonada por mi hermano

— Supongo que…—Rápidamente llego a mi memoria que mi padre insistió tanto en aquel tiempo que no me marchara y a pesar de que viaje sin su permiso, fue a buscarme con el motivo de pedir explicaciones de mi extraño comportamiento. Y para evitar revelar ese secreto que aún me mortificaba lo eché de mi departamento con decirle que yo no quería la vida que él me daba, y que yo deseaba ser como cualquier persona que podía salir a la calle sin tener que pedirle a un chofer que me llevara a un centro comercial y tener que aguantar a un séquito de guardias de seguridad. Después de haber sido tan grosera, no esperaba que se alegrara de verme o siquiera me recibiera en casa—podría visitarlos

— ¿Visitarnos?—Pregunto frunciendo el ceño de nuevo— ¿Por qué? ¿Acaso regresaste con alguien más? ¿Es esa la razón por la que no quieres estar con tu familia?

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Tal vez… que no debiste venir, quizás debiste quedarte en ese hotel y disfrutar del hombre que te acompaña—Soltó con la intención de que sus palabras llenas de ponzoña me afectaran y ofendieran.

—Tengo diferentes motivos de los que piensas ¡Joseph! No todas somos iguales, pero antes que nada he venido a ajustar cuentas contigo— expliqué con tranquilidad disimulando que su insulto eran palabras que se las lleva el viento.

— ¿Conmigo?... ¿Cuentas que pagar?—Responde engreído con una sonrisa burlona entre sus labios, levantando la ceja izquierda. Como si intentara analizar mis palabras.

—Así es querido hermano, vengo en son de paz, pero entenderé que por el momento no me puedas atender, tienes invitados que esperan para felicitarte—dije débilmente, intentando reponerme a la idea de perder otra vez a mi hermano. No tendría por qué darme tiempo para explicarle, era un momento de felicidad que yo venía a arruinar. Él me miraba extrañamente, pero se dibujó en sus labios una mueca parecida a una pequeña sonrisa.

— ¡Sígueme!— Me halo del brazo y me condujo por la fiesta hacia el interior del club. Me imaginé que podríamos ir a un lugar donde no nos molestaran y eso fue lo que estaba tratando de hacer. Llegamos a una oficina llena de libros, quizás era una biblioteca para los miembros del club campestre. Todos eran de temas administrativos y comerciales con temas como “Como ser líder”, “Finanzas internacionales” “Auditoria de Franquicias”. Todo lo que un administrador debería saber, pero mientras leía los temas que estaban sobre el respaldo de los libros escuche un pequeño ruido que provenía de la puerta detrás de mí. Joseph la había cerrado con seguro.

— ¿Qué es lo que tienes que decir?

—Te debo una explicación—Dije firmemente sin dejar de mirar los brillantes ojos verdes de mi hermano.

— ¿Explicación?— frunce el ceño confundido y vuelve a mirarme esperando por mi respuesta.

—Quizás no te importe lo que estoy por decir, pero si lo hago es porque no deje de pensar en ello desde hace cuatro años y tal vez esta sea la única ocasión de la que pueda hablar contigo porque volveré a Roma, aunque…—Suspire hondo para relajarme, baje la mirada al suelo, sabía que por vergüenza no me atrevía a mirarlo, no obstante debía ser firme para esto— Ese día recibí un correo con una extraña fotografía que me impacto y debía confirmar la información que venía con aquella foto. Llegue al hotel y me quede en el lobby con la intención de saber si mi madre estaba engañando a tu padre como venía en el correo, pero al verte no supe qué contestarte…y al ver a mi madre en los brazos de otro hombre no tuve la cara ni el valor para responder por ella, pero tú comenzaste a gritarme…

— ¡A-Abi…!—Dijo con asombro intentando detener mis palabras. Aunque comencé a llorar como una niña siendo interrogada.

—Y lo único que vine hacer era decirte eso, nunca supe de quién fue el correo, pero es la única explicación que te puedo dar…—Bajo la mirada nuevamente, solo se escucha su respiración y mi nariz congestionada por el llanto.

— ¿Por qué pones esa cara? ¿Acaso crees que me engañas? ¿Con lágrimas fingidas?—Esperaba ese tipo de insultos, pero el que me dejara terminar ya era una ganancia para mí y mi conciencia.

—Sabia que dirías algo como eso—respondo afligida. Limpiando los residuos de lágrimas.

—Supe que mi padre fue a Roma solo para pedirte que regresaras y como tu madre lo trataste cruelmente—Dice enfadado y añade— ¡Eres la peor basura que pudo haber pisado la casa de mi padre! ¡Incluso peor que tu madre!

— ¿Es todo lo que tienes que decirme?—Cuestiono tratando de contener las lágrimas.

—No—continúa con una sonrisa burlona y cierta malicia en sus ojos— ¡Tengo mucho que decir!

Mire a mi hermano, cada ofensa borraba cada bello recuerdo del pasado, del hermano que alguna vez tuve, su cálida sonrisa. Aquel hermano amable de buenos modales había sido remplazado por un hombre lleno de rencor exclusivamente para mí. A pesar de que ya tenía en cuenta que podía hablarme de esa manera, me dolía y ya no estaba dispuesta a seguir escuchándolo. Camine por su lado con dirección hacia la puerta decidida a marcharme.

— ¡Espera!...—Grito enfadado. Me tomo del brazo y me jalo hacia atrás, poniéndome entre un estante de libro y él— ¡No hemos terminado de hablar!

— ¡Ya no tengo nada que decir! Especialmente a un hermano que no conozco—Replique furiosa

— ¿Qué dices? ¿Acaso he cambiado?—murmura desconcertado— ¡Sigo siendo el mismo!

—No es así… Mi hermano Joseph nunca me hubiera tratado de esta manera tan cruel—le reprendo mirando de arriba abajo desconociendo totalmente su forma de actuar.

—Ya veo— Susurra, sonriendo levemente — Crees que yo he cambiado… Pero ¿Acaso tú no?

— ¿Qué quieres decir con eso?

— ¡Esto!

De repente sujeto mis muñecas contra los libros, y aprisiono mi cuerpo contra el suyo evitando que me moviera. Cuando me di cuenta su rostro estaba frente a mí ¿Qué hace…?

No podía pronunciar palabra alguna, ni siquiera gritar porque sus labios, besaban los míos. Perdiendo toda movilidad, no pude evitar lo que sucedía. Mis piernas, mis brazos cedieron ante el claro estado de shock en el que me encontraba.

¿Qué diablos Ocurre? ¿Por qué rayos...? ¿Por qué esta besándome?

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