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Portada de la novela Promesa Oriental

Promesa Oriental

Zashirah Mubarack Cooper es la hija mayor de su familia, una princesa dotada de virtud y talento que, sin embargo, oculta una profunda tristeza. Su vida da un vuelco con el retorno de Shemir a Norusakistan, reviviendo la ilusión de concretar un pacto romántico de la infancia. Para su desgracia, él ha cambiado y ahora ignora aquel compromiso, considerándolo una tontería de niños. Ella tendrá que lidiar con el sufrimiento de este desprecio.
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Capítulo 3

Shemir, caminó rápidamente hasta su habitación, furioso y frustrado arrojó la carpeta con los documentos sobre la mesa de noche, se sentó en la cama, se inclinó hasta equilibrar sus codos sobre sus piernas y sostener la cabeza entre sus manos.

-Lo sabía- se dijo en voz alta- sabía que volver era un error.- todo sería más fácil si ella le hubiese olvidado, de aquella manera solo tendría que batallar con sus fantasmas internos, con sus recuerdos y no con la necesidad de sucumbir ante su cariño.

¿De dónde había sacado fuerzas para no dejarse arrastrar por aquel beso, por la necesidad de sentirse querido por ella?. . .el pasado, la ultima vez que visitó Palacio, comprendió que las cosas entre ellos no funcionarían, ella era una princesa, él, el hijo de dos servidores de Palacio, evidentemente había un enorme abismo entre ambos, un abismo que no notó en su niñez, tampoco en su adolescencia cuando había prometido que se casarían, un abismo que no fue presente sino hasta su ultima visita a Palacio, donde el amor, y las hormonas habían hecho de las suyas, donde todo casi se sale de control, aquella ultima visita en la que le habían prohibido volver a Palacio, y él había prometido no regresar.

Debió cumplir esa promesa, pero tenía demasiadas ganas de verla nuevamente, y sobre todo de estar nuevamente en su país, de conversar con su padre y abrazar a su madre, había esperado que con un poco de suerte, podría verla y que ella lo hubiese olvidado, pero nada había salido como él esperaba.

Saber que ella lo quería y que seguía pensando en aquella promesa de infancia no hacía más que remover los sentimientos que por años se ocupó de sepultar. Zash, su dulce Zash, seguía siendo tan hermosa, tan noble, con esos hermosos ojos, y esa melena tan radiante como el sol, parecía acaparar todo el calor del desierto en su sonrisa.

-¡Por Alá Zash, esto no puede ser!- Sabía que la princesa Zahiry, cumpliría sus promesas, tal y como años atrás, volvía a amenazarlo. Podía entenderla, buscaba proteger el frágil corazón de su hermana.

Había visto tanta tristeza en sus ojos y. . . esas lágrimas, ¡POR ALÁ!, ella había llorado, la dulce Zash se deshacía en lágrimas y eso lo atormentaba. El anillo, ella conservaba el anillo. . . Cerró los ojos, dejándose caer en la cama, la suavidad de la misma recibió su peso, se permitió hurgar en su mente, remover todo lo que había colocado para sepultar los recuerdos, y rememorar el día que adquirió ese anillo.

Shemir, corría feliz por los jardines, Zashirah había entrado al salón para dedicar algo de tiempo a su técnica de pintura sobre el lienzo, a pesar de su corta edad, ella hacía unas dibujos hermosos, sin lugar a dudas sería una gran pintora.

-¿A dónde vas, hijo mío?-la voz de su padre le detuvo- deja de correr, podrías caerte o en el peor de los casos, ocasionar un accidente- Haimir levantó la vista hacia los guardias que caminaban por todo Palacio haciendo sus rondas, y el jardín no era la excepción.

-Iba a mi habitación a repasar mis clases- le dijo con una enorme sonrisa- Padre. . . ¿Puedo hacerle una pregunta?

-Claro, hijo mío, ¿Qué ocurre?

-¿Qué debo hacer si prometo algo?, quiero hacer una promesa, pero una muy sería, una que espero cumplir cuándo crezca- su padre frunció el ceño ligeramente y sonrió.

-Lo primero, orgullo mío, es que debes saber que hacer promesas es algo muy serio, una promesa no puede tomarse a la ligera- colocó una mano en su espalda, motivándolo a caminar con él- prometer, es dar tu palabra, y la palabra de un hombre debe tener peso, es todo lo que tienes, todo lo que te representa. Lo segundo es, que si es una promesa tan seria, y esperas cumplirla a futuro, debes tener algo que te haga recordarla.

-¿Debo escribirla en un cuaderno para no olvidarla?- el niño lo miró con el ceño fruncido.

-No, no, hijo mío- le sonrió tiernamente- una nota en un papel, puede ser perdida, el símbolo de esa promesa debe ser tan grande e importante como la promesa misma- el niño se quedó pensativo algunos minutos como sopesando las palabras del progenitor.

-Lo comprendo, padre- respondió asintiendo.

-Me alegra escucharlo, ahora bien, ¿Me dirás que piensas prometer, o a quién?

-¿Me obligarás a decirlo?- parecía preocupado.

-Jamás te obligaría a nada como eso, hijo mío- lo abrazó- confío en ti.

-Gracias, padre.

Con el transcurso de los días había decidido cual sería el presente perfecto para sellar su promesa, en cuánto su madre había dicho que iría al pueblo en busca de alguna túnica, él pidió acompañarla para hacer una compra, la madre sonrió y sin pedir mayor explicación, asintió, ya Haimir le había hablado de la conversación que tuvieron.

-Quiero comprar un anillo, una pieza que sea bonita, es para sellar un promesa- el hombre, dueño del negocio lo miró fijamente.

-¿Qué clase de anillo buscas, jovencito?

-El mejor que pueda darme- sacó una pequeña bolsa de cuero llena de piezas- esto es todo lo que tengo- se lo entregó- son mis ahorros de mucho tiempo, espero pueda darme algo significativo- el hombre tomó la bolsa y sonrió, aquel parecía un joven bastante educado, había llegado a la tienda en compañía de la madre, quien por petición de él, esperaba a poca distancia.

-Bien, jovencito- asintió- contaré esto y te daré lo mejor que puedas comprar.

-Gracias, buen hombre, Alá lo bendiga.- Cuando el hombre, volvió traía un envoltorio de un trozo de tela suave que extendió en la palma de su mano, ante él- Shemir, sonrió satisfecho al ver el anillo y la delicada cadena del mismo material brillante.

-Es plata, jovencito, es sencillo, pero su material lo hace valioso, además de que estoy seguro de que "ella" quedará prendada en cuanto vea la pieza- sonrió, Shemir le miró en silencio, esperaba que Zashirah, se sintiera feliz al verlo.

Dos días transcurrieron antes de que se animara a entregarle el presente a la princesa, le había invitado al jardín, había un lugar oculto por las vegetación, flores, y un banco donde solían sentarse a comer postres, Shemir se maravillaba de que la reina colocara tanto empeño en crear y conservar aquel jardín en un lugar tan caluroso, pero cuando una planta moría, ella traía y sembraba otra especie, y se dedicaba personalmente a regarla, también contaba con el apoyo del personal que ponía el mismo esmero en mantener el jardín de su señora para mantenerla feliz.

-¿Por qué hemos venido aquí, Shemir?- preguntó con dulzura la rubia princesa- ¿Comeremos postre?

-No, Zash, es que. . .te he comprado algo.

-¿Un obsequio?- sus ojos brillaron de alegría.

-Si- sacó la tela de su bolsillo- yo te quiero mucho Zash.

-Yo también te quiero- sonrió apenada.

-¿Tanto como para querer que sea tu esposo?- preguntó pronunciando lentamente aquellas palabras y mirándola fijamente, atento a su reacción, ella abrió los ojos enorme.

-Pero. . . somos niños, no podemos casarnos.

-No ahora- intervino él- sino cuándo seamos mayores- asintió con la cabeza- yo sé que te quiero y a mi sí me gustaría ser tu esposo.

-A mi también- sonrió la niña- me asustaste- rió- pensé que querías casarte ahora- volvió a reir- yo te quiero mucho y sé que serás un buen esposo.- el niño sonrió y abrio la tela mostrandole el contenido- ¡Shemir, es muy bonita!- exclamó con alegría.

-Sé que puede parecer poco- sonrió más ampliamente- sobre todo porque tu tienes muchas, además de coronas, pero lo he comprado con mucho cariño, he invertido en este presente todos mis ahorros.

-¡No debiste, Shemir!- le dijo avergonzada- esos ahorros eran para el cumpleaños de Naiara.

-Si debí- asintió- no es cualquier presente, Zash- ella acarició la joya, deslizando con cuidado los dedos sobre ella- con este anillo quiero sellar la promesa de que cuándo seamos adultos, me convertiré en tu esposo.

-Y yo me convertiré en tu esposa- sonrió ampliamente- nos casaremos, Shemir.

-Lo prometo- le dijo él- serás mi esposa Zash, y voy a quererte siempre.

-Igual yo- asintió la princesa firmemente, dándole la espalda, y haciendo a un lado su rubio cabello- ¿me la colocas, por favor?- el niño con sumo cuidado colocó la prenda en su cuello, ella la acarició y luego se giró hacia él- es preciosa Shemir, me ha encantado, prometo que la llevaré siempre y que cada vez que la vea, pensaré en tí. Gracias, te quiero- e inclinándose le dio un tierno beso en la mejilla, un beso que logró ruborizar al infante.

Shemir, abrió los ojos, volviendo al presente, con un suspiro se sentó nuevamente en la cama, recordar el pasado lo perturbaba, le perturbaba recordar cuánto la había querido, y cuánto la seguía queriendo.

-No debí volver, Alá, no debí volver- se restregó la cara frustrado. Luego abrió el cajón y extrajo una bolsa de cuero que contenía alguna de sus prendas más preciadas, sacó otra pequeña bolsa de cuero y tiró de la cuerda para desatar el nudo y abrirla, suspirando nuevamente extrajo la prenda dentro de él, observó atentamente la preciosa pulsera de oro, con un delicado rubí al centro, y dos pequeñas esmeraldas de cada lado, era una pieza única, preciosa y había sido el presente con el que ella había retribuido su gesto y sellado su promesa, Shemir sonrió mientras acariciaba el precioso rubí, era de sus prendas más preciadas, de hecho, la más preciada que tenía, y no por su valor, sino por obtenerla como un presente de la mujer que a tan temprana edad, y siendo sólo una niña, le había robado el corazón.

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