Portada de la novela Prohibido Llamarlo Amor

Prohibido Llamarlo Amor

7.9 / 10.0
Lo cotidiano oculta deseos que nunca debieron despertar. En el seno de hogares con afectos establecidos, brotan pasiones silenciosas y letales. Un contacto fugaz o una frase fuera de lugar detonan transformaciones irreversibles. Estos relatos profundizan en nexos fracturados y romances prohibidos entre hijastros, cónyuges y amantes. Mujeres valientes desafían normas por sentirse apreciadas, descubriendo que lo ilícito surge sin aviso y cambia sus vidas para siempre.

Prohibido Llamarlo Amor Capítulo 1

El reloj marcaba las 4:27 de la tarde cuando Camila empujó la puerta de la casa con el hombro. La maleta golpeó ligeramente el marco mientras entraba, más cansada de lo que aparentaba. El viaje había sido un escape conveniente, una excusa para alejarse, para no tener que mirar lo que desde hacía tres años le resultaba intolerable: cómo su madre había reemplazado la atención que solía darle, entregándosela a ese hombre.

Julián.

Él había aparecido de la nada. Diez años menor que su madre, pero con una seguridad y un magnetismo que le granjeaban el respeto de cualquiera. Camila no lo soportaba. O eso se repetía constantemente. Porque más allá del rechazo, había algo en él que la descolocaba. Algo en su manera de mirar, de moverse. Su cuerpo atlético, su voz grave. No debería importarle, pero lo hacía. Y ese era el verdadero problema.

Dejó las llaves sobre la mesa de la entrada. Todo estaba en silencio.

O casi.

Un sonido suave, casi ahogado, flotaba desde la sala. Camila frunció el ceño y caminó con sigilo. Había aprendido a no confiar en los momentos de aparente calma. Cuando asomó la cabeza por el pasillo que daba al salón, lo vio.

Y no pudo moverse.

Verónica estaba desnuda sobre el sofá, apoyada en las rodillas, los brazos extendidos hacia el respaldo. Su cuerpo maduro se arqueaba con una entrega que jamás habría querido ver. Y detrás de ella... estaba Julián.

Igualmente desnudo.

Su espalda ancha, marcada por músculos definidos, subía y bajaba con cada respiración. Una mano descansaba sobre la cintura de Verónica. La otra descendía, guiándose con lentitud. Su cuerpo era una escultura en movimiento. Firme, preciso, provocador. Su piel tostada contrastaba con el brillo sutil de la transpiración. Y más abajo...

Camila parpadeó.

Pero no se fue.

Se quedó mirando. Tensa. Incómoda. Fascinada.

Fue entonces cuando él giró el rostro. La vio.

Y por un instante, ninguno de los dos se movió.

Julián no se cubrió. No se excusó. Solo la miró con intensidad, como si supiera exactamente lo que estaba pensando.

Camila sintió cómo se le encendía la piel. No fue vergüenza. Fue rabia. Y algo más oscuro, más confuso, que le quemaba por dentro. La voz de su madre rompió el instante.

-¿Qué...? ¡Camila!

Verónica intentó cubrirse, jadeando. Julián no dijo nada. Siguió observándola mientras ella daba un paso atrás, sin bajar la mirada.

Y en su mente ya se había prendido una chispa.

No iba a permitir que él siguiera robando la atención de su madre.

Y si para demostrarle que no era el hombre que Verónica creía...

tenía que jugar sucio, lo haría.

El agua caía a borbotones en la pileta, mezclándose con el zumbido sordo que tenía Camila en los oídos. Sus dedos tamborileaban nerviosos sobre la mesa, su mirada clavada en la ventana como si algo fuera a explotar en el jardín. No podía dejar de verlo. A Julián. Su espalda. Su cuerpo. La forma en la que la había mirado cuando la vio ahí, parada en la entrada de la sala. No había ni rastro de culpa en su rostro. Solo una calma cínica. Un desafío mudo.

-¿Vas a hablar? -dijo una voz a su espalda.

Era él.

Camila no giró de inmediato. Quería que sintiera su desprecio, pero también... quería medirlo.

Él se apoyó contra el marco de la puerta, su camiseta gris ceñida a un torso atlético que parecía tallado con precisión. Su barba de dos días y los ojos oscuros le daban un aire casi hipnótico.

Ella permaneció en silencio, cruzando los brazos, manteniendo la mirada fija en el vacío.

-No sabíamos que habías vuelto -murmuró él con esa sonrisa ladina, sin esperar respuesta.

Camila respiró hondo, sin decir nada, y dejó que el silencio hiciera todo el trabajo.

Él dio un paso adelante, acortando la distancia, y sus ojos buscaron los de ella.

-¿Te molesta que la haga feliz? -preguntó con voz tranquila.

Ella apretó los labios y desvió la mirada, pero no dijo una palabra.

-¿No vas a decir nada? -insistió Julián.

Ella solo le lanzó una mirada fría y se retiró unos pasos, dejando claro que no tenía intención de hablar.

Él sonrió como si acabara de ganar una pequeña batalla.

-¿Quieres demostrarme algo? -preguntó.

Nada.

Sólo un silencio que pesaba más que mil palabras.

La tensión entre ambos era palpable, como un juego en el que las reglas todavía estaban por definirse.

Camila cerró la puerta de su habitación y se apoyó contra ella, respirando hondo mientras sentía cómo su cuerpo vibraba por dentro. No era solo rabia ni frustración; era una mezcla peligrosa de poder e impulso que le quemaba la piel. Estaba segura de algo: Julián no era inmune. Bajo esa fachada de arrogancia y calma, había visto algo que no esperaba. Deseo contenido.

Se desnudó lentamente frente al espejo. Su cuerpo joven y tonificado le devolvía la mirada con firmeza. Sus pechos redondos y hermosos se alzaban con naturalidad, perfectamente proporcionados, y sus nalgas firmes, resultado de horas en el gimnasio, le daban una silueta que sabía irresistible. No necesitaba exagerar, solo dejar que él la viera así, sin tocarla.

Eligió un vestido corto, suelto, sin sostén debajo. No era provocativo, pero sí insinuante, justo lo que quería. Que Julián se preguntara, que se distrajera, que empezara a imaginar.

Bajó las escaleras cuando el reloj marcaba las ocho y media. Su madre estaba en la cocina, distraída con la cena, y Julián sentado en la sala, con una cerveza en la mano y el celular en la otra.

Camila pasó a su lado sin mirarlo, aunque sabía que la había visto. Sintió el peso de sus ojos en su espalda. Se sentó en el comedor y cruzó las piernas lentamente. Luego las descruzó, dejando que el movimiento mostrara la firmeza de sus nalgas. Cada gesto era calculado, sutil.

Durante la cena, habló poco. Rió en los momentos precisos y dejó que los silencios crecieran entre las palabras. Bebía agua y permitía que una gota rodara por su labio inferior. Se limpiaba la boca con una servilleta sin prisa. De vez en cuando, sus ojos se encontraban con los de Julián por un instante, para luego apartarlos dejando su mirada colgando.

Cuando su madre se levantó a buscar más servilletas, Camila aprovechó para inclinarse y recoger algo del suelo, dejando a propósito que el vestido se alzara un poco, mostrando la curva perfecta de sus nalgas firmes. No era una provocación descarada, pero sí suficiente. Otra vez, sintió el peso de la mirada de Julián. No dijo nada. No hacía falta.

Terminada la cena, se levantó y pasó junto a él, dejando que su perfume quedara flotando entre ambos.

-Duerme bien, Camila -dijo él con voz baja, áspera.

Ella no respondió, solo giró ligeramente el rostro como si lo hubiera escuchado y sonrió de lado.

Subió las escaleras sin prisa, consciente de que cada paso era un movimiento en una partida mucho más peligrosa de lo que había pensado. Porque aunque todo esto había empezado por rabia y celos, ahora era algo distinto.

No solo quería abrirle los ojos a su madre.

Quería que Julián la deseara de verdad.

Y estaba segura de que él no tardaría en empezar a jugar.

Continuar leyendo

Tabla de contenidos de Prohibido Llamarlo Amor

Ch. 1 Ch. 2 Ch. 3
Ch. 4
Ch. 5
Ch. 6
Ch. 7
Ch. 8
Ch. 9
Ch. 10
Ch. 11
all

También te puede gustar

Novelas de Nuevo Lanzamiento

Portada de la novela Adiós, Amor Falso: Bienvenida al Imperio Vargas
8.5
Isabela dedicó ocho años a Javier, esperando una boda que terminó en una cruel traición pública con otra mujer. Tras ver su dignidad pisoteada y la reliquia de su abuela destruida, la bailaora decide no hundirse. Buscando justicia, contacta al poderoso Mateo Vargas, heredero de un imperio, para aceptar su propuesta de matrimonio. Ahora, respaldada por la influencia de los Vargas, Isabela renace dispuesta a que Javier pague por todo su desprecio.
Portada de la novela De Prisionero a Fénix: Su Arrepentimiento
8.6
Tras un accidente y tres años de amnesia, ella vivió en la miseria amando a Damián, un supuesto luchador. Al recobrar su memoria, descubre que él es un magnate tecnológico que provocó la tragedia para usurpar su fortuna y probar su lealtad de forma despiadada. Traicionada por el hombre que simuló su compromiso con otra, ella decide fingir su muerte. Desde las sombras, iniciará un plan de venganza para destruir el imperio de quien la manipuló.
Portada de la novela Desperté siendo la esposa de mi archienemigo
9.0
Selena Grant, la poderosa heredera del imperio Seaview, despierta en una realidad incomprensible tras perder tres años de memoria. Ahora está casada con su mayor enemigo, un hombre que la desprecia y la acusa de manipularlo con falsos intentos de suicidio. Al hallar evidencias de su propia y antigua obsesión amorosa hacia él, Selena se siente devastada. No obstante, su orgullo se impone: no tolerará más humillaciones y exigirá respeto ante este oscuro engaño.
Portada de la novela Donde duermen las mariposas
9.2
Tras la muerte de sus padres, Adele es acogida por su padrino Francis. Aunque crece junto a los hijos de este, la armonía familiar se desvanece cuando Lucas, el primogénito, desarrolla una peligrosa obsesión sentimental por ella. En su intento por huir de este asedio, Adele encuentra a Gregory, un abogado de éxito conectado con su pasado. Entre ambos surge una atracción profunda: ella busca seguridad y él anhela llenar su vacío emocional con la valentía de la joven.
Portada de la novela El Destino de la Luna Rechazada
8.2
Yvette Presley es la única superviviente de su manada tras una masacre devastadora. Al cumplir dieciocho años, el dolor de la pérdida se intensifica cuando su propia pareja decide rechazarla cruelmente. Lejos de rendirse, este desprecio fortalece su voluntad para buscar un propósito mayor. Enfocada en potenciar sus habilidades, Yvette se prepara para ser una Luna poderosa. Quienes la traicionaron pronto enfrentarán las consecuencias de su implacable venganza.
Portada de la novela Golpe de suerte: El heredero perdido vuelve a casa
9.6
Un joven que siempre rechazó la riqueza enfrenta una crisis total cuando su madre enferma y su pareja lo deja por un millonario. Al romperse una joya familiar, descubre que es el legítimo heredero de una fortuna colosal. Con un poder absoluto en sus manos, debe elegir entre la venganza contra quienes lo despreciaron o un nuevo camino. Esta repentina fama lo obligará a confrontar las sombras de su pasado y el misterio de su origen perdido.
Capítulos
Leer ahora
Compartir