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Portada de la novela Prohibido enamorarme de mi secuestrador

Prohibido enamorarme de mi secuestrador

Arlet Neumann vive rodeada de lujos hasta que despierta cautiva en un calabozo. Su mundo colapsa al saber que su padre, Amaro, era un criminal que masacró a la familia Newton. Sin embargo, un sobreviviente de aquella matanza ha regresado desde el olvido. Convertido en un hombre implacable, el heredero de los Newton busca cobrarse la deuda de sangre contra los Neumann, usando a Arlet como el instrumento principal de su oscura venganza.
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Capítulo 1

El sonido de la puerta al abrir la sobresaltó, pero no se giró, no hacía falta hacerlo, bastaba con sentir como sus vellos se erizaban ante la inminente presencia. Era ese hombre, estaba segura.

—¿Qué quiere?—lo encaró firme, alzando la barbilla.

Evidentemente, esto él no podía notarlo, estaba de espaldas después de todo. Pero sin importar si la veía o no, no pensaba demostrarle temor. Ya no.

—¿Qué quiero yo o que quieres tú?

La pregunta sonó tan extraña, que no pudo evitar girarse y mirarlo a la cara.

—¡¿Querer yo?!—le grito sin poder evitarlo—. ¡Pues creo que es bastante obvio! ¡Libéreme!—ordeno, como si realmente estuviese en condiciones de hacerlo.

Él no contestó, solo la miró con esos azules tan intensos y penetrantes. Era, sin duda, una visión impropia, parecía existir algo más en ese mar de indiferencia que siempre demostraba.

—¿Estás segura de eso?—preguntó, su voz sonó extrañamente suave.

—Por supuesto, ¿por qué no lo estaría?

—La otra noche, cuando me acerque, sentí que había algo más que simple repulsión de tu parte—le recordó, y aquello le hizo sentir incómoda. Desde luego que lo recordaba bien. Sus manos sobre su piel, el calor que su cercanía le transmitía, no era muy diferente a lo que experimentaba en ese momento: anticipación, deseo.

—No sé dé qué está hablando—fingió demencia.

Arlet sabía que era más fácil hacerse la desentendida, a confesar que, efectivamente, había sentido algo más. ¿Algo más por su secuestrador? Por supuesto que no. Ni hablar.

—¿Por qué te mientes?

—No siento más que asco por usted—le dijo.

La cara del hombre se transformó, si de por sí siempre mantenía una expresión fría, ahora parecía un témpano de hielo.

—¡Mientes!—le dijo, su voz sonó fuerte, a la vez que daba varios pasos acortando la distancia entre ellos. Ella retrocedió por inercia, ni loca lo dejaría acercarse de nuevo.

—¡No se me acerque!

—¡Lo haré! ¡Lo haré cuántas veces quiera!—le contradijo firmemente.

Arlet torpemente intentó huir, por supuesto que huiría, sabía cuál era su intención, hacerla flaquear con sus tontos trucos y no lo permitiría.

¿Pero podía huir? ¿Siquiera tenía caso intentarlo?

Parecía simplemente una labor imposible, estaba en una habitación, a solas con ese hombre, sin nadie a su alrededor que pudiera ayudarla. Estaba perdida, y lo confirmo cuando, de un empujón, chocó contra la pared y lo sintió cernirse sobre ella. Era grande, pesado, intimidante.

—¡No!—grito, pero al segundo siguiente no pudo decir nada más. Sus labios estaban lo suficientemente ocupados como para poder hacerlo.

Ese hombre la beso, él, Luke, su secuestrador. El mismo que había jurado venganza contra su padre, el mismo que decía detestarla con toda su alma, el mismo que le había gritado mil veces que la odiaba.

Pero entonces, ¿por qué la besaba si la aborrecía tanto? ¿Y por qué ella se sentía así al sentir el contacto de sus labios, de esos labios que juraban odiarla?

Era una locura y no lo permitiría. No permitiría que ganará, no permitiría que la hiciera flaquear con sus trucos, ni que su corazón se permitiera sentir algo más. Era su secuestrador y jamás sentiría otra cosa que desprecio por él.

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