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Portada de la novela Prisionera entre tus brazos

Prisionera entre tus brazos

Nicole, una joven de 18 años, termina en la habitación de Bruno Leone tras una trampa de su hermana. Luego de que la prensa difunde su encuentro, el multimillonario es obligado por su padre a casarse con ella. Bruno, marcado por una traición pasada y convencido de que Nicole lo engañó, jura convertir su vida en un calvario como venganza. Sin embargo, el odio inicial se transforma en un amor inesperado. ¿Logrará ella perdonar todo el sufrimiento que él le causó?
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Capítulo 3

El día de la boda había llegado, muy a su pesar sus padres organizaron una boda por todo lo alto, Bruno, parado frente al altar observaba a Nicole acercarse del brazo de su padre, no podía negar que se veía espectacular vestida de novia.

Era hombre y podía notar que la chica era muy bonita, su cara se iluminaba con esos grandes ojos inmensamente azules, su pelo largo y muy negro hacía contraste con lo blanco de su piel, pero eso no quitaba lo fría y calculadora que era, tendría que andarse con cuidado para no caer en sus garras.

Nicole no podía disimular su tristeza, sus padres no le preguntaron si se quería casar, simplemente la obligaron, era el día más triste de su vida, vio a su futuro esposo parado frente al altar,

No podía negar que era guapo, notó que era muy alto, su pelo negro resaltaba el azul intenso de sus ojos, pensó que ese cuerpo y cara muchos lo querrían cuando menos para un día domingo, aunque eso no quitaba lo jodidamente estúpido que era.

Su madre había elegido el vestido, era hermoso, blanco, cubierto de cientos de pequeños cristales, en pocas palabras, era un sueño hecho vestido, los Leone habían insistido en hacerse cargo por completo de la fiesta.

Frente al altar Nicole pedía a Dios que algo sucediera para que la boda no se llevará a cabo, pero fueron inútiles sus súplicas.

Bruno se mostró indiferente en todo momento, durante los votos, dijeron lo primero que se les vino a la mente, Nicole pensaba que era la ceremonia más triste y fría a la que había asistido, lástima que se trataba de la suya.

Sondra veía que su plan había salido mal, Nicole tendría que estarse casando con Leandro, no con ese hombre que a ella le parecía muy atractivo, no podía creer la suerte que tuvo, Bruno le gustaba y lo quería para ella.

La fiesta fue por todo lo alto, la madre de Bruno había elegido la decoración con excelente gusto, Nicole se encontraba incómoda con tantos desconocidos que se acercaban a felicitarla, la pareja bailó el vals nupcial tan solo para darles gusto a sus padres, para callar el que dirán que ha ellos tanto les importaba, Bruno la sostuvo por la cintura, apretando fuertemente al grado que sintió que no podía respirar, se acercó a su oído y le hablo con esa voz ronca que la alteraba con tan solo escucharla.

—No te hagas ilusión alguna conmigo, te aseguro que hoy empieza tu tormento, te prometo que te haré pagar muy caro lo que me hiciste —después de decirlo se rió de una manera que a ella le pareció escalofriante.

Ella empezó a llorar, por un momento tuvo el impulso de salir corriendo para alejarse, se contuvo al pensar en sus padres, Bruno limpió sus lágrimas con sus dedos, daba la impresión de que estaba siendo tierno, Nicole sabía que lo hacía por aparentar, quien los veía pensaría que lloraba de emoción, cuan alejado de la realidad era eso.

Terminando la recepción, la tomó del brazo, luego de despedirse de sus padres, abrió la puerta del auto para ayudarla a subir y se subió a su lado, ella deseaba regresar a casa con sus padres, pero sabía que no era posible, antes de encender el auto él se le quedó viendo.

—Espero te comportes a la altura, ser la esposa de un Leone es mucha responsabilidad, pobre de ti donde me llegues a avergonzar de alguna manera, desde ahora me perteneces y puedo hacer de ti lo que yo quiera.

—Al igual que tu, yo no estoy conforme con esta boda, creo que deberíamos de divorciarnos después de un tiempo.

—Ja, ja, ja, ni lo sueñes mujercita, conseguiste lo que querías, ahora pagarás el precio de haberme engañado de esa manera.

Nicole no contestó, prefirió quedarse callada, se sentía tan pequeña a su lado, sentía que esos ojos azul profundo destilaban maldad y odio hacia ella, tenía que planear todo muy bien para poder escapar pronto de ese maniático.

Al llegar a la mansión, bajaron del auto, Bruno se acercó y sin ella esperarlo la alzó entre sus brazos, Nicole se sintió aterrada.

—Tranquila, esto es lo que se debe hacer por tradición la primera vez que la novia entra en el que será su hogar, no queremos tener años de mala suerte en nuestro matrimonio.

Ella solo pudo observar la sonrisa retorcida de Bruno al decir esto.

Al entrar en la mansión, enseguida la aventó al sofá de mala manera, ella pegó un grito al caer, Bruno creyó que quizá se había lastimado algo, sintió el impulso de acercarse a ella, pero luego pensó que no era para tanto.

—Te pondré muy claras las cosas señorita, tendrás tu habitación, tienes prohibido entrar a la mía, no saldrás de está casa a menos de que yo lo autorice, me acompañaras a eventos públicos y cenas familiares cuando sea necesario, no daremos de qué hablar más de lo que ya lo hemos hecho.

—¿Tengo alguna otra opción? Estoy completamente en tus manos, sabes que mi padre me hizo renunciar a todo antes de casarme contigo.

Bruno sonrió maliciosamente, lo que Nicole no sabía es que él había convencido a su padre de aceptar la propuesta de Sondra de quedar ella como única heredera, no porque estuviera de acuerdo con esa ambiciosa, sino porque así Nicole quedaría por completo a su merced.

—No te meterás en mi vida ni en mis decisiones, aceptarás que dirija tu vida como me plazca, si querías estar a mi lado a costa de lo que fuera, pues así será.

Subió molesto a su habitación, dejándola sola en la sala, su presencia lo irritaba, esa niña caprichosa y mimada no sabía con quién se había metido, arruinarle la vida no sería tan sencillo, tendría un costo y sus consecuencias.

A la mañana siguiente Nicole bajó a desayunar, afortunadamente Bruno ya se había marchado, en la cocina se encontró con una chica del servicio.

—El señor ha ordenado que si desea algo se lo prepare usted misma, de ahora en adelante usted se hará cargo de sus propias cosas —la chica la observó de la cabeza a los pies y sonrió con desprecio.

Nicole prefirió ignorarla, buscó en los gabinetes y en el refrigerador, después se preparó un café y unas tostadas con mermelada, al terminar subió a su recámara a arreglarse, iría a ver a su mejor amiga Sophie, no la había invitado a la boda, sabía que se enteraría por los medios y quería explicarle.

Al bajar e intentar salir la detuvo un guardia en la puerta.

—El señor dió la orden de que por ningún motivo la dejemos salir, tampoco puede recibir visitas a excepción de sus padres.

—¿Quién carajo se cree tu jefe? Mi dueño no es y saldré a como dé lugar, pasó junto a él y se dirigió hacia la salida.

El guardaespaldas hizo un gesto de disgusto, se acercó a ella y la alzó sobre su hombro, una chica de su complexión y estatura era fácil de manejar, la llevó a su habitación, después cerró con llave.

—Lo siento señora, las órdenes del jefe no se discuten.

Nicole pensó que sin duda estaba casada con un orangután, ya habría tiempo de regresarle todas sus atenciones.

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