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Portada de la novela Princesa por Accidente

Princesa por Accidente

Elisa, una sencilla doncella, oculta su amor por el príncipe John, cuyo corazón pertenece a otra mujer. Sin embargo, un escándalo político los obliga a contraer matrimonio para salvar el honor familiar. Pese al apoyo de la reina, John desprecia a su esposa y la somete a una amarga indiferencia. Años más tarde, la necesidad de un heredero obliga al príncipe a cambiar su actitud e intentar conquistar a la mujer que durante tanto tiempo rechazó.
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Capítulo 3

Elisa desde el día que se casó se sentía una extraña en el palacio de Blueberries. Se suponía que era su casa y ahora era una extraña. Antes, cuando solo era una plebeya no se sentía tan mal. Al día siguiente de su patética noche de bodas, y recordando que su esposo debía estar con una resaca terrible, lo buscó hasta encontrarlo y entró a la habitación en la que se había quedado. —¿Qué haces aquí? -Se sobresaltó al oírlo porque lo creía dormido, pero no era así. Sus ojos azules se veían rojos, él estaba rojo. Supuso que había bebido más de la cuenta. —Elisa te hice una pregunta. 

—Vine a ver como estabas. 

—No tienes por qué. 

—Me dijeron en la cocina que te sentirías mejor luego de comer algo. Les mencioné que debido a las celebraciones bebiste un poco de más. -Fue cuando él se percató que ella llevaba una bandeja con frutas, tostadas de mantequilla y un jugo de naranja. John volvió a verla a los ojos y la miró con la misma frialdad del día anterior. Elisa puso la bandeja en la mesita y agachó la mirada. —Solo quería ser útil. 

—Sal de aquí. 

—Intento ayudar. 

—Me ayudas más si te vas de mi habitación, Elisa. 

—No debiste excederte bebiendo. ¿Por qué lo hiciste, John? No vale la pena hacerse daño así, te puedes enfermar. 

—Salte. ¡QUE TE SALGAS YA DE MI HABITACIÓN, ELISA!

—No tienes por qué gritarme. -Dijo ella un poco alterada alejándose rápido de la cama tras sobresaltarse por el hecho de que él le hubiera gritado. —Somos amigos ¿No? Respétame al menos en eso. 

—¡¿Crees que podría ser amigo de la mujer que dañó mi compromiso con Amber?! -Al verlo levantarse y mirarla con todo el enojo acumulado en sus ojos supo que él solo la culpaba por todo lo que había pasado. —Escuché todo lo que planeabas, como estabas enamorada de mí. 

Sus sentimientos siempre habían sido un secreto, por lo que se sorprendió mucho cuando él lo mencionó. —¿Quién te dijo qué…?

—¿Me crees tan imbécil, Elisa? Me embaucaste, engañaste a la corona y es una traición al estado el que hayas manipulado toda la situación para casarte conmigo y ser princesa. ¡No puedo creer que me hayas atrapado en este matrimonio!

Elisa se sentía pequeña incluso estando de pie delante de John. Pero a pesar de eso no iba a dejarse humillar. —Yo no te atrapé en este matrimonio. Quería escapar del palacio la noche que todo se volvió un asco. 

—No hables como pueblerina, me molesta mucho. ¡Compórtate como princesa!

—¡Hasta ayer yo no era una princesa! Y te recuerdo que dije muchas veces que no. ¡Dije que no! Pero todos insistieron en este error. 

—¡Fue el peor error que cometí! Jamás debí llevarte aparte para contarte. –Elisa no quiso decir que nunca le dijo nada. —Sal de aquí, no quiero verte. 

—Puedes salir de esto, solo debes pedir la nulidad del matrimonio en lugar de gritarme. 

—¿Y luego qué? ¿Tú humillas de nuevo a mi familia pero ahora vendiendo las historias a los magazines? ¿Me haces ver como un monstruo y me hundes? ¿Es lo que quieres, Elisa?

Ni siquiera se le había pasado por la cabeza. No lo había pensado. —Te estás portando cruel. No lo haría. Yo no te humillaré. 

—Lo hiciste. ¡Lo hiciste! Rompí mi compromiso por ti, por salvarte el cuello. Todo lo que querías era el poder de la corona. Creí que eras diferente, Elisa, alguien leal. ¡Sal de mi habitación, ya!

Y tras asentir dio media vuelta y se fue cerrando la puerta, se sobresaltó aún más al escuchar cómo caían al suelo algunos cristales dentro del cuarto, suponiendo y acertando que John había lanzado al suelo la bandeja que ella le llevó.

El hecho de que la tratara así de cruel la hacía sentir fuera de lugar. Intentó buscar una solución a su recién empezado matrimonio. Le había dicho que podía divorciarse pero sabía que eso supondría un enorme escándalo para la familia real y no era posible. Ya todavía seguía siendo material de primera plana y trending topic en redes sociales. Todos los noticieros hablaban acerca del horrible escándalo que estaba protagonizando la familia real en esos días. 

Apagó la televisión del estudio de los reyes en cuanto volvió a ver su cara. —Dios, que pesadilla. 

—Su alteza real. -Se sobresaltó al escuchar otra voz en el lugar y volteó. —Me disculpo, alteza real. 

—Nancy… Eres tú. ¿Podrías llamarme solo Elisa? Aún no me acostumbro al título. 

—No es lo apropiado, alteza real. -Dijo la doncella manteniendo una respetuosa distancia. Elisa había hecho buenas migas con ella cuando llegó al palacio pero luego de su matrimonio muchas cosas habían cambiado en poco tiempo. —La buscaba porque su Alteza, la Princesa Real Viola la vino a visitar, espera por usted en el salón rosa. 

—Voy. -Elisa fue a ver a su amiga y la encontró ahí, rubia, perfecta y de ojos azules. Usaba un vestido impecable color durazno y joyas de la nación de su prometido. —Viola. Hola. 

—Elisa. -La princesa hermana de John se acercó y le dio un abrazo fuerte. —Que locura todo esto. No imagino todo lo que estás pasando. En el palacio de Dennover, la nueva residencia de mi madre, todo es una locura. Intentan controlar lo que dice la prensa. 

—Estoy bien. Supe que hoy renegociaron el tratado con el reino de Ekistan. La princesa Amber volvió ayer ¿No es así? -Viola asintió y Elisa sintió como si se derrumbara el mundo bajo sus pies. —Por eso John se embriagó entonces. 

—Se repondrá de esto. No es el motivo de mi visita. 

—¿Qué sucede? -Elisa vio a Viola quien la miraba con algo de tristeza. —¿Hay algo que no sé?

—Los embajadores de Darmid y Bolgheri adelantaron la boda con el príncipe Damon. Parto para el reino de Bolgheri ahora mismo. Mi carro espera afuera y el avión está listo para despegar en cuanto llegue al aeropuerto. -Elisa escuchó y su mundo se volvió un poco más oscuro. Su amiga, la única que le mostraba un poco de apoyo en el palacio se iba. 

—Viniste a despedirte. -Viola asintió y Elisa dio un largo suspiro. —¿Y la reina?

—Mi madre irá a la boda en dos días. 

—¡¿Dos días?! -Eso sí que era pronto. —Apenas conoces al príncipe Damon. 

—Lo sé, y siento nervios pero es mi deber. No quieren que te diga esto, pero el reino pierde dinero y no saben por qué. Mi matrimonio con el príncipe de Bolgheri es para enviar fondos. Es una alianza económica muy lucrativa, lo que te pido ahora es que mantengas los ojos abiertos. Algo me dice que no todo es como parece y ahora tú eres la princesa de este reino. 

—No, no, no soy la princesa de nada. 

—Te casaste con John. Eres valiente, inteligente y tú puedes descubrir qué es lo que pasa en el país. ¿Puedes? No confíes en nadie, Elisa. Creo que tu matrimonio fue planeado, te usaron como chivo expiatorio pero puedes voltear las cosas a tu conveniencia. ¿Lo harás?

—No. Santo Dios, ¿Por qué me dices todo esto?

—Porque la vida de mi hermano podría estar peligrando y tú lo amas, no lo niegues, lo veo en tus ojos. Por favor, sálvalo. -La despedida de Viola era más una advertencia. La princesa se fue en su limusina y Elisa comenzó a tener miedo. Su esposo la odiaba y ahora estaba en medio de un complot. ¿Qué podía hacer ella?

La respuesta fue casi inmediata pues al día siguiente su esposo decidió irse del país. Le pareció la mejor solución, aunque a plazos largos ¿Por qué la dejaba atrás?

El príncipe John no estaba en el palacio de Blueberries, todos los que debían saber su paradero recibían los mensajes de su alteza real. Todos menos Elisa. A pesar de que ella buscaba la manera de saber si él estaba bien y la amenaza de complot seguía latente, después del primer año decidió que no era más que un rumor muy mal infundado y se acostumbró a aquella separación.

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