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Portada de la novela PRÉSTAME TUS DÍAS

PRÉSTAME TUS DÍAS

Defne ha visto cómo su optimismo se desvanece ante una enfermedad autoinmune implacable. Sin esperanzas de cura, la joven se rinde y aguarda el final de su sufrimiento. Sin embargo, su destino cambia al conocer a André, un fisioterapeuta recién titulado que inicia un servicio social obligatorio en su zona. Conmovido por la agonía de Defne, André asume el reto personal de combatir su desesperanza y ayudarla a recuperar la voluntad de seguir adelante.
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Capítulo 2

Estamos yendo de camino al médico, son aproximadamente seis horas en coche, el viaje es largo e incómodo; hay que ir hasta la capital, porque en donde vivimos no hay médico que se especialice en lo que tengo y pues él me ha llevado en control desde la última recaída que tuve.

Por milagro de Dios pudimos encontrarlo, literalmente es el único que conocía en todo el el país hasta hace cinco meses que escuché hablar de la existencia de otro. Si soy honesta, no quiero ir, ya se que es lo que diga, me se de memoria las preguntas rutinarias, siempre pide los mismo análisis, nunca hay cambio en la mediación a menos que sea para aumentar la dosis o aplicar una nueva; no quiero escuchar otra respuesta pesimista, no necesito que me repita que esto es de por vida o que lo estoy haciendo bien, que estoy mejorando, ni que me veo mejor, porque no lo siento así, no me veo así y no lo creo tampoco, pero mi padre a insistido en ir a ver si hay algún modo de reducir el dolor en mis piernas para que estas puedan sostenerme.

No querrán saber esto pero, antes de hoy por la mañana, tenía cinco días de no bañarme, no podía más con el dolor, no podía bajar a la regadera del baño, a duras penas lavaba mis partes íntimas sentada en la taza del baño o "me aseaba” como lo llama mi mamá. Me arrastre al baño –literalmente– esta mañana para poder ducharme, y cualquiera creerá que tengo los ojos inflamados de tanto dormir, pero la verdad es que he pasado quince minutos llorando al tratar de salir del baño y no conseguirlo.

Trate de llamar a mi mamá, pero la casa es muy grande así que no me escucho, no podía llamar a mi hermano porque no estabas ni siquiera con el sujetador puesto; recordar eso me está doliendo, así que mejor me concentro en ver pasar los coches a mi lado, releo alguno que otro letrero y escucho música para despejar mi mente. Estás en el consultorio del doctor, mi padre y yo, esperando que nos de una solución, mi padre los espera, yo solo quiero estar de vuelta en casa.

—Voy a inyectarle las rodillas, dos inyecciones en cada una, no tiene permitido pararse ni para ir al baño por tres días consecutivos, tiene que estar en absoluto reposo y sin mover las piernas con demasiada frecuencia; luego de los tres días me envían un video para ver el resultado.

—¿o sea que después de estas inyecciones puedo volver a pararme sin sentir dolor?, preguntó con mucha más esperanza de la que quiero tener.

— En teoría si, así debe de ser. Tus análisis están normales, tu nivel de inflación está normal, pero tienes los glóbulos rojos bajos, voy a recetarte algo para eso. ¿Estás bebiendo tu medicación al pie de la letra?, me mira con los ojos entrecerrados.

—protector de estómago en ayunas, zamen luego de desayunar, la vitamina luego del almuerzo, metrotexato una vez por semana. Le recito a manera de respuesta. Asiente con orgullo y me guiña un ojo. Desde que me conoció me ha tratado como una hija, me mima, me hace chistes, me toca con cuidado y me revisa a conciencia, es el mejor doctor que he conocido en toda mi vida.

—Bien, ahora quiero pesarte antes de aplicarte la inyección, ¿crees que puedas párate en la balanza? Sino puedes no pasa nada, no quiero forzarte si sientes mucho dolor.

—No puedo hacerlo. Agacho mi cabeza para ocultar el dolor que siento en mi pecho.

—Vale, déjame ayudarte a subirte a la camilla, ven me sujeta del brazo.

Pablo me coloca anestesia en ambas rodillas para luego aplicar el medicamento que hará el verdadero efecto, al parecer duele mucho sin la anestesia. Luego de vendarme las rodillas y darme indicación de quitarme las vendas veinticuatro hora después para prevenir cualquier infección me despide con una hermosa sonrisa.

Mi doctor es muy guapo, siempre he pensado que si no estuviera muy mayor y casado, podría enamórame de él. Ya han pasado los tres días y estoy muy nerviosa, no quiero pararme y darme cuenta que no funcionó la medicación, no creo soportar más decepciones. Me sostengo con un brazo de la mesita de noche que está al lado mi cama y con la otra hago fuerza impulsándome de la cama para pararme… y sorprendentemente no me duele nada, pero no me puedo sostener, me tiemblan las rodillas como si fueran un par de gelatinas recién sacadas d dos nevera, ¿por qué no puedo sostener mi cuerpo si no tengo dolor? ¿Qué salió mal?

Nota: Holissss, ¿se encuentran bonitos y gorditos? Chic@s si tiene cualquier duda sobre los términos de medicamentos o quieren saber algo en específico, los leeré y trataré de contestarle. Un abrazo psicológico.💋

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