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Portada de la novela ¿Por qué no yo?

¿Por qué no yo?

Hay emociones tan intensas que el alma opta por ocultarlas en lo más profundo del ser. Este relato de romance actual profundiza en la dura dualidad de profesar un amor inmenso bajo el peso de un secreto absoluto. En esta trama, el silencio deja de ser opcional para convertirse en el único amparo de un sentimiento que no logra encajar en la realidad de sus protagonistas. Una exploración sobre el afecto invisible que sobrevive en la sombra.
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Capítulo 1

"Iván, Sé que parecerá extraño lo que te diré, pero no lo puedo ocultar más. TE AMO."

Una vez intento escribir una nota a él dejándole saber lo que siento, pero nuevamente tacho sus letras sin dejar rastro alguno de lo que intente decirle en este papel. Ya he perdido la cuenta de cuantas veces lo he intentado y de las veces que me repetí a mí misma que debo mantener silencio. Lo que siento no esta bien, o, mejor dicho, ya es tarde para jugar a ser valiente. Perdí mi oportunidad y ahora es mejor cargar con las consecuencias de mi cobardía.

—¿Qué tanto escribes?— Me pregunta sorprendiéndome al salir del probador y de verdad que no esperaba que me viera haciendo esto.

—Nada...— Le respondo cerrando inmediatamente la libreta de mis intentos frustrados por decirle lo que siento y trato de no mostrarme nerviosa.

—¿Y cómo me queda?— Inquiere y de inmediato levanto mi mirada para verlo y literalmente me quedo con la boca abierta. Sigo pensando que un hombre no debería ser tan guapo como lo es él. Su cabello oscuro y ojos del mismo color resaltan con ese traje, y ni hablar de su espalda tan ancha y esos brazos que siento que tienen la justa medida para protegerme de todo lo malo.

— Muy elegante, digno para la ocasión. Paulina morirá de amor al verte vestido así. — Es lo que me limito a responderle, y es que de cierta manera esa es la respuesta correcta, aunque debo morderme la lengua para no decirle que yo también me estoy muriendo de amor por él.

—¿Tú crees? — Cuestiona con dudas.

—¡Claro que sí! Mírate al espejo, ese esmoquin te queda estupendo.— Le reitero.

—¿No crees que es igual que el que uso para las alfombras roja de los eventos a los cuales asisto?— Averigua acomodando los gemelos en la camisa.

—Iván, los esmóquines son todos muy parecidos, no sé qué esperas.— Le respondo sin pararme del sofá donde estoy sentada en esta elegante casa de ropa masculina y es que la verdad a veces pienso que es demasiado exigente con su manera de vestir.

—Espero encontrar el esmoquin perfecto para mi boda, quiero que Paulina quede deslumbrada al verme en el altar, al igual que seguramente yo quedare al verla con su vestido de novia. — Comenta con orgullo.

Otra vez lo escucho hablar de su boda, lo veo con esa sonrisa de típico enamorado y mi corazón simplemente se rompe en mil pedazos al igual que lo hace desde ya casi cinco años «Esto te pasa por enamorarte de él» me regaño a mí misma.

—Pruébate este otro.— Le sugiero señalando el otro esmoquin que está colgado afuera del probador y él voltea a verlo para luego sonreírse.

—De acuerdo, solo espero que este si me guste.— Dice cerrando la puerta.

Mientras que espero que el hombre que amo se pruebe la ropa con la que se casara en tan solo dos semanas, me coloco los auriculares y le vuelvo a hundir el botón de reproducir a esa canción que tan bien describe lo que siento en estos momentos. La letra de “Why not me” de Enrique Iglesias suena a todo volumen y los sentimientos me invaden una vez más.

Desde que la escuché por primera vez me di cuenta de que son las palabras que no le puedo decir, que jamás le diré, y que tanto me hacen llorar a cada instante. Los amores en silencio duelen y mucho más cuando ves a esa persona vivir su historia de amor con otra mujer tan cerca de ti.

—¡Es este!— Grita Iván desde adentro del probador haciendo que le ponga pausa a la canción para poder escucharlo bien.

—Déjame ver.— Le digo intentando que no se note que estuve a punto de volver a llorar como lo he estado haciendo todo este ultimo tiempo.

Él sale nuevamente del probador y con unos gestos me cuestiona mi opinión acerca de ese esmoquin. Lo miro detenidamente y le lanzo una sonrisa de aprobación, una que me ha costado mucho ya que de lo que menos tengo ganas en estos momentos es de sonreír —Ese es…— Le respondo finalmente intentando sonar entusiasmada al verlo tan feliz, pero no sé si tengo éxito en esta odisea.

—¡Gracias mi niña!— Exclama feliz y luego me planta un beso en la mejilla. — ¡Sabía que tú eras la indicada para venir conmigo a escoger el esmoquin!— Continúa diciendo y allí esta otra vez esa manera de tratarme.

—Para eso son los amigos.— Le respondo con un gran esfuerzo.

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