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Portada de la novela Por favor, no te enamores

Por favor, no te enamores

Lo que inició como un pacto frío se transformó en un desafío al corazón. Atrapado entre deudas ajenas y la lucha por la custodia de mi hijo frente a mi exesposa, propuse un trato comercial a Sofía: un matrimonio de conveniencia. Aunque ella no buscaba afecto y yo evitaba complicaciones, el vínculo con el pequeño cambió nuestra realidad. Mi papel de CEO y mi reputación palidecen ante el miedo de perderla. Ya no es una fachada; ahora es mi todo y no la dejaré ir.
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Capítulo 8

El viaje a la clínica no represento mayor problema o incomodidad para ninguno de los dos, pues tanto Alexander como Sofía estaban acostumbrados a compartir el vehículo del empresario, ya que la mayoría de los cierres de contrato terminaban en una que otra cena, y Alexander siempre la llevaba, siempre en silencio, él perdido en pensamientos de cómo mejorar aún más el nivel de su empresa y ella en cómo podía sorprender a Adrián, ahora la situación era diferente, al menos en lo que pensamientos se trataba, Alexander trataba de guionar una gran historia para el día siguiente, cuando la horda de reporteros lo esperar afuera de su mansión y Sofía, tratando de calcular a cuanto ascenderían los gastos por el nacimiento de su sobrino.

— Es aquí, muchas gracias. — advirtió la joven, ya quitando su cinturón, aun antes de que Alexander detuviera el vehículo.

— Te acompañare, creo que es un buen momento para que me presentes como novio. — Sofía abrió tan grande sus ojos que Alexander dejo ver una sonrisa, y eso lo hizo sentir raro, desde hacía poco más de seis meses que él no sonreía.

— Eso no es necesario. — soltó en un pequeño susurro, pues la garganta se le había secado a la joven.

— Lo es, Sofía, para mañana en la mañana nuestras fotos estarán en cada periódico, cada tabloide, serás parte de un nuevo capítulo de la tragicomedia que se ha convertido mi vida. — pena, eso sintió Sofía, y a pesar de que Alexander se comportaba como siempre, al menos con sus empleados, ella podía distinguir que cierta luz se había apagado de la mirada del CEO.

— Bien, solo… debe de saber que no sé qué podrían decir mis padres, nunca se lo qué dirán, por lo que le pido que no lo tome a mal, por favor. — no mentía, y es que Sofía ya no sabía cuándo estaban bromeando o cuando eran hirientes, ¿lo eran por qué querían? O ¿solo no sabían expresarse? No los comprendía, pero eran sus padres después de todo.

— No te preocupes, créeme que sin importar que, no pueden ser peores que la gran Evelyn Thompson. — Sofía dejo salir una risilla, mitad de nervios y mitad de diversión ante el rostro de falso pánico que su jefe mostraba, y Alexander se percató que hacía mucho no había escuchado esa risilla, ¿Cómo no se había percatado que algo le sucedía a la joven que pasaba más tiempo con él que su propia esposa? mejor dicho, exesposa.

Como el caballero que su padre le enseño a ser, Alexander descendió del vehículo y abrió la puerta de Sofía, quien hizo el intentó de avanzar, pero la mano del CEO en su muñeca se lo impidió, para luego llegar a su lado y sujetar su cintura, en un abrazo casual, mientras la incitaba a caminar.

— ¿Señor Thomson? — murmuro como pudo, entre la sorpresa y la vergüenza.

— Dime Alexander, Sofía, se supone que somos novios, además tenemos un periodista justo atrás nuestro. — Sofía no pudo evitar el querer ver sobre su hombro y Alexander la detuvo, fingiendo que limpiaba algo en la comisura de su labio, mientras sonreía y la veía a los ojos. — Debes aprender a ser más disimulada Sofía.

Estaba aturdida, a tal punto que solo asintió y aun con ojos muy abiertos dejo que Alexander la arrastrara hasta la recepción de la clínica privada.

— Buenas noches. — dijo la mujer en la recepción y solo entonces Sofía salió de su aturdimiento, aunque estaba un poco contrariada al sentir que la mano de Alexander subía y bajaba de su cintura a su cadera, a milímetros de rozar su trasero, pero solo le basto con verlo de lado, para saber que el CEO estaba perdido en su mente, lo conocía, sabia cuando la mente de ese hombre estaba en otro lugar, por lo que supuso que era un movimiento quedado de su jefe y no otra cosa.

— Sí, buenas noches, estoy buscando a Anderson Lyra, ingreso con labor de parto, y la sometieron a una cesaría, soy Sofía Anderson, su hermana.

— Oh, usted es quien pagara los gastos. — concluyo la mujer y Sofía maldijo que sus padres afirmaran tal cosa, pues si no fuera por el negocio que surgió con Alexander… no queria ni pensar lo que hubiese sucedido.

— Lo soy. — respondió con voz triste, sin poder evitarlo, su hermanita era madre, y eso le parecía tan descabellado, si aún no podía cuidar de ella misma ¿Cómo haría con un bebé?

— Este es el monto, una vez que complete el papeleo y pague la tarifa le entregare la tarjeta del ascensor VIP. — ¿ascensor VIP? Malditamente, se dijo y su mano tembló un poco al tomar los papeles que la rubia le pasaba.

— Pero ¿Qué? — si no fuera porque estaba con su jefe al lado, seguro y se ponía a gritar, pero no se arriesgaría a montar un escándalo, en especial porque ahora sí, había visto el reflejo de una luz, estaba segura de que era un Flash de alguna cámara, Alexander no mentía, los reporteros los seguían.

— ¿Sucede algo? — indago Alexander regresando de donde sea que su mente lo hubiera enviado.

— No, es solo… — diez veces su salario, es lo que Alexander había depositado en la cuenta de Sofía y, aun así, no era suficiente. — No comprendo a que se debe esta suma exorbitante, por más que sea una habitación VIP, este monto es exagerado. — se quejó entre susurros y Alexander vio por su hombro la hoja que Sofía sostenía, aunque lo hizo pasar como que dejaba apoyada su cabeza sobre la de la rubia, como que en verdad fuera una pareja de enamorados, algo que hizo tensar a Sofía, no tanto la cercanía con su jefe, sino que solo ahora se percataba realmente la diferencia de altura que había entre ambos, pues aún luego del tiempo que llevaban trabajando juntos, sus cuerpos jamás habían estado tan cerca el uno del otro.

— Señorita, todo esta detallado allí, no solo los gastos de la CesAria, también la cama extra que mandaron a pedir para un acompañante, el alimento gourmet también tiene una tarifa extra…. — la mujer continúo hablando a medida que Sofía entendía que alguien, y estaba segura de que no era Lyra, había solicitado la atención que se espera darle a un multimillonario. — Además pidió realizar todos los chequeos correspondientes al bebé, por lo que estarán ingresados un mínimo de cuatro días. — las piernas de Sofía por un segundo le fallaron, y Alexander la sujeto con fuerza atrayéndola más hacia él, quien los viera de fuera, como era el caso del periodista, creería que estaban celebrando algo.

— Esto… — murmuro Sofía y Alexander temió que pudiera desRinyrse de un momento a otro.

— Deja que yo me encargue cariño. — dijo el CEO, pasando su tarjeta negra que incluso tenía un diamante incrustado.

— No, por favor. — dijo más por costumbre que porque realmente lo sintiera, pues ella no tenía como hacer frente a tal gasto.

— No te preocupes. — murmuro el CEO en su oído. — Solo me aseguro tener novia por tres meses más. — concluyo con una sonrisa tranquilizadora, sin querer que Sofía lo sintiera como que se estaba aprovechando de la situación, cuando en realidad era así, pues Alexander sabía que un noviazgo de un mes no acallaría los rumores que Lucrecia se encargaba de desparramar, además el juicio por la tenencia de Bautista ni siquiera tenía fecha, por lo que necesitaría a Sofía por mucho tiempo.

— Gracias. — finalmente dijo viéndolo a los ojos, y Alexander los observo con detenimiento por primera vez, descubriendo que su tonalidad se asemejaba mucho al mar profundo o al océano mismo, y que poseía pequeñas vetas celestes, algo que lo encandilo, jamás había visto ojos tan raros y hermosos.

— Lo que sea para que mi novia sea feliz. — rebatió y Sofía estaba segura de que terminaría con dolor de espalda, pues jamás había estado tan recta y dura como en ese momento, pero luego de que el CEO viera por un fugaz momento a la secretaria, la joven comprendió que lo más probable fuera que quisiera asegurarse que si algún reportero ingresaba a preguntar algo, esa rubia le diera un buen relato.

— Aun así, muchas gracias. — aseguro sin poder evitarlo, ya fuera porque era un buen negocio para ambos o no, Alexander le estaba dando una gran ayuda, una que ni siquiera Adrián le había brindado.

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