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Portada de la novela ¡Podría ser tu padre!

¡Podría ser tu padre!

No soy de las que se impresionan rápido, pero si alguien capta mi atención, hago lo necesario para obtenerlo. Para mí, los años de diferencia no representan una barrera insuperable. Pese a que él intente alejarse y rechace cualquier conexión, su resistencia solo aumenta mi determinación por conquistarlo. Es verdad que por su edad bien podría ser mi padre, pero al no serlo, estoy decidida a ganar su corazón sin importar los obstáculos.
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Capítulo 2

Lilian

— Ella es una de mis hijas mayores, las gemelas, ¿Te acordas de ellas? — Espero que no, porque lo único que quiero que recuerde de mí es la increíble noche que puedo darle.

Danniel, por cierto que nombre más lindo; se sienta y sigue hablando con mi papá, yo solo lo miro a distancia desde el comedor donde estoy con mi mamá.

— ¡Hey! — miro a mi mamá y me desconcentro de lo que hablan mi papá y Danniel, que cosa más linda ¡Por favor!

Esta me abre los ojos a lo que me encojo de hombros.

— Lil deja de mirarlo así— ruedo los ojos — Ya te lo imaginaste todo ¿no? — me río con picardía.

— Tengo que ver un poco más para imaginarlo con detalles — vuelvo a mirarlo y mi mamá me golpea con un repasador en la cabeza. — ¡Hey! Los ojos están para ver — frunzo el ceño mientras la miro.

— Ya lo sé, pero no te parece que — mueve las manos pero no la entiendo — Danniel te conoce desde que tenes como 7 años — ruedo los ojos.

— Yo no me acuerdo y si no me acuerdo, no paso — mi mamá lanza una carcajada.

— Dale Thalía, no espantes al pobre hombre, que se va a quedar unos días y además no querés que tu papá se pelee con él ¿no?— resoplo porque mi mamá no suele ser tan racional.

— Bueno, lo miraré cuando papá no vea, pero ya lo vi así que donde pongo el ojo....

— Otro mete la bala ¿No? — miro hacia el techo pensativa.

— Si él me la mete con eso me conformo — Me empiezo a reír mientras mi mamá niega.

— Lil, solo espero que estés bromeando — me encojo de hombros.

— Un poco de esto, un poco de aquello, tranqui Ma, nadie se va a enterar así que jamás vas a saber si fue broma — Le guiño un ojo.

— A veces me pregunto ¿Yo era como vos? — niego frunciendo el ceño, que cosas dice, ¿Cómo habría dos como yo?

— Ma, no hay dos como yo — revolea los ojos mientras sigue acomodando unas cosas para la cena.

— Vos sos peor que yo sin dudas — El termino peor no está en mi vocabulario.

— O mejor — sonrío y ella solo suspira.

Mientras yo en mi cabeza solo pienso en ese hombre perfecto que está en la misma casa, el cual dormirá a una pared de distancia y yo... necesito saciar mi curiosidad, soy una mujer a la que le gusta probar cosas nuevas, ya he estado con hombres mucho más grandes que yo.

Aunque admito que el hecho de que sea amigo de papá y ese toque de prohibido, le suma una adrenalina que debe ser genial. Solo de pensarlo mi piel se eriza, soy adicta a la aventura, no tengo remedio. Y ya lo dije ese hombre va a ser mío.

......

Me comporté muy bien debo decir, no lo miré en toda la cena, tampoco quiero espantarlo.

Estoy dando vuelta en la cama, no dejo de pensar en ese hombre, solo pienso en la manera de llamar su atención.

No soy buena para todo eso de la conquista, no se me da bien la charla previa al sexo, en eso si soy buena, nadie jamás se quejó.

Suspiro mientras giro y giro en la cama, no sé si es el colchón, no sé si son las sabanas, pero no puedo dormir.

¡Mierda!

Me levanto para ir a buscar agua y comer algo así quizás me agarra sueño.

Salgo bajando a la cocina, abro la heladera y no hay demasiado para comer, saco la jarra de agua y me sirvo un vaso, lo apoyo en la mesada mientras busco en la alacena algo como cereales o lo que sea para comer, maldita ansiedad que no me deja dormir.

¡Eureka!

Una caja con cereales de chocolate, me paro en puntas de pie para agarrarlo, tendría que haber nacido con unos centímetros más. Parezco una niña subiendo a la mesada para robar chocolates.

— Hmm Hmm

— ¡Mierda!— en el tremendo susto que me da hace que me mueva demasiado rápido y tiro el vaso de agua sin contar que bajo al suelo en un salto y... — ¡Mierda mierda!

— ¿Estás bien?— aprieto los ojos ante el dolor que siento en la planta de mi pie, lo levanto en el aire.

— No, me duele — no quiero ni ver la sangre, odio la sangre podría desmayarme de ver sangre. — ¡La puta madre!

— ¡Déjame ver! — niego repetidas veces — Perdón, no quería asustarte— ni yo quería asustarme, hubiese preferido que él aparezca en la maldita cocina y ver lo sexy que debe estar con ropa de dormir, pero estoy acá con mis ojos cerrados y mi pie lleno de vidrios.

— Solo... solo ayúdame a sacarme esto — susurro aguantando el dolor.

— Si, tranquila — siento sus manos firmes y calientes rodearme mientras me ayuda a caminar y quisiera abrir mis ojos para verlo.

— ¿Hay sangre?— no responde y me voy moviendo con su ayuda.

— Sentante con cuidado, ahora vemos tu pie — muevo mis manos para encontrar el sillón y casi me caigo así que me agarro de su brazo, tiene unos brazos fuertes y maldigo ser tan bruta e idiota. —Despacio Lilian — Asiento con un sonido y logro sentarme en el sillón.

Siento sus manos en mi tobillo y toda mi piel se eriza. Abro lentamente mis ojos y lo veo con una remera blanca pegada q su torso y unos pantalones grises muy finos que estoy segura marcan perfectamente todo su cuerpo, está en cuclillas mirando mi pie y lo observo demasiado hipnotizada por todo lo que él emana.

— No se ve tan mal, tranquila — Asiento sin decir nada, siempre se me ocurre que decir, pero justamente ahora estoy muda. Levanta su vista y sus ojos, que son divinos; me miran con preocupación.

— Yo...

— ¿Te duele?— asiento— ¿Tienen un botiquín?

— Mi mamá tiene uno en el baño de allá — señalo a mi izquierda.

Camina hacia allá y no tarda nada en volver con el botiquín, lo apoya en la mesa ratona y empieza a buscar todo lo necesario para sacar los vidrios de la planta de mi pie.

— ¿Sos doctor?— me mira dudoso.

— Deberíamos avisarle a tu mama ¿No? — se levanta y lo detengo agarrando su brazo.

— Tranquilo Danniel, solo era un comentario, en el compartimiento de la esquina derecha hay una pinzas que pueden servir para sacar los vidrios — vuelve al botiquín y las encuentra.

— Quizás te duela — asiento y cierro los ojos.

Siento cada movimiento que hace, se sienta en el sillón y apoya mi pie en su regazo, con mucho cuidado saca uno a uno los vidrios.

— Si te duele...

— Estoy bien, solo... ¡Auch!

— Perdón, perdón— siento el calor de su aliento mientras sopla mi pie.

Mi corazón se me va a salir, no sé si es porque me duele o porque tenerlo cerca es más excitante que lo que imaginé.

— Te voy a poner desinfectante y así lo tapamos con unas curitas — solo asiento y él muy atento a todo termina de limpiar mi pie, le pone una venda y se pone a guardar todo en el botiquín.

— Gracias — lo único que logro articular.

— No, Lilian fue mi culpa, yo no quise asustarte y... no pensé que alguien estuviera despierto. — intento levantarme pero no puedo apoyar bien el pie. — Yo te ayudo no te preocupes — pasa su brazo por mi espalda y en estos momentos seré una mujer inútil, solo para tenerlo así pegado a mí.

Caminamos subiendo las escaleras, me recargo en su cuerpo, Danniel tiene un cuerpo firme, es más alto que yo y... maldigo la hora que me corte el pie o no, porque ahora tendrá que acompañarme a mi habitación y...

¡Lilian ya basta!

— Cuidado con ese escalón— me ayuda a subir el último escalón y nos dirigimos a mi habitación, bueno la de Tomi, pero ahora es mía.

Entramos y me ayuda a sentarme en la cama.

— Y yo que pensaba tenerte en mi habitación pero en otras circunstancias — sonrío con pesar y él se pone pálido.

¡Okey, ya lo asuste!

— Yo... perdón Lilian — Sale despavorido de la habitación cerrando la puerta y me tiro en la cama sonriendo.

¡Me encanta!

Tendré que masturbarme pensando en el porque me dejo demasiado excitada tenerlo tan cerca.

Ay Danniel, no te das una idea de lo que pasa cuando yo quiero algo.

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