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Portada de la novela Podemos conocernos de nuevo

Podemos conocernos de nuevo

Después de tres años sufriendo el desprecio de Brendan, Adeline opta por el divorcio cuando la antigua amante de él reaparece. Brendan, seguro de su dominio, apuesta que ella volverá arrepentida. Sin embargo, Adeline festeja su soltería en un bar, atrayendo a un nuevo e interesado pretendiente. Al notar que su exesposa es realmente feliz sin su presencia, el pánico se apodera de Brendan, quien ahora lucha desesperadamente por recuperar su atención.
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Capítulo 1

La noche era oscura. Afuera, los truenos se sucedían y los relámpagos iluminaban el cielo. Después de todo, había estado lloviendo todo el día.

Adeline Dawson estaba acurrucada en la cama, envuelta en un edredón, y no dejaba de temblar.

Les tenía miedo a noches como esas desde niña. Sentía como si muchas manos invisibles fueran a agarrarla y arrastrarla al abismo.

Entonces se mordió el labio. A pesar de que tenía todo su cuerpo cubierto de sudor, no se atrevía a mover un músculo ni a emitir sonido alguno.

Crac.

La puerta de la habitación se abrió lentamente, y ella oyó el sonido de unos zapatos de cuero contra el suelo de madera.

Su corazón empezó a latir rápidamente, y aguantó la respiración, tanto que empezó a tener dolores en el pecho. Su mente se llenó de horribles escenas que la hacían temblar.

Estaba sola en esa gran villa. Para garantizar la privacidad de los amos, los sirvientes se alojaban en otra casa detrás de la residencia principal.

Lo siguiente que sintió fue que alguien le estaba quitando la colcha, lo que la hizo temblar más todavía.

"No...", gritó presa de pánico, pero eso no impidió que el intruso le quitara la colcha con fuerza. A través de sus lágrimas, vio a un apuesto hombre con camisa blanca delante de ella. Era Brendan Clemons, su esposo.

"¿Qué haces aquí?". Al mirarlo, la chica sintió que sus temores se disipaban de a poco. Su corazón, que se le quería salir, se fue calmando lentamente.

"¿Por qué? ¿Acaso esperabas a alguien más?", resopló él mientras soltaba el edredón y empezó a desabotonar su camisa con sus delgados dedos, dejando al descubierto su tonificado pecho.

Entonces, Adeline se sonrojó y se dio la vuelta de inmediato.

"¿Sientes timidez?". Brendan se quedó mirando a su mujer, que estaba sentada en posición fetal en la cama. Llevaba un camisón de seda. Se veía muy nerviosa y no se atrevía a mirarlo a los ojos. Uno de los tirantes de su camisón se había caído del hombro, y la forma en que estaba acurrucada levantaba el dobladillo hasta el muslo. Bajo las tenues luces, su impecable piel se veía aún más seductora.

Él tragó saliva al sentirse un poco excitado.

Llevaban casados tres años y tenían relaciones sexuales con frecuencia. Al ver la expresión de su rostro, ella supo de inmediato lo que estaba pensando.

"Ve a ducharte". Adeline saltó de la cama, sacó el pijama de él del armario, se lo entregó y lo empujó al baño.

Al cabo de un rato, escuchó el sonido del agua. Al pensar en lo que pasaría cuando este terminara de ducharse, ella sintió que le escocían los ojos.

En los últimos tres años, había desempeñado obedientemente el papel de la señora Clemons. Pero cuando anochecía, y los dos se quedaban solos en la habitación, él la torturaba en la cama.

Era como una bestia loca e insaciable que no paraba hasta que ella quedara completamente agotada.

Mientras seguía aturdida, la puerta del baño se abrió y su esposo salió. No se había puesto el pijama que ella le dio. Por el contrario, solo se había envuelto una toalla de baño alrededor de la cintura. El agua goteaba desde su pelo hasta su abdomen y era absorbida por la toalla.

Antes de que Adeline estuviera lista, Brendan se quitó la toalla y la tiró al suelo. Luego la agarró a ella y la puso de espaldas en el colchón. Lo siguiente que la mujer sintió era un terrible dolor.

Así empezaron su rutina de ejercicio. El aire caliente que él exhalaba hacía que a ella le picaran los lóbulos de las orejas y el cuello. Entonces se movió para besarla. Ella no pudo evitar gemir y temblar por la excitación.

Brendan estaba muy excitado y duro dentro de ella, y sus empujones eran cortos y rápidos. Ella tenía que admitir que su esposo era hábil en la cama. Después de tres años, él ya había memorizado los puntos más sensibles de su esposa. En ese momento, había encontrado uno de esos puntos y se apoyó en ello, volviéndola loca de placer.

La sensación de éxtasis hizo que la cabeza de Adeline diera vueltas, y pudo sentir cada una de las sacudidas que le subían por la columna vertebral. Era adicta a esa sensación. Ella retorcía su cuerpo contestando los movimientos de Brendan. Estaba desesperada por recibir cada una de sus embestidas, y necesitaba que la llenara.

Los sonidos húmedos y las palmadas llenaron la habitación junto con los gruñidos sensuales de él.

"Quiero escucharte, cariño. Vamos. Deja salir los sonidos". La voz profunda y seductora de Brendan embrujó a Adeline por completo.

Ella finalmente abrió sus labios y dejó que su satisfacción se transformara en suaves pero incontenibles gemidos de placer. Al escuchar tal sonido, él se excitó aún más, y no pudo detenerse.

Después de terminar en la cama, la levantó, la puso en el suelo y lo hizo allí. También al baño y al balcón. La hizo correrse una y otra vez como si no se cansara nunca. Al final, ella quedó exhausta y se durmió en sus brazos.

Después de un largo tiempo, ella abrió los ojos, y al oír la respiración constante de Brendan, supo que estaba profundamente dormido. Quitó su mano de la cintura, se deslizó fuera de la cama y se dirigió de puntillas a la ventana. Se sentó y se quedó con la mirada perdida en el cielo nocturno.

Habían pasado tres años, y en todo ese tiempo, Brendan nunca la había llamado "cariño" a menos que estuvieran teniendo sexo.

Ella se giró y miró el hermoso rostro de su esposo. Salvo cuando estaban en la cama, sus ojos eran siempre fríos y sin emoción cuando la miraba.

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