Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Pobre millonario

Pobre millonario

Elías Arauz finge ser un hombre inepto para infiltrarse en la fundación de su enemigo y desenmascarar sus delitos. En su camino se cruza Jenny D., una experta en imagen que debe pulir su falsa personalidad. A pesar del engaño, una chispa irresistible nace entre ellos. Mientras Jenny se entrega a un hombre ficticio, Elías desconoce que ella oculta una verdad crucial que, al revelarse, cambiará el destino de sus vidas y su amor prohibido.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Quien dijese que hacerse pasar por un Inutil para diezmar la reputación de su rival no tenía ventajas no, había conocido a Jenny Diaz.

Elias Saint, o Elias Arauz, como lo conocían en la Fundación para la Alfabetización La Esperanza de Ganna, se apoyó en la puerta del pasajero de su camioneta y pensó en aquella nueva posibilidad. Cuando había tomado la decisión de infiltrarse en la fundación y demostrar que era un fraude, no había contemplado la posibilidad de seducir a uno de sus asesores, pero si tenía que hacerlo, lo haría.

Tal vez acercándose a la señorita Diaz podría destapar las nefastas prácticas que sospechaba que se ocultaban detrás del éxito de la fundación. Y, en el proceso, enterrar a su fundador, Oliver Cajun.

Si Elias no hubiese decidido quedarse en el rancho familiar a pesar de la mala salud de su padre, tal vez Oliver no hubiese llevado a cabo la adquisición hostil de Industrias Saint, la empresa que había pertenecido a su familia durante generaciones. Se rumoreaba que Oliver tenía previsto cerrar la fábrica y venderla por partes, lo que dejaría a más de la mitad de la ciudad de Vista del Mar sin trabajo. Él no podía evitar sentirse en parte responsable, así que tenía que olvidarse del rencor que sentía por su padre y centrarse en su obligación con su ciudad natal, con su legado. Estaba decidido a redimirse.

A través de la fundación, pretendía demostrar que Oliver era un estafador. Por desgracia, el trabajador de la organización con el que había estado trabajando durante los últimos meses no sabía nada acerca del funcionamiento interno de la misma. Y él mismo se había cuidado bien de no acercarse por la sede central por miedo a encontrarse allí con su hermana, Ada, que formaba parte de la junta. Hacía quince años que no se veían, pero no había cambiado tanto como para que su propia hermana no lo reconociera.

Jenny Diaz sería su as en la manga.

La vio salir del edificio y ponerse unas gafas de sol de marca.

A Elias no solían gustarle las mujeres de negocios, pero aquella no podía ser peor que la sanguijuela de su exprometida. Además, al darle la mano había notado que saltaban chispas entre ambos.

Tenía la sospecha de que debajo de aquel traje de diseño y aquel aire refinado había una mujer salvaje deseando liberarse. Y él estaría encantado de echarle una mano, de pasarle los dedos por su pelo rubio y despeinárselo un poco, de borrarle a besos el impecable pintalabios.

Era evidente que la ponía nerviosa, hecho del que iba a aprovecharse.

Jenny lo vio apoyado en la camioneta y se acercó. Parecía saber muy bien lo que quería y cómo conseguirlo.

Elias sonrió. Eso ya lo verían.

Le abrió la puerta del pasajero y le hizo un gesto para que entrase.

–Adelante.

Ella se detuvo de repente.

–Esto, yo… Creo que será mejor que nos encontremos allí.

–No merece la pena malgastar gasolina si vamos los dos al mismo sitio. Además, es muy difícil aparcar a estas horas.

Ella dudó. Tal vez pensase que, dado que no sabía leer bien, tampoco sabía conducir.

O tal vez quisiese mantener el control de la situación.

Él le dedicó su sonrisa más encantadora.

Preguntó:

–¿No confías en mí?

Jenny se puso pensativa, era evidente que no quería ofender ni contrariar al mejor alumno de la fundación.

Luego miró dentro de la camioneta. Tal vez le preocupase mancharse la ropa. El traje debía de haberle costado al menos el sueldo de una semana. O quizás fuese una niña de papá, que le compraba todos los caprichos. Elias había conocido a muchas en la universidad.

–Llegarás sana y salva –le dijo–. Te lo prometo.

Ella asintió por fin y se dispuso a subir. Elias la agarró del codo para ayudarla y clavó la vista en sus muslos.

¿Llevaba liguero? Al parecer, la señorita Diaz era una chica chapada a la antigua.

–Abróchate el cinturón –le dijo antes de cerrar la puerta para ir a sentarse detrás del volante.

Entró y tomó sus gafas de sol. Aunque no solía fijarse en las marcas, no iba a ninguna parte sin sus Ray-Ban–. ¿Adónde vamos?

–La tienda de alquiler no está lejos de aquí, en Los Robles –le contestó ella, nerviosa–. ¿Sabes dónde es?

–Por supuesto.

Aunque no había vivido en Vista del Mar desde los quince años, edad a la que su padre lo había mandado a un internado, todavía se acordaba de las calles de la ciudad, que no había cambiado mucho.

Salió del aparcamiento y se incorporó al intenso tráfico de la tarde.

Jenny parecía incómoda a su lado, con la espalda muy recta y las uñas clavadas con fuerza en el asiento.

Él giró la cabeza hacia la ventanilla para que no lo viese sonreír.

Era evidente que se trataba de una mujer ordenada y disciplinada. Que se controlaba.

Y tal vez él fuese un depravado, pero la necesitaba para conseguir información, así que quizás se divirtiese un poco poniendo su mundo patas arriba.

También te puede gustar

Portada de la novela Cegado por un Ángel Falso
7.9
Sofía, una bailarina de gran fortaleza, se ve obligada a contraer matrimonio con un heredero que permanece en coma para salvar el legado familiar. Por años, ha tolerado el maltrato de Mateo, el guardaespaldas paterno que la desprecia mientras idolatra a Isabela. Convencido de que su hermanastra es la mujer del vestido rojo que marcó su pasado, él la humilla sin piedad. Tras tanto dolor, Sofía huye, justo cuando Mateo descubre su gran error.
Portada de la novela El contrato y el CEO
9.7
Débora es una experta corporativa consolidada que ve su carrera tambalearse tras cambios drásticos en su compañía. La llegada de Benicio, el hijo de su exjefa, desata un conflicto directo; él pretende arruinar su prestigio, mientras ella lucha por salvaguardar su trayectoria. En medio de esta rivalidad profesional, surge una tensión eléctrica marcada por el orgullo. Benicio intentará quebrar su frialdad para seducirla, desafiando todo rastro de su autocontrol.
Portada de la novela El hijo oculto que cambia todo
9.7
Un influyente director ejecutivo halla a su hijo adolescente, fruto de una relación antigua. Lejos de querer un vínculo emocional, el joven busca aniquilar el legado empresarial de su progenitor como represalia por su ausencia. En un marco de engaños y confidencias corporativas, el heredero se alza como el principal adversario del magnate. Ante el asedio de la prensa y enemigos externos, estalla una disputa donde el chico hará lo imposible por despojar de todo al padre que lo abandonó.
Portada de la novela La esposa pesada que redefinió la belleza
8.6
El poderoso magnate Elías causa un gran revuelo social al contraer matrimonio con una mujer de noventa kilos. Aunque la alta sociedad la desprecia y se burla de su apariencia, ella oculta una identidad formidable, demostrando una fuerza y astucia capaces de doblegar a cualquier enemigo. Mientras Elías la protege ante el mundo bajo una fachada de delicadeza, ambos comparten en secreto el triunfo de su engaño y la verdadera naturaleza de su poder.
Portada de la novela La Indomable
7.8
Sandra Casablanca, la altiva heredera conocida como «La Indomable», celebra su veinticinco aniversario en Dubái. Su desdén por las reglas y los hombres la lleva a refugiarse en las World Islands, buscando huir de sus lazos familiares. Sin embargo, su destino se cruza con el de Nassim Bakri, un poderoso empresario que la ha marcado como su presa. Él se propone un desafío claro: quebrar su voluntad y someterla a una lección de obediencia sin precedentes.
Portada de la novela millonario y una virgen
8.4
liarse con ninguna. Pero su vida cambia cuando su padre decide casarse con una mujer mucho más joven que él, cuya inocente hija le molesta y le excita. Su cabeza dice que está prohibido, pero su cuerpo arde cada vez que la joven está cerca. Liliana Carmello estaba dispuesta a odiar la nueva ciudad, la nueva casa y los hermanastros que le dio su madre, pero el hombre que conoce, a pesar de ser rudo y mayor, deja su mente confundida y su cuerpo en llamas. Ahora, la chica tendrá que tomar una decisión: rendirse o sorprender a los habitantes del pequeño pueblo manteniendo una relación inapropiada con quien debería tratar como a un hermano. - ¡Mierda! - Maldigo con mi cuerpo ardiendo, mientras me follo a la chica caliente del momento. Está deliciosa, tanto que mi polla está más que feliz, pero es solo un coño, que me estoy comiendo para no pensar en lo que tengo que hacer después. - Levanta ese culo, cariño - le pregunto al oído. La mujer está de espaldas a mí, con el culo encaramado y las manos apoyadas en la vieja madera del galpón Tico, donde funciona el famoso bar Sertãozinho. El ambiente se calentó en el interior, mientras yo bebía con la campesina que salió del trabajo y vino a tomar una copa para calmar su cansancio. La idea era simplemente beber, pero como surgió la oportunidad cuando la potranca caliente comenzó a frotar sus tetas en mi cara mientras servía un trago, no pude decir que no. Hubiera sido mejor haber dicho que no, pero mi polla decidió por mí. Casi siempre gana. Temo por el día en que me ponga en problemas. - Empuja más fuerte, vaquero. ¡Sé que tu agarre es más duro que eso! - la puta habla de manera muy traviesa, todo broma. Nunca negaría una solicitud de algo que nos agrade a ambos. Envuelvo su cabello alrededor de mi puño, tiro su cabeza hacia atrás, sostengo su cintura con mi otra mano y la sostengo sin sentido, mientras el sudor comienza a correr por mi espalda y mis mechones de cabello comienzan a mojarse debajo de mi sombrero. . - Déjame correrme en tu boca, cariño - pido. No estaba planeando que fuera así, pero el deseo por algo más sucio llega sin avisar y no pretendo no haberlo sentido. Están dispuestas a ceder por unos minutos de placer, no tengo vergüenza a la hora de mostrar lo que quiero. "Corre donde quieras, Dan", dice, luego muevo mis dedos hacia su sexo y empiezo a tocar su montículo hinchado. Unas cuantas penetraciones más provocan fuertes gemidos y mi amante comienza a correrse, apretando mi polla y llevándome muy cerca de mi máximo placer. - Jodidamente caliente polla, hombre. - Tu cuerpo se rompe con el orgasmo, se estremece y me hace aullar a la luna. ¡Diablos! En días como hoy no hay nada como un buen polvo para aliviar el estrés. Cuando la camarera de Sertãozinho se calma, se aleja y rompe nuestra conexión física. Se gira hacia mí y, sin pestañear, se arrodilla frente a mí. La traviesa me agarra la polla, me quita el condón y se lo traga como una profesional. De hecho, es una profesional, pues imagino que se debe follar a la mitad de los hombres de Poço Fundo. La otra mitad está casada. La morena me chupa, me hace sujetar su cabeza y empujarla contra mi pelvis, forzando mi palo a bajar por su garganta. Babea y se ahoga, pero no para, no vuelve atrás, porque quiere impresionarme. Cuando no puedo soportarlo más, tiro mi semen en su boca con un grito tan fuerte que no dudo que los hombres dentro del bar lo hayan escuchado. No suelo quedarme muy callado cuando me follo a una zorra. Me vacío para la camarera, que traga hasta la última gota. Me deja limpio y sólo me suelta la polla cuando está blanda y sin vida. Éste realmente sabe follar, probablemente por eso sigo volviendo, y cuando digo que es la última vez, nunca es la última. Ella siempre logra atraerme hacia ella nuevamente. Cuando termina, se levanta y se arregla la ropa. Guardo mi polla