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Portada de la novela Pobre el Jefe

Pobre el Jefe

Emilia Vladi siente una gran devoción por su jefe, Edu Costa, viéndolo como un ejemplo de ética. No obstante, una reportera pone en duda su papel de secretaria con duras críticas. Pese a sus diferencias sociales, un incidente inesperado despierta memorias compartidas. Mientras Emilia lamenta los conflictos internos de la familia de Edu, el azar orquestará una reunión decisiva para mostrar la verdadera esencia del hombre que lidera la compañía.
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Capítulo 3

Tocan la puerta de la oficina y uno de los guardias borra su sonrisa para poner una más seria. Cuando abre la puerta veo a un chico con un polo blanco unos jeans oscuros, alto y delgado, de cabello oscuro, ondeado. Su manera tan segura de pararse se ve que tiene un carácter imponente.

—Mario - lo saluda mi padre.

—Jefe - dice él, avanza hacia nosotros y se detiene a mirar minuciosamente a Emilia.

¿Por qué la mira así?

—¿Amor fuiste a la guerra o algo así?

Estoy sorprendido, él toma el rostro de su novia y le da un beso en la frente.

—Tuve que correr a tu casa, pero aquí tienes.

—Emilis hoy puedes irte, mañana tomate el día y nos vemos el lunes como siempre - dice mi papá.

Emilia me da una última mirada y luego mira a mi papá.

—Esta bien, muchas gracias.

—Vas a renunciar -amenazó cuando la veo salir por esa puerta.

Mi padre me está mirando con cara de pocos amigos y yo solo le muestro una sonrisa.

—¿Y bien, que me dirás ahora? - pregunto.

—Primero que te alejes de mi secretaría, como te quedó claro tiene novio...

—Ese no creo que sea el problema para ti, mi mamá también tenía novio y era tu menor por 16 años - digo poniendo los ojos en blanco.

Siento como roza por mi rostro algo duro, estalla contra el vidrio.

Mi padre se sujeta con fuerza el pecho y se sienta en su sillón.

—Largate ahora - grita.

Sin pensarlo dos veces me pongo de pie y me giro para irme, veo la cabeza del caballo y al lado su cuerpo.

—Debes controlar tu ira - digo mirando a un guardia.

Me cierran la puerta en la cara y veo a las demás personas de la oficina mirarme, cuando las miro con esa mirada de desprecio se ponen ha hacer sus cosas, ya no es la primera ves que estoy en esta oficina recibiendo gritos, casi siempre que me entero que una probe incauta vengo a molestarlos.

Camino hacia el elevador y ingreso con el resto de personas.

Estoy en el primer nivel, sin polo y dinero. Levanto la mirada para ver a Emilia aún con su ropa toda destrozada y a Mari...

Mario sujetados de la mano esperando un carro.

Los miro fijamente, nuestras miradas se encuentran cuando ella alza la mirada. Un taxi se detiene frente a ellos, ella sube primero. Alzó la mano y tomo un taxi hasta mi departamento.

Le doy la dirección de mi edificio y el taxista con mucha desconfianza decide llevarme. Voy todo el camino en silencio repasando mentalmente cada gesto de Emilia, llámenme loco pero no es una opción confiar en gente como ella.

Mario y Emilia.

Mario llamando jefe a mi padre.

Sacudo mi cabeza y nos detenemos en mi edificio.

—¿Desea subir conmigo o me espera a que baje el dinero? - le pregunto.

—Lo espero joven.

Bajo del auto y ingreso al edificio el de seguridad niega con la cabeza.

—¿Y esta vez quién fue?

Sonrió y miro la pantallita de la pared que indica que mi transporte está a dos pisos.

—Una chica.

—¿En serio? - pregunta sorprendido.

—Si ahora no me molestes, ¿sabes si llego Alice? - le pregunto.

El asiente con la cabeza y ingreso al elevador, marco el botón con mi piso.

Ingreso a mi departamento, no hago mucho ruido, saco dinero de mi cajón de la sala y salgo.

De regreso al departamento Alice ya está despierta.

—¿Por qué no me has escrito? - me pregunta.

—Alice - advierto.

—Ed estuve despierta esperándote...

—Nadie te pidió eso...

—Estaba preocupada - dice tomando mi mano y deteniéndome para que ingresé a mi habitación.

La miró a los ojos y ella sabe de inmediato que quiero estar solo.

—¿Fuiste donde tu padre otra vez? - me pregunta.

—Si - gritó cerrando la puerta.

—Edu sabes que eso es dañino para tu salud.

—Ayer fue el aniversario de la muerta de mi mamá - digo antes de caer sobre mi cama y cubrirme con mi manta.

Emilia:

Llego a casa y luego de bañarme, arreglarme salgo de mi habitación. Mario está esperándome en la sala.

—¿Vamos a cenar algo? - me pregunta.

—Mejor pidamos algo de comer - sugiero. Asiente con la cabeza y busca en su teléfono comida para pedir.

Mi padre hoy trabaja de madrugada, pero pronto llegará mi madrastra y su hija. Escucho la puerta y Mario se pone de pie.

—Mejor subamos - dice él.

Corremos escaleras arriba y nos metemos en mi habitación. Queremos reunirnos porque parecemos dos escolares escondiéndose.

—Emilia baja - grita ella.

Si no le hago caso subirá a gritar como loca, así que decido bajar, Mario me da ánimos con un fuerte abrazo y un beso en la frente.

—Emilia - grita.

—Ya bajo - respondo también gritando. Sin pensarlo dos veces corro hacia abajo.

—Buenas noches, ¿dime? - le pregunto poniendo mis manos en mi cintura.

—¿Quién está arriba? - es lo primero que me pregunta.

—Mario.

—¿Acaso piensas que mi casa es tu hotel? - me pregunta con una ceja alzada.

Quiero reírme, pero me cubro la boca.

—No lo sé, eso le puedes preguntar a tu hija - le digo con una sonrisa.

Ella pone cara de indignación y siento que me pegará.

—No soy esa estúpida niña a la cual podías golpear, si me tocas voy a responder - digo tomando su mano en el aire.

Presionó con mucha fuerza su muñeca. Mario me toma del hombro. Veo a Elvira mirarlo como si fuera un pastel de chocolate, le veo la baba caer por todo el piso de la sala.

—Calmate Emilia, vamos arriba - dice él. Suelto la mano de mi madrastra y subimos los dos.

Yo no quiero que esté día de mierda termine peor, así que decidimos mejor salir a cenar a la calle, luego de una cena típica con Mario regreso a casa.

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