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Portada de la novela Pídeme que me quede

Pídeme que me quede

Renuncié a una existencia de opulencia al escapar de una boda impuesta con un extraño. Aunque huir con mi supuesto amor resultó ser un desacierto, valoro mi autonomía actual. Lejos de los lujos, hoy me esfuerzo por subsistir y costear mi libertad enfrentando carencias desconocidas. Mi mayor secreto es mi trabajo nocturno bailando para magnates, un oficio que mi familia repudiaría. La situación se vuelve crítica cuando mi jefe aparece inesperadamente.
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Capítulo 1

La vida se encarga de reunirnos con las personas que menos esperamos pero que necesitamos en ella. Cada persona no llega a nuestra vida por qué sí, siempre hay un motivos — esa frase siempre repetía mi abuela quién conoció al amor de su vida y con quien compartió muchos años juntos.

Era noviembre cuando se dirigía a su trabajo, para ser exactos a su segundo trabajo nocturno, con sus tacos altos, su vestido rojo pequeño y sus uñas pintadas, el cabello suelto largo, caminaba robando las miradas de hombres y mujeres, caminaba con seguridad y con la mirada sobre los hombros de los demás, con cierta arrogancia en su sonrisa, los ojos con un delineado perfecto, sus pestañas postizas largas, sus labios del mismo tono que su vestido.

Los hombres querían acercarse pero con una sola mirada de ella el miedo los detenía, miedo porbsu forma de caminar hacia que todo hombre la vea peligrosa y muy segura, algo que a los hombres realmente no les agrada mucho.

Ella caminaba mirando la larga fila del Club, los hombres la miraban apreciando su belleza, esos ojos ojos azules intensos los miraban a todos con desdén. Él de vigilancia le alzó las mano y ella también le alzó la mano, relajo su rostro y sonrió. Algunos sucumbieron a sus fantasias más extremas y ella lo podía ver, esos ojos de deseo en sus rostros.

Pero este era su trabajo, está era la manera en la que se ganaba la vida y ellos eran sus fuentes de ingreso.

Tocó la puerta de la parte de atrás del Club.

—El código...

—Jodete, mirame a los ojos — ordenó.

El vigilante la miro.

—Eres uno nuevo, Bien dale gato negro de color celeste.

La puerta se abrió. Agarró de las mejillas al nuevo vigilante.

—Eres lindo —dijo con una sonrisa al costado.

El vigilante queda hechizado por sus labios carnosos y esos ojos celestes, su cabello perfectamente planchado y cuidado.

—Eres mudo, a mi me encanta los que hablan — dice ella muy coqueta, arregla su camisa y quita las pequeñas manchas de polvo de su saco.

Camina como si estuviera en un pasarela. En los vestidores la miran y sonríen.

—Gata llegas cinco minutos tarde.

—Llegue para la función.

—Veo que estás lista.

—Siempre mi amor — dice ella.

Camina hacia su lugar, todas tienes sus propios tocadores, donde ponen sus cosas, maquillaje ropa, accesorios, lo que ellas quieran. Ella tiene su tocador de color blanco con luces blancas, se mira al espejo y solo se limita a sonreír, pero detrás de esa encantadora sonrisa se esconde un mundo de emociones.

—Gata — grita el animador.

—Tu turno gata déjalos secos — dice su amiga, quién la toma por los hombros dándole ánimos.

Ella se levanta de su lugar y camina. Se pone su máscara. Sus tacos son sencillos, a mismo elegante.

Ella camina hacia un tubo metálico, mira a todos por encima de los hombros y comienzan a mover sus caderas de un lado al otro, sube y baja ese tubo, sus caderas se mueven lento, agarra el tubo y comienza a dar vueltas.

Ella ve a los hombres mirarlas y se siente poderosa, siente que puede obtener lo que quisiera con solo chasquear los dedos.

Se quita el vestido para quedar en un lencería sexy y ve a los hombres gritar.

Ella mira a sus amigas y con la mirada ordena que avancen, las tres comienzan a caminar por la pasarela y los hombres le van tirando dinero, mientras sus amigas toman el dinero ella no lo hace, sabe que al final de la noche a ella siempre le pagan más.

Camina en dirección hacia adelante, deleitando a todos con su caminar, parece una modelo.

—Quitate la máscara — gritan.

Pero una regla básica de ella cuando ingreso a trabajar fue no hacerlo y se lo respetaron, aún nadie comprende porque los jefes aceptaron el trato, pero sin duda ella tiene demasiados privilegios.

Espera a que sus amigas se le unan al final de la fila, para bajar. Ella como una digna dama que finge ser, alza su manos y los hombres se mueren por tomar su mano, ella busca con la mirada a alguien y lo ve ahí sentado sin el más mínimo interés en alguna mujer, se toma la molestia de bajar y pasar por su mesa, pero él no le hace caso.

Su sonrisa aparece, es vacilante pero decide dejarlo por esta noche. Los hombres sabe cuál es su modalidad de pago, cuando ella pasa por sus mesas y se deja tocar y ella les toca el cuello y les muerde la oreja hace que todos manden sumas de dinero grande.

Sus amigas no comprenden que tiene ella de especial para que sus pagas sean superiores pero ella al ser una estudiante de marketing y publicidad sabe como jugar con las mentes de estos hombres.

Ha dado 45 minutos de show, de caminar por tantas mesas y acariciar, hablar, susurrar decide irse.

— Cat Black — le dice alguien quién la invita a sentarse.

—Querido - dice ella, extiende su mano y él la toma, le da un ligero beso en su mano, ella se sienta.

Todo en ese club son clientes recurrentes, ya conocen su genio, sabe que es capaz de hacer y cómo es que le toleran tales actos.

— Espero que está vez me aceptes cenar conmigo — dice mirando al joven. Ella mira de arriba a abajo su rostro y sonríe hacia un costado.

Se puede notar el nerviosismo de el muchacho, ella inclina la cabeza hacia un costado.

—Pide que me traigan mi vestidos y habla con el jefe y te acompaño — susurra en su oído.

El joven sonríe y no puede con tanta emoción, asiente con la cabeza. Se pone de pie y con él el resto de chicas.

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