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Portada de la novela Perversa obsesión del mafioso

Perversa obsesión del mafioso

El imponente mafioso Luciano Costello acostumbra obtener todo lo que desea, y ahora su objetivo es Aurora Bianchi. Para salvaguardar a los suyos, ella accede a un peligroso pacto de intimidad bajo la condición de no involucrar sentimientos. No obstante, Aurora se ve envuelta en un triángulo afectivo mortal mientras intenta librarse de su dominio. En medio de esta lucha, la frialdad de Luciano cede ante una pasión prohibida que desafía cualquier límite moral.
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Capítulo 2

La mirada de Aurora cambió por completo cuando escuchó las palabras de Luciano. Muchas cosas comenzaron a pasar por su cabeza. 

Él mantuvo una sonrisa cargada de victoria, se separó de ella y la miró de arriba a abajo, era una mujer hermosa, y seguramente trabajando para él le produciría suficiente dinero como para recuperar lo que invirtió en ella. 

—No entiendo —ella dijo con su voz temblorosa. 

—No tienes porque entender, me debes dinero y debes pagarme. Trabajarás para mí el tiempo necesario y si intentas escapar, iré por tu enferma abuela y tu indefensa hermana… tú decides —él dijo entre sonrisas. 

Ella bajó su rostro mientras algunas lágrimas caían por sus mejillas. 

—No te metas con mi hermana y mi abuela, ellas no tienen nada que ver. Soy yo quien tiene la deuda, no ellas —Aurora alzó la voz.   

Él la sujetó de las mejillas con fuerza haciendo que ella lo mirara. Su rostro quedó muy cerca de ella, tan cerca que sus respiraciones cálidas se mezclaron. 

—Entonces no hagas preguntas tontas, la deuda es tuya, tu la pagas… y mírate, eres perfecta para trabajar para mí. 

Sus miradas se conectaron, él con su mirada fría y penetrante y ella con su mirada cargada de temor.  

—Vendrán por ti en la noche. Espero que hagas bien tu trabajo, tienes una última oportunidad y no me gusta repetir las cosas. Quiero que pagues todo. 

Él la soltó con brusquedad y luego de darle una última mirada salió de ahí.  

Aurora gritó con fuerza, si hubiese corrido más rápido, si hubiera salido con más tiempo… todo sería diferente. 

Se lamentó por su mala suerte. 

Se lamentó una y otra vez, porque sabía que su vida iba a cambiar y no sería para bien.  

Luciano salió de aquel sótano en donde la tenía, sonrió instintivamente, una sonrisa agria. 

Por lo general no solía hacer que sus deudas se pagarán de ese modo, pero su belleza lo había cautivado, una belleza exótica que no estaba acostumbrado a ver con regularidad, una belleza que adornaría a la perfección el infierno. 

Él hizo unas cuantas llamadas, para que tuvieran todo listo en su bar, pero sobre todo para dejar claro que ella era intocable..

Nadie más que él podría tocarla. 

Aurora comenzó a moverse con desesperación intentando soltarse, su piel estaba completamente rasgada ante la fuerza que estaba ejerciendo, las cuerdas la apretaban con fuerza. 

Unos cuantos segundos bastaron para que el agotamiento hiciera que se detuviera, ella suspiró agotada, Por más que intentara soltarse le era imposible. 

Necesitaba ver a su hermana y a su abuela garantizar que estuvieran bien. No podía estar ahí encerrada y completamente expuesta ante él.

De pronto alguien entró de nuevo a donde ella estaba, Aurora se puso a la defensiva. 

No sabía lo que le esperaba. 

Ella vio al hombre que la atrapó en el callejón, lamiéndose los labios mientras la miraba.  

—No sé cómo hiciste para que el jefe no haya querido matarte —él hizo una pausa—. Una rata como tú debería estar muerta… ¿Ves la cicatriz que tengo aquí? 

Aurora bajó su rostro, el miedo se estaba apoderando por completo de ella. Él la tomó con brusquedad del mentón haciendo que lo mirara.

—Te pregunté ¿si ves esa cicatriz que tengo aquí? el jefe me la hizo por tu culpa —dijo el hombre agarrándose grotescamente el rostro—,  me hizo esto porque te dejé escapar más de una vez… pero te aseguro que eso no sé quedará así, me lo pagarás muy caro. 

El cuerpo de Aurora comenzó a temblar, sus labios se movían insistentemente como si tuviese frío, toda ella cargada de terror.

—Te juro que me la vas a pagar, puede que en estos momentos no, pero te aseguro que te dejaré una cicatriz igual o peor a está. Te juro que ese lindo rostro quedará marcado con mis propias manos. 

Él lo sujetó con fuerza de su rostro y luego la lanzó hacia atrás. 

Aurora comenzó a sudar, su corazón latía con rapidez y su pecho parecía que tuviera un nudo atorado, sentía una opresión desgarradora sobre ella.

Él sacó su arma y le apuntó evitando que ella pudiera escapar.  

Le soltó las ataduras y vendo sus ojos, para luego subir las escaleras junto con ella. 

Luego de subir a un carro se detuvieron después de unos cuantos minutos. Ella intentaba pensar en su familia para que de ese modo, olvidara parcialmente lo que estaba viviendo y tuviera la fuerza para poder salir de ahí. 

Aurora tenía zozobra ante todo lo que estaba sucediendo a su alrededor… solo quería volver a ver a su hermana y a su abuela e irse lo más lejos posible. 

Ella cerró los ojos con fuerza cuando sintió como el suelo la recibió luego de un empujón y le quitaron las vendas de los ojos. 

Los ojos de ella tardaron un poco en acoplarse ante la luz intensa del lugar. 

Ella intentó ponerse de pie tal vez para escapar o quizá creyendo torpemente que todo había acabado.

Escuchó las risas frente a ella provocando un escalofrío en todo su cuerpo.

—Arréglate, vístete  y báñate… eres el show principal de la noche —escuchó buscando comprender palabra trás palabra. 

—¿El show principal? —Aurora cuestionó como si todo fuese un sueño… un maldito sueño. 

—Sí, así es, eres el show principal del infierno y más te vale hacer las cosas bien porque al jefe no le gustan los errores.

Aurora apretó sus labios, debía intentarlo… al menos una sola vez. 

—Ayúdame por favor… no quiero meterte en problemas, pero en verdad necesito salir de aquí, ayúdame por favor dime ¿cómo lo hago? te garantizo que te estaré eternamente agradecida. 

—No sé por qué crees que te voy a ayudar. Más te vale que te acostumbres porque luego de entrar al infierno nadie puede salir.

—¿El infierno? 

—Sí, más te vale estar lista. Porque no importa como, te sacaré de aquí, estés como estés, no voy a dejar que el jefe se moleste. 

Aurora miró la diminuta ropa y sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. No había otra opción, no había nada más que hacer, este era su destino y lastimosamente había que afrontarlo.

Ella se arregló lo mejor que pudo sin ganas de hacerlo y con sus ojos completamente hinchados de tanto llorar, la mujer con la que había hablado anteriormente apareció y la miró de arriba abajo, hizo una mueca y finalmente asintió.

Aurora caminó detrás de aquella mujer por unos pasillos, detrás de ellas había hombres evidentemente armados. 

Ella comenzó a escuchar a lo lejos música a alto volumen, y al ver todo, sintió que el miedo de nuevo se apoderó de ella. 

Mujeres bailando prácticamente desnudas, hombres observándolas como si fueran trofeos. 

Un ambiente tosco y tenso al que Aurora no estaba acostumbrada. 

Pero que a partir de ahora, sería su único destino. 

—¿Qué esperas para seguir? Es tu turno Aurora. 

Aurora sintió como un frío la recorrió, estaba en manos de Luciano y ya no había forma de huir.

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